lunes, 28 de abril de 2014

Nostradamus: La última profecía

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Justo antes de Semana Santa, terminé otra aventura gráfica que también me gustó bastante. Se trata de Nostradamus: la última profecía, un juego de 2007 de origen francés (Kheops Studio, los creadores de SafeCracker, que también analicé aquí hace tiempo). Y tengo que decir que me ha gustado bastante más este Nostradamus que SafeCracker (y eso que SafeCracker me gustó mucho en su momento). Nostradamus tiene mucha más variedad, una interfaz muy completa y unos escenarios construidos con mucho detalle y con los que se puede interactuar de manera dinámica. Hablemos de ello:


La historia que nos presenta el juego es la siguiente: en 1566, Catalina de Médicis, la madre del rey de Francia, está preocupada por una supuesta maldición que está matando a una serie de personas de clase baja pero cercanas a la familia real, y se teme que una vez se complete la maldición, muera uno de los miembros de la realeza. La maldición parece basarse en una de las misteriosas cuartetas del astrólogo Michel de Nôtre-Dame, Nostradamus, y Catalina acude a casa del astrólogo, ya anciano y achacoso, para pedirle su ayuda y detener la maldición. Nostradamus no puede salir de su casa debido a su vejez, pero le promete enviarle a su hijo César. Sin embargo, César está de viaje, y es la hija de Nostradamus, Madeleine, quien se ocupará del caso. Disfrazada como su hermano para evitar el rechazo de la sociedad, Madeleine, nos enfrascaremos en un peligroso juego en el que los jugadores caen como moscas bajo la maldición. Intrigas políticas, profecías, pociones y mucho ingenio. El argumento evoluciona con su propio ritmo, dividido en jornadas de investigación y noches de estudio y análisis para comprender lo que está ocurriendo e intentar anticiparse a los acontecimientos. Debido a esa división, el juego no se hace nada corto. Los personajes son bastante carismáticos, especialmente los protagonistas, y Madeleine siempre tiene comenta cosas interesantes y útiles, y se implica personalmente en la investigación, no es un frío detective impersonal como los que encontramos en tantas aventuras gráficas. Por desgracia, el final no me satisfizo en absoluto, me pareció demasiado abrupto, sobre todo teniendo en cuenta el cuidado y detalle que tiene el juego para marcarte un ritmo concreto y pausado.

Si hablamos de la jugabilidad, no puedo decir más que cosas buenas: tendremos que completar puzles, recoger objetos y usarlos en ciertas partes del escenario, responder a preguntas, elaborar alimentos, pócimas y ungüentos y ejercer como forenses analizando cadáveres y escenarios del crimen. Es decir, una jugabilidad muy variada, tiene prácticamaente de todo. El inventario es genial y maravilloso: por un lado, tenemos un espacio para los objetos recogidos y un dibujo de nuestra protagonista, para poder equiparla con ropa o darle alimentos y brebajes; por otro lado, tenemos tres conjuntos de herramientas: las herramientas de forense (escalpelo, tijeras y pinzas) y las herramientas de astrólogo (compás, pluma, tinta y lupa). Podemos desplegar también desde el inventario un diario dividido en varias partes: un registro de todos los diálogos que hemos mantenido durante el juego, para poder consultar cualquier detalle que se nos haya podido escapar, un mapa de la zona para poder orientarnos, una lista de las personas asesinadas con la información que vamos recopilando sobre ellos, un libro de recetas con todos los potingues y pócimas que hemos ido recopilando y un diario con los pensamientos de Madeleine acerca de lo que ocurre, además de dibujos, cartas astrales y contraseñas y claves que tenemos que ir descifrando. Es decir, el diario es muy interactivo y siempre lo estaremos abriendo y consultando.

La fabricación de alimentos y bebidas es una de mis partes favoritas del juego: tendremos acceso a una mesa de trabajo con toda suerte de ingredientes, y habrá que escoger las cantidades, procesarlas si es necesario, mezclarlas, calentarlas y embotellarlas. Tendremos que fabricar desde una poción afrodisíaca hasta un bote de mermelada. La investigación de escenarios del crimen también está bastante lograda, ya que tendremos que utilizar nuestra lupa para encontrar las diferentes pistas: heridas, rastros de sangre, documentos ocultos…

En la resolución de puzles, ocurre algo muy curioso: resulta muy útil tener conocimientos adicionales externos al juego, pero nunca es imprescindible. Me explico: pongamos que tenemos un puzle en el que hay que unir los nombres de los signos del Zodiaco con sus símbolos. Si tenemos conocimientos astrológicos, nos resultará mucho más fácil resolver el puzle, pero cada uno de los nombres y signos incluye un borde que sólo encaja con su pareja, por ejemplo, de manera que también es posible resolver el puzle de esa forma. Este mismo mecanismo se repite en varios puzles a lo largo del juego, y me parece una buena forma de premiar la curiosidad y los conocimientos del jugador, sin obligarle a detener el juego para consultar los signos del Zodiaco en caso de que no los conozca. Algunos puzles, como los de descifrar claves y alfabetos, son todo un reto.

En el final del juego, tendremos que completar una serie de puzles en un tiempo limitado, un reto emocionante y para el que nos han estado preparando a lo largo de la aventura: durante el juego, nos acostumbramos a descifrar galimatías, a ver rápidamente lo que ocultan los objetos… y así, llegado este desafío final, estamos listos. Un reto final muy apropiado, que queda completamente desvirtuado por la cinemática final, que como ya he dicho es demasiado abrupta.

En dos o tres ocasiones, tendremos que responder a una serie de preguntas de respuesta múltiple. Con cada acierto, iremos llenando un medidor, que se vacía con los fallos. Muchas veces las preguntas eran muy complicadas y no venían a cuento de la información que se nos daba en el juego, de forma que esa parte no me gustó demasiado. Tampoco me pareció muy afinado el sistema de puntos otorgados por completar los distintos desafíos. En ningún momento se nos avisaba de cuántos puntos habíamos ganado por realizar una acción concreta, simplemente al consultar el medidor en un momento determinado, este había aumentado. Imposible saber (sólo suponer) qué acciones otorgan puntos ni cuántos. De todas formas, esto es algo muy secundario, un intento por darle rejugabilidad. Pero ya se sabe que las aventuras gráficas se suelen jugar una única vez.

La calidad gráfica es la que cabría esperar: fotos fijas de 360 grados con algunos elementos en movimiento, y efectos bien conseguidos como el del fuego o el agua. El movimiento no es libre, sino en forma de nodos (puntos concretos entre los que podemos movernos). Los personajes están bastante bien modelados y animados, pero es en los menús y el inventario donde se ve el mimo y el detalle que le han puesto al juego.

Por último, el aspecto sonoro también es más que decente: no sólo las voces y la música cumplen perfectamente con su cometido; los efectos de sonido son muy variados, uno para cada objeto y acción; sacar una hogaza de pan del horno, coger una cucharada de polvo, mezclar líquidos, abrir libros... amplísima variedad de sonidos.

En resumen, Nostradamus es una aventura gráfica modesta en su argumento y en su calidad gráfica, pero que sabe desarrollar una jugabilidad muy variada, plantear retos interesantes, mantener el nivel adecuado de dificultad, y el interés del jugador. Se nota en seguida que los creadores son ya expertos en aventuras gráficas, tanto por la calidad de los puzles como por la presentación del inventario y las herramientas de las que disponemos. Es un muy buen juego, que podría ser mejor si tuviera una historia verdaderamente rompedora y puliera un par de detalles más.

Saludos.

martes, 22 de abril de 2014

The Weird Story of Waldemar the Warlock - Kickstarter

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Hola, amiguitos. Hoy os quiero presentar brevemente un proyecto que ahora mismo está en Kickstarter. Sólo faltan 7 días para que termine el período de financiación, pero no han conseguido el apoyo ni la atención que, en mi opinión, se merecen. Se trata de una aventura gráfica creada por españoles, y que tiene como bases las películas de terror y la literatura de Lovecraft y Poe, entre muchas otras. Concretamente, la historia que nos presentan guarda un gran parecido con El caso de Charles Dexter Ward, una de las pocas novelas que escribió Lovecraft. El juego nos presenta a un noble amante del ocultismo, Alistair Ainsworth, que guarda un gran parecido con Vincent Price, y que reside en el viejo castillo que perteneció al infame brujo Waldemar. Alistair jugará con poderes que escapan a su control, y el brujo Waldemar tratará de utilizarlo para sus propios fines. Tendremos la posibilidad de seguir dos caminos completamente distintos en la aventura: uno en el que Alistair se pondrá del lado de Waldemar y se convertirá en la mano ejecutora de su venganza, y otro en el que el protagonista tratará de librar al mundo del fantasma de Waldemar para siempre.

Se trata de un juego muy de la vieja escuela, pero con un diseño y unos gráficos muy atractivos, banda sonora elaborada y, vuelvo a decirlo, dos argumentos diferentes en un solo juego. Existe incluso una demo jugable que podéis descargar aquí. En Kickstarter, los creadores del juego nos ofrecen diferentes recompensas a cambio de nuestro apoyo: el juego en versión digital, en versión física, la banda sonora, libros de arte y de pistas... y para los más generosos, incluso diseñar nosotros mismos objetos o lugares del juego, o aparecer como productores del juego en la pantalla de título. De verdad que merece la pena apoyar este juego, y os animo a todos desde aquí a poner vuestro granito de arena para que no triunfe el mal de los shooters clónicos y los juegos de fútbol, y quede algún resquicio para la originalidad, la imaginación y la valentía.

domingo, 20 de abril de 2014

Eels - Tomorrow Morning

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It felt like a story you don't care where it leads. A change of venue, will it mend you? If the grass is not greener, you know what it needs. I knew that I had to throw down some seeds. Oh, so lovely! Lord above me! I feel my heart changing in mysterious new ways.



Por una feliz o infeliz casualidad, la crítica de End Times, el octavo álbum de Eels, me pilló en un momento de bajón muy acorde con el espíritu de pérdida, ruptura y depresión del disco. Y me prometí que sólo cuando pasara de largo ese momento os hablaría del siguiente disco, Tomorrow Morning. Y aquí estamos, saliendo del pozo con una sonrisa y la voz lista para cantar, como diría Dolina.

Lo primero que destaca de Tomorrow Morning es su portada: coronado por un minúsculo sello discográfico (E Works), un dibujo de un árbol frondoso y exuberante, con la copa llena de tonos de morado y verde, sobre un fondo rosado muy pálido, casi más color carne que otra cosa. Si abrimos el libreto, podremos ver crecer ese árbol desde que no era más que un tronco con unas pocas ramas con hojas incipientes.

Y es que Tomorrow Morning es un álbum de renacimiento, de redención; habla de alzarte de nuevo desde el barro, de resurgir con más fuerza de tus cenizas, de volver a sentir ilusión, ser valorado por los demás y, más importante, por uno mismo. Este álbum cierra una trilogía, una especie de ciclo vital que todos hemos vivido: con Hombre Lobo, el deseo y la pulsión, tanto sexual como de otros tipos; con End Times descendimos al pozo de la vejez, la finitud tanto de la vida como de los sentimientos, la separación y la ruptura. Y en este Tomorrow Morning, lamidas nuestras heridas, nos levantamos de nuevo, con la lección aprendida, más fuertes y prudentes, y con suerte un poco más sabios.

Musicalmente, se trata de un disco que recurre bastante a lo electrónico, con muchos sintetizadores y efectos. Es un poco Daisies of theGalaxy. La voz de E nos llega a menudo levemente distorsionada y con efectos.

Comenzamos el disco con una introducción de minuto y medio, In gratitude for this magnificent day, que no nos da muchas pistas sobre el álbum. Para mí, evoca el momento en que las cosas empiezan a moverse de madrugada. El sol sale, los pájaros empiezan a cantar, corre esa brisa helada que te hace estremecer. Todo es posible.

I’m a Hummingbird nos cuenta en forma de parábola la idea del disco: tras una gran caída, terrible y de la cual parece que jamás podremos recuperarnos, al final lo hacemos; llegan cosas buenas, y sabemos que los malos tragos pasados eran necesarios, y merecieron la pena, a cambio de estar donde estamos ahora. La voz de Eels nos recita y canta esta idea con un fondo de cuerda que sube y te emociona en el estribillo.

Llega The Morning, otro tema recitado, con un levísimo fondo musical, que retoma la idea de la madrugada que se extiende ante nosotros, un día virgen, en el que cualquier cosa puede pasar. El disco va presentando su premisa, sin prisa, sin grandes aspiraciones de grandeza, muy humildemente.

Arrancamos con Baby Loves Me: qué importa que todo nos vaya mal, que el médico nos diga que estamos fatal de salud, que los profesores nos suspendan, que la gente se muestre irritada, que los vecinos sean insoportables o el camarero nos mire mal. Todo eso se queda en nada si tenemos quien nos quiera. Un tema movidito, lleno de sintetizadores y una base de batería.


Spectacular Girl, uno de los temazos del disco. A E se le da genial hacer canciones para alabar la personalidad de alguna chica. Introduce aquí una idea que volverá a surgir en el siguiente álbum: la idea de aceptar, aceptar con sinceridad y de corazón, que ella ha tomado un rumbo que ya no nos incluye, que hace falta soltar su mano y dejar que busque la felicidad. Algo que a veces puede resultar muy duro. Una vez más, muchos efectos, batería y pandereta (que desde hace unos años es parte vital de Eels, junto con las maracas).


Llega un tema acústico y que nos recuerda a End Times: What I Have to Offer. Eels le cuenta a una chica sus cualidades, desde los buenos modales y lo complicado que es entrar en su corazón hasta su indiferencia por el fútbol y la pesca. Sólo guitarra acústica y un fondo de cuerda.

Un tema con ciertas reminiscencias de Hombre Lobo: This is Where it Gets Good. Un tema algo más atrevido y sexy, con una segunda parte exclusivamente instrumental. Igualmente, sólo batería, una base de bajo muy pegadiza, y efectos y sintetizadores por un tubo.


Una pequeña pausa con After the Earthquake, un breve tema instrumental de guitarra, rodeado, como siempre, por los efectos de sonido que reinan en este disco.

Oh So Lovely, un canto al optimismo tras haberse librado de una situación indeseable y volver a ver la luz, dando gracias por el cambio y la sensación de misterio por lo que nos puede deparar el futuro.

The Man, uno de mis temas favoritos, un extraño paseo por la ciudad en el que todo el mundo (desde el hippie hasta el skin, el redneck, el rapero o el hipster) saluda a E porque es “The Man”; uno de esos días en los que te sientes el rey del mundo, en los que podrías bailar en vez de caminar por la calle.


Y llega una rareza, un auténtico temazo inspirado en el góspel: Looking Up. Con un fondo de piano, coro, pandereta y palmas (perfecto para los conciertos), Mr. E empieza a cantar/recitar y a contarnos cómo después de la tormenta, de haberlo visto todo negro y de no saber qué iba a ser de él y de su vida, todo ha ido a mejor y se encuentra bien, curado y con energía. Se añaden la batería y algo de guitarra y bajo en un tema totalmente eufórico.

Bajamos la intensidad, ya acercándonos al final del álbum, con un tema reposado llamado That’s Not Her Way, de alabanza a la bondad y el carácter de esa chica misteriosa, que podría hacer y decir cosas malas o recordarte todo lo bueno que ha hecho por ti, pero que no lo hace porque “that’s not her way”. Una oda a las cosas que pasan desapercibidas o que no hace falta explicitar.


Acto seguido, arranca la guitarra acústica de uno de mis temas favoritos, I Like the Way This Is Going. Sencillo, optimista, sólo guitarra y voz, lleno de esperanzas de futuro y de franca ternura y alegría. Una maravilla.

Cerramos el disco, como de costumbre, con un tema largo a modo de moraleja, Mystery of Life, que nos pone una serie de ejemplos de cosas maravillosas que ocurren en la vida sin ninguna explicación, y las compara con ese cambio que ha sufrido, ese “salir del pozo” del que hablaba al principio, que también es algo que no tiene una explicación demasiado racional. Musicalmente es bastante rara, con unos toques de sintetizador y coros pero muy pocos instrumentos.

Pero cuidado, ¡que aún falta el disco de Bonus Tracks! La primera es Swimming Lesson, canción tranquilita y acústica con guitarra, maracas y un banjo muy majo, muy pegadiza y bonita. Un tema que quizá no pega mucho (en cuanto a la letra) con el espíritu general del disco (y por eso la han relegado al disco extra) pero que es una canción magnífica en sí misma y musicalmente muy animada. St. Elizabeth’s Story es otra canción acústica, sin mucho que destacar. Es bonita sin más. Sin embargo, Let’s Ruin Julie’s Birthday es mucho más interesante: un llamamiento (en plan humorístico) a esos niños que no pertenecen al grupo de los “guays”, sino más bien al de los parias, para rebelarse y no dejar que eso les deprima ni les afecte. Muy divertida. Acabamos con For You, más tristona por lo general, pero con un estribillo que tiene un pequeño detalle optimista en su entonación. Con algo de distorsión en la guitarra pero voces limpias (en un álbum plagado de voces distorsionadas), le da al disco un final muy natural, tranquilo y que se funde con el silencio.

Para acabar, diré que este álbum consigue capturar perfectamente las diferentes facetas del mismo espíritu de renacimiento, nuevas ilusiones y proyectos, nuevas personas en tu vida y, en general, alegría de vivir y agradecimiento por las experiencias pasadas, sean buenas o malas. Musicalmente, oscila entre lo acústico y crudo de los dos discos anteriores y los sintetizadores y ruidillos raros propios de la primera etapa del grupo.

Nuestro próximo objetivo será hablar de Wonderful, Glorious, el décimo álbum de estudio de Eels, un disco comparable a Shootenanny! en cuanto al motivo de su creación. Y dentro de dos días, el 22 de abril, sale a la venta lo último de Eels, The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, que promete ser, de nuevo, un disco personal, desgarrador y crítico consigo mismo. ¡Estoy impaciente!


Saludos.