miércoles, 25 de septiembre de 2013

Dexter

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Do I see sheets of plastic in your future?

Hoy hablamos de Dexter, una serie recién acabada. He dividido la entrada en dos partes: con y sin spoilers. Avisaré debidamente cuando se acerque la segunda sección.


Hay pocas cosas que odie más que una idea fantástica que no se sabe terminar. Por eso adoro Breaking Bad o Los Soprano, porque son exactamente lo contrario: empiezan mediocres y suben sin parar, aumentan la velocidad hasta un gran choque final, glorioso e inolvidable. Por fin ha terminado Dexter. Mis sentimientos al respecto son muy contradictorios. Por un lado, la trayectoria de la serie ha ido cuesta abajo y sin frenos, hasta llegar a un final ridículo; por otro, guardo un recuerdo muy agradable de los comienzos, de lo que nos planteaba la serie y de las posibilidades que permitía: conocer desde dentro el punto de vista, no de un psicópata, de alguien que necesita matar gente de cuando en cuando, sino de un asocial, alguien que no se identifica con la gente que lo rodea, que tiene que fingir y aparentar ser normal para no ser descubierto. El público se identificaba con Dexter no por sus ganas de matar (que también), sino porque todos nos hemos sentido más o menos alienados en nuestra vida, y ver al sonriente pelirrojo, el chico de los donuts de la comisaría, saludando a sus compañeros de trabajo mientras su inquietante voz en off nos cuenta lo que realmente está pensando, lo extraña que le parece esa gente, su incapacidad para sentir verdadera amistad o amor, es con lo que nos identificábamos. Y, por la noche, Dexter se enfundaba su camiseta térmica y salía de casa, calmante en mano, para buscar a un asesino y saciar su sed de sangre. Esa era su rutina. Fingir de día, liberarse de noche. Entrenado por su padre, Dexter funcionaba como un reloj. Un monstruo muy pulcro, como nos dice él mismo.




Y en esa rutina se desarrollaban todos los capítulos: Dexter ocultando su verdadera naturaleza, trabajando con la policía, saliendo con su novia Rita, y matando de noche, para después guardar un trofeo en su caja. Y ahí entraba un elemento de distorsión: un asesino en serie a la altura de Dexter, al que la policía intenta atrapar. Dexter tenía que ayudar a la policía, al mismo tiempo que trataba de llegar él primero hasta el asesino para birlárselo a la autoridad y darse el gustazo de matar a semejante pieza. Los asesinos eran geniales y casi tan fascinantes como Dexter; poco a poco ibas encajando todas las piezas y entendías de dónde proviene el asesino y cómo funciona su cabeza. Dexter lo mataba y el ciclo se cerraba, hasta la siguiente temporada. Mientras, el mundo se movía: la hermanastra de Dexter, Debra, ascendía en la policía; la relación entre Rita y Dexter iba adquiriendo seriedad; el sargento Doakes sospechaba cada vez más de que algo iba mal con el inocente analista de sangre.


SPOILERS (no demasiado salvajes, entre las temporadas 2 y 7)

Llegó la temporada dos con un giro interesante: el asesino al que busca la policía es el propio Dexter. Fue una sorpresa, que ya me dio una idea de por dónde me gustaría que fuese el final de la serie: Dexter es finalmente descubierto y su gran mentira se viene abajo como un castillo de naipes. Pero la segunda temporada era demasiado pronto para que eso ocurriera: Dexter se la pasaba intentando no ser pillado, y lo conseguía; también había una subtrama relacionada con la “desintoxicación” de Dexter, que personalmente no me acababa de convencer. Aquí también empezó una fea costumbre: subtramas estúpidas. La temporada tres, en mi opinión, pasa sin pena ni gloria. Más de lo mismo: Debra sigue liándose con quien no debe, Dexter se convierte en marido, y el asesino (el Despellejador) no tiene personalidad. Y entonces, cuando todo parece perdido, llega la cuarta temporada, con un asesino arrollador: Trinity Killer. Personalmente, el acierto o el fallo no debemos buscarlo en el asesino, sino en la forma de construir la historia: mientras que el Despellejador se mantiene ajeno a Dexter y a los personajes durante toda la temporada, conocemos a Trinity desde dentro, vemos los mil y un elementos que componen su modus operandi, y los entendemos, y demuestra ser un asesino inteligente, que tiene una interacción muy interesante con los protagonistas. El final de esa temporada, glorioso. Ahí debió haber terminado la serie, porque después, todo fue en picado.

Trinity vs. Dexter

Los secundarios iban y venían sin ton ni son, los antagonistas no suponían ninguna amenaza, eran previsibles y débiles. La quinta y sexta temporadas aún tenían algo de personalidad y de interés, pero ya nada era igual. Tenían que atraernos con finales inesperados, como si de capítulos de Lost se tratara, para obligarnos a empezar la siguiente temporada. Pero una vez lo hacíamos, volvíamos a ver que no había nada. Los guionistas habían perdido su toque, no sabían qué hacer con Dexter ni con el mundo que lo rodea. La séptima temporada ya era un chiste.

SPOILERS (final, sin revelar demasiado)

Y llegamos a la octava y última temporada. Nos dijeron que se avecinaba una locura, una lluvia de sangre, un final apocalíptico. Y en seguida se hizo evidente que no era así. Una serie como Dexter, que te ha revuelto las tripas durante mucho tiempo, que te ha mostrado la violencia, la locura, el lado oscuro de las personas, que no ha tenido problemas en enseñar todo tipo de salvajadas y de poner al protagonista a matar gente con un taladro, no puede acabar así. Desde hace varias temporadas nos vienen preparando para el momento en que Dexter sea capturado, o al menos descubierto. Y al final eso nunca sucede. Una temporada aburrida y sosa, escrita sin ganas: las subtramas se olvidan a medio camino y demuestran lo innecesarias que eran; los secundarios van de un lado para otro como pollos sin cabeza; el asesino, que parece que se prepara para infligir un golpe maestro, es derrotado sin que sea necesaria la intervención de Dexter. Nadie descubre lo que Dexter es en realidad, la “gran sorpresa” no se produce, no podemos ver las caras de Matthews o Batista (o Masuka, que no aparece en todo el capítulo final) al enterarse. Ni siquiera tienen la decencia de matar al protagonista, cuando es evidente (era evidente desde el primer capítulo) que este hombre no tiene cabida en nuestro mundo, que su “reinserción” es imposible, que nunca logrará ser como los demás. No se atreven en ningún momento a dar el paso definitivo: hacer público el secreto de Dexter y mostrarnos lo que ocurre después. De hecho, el peso de la última temporada lo llevan personajes nuevos, por los que es imposible sentir nada: ¿qué me importa a mí Hannah, que apareció en la temporada anterior, o Elway, o Clayton, o incluso Jamie, o la hija de Masuka? Lo que me importa es ver lo que hacen los personajes de toda la vida, que se involucren en el final. Su papel es ridículo en esta última temporada: Batista se dedica a recordar a Dexter y Debra que siempre habrá lugar para ellos en la policía, Quinn se debate entre dos relaciones amorosas, Masuka está completamente olvidado, Matthews igual...

Y encima, nos daban a entender lo contrario

La temporada final tenía que haber sido un Dexter vs. Debra (o, si me apuras, contra Quinn, un personaje que prometía mucho como nuevo Doakes, pero que termina como un lastimoso policía putero y corrupto), hubo varios momentos en los que parecía que iba a enderezarse (Debra odiando a muerte a Dexter, Zach Hamilton como aprendiz...), pero la cobardía de los guionistas no conoce límites, y todo vuelve a estar como antes en cuestión de minutos. Cada buena idea que podría salvar la serie es abandonada, parece que lo hicieran a propósito. Tenía que haber terminado a lo Sweeney Todd: sangre por todas partes, tragedia, muerte de todos los seres queridos de Dexter por su culpa. Un final bañado en sangre y dolor, una tragedia griega adaptada a tiempos modernos, no esta mierda edulcorada. De hecho, la trama de Sweeney Todd no es muy distinta a lo que nos presenta Dexter: Sweeney tiene necesidad de matar, sed de sangre y venganza por la injusticia que se le ha hecho, y la señora Lovett saca provecho de ello y lo convierte en un macabro negocio rentable; Dexter Morgan es entrenado por su padre Harry para que su "impulso" le sea de provecho a la justicia. Las diferencias no son tantas, ¿no? La principal es que Sweeney Todd termina por todo lo alto, con sorpresa final, sangre y horror, mientras que es imposible reconocer al Dexter inicial en el pelele de la octava temporada. Estoy muy molesto (es evidente) con la forma en que han cerrado esta serie. Han conseguido que incluso los momentos más emotivos del final (que los hay) me den exactamente igual. El centro del final es una buena idea, de verdad, pero todo lo que lo rodea es tan malo y estúpido que consiguen estropearlo todo.

Así que bueno, para celebrar este final vergonzoso, os pongo una canción de Monster Magnet que se aplica un poco a los últimos episodios de Dexter. Dentro de poco, Breaking Bad, una serie que sí sabe cómo y cuándo terminar. Saludos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

George Carlin

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En España, los monólogos casi nunca se mojan. Me explico: tal y como nos dijo Ignatius Farray, la comedia aquí se basa en contar de forma divertida y analítica cosas que todos sabemos, pero que pasamos por alto. “Me gusta porque dice cosas que nos pasan a todos” sería una buena frase para resumirlo. Y eso está muy bien, es muy necesario hacer una pausa y ver las cosas absurdas que hacemos todos, recibir una dosis de humildad al ver que no somos tan diferentes a los demás, que también nos rascamos el culo o tenemos que mirar el reloj tres veces antes de saber qué hora es. Pero hay una cosa que nunca he visto hacer en un monólogo en español: hablar de política y del sistema. A veces, tangencialmente, se hacen referencias ligeras a tal o cual personaje o ideología. Creo que en España estamos tan divididos que un monologuista que se atreviera a criticar abiertamente a unos u otros, en seguida sería denostado y tachado de fascista/rojo. Véase el caso del Gran Wyoming, por ejemplo. Pero ni si quiera él se ajusta a lo que intento explicar: el Wyoming, al menos en su programa, a menudo se limita a hacer chistes, comparaciones y cosas más bien sencillas. En Estados Unidos existe otra clase de monologuista, uno que hace reír al público al mismo tiempo que razona, demuestra y critica. Bill Maher es un buen ejemplo, pero es demasiado anti-republicano, anti-creacionista, etc. Demasiado virado hacia un extremo, no se suele meter con el otro lado.



Pero hubo un hombre grandioso, un tipo llamado George Carlin, que nos dio cera a todos. Se metió con todo el mundo, puso patas arriba la religión, la política, la civilización, a la humanidad en general, se rió de nuestro antropocentrismo, de que pensemos que es responsabilidad nuestra “salvar el planeta”, como si tuviéramos la capacidad de destruirlo y no fuésemos una parte insignificante de él. No faltaron los chistes de pedos, pero el tío logró llegar mucho más lejos, nos hizo pensar. Además, era uno de los mejores oradores que he escuchado, tremendamente elocuente, mordaz, certero y agudo. Conocía el lenguaje a la perfección, jugaba con él y criticaba a quienes lo manipulan con eufemismos y palabras tabú.



Cómico, filósofo, actor y escritor, George Carlin estuvo en activo desde los años 60 hasta su muerte en 2008, a los 71 años (su último programa, It’s Bad for Ya, lo hizo pocos meses antes de morir). Podéis imaginaros lo que eso significa: un cómico profesional, sin miedo a nada (lo detuvieron después de hacer un largo monólogo sobre las 7 palabras que nunca se pueden decir en televisión: shit, piss, fuck, cunt, motherfucker, cocksucker, tits), que nos disparaba verdades como puños que nos hacían reír aunque bien nos podrían haber hecho llorar. Su dominio del lenguaje queda claro en pequeñas pinceladas poéticas en sus monólogos, en rimas inesperadas y aliteraciones. Empezar a ver un vídeo de Carlin implica no saber cuándo vas a tener la determinación para pararlo. Para mí es el mejor cómico que existió, el más ácido y el más divertido. Cuando era joven y llevaba coleta, hablaba de aquellos que lo juzgaban por la longitud de su pelo; de viejo, hacía bromas sobre las ventajas de ser viejo y poder largarte de las reuniones familiares diciendo que estás cansado, del placer de tachar a los muertos de tu agenda telefónica. Ver diferentes actuaciones de distintas épocas también es una buena forma de ver la evolución humana: el cuerpo, la voz, el carácter... no son los mismos.

De modo que aquí os dejo algunos vídeos, que no son más que un pequeño trampolín para quienes quieran lanzarse a la piscina, divertirse y pensar. Algunos duran un minuto, otros una hora. Todos son una buena forma de emplear el tiempo, en mi humilde opinión. Otro día hablaremos de más cómicos de calidad. Saludos.












jueves, 19 de septiembre de 2013

Los Soprano

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Pues sí, amigos, he terminado de ver Los Soprano hace muy poco. Empecé con muy poca convicción, vi la primera temporada en Oporto y no me gustó. Me pareció que no ocurría nada a fin de cuentas, y todos los personajes me cayeron fatal. Pero, ¡qué equivocado estaba! Del mismo modo que lo hace Breaking Bad, Los Soprano cogen carrerilla y van acelerando hasta unas últimas dos temporadas grandiosas e inolvidables. Hoy hablamos de Los Soprano.



Los Soprano nos cuenta la historia de Tony Soprano, uno de los capos de Nueva Jersey, y su ascenso al poder. Sobre todo, se centra en contarnos cómo Tony trata de compaginar la vida familiar, como marido y padre, con la vida de mafioso, llena de violencia, dinero, fiestas y putas. A través de las sesiones con su psiquiatra, la doctora Melfi, comprenderemos poco a poco la evolución de Tony, sus problemas y sus mayores temores, de dónde viene y cómo eso condiciona su vida y lo que hace. La serie tiene montones de personajes, que van y vienen, mueren y son sustituidos sin parar. Mafiosos que ascienden, mafiosos que se vuelven informadores del FBI, mafiosos que quieren abandonar. Se podría decir que hay dos historias distintas pero estrechamente relacionada: por un lado, la Mafia, las luchas de poder dentro de la familia de Nueva Jersey y también con la familia de Nueva York; por otro lado, los problemas domésticos de los personajes. Y es que, les guste o no, esa vida deja huella y tiene consecuencias. Drogadicción, malos ejemplos, violencia, entierro tras entierro, mentiras y más mentiras, complicidad y mirar para otro lado. Es desolador ver la evolución de los hijos de algunos personajes, que se ven abocados a seguir los pasos de sus padres, ya que los ven como una vida fácil y divertida, ven el desprecio de sus padres por el trabajo duro y honrado, cómo los tipos buenos son extorsionados y zarandeados por sus propios padres. O ver a Carmela Soprano indiferente ante las infidelidades de su marido, sólo por mantener la vida de lujo que lleva junto a él. Ver al viejo Junior hundiéndose irremisiblemente en la vejez y la enfermedad, un respetado jefe mafioso en bata y zapatillas. Porque esa es otra, olvidaos de los mafiosos de El padrino: esta gente va en chándal y zapatillas, llevan cadenas de oro y tupé. Personalmente, me dan mucho asco, a pesar de que los quiero mucho a todos. Como digo, la historia no sólo tiene muchas acción, muchas sorpresas y vaivenes, sino que además es profunda y te hace pensar muchísimo.

Los siete magníficos: Pussy, Tony, Chrissy, Paulie, Hesh, Silvio y Furio

Además, esta historia tan buena está envuelta en papel de regalo: las imágenes son contundentes e inolvidables, las escenas de violencia son increíbles, el montaje está perfectamente estudiado y la banda sonora es la mejor que he escuchado en una serie. Canciones cojonudas y muy bien colocadas dentro de los episodios, llenas de significado. La sexta temporada en particular me parece buenísima, por encima incluso de grandes como la cuarta de Dexter o las dos últimas de Breaking Bad. Es que es otro nivel, mucho más profundo, con muchas capas (como las cebollas, las tartas o los ogros), la forma de anticipar el final desde la primera escena, cómo va avanzando todo inevitablemente, el tremendo simbolismo del final, en el que juegan con lo que se ve y lo que no se ve. El final está construido con tanto mimo y rigor que no puedo evitar pensar que el resto de la serie también estaba lleno de simbolismo y elementos que pasé por alto.


La familia feliz: Tony y Carmela con sus retoños Meadow y Anthony Jr.


En resumen, Los Soprano es una serie de obligado visionado para los amantes de las buenas series que se toman su tiempo para demostrarte que no te has equivocado al elegirlas: al final la recompensa es tan grande que ya ni te acuerdas de que al principio le cogiste manía. Atentos a Breaking Bad y Dexter que están a punto de acabar, aquí tendréis sendas críticas.

Para terminar, la canción que os pongo aquí no pertenece a la serie, pero creo que ilustra perfectamente la serie, además de ser un excelente anticipo del concierto al que voy a ir en diciembre.


¡Saludos!


martes, 17 de septiembre de 2013

Chistes de pedos

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La cabecera del blog lo dice bien claro: "reflexiones profundas, relatos, chistes de pedos [...]". Como bien me han señalado, hace siglos que no publico ningún chiste de pedos (si es que alguna vez publiqué alguno). Y como no me gusta faltar a la verdad, vamos a poner aquí algunos chistes flatulentos para que podáis ser el centro de atención en mentideros y bailongos:

¿Por qué los de Lepe se tiran un pedo al salir de casa? Para echar el pestillo.

Una señora va al médico:
-Doctor, doctor, tengo muchos gases, pero ni huelen ni se oyen. ¿Lo ve? Me acabo de tirar un par y no se ha dado ni cuenta.
El médico le receta un medicamento. A la semana siguiente, vuelve la señora y dice:
-Oiga doctor, los gases siguen sin oírse, pero huelen muy mal.
-Muy bien, el problema del olfato está resuelto; ahora veremos los oídos.


En un banquete, un tipo se pone de pie para alcanzar una bandeja y se le escapa un pedo que escucha toda la mesa. La señora sentada a su lado se ruboriza. El hombre se inclina hacia ella y le dice, de forma que todo el mundo lo oiga:
-No se preocupe, señora, diremos que he sido yo.


-Señor, se ha tirado un pedo.
-No, perdone, se me habrá caído, que yo nunca tiro nada.


Muchas gracias.

viernes, 13 de septiembre de 2013

La venganza será terrible en Madrid - septiembre de 2013

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Y los genios volvieron a Madrid durante cinco días. Alejandro Dolina, Patricio Barton, Jorge Dorio, Manuel Moreira, Ale y Martín Dolina regresaron a la sala Galileo Galilei y yo tuve la suerte de poder verlos durante tres días. De nuevo, la entrada fue libre y gratuita, y la sala se llenó hasta los topes. Conseguimos mesa muy cerca del escenario, y a pesar de la tristeza de no estar todos los que fuimos el año anterior, trajimos invitados que desconocían por completo lo que iban a presenciar, y que quedaron más que satisfechos.

A rebosar de público. En la primera mesa, el señor Galilei y esposa.

Me pareció que el programa fue mucho más dinámico e hilarante que nunca. Todos los segmentos fueron muy fluidos, un chiste detrás de otro: una aerolínea clandestina de bajo coste, un psicólogo de hotel, la tragedia de los albañiles en casa, comportamientos adecuados durante un naufragio, las manías de las viejas… Y los segmentos dispositivos, solemnes y emotivos a la par que entretenidos. No hubo discusiones ni malentendidos, Piedrahita estuvo muy bien como invitado, participativo e ingenioso. Leyeron algunos de nuestros mensajes y pedidos de canciones. El segmento musical estuvo muy bien, el Trío sin nombre tan impresionante como siempre, y el Sordo y Moreira siguen siendo un gran dúo.

Los cuatro elementos

La verdad es que llevaba un tiempo sin escuchar La venganza; lo escuchaba mucho en Oporto, en el gimnasio y los viajes en metro, pero a mi regreso lo abandoné. Fue muy agradable volver a escuchar a Dolina, Barton y Dorio, y además verlos en persona. Hicimos una pequeña broma al regalarles una caja de conchas Codan de la que al principio no dijeron nada, pero de la cual más tarde Patricio Barton publicó una foto en Twitter. En resumen cuentas, tres días muy agradables en compañía además de Mistervalls y T.C., además de Alë y, por qué no decirlo, todo el plantel de La venganza será terrible, que ya son amigos de alguna forma. Os dejo con los enlaces a un par de programas de los de estos días. ¡Saludos!


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Camisetas - Reloaded parte 3

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Tercera y última parte de la nueva remesa de camisetas:


NI

Me encantan los Monty Python. La vida de Brian es mi comedia favorita (aunque se pelea con Los visitantes), y Los caballeros de la mesa cuadrada es otro clásico inmortal. Esta camiseta hace referencia a la famosa escena de los caballeros que dicen "Ni", pero lo hace de una forma muy sutil, mostrándonos a un caballero convencional (no uno de los personajes de la película, que ni siquiera tenían caballo) con un diminuto bocadillo que dice "Ni.". En ningún lado se habla de los Monty Python, ni se muestra la cara de John Cleese o Michael Palin, por ejemplo. Es sólo para los que conocen la película más o menos bien. Y me encanta. Regalo de Aislinn, por cierto.




DARK KNIGHT
Otra de las camisetas de la marca The Mountain: americanas, con el dibujo teñido de forma natural con la camiseta y no planchado encima. Sólida, eterna, esta camiseta es la hostia. Perfecta para un concierto de metal o cualquier evento en el que el frikismo sea un punto a tu favor. ¡Que me dure muchos años!




GENTLEMAN
De nuevo una camiseta con un punto de color: esa mezcla de gris con rojo descolorido me parece muy buena. El dibujo es la típica calavera mexicana del Día de Muertos, combinada con los atributos de un gentleman: el bombín, el bigote, el monóculo, la pipa y la pajarita. Una mezcla de lo elegante y lo macabro (el color rojo también recuerda ligeramente a la sangre) que es una de mis últimas y mejores adquisiciones. 




Hasta aquí las nuevas camisetas (y las mejores), espero que os haya gustado esta entrada, algo diferente a lo habitual, pero que tuvo bastante éxito en su edición anterior. ¡Saludos!

martes, 10 de septiembre de 2013

Feria medieval de Ávila 2013

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Mientras intento recobrarme de la demencia que me provoca la matriculación en el máster, voy a hablaros de mis últimas aventuras medievales. Después de más de dos meses esperando poder ir al castillo de Cornatel, en Ponferrada, donde se iba a liar la de Dios e iba a poder ver a gran parte de mis mejores amigos y compañeros de armas portugueses, empezaron a surgir problemas: el pie me seguía dando la lata, no tenía coche ni quién me llevase, el transporte público era caro e insuficiente… Decidí abandonar con gran tristeza de mi corazón, y sufrir en silencio al ver fotos y más fotos del precioso castillo y las hordas de recreadores.

Sin embargo, pronto surgió otra oportunidad: una feria en Ávila a la que iban a acudir al menos dos personas del grupo de esgrima. Conseguí convencer a mi padre para que me llevara, al menos un día completo, y allí nos presentamos a las once de la mañana. La ciudad estaba hasta los topes de coches, y ya se veían grupos de personas vestidas de época, con gran variedad de rigor histórico. Encontramos un aparcamiento justo al lado del campamento, y me reuní con mi grupo. Fue un emotivo reencuentro, y más aún cuando volví a enfundarme el traje medieval, estrenando mis nuevas adquisiciones: las botas, los guantes y la daga con vaina personalizada. En otra ocasión, os mostraré todo el equipo, dando las gracias a todos aquellos que me han ayudado de una forma u otra.

El caso es que, nuevamente, tuve la oportunidad de mostrar al público la técnica de fabricación de cota de malla, ayudando a mis compañeros portugueses con las explicaciones, además de hacer un par de combates con espada y escudo (estrené mi flamante escudo, que ahora ya está un poco más tocado) que me trajeron muy buenos recuerdos. En cuanto a la feria, calles y calles de puestos de antigüedades, artesanía, comida (un kebab y un choripán/pao-con-chouriço/bollu-preñau muy ricos), etc. Muy buen rollo y muchísima gente disfrazada ambientando (una especie de demonios gigantes con zancos, una especie de Tom Bombadil en bicicleta...) Los recreadores propiamente dichos no éramos muchos, y nos situamos en el llamado “campamento medieval”, algo apartados del mercado propiamente dicho. Exhibiciones de tiro con arco, cetrería y esgrima, niños y mayores disfrutando de toda la parafernalia. Me lo pasé muy bien y lamenté no poder quedarme también el día siguiente. Pero no tardaré en volver a las andadas. Saludos.

Cuán gallardas figuras

sábado, 7 de septiembre de 2013

Camisetas - Reloaded parte 2

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Atacamos de nuevo con tres camisetas más.


THE MOUNTAIN


Esta camiseta muestra una escena montañosa mezclada con una especie de cruz. La tela es fina y suave, muy agradable y ligera. Es muy sobria y bonita, no sabría decir muy bien por qué me gusta tanto. Será por la montaña, porque me trae recuerdos del Pirineo o de las sierras de Priego, la corriente del Escabas y los corzos de Garbajosa.




B.O.P.E.

Supongo que casi todos conoceréis la película Ciudad de Dios, que nos narra de forma cruda la violenta evolución de una favela brasieña, desde el punto de vida de algunos de los jóvenes que la habitan. Menos conocida es Tropa de Élite, que nos cuenta el punto de vista policial, con la historia de dos jóvenes policías que aspiran a entrar en el BOPE, la fuerza policial más hija de puta de Brasil, que entran en las favelas a sangre y fuego, luchando igual de sucio que sus adversarios. Es imposible acabar de ver la película y no ser fan absoluto del BOPE, sobre todo después de haber visto Ciudad de Dios. Y aquí tenéis el resultado. Sin duda, no es una camiseta que llevaría a Portugal o Brasil, porque nunca sabes con quién te vas a encontrar. Las pistolas representan las armas del BOPE, y la calavera con un cuchillo los representa a ellos venciendo a la muerte que siempre está al acecho.


LONG FACE
Y en cuanto a esta... qué queréis que os diga, me hizo mucha gracia el tipo con cara de jirafa y el chiste de "¿Por qué esa cara tan larga?". Además, el color es bastante alegre y llamativo, y el corte es moderno y ajustado. Buena camiseta para el verano y para salir, y una buena alternativa a mis toneladas de camisetas negras.




miércoles, 4 de septiembre de 2013

Black Mirror 3: The Final Fear

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I’m afraid that you’d change again if you stayed any longer. You’ll hallucinate and maybe one day do things you don’t want to.




Se cierra el ciclo. El destino de la familia Gordon y la maldición que les persigue desde hace siglos, está en nuestras manos. Acompañadme mientras os muestro lo que esconde Black Mirror 3: Final Fear.



Recordaréis la trágica aventura de Samuel Gordon, el protagonista del primer Black Mirror, empeñado en descubrir la verdad sobre la muerte de su abuelo William. Recordaréis quizá que descubrió la maldición que Mordred Gordon lanzó sobre los descendientes de su hermano Marcus, para que cada cierto número de generaciones, se volvieran locos. Ya más cerca de nuestros días, el joven americano Darren Michaels se embarcó en un viaje para ayudar a una damisela en apuros, Angelina, un viaje que le llevó hasta la mansión de Black Mirror. Allí descubrió que, en realidad, Angelina y él eran hermanos, e hijos de Samuel Gordon. La aventura terminaba en una cámara ritual, con Darren (ahora Adrian Gordon) poseído por una extraña entidad, y el castillo de Black Mirror pasto de las llamas.

Y aquí es precisamente donde empieza esta nueva aventura. Sin ningún tipo de introducción o recordatorio de los eventos pasados. Es un juego destinado descaradamente a quienes hayan jugado la parte anterior. En cuanto a la historia, Adrian está detenido por la policía, que le acusa de las muertes ocurridas recientemente en el pueblo de Willow Creek, y de ser el pirómano que incendió el castillo. Pronto nos enteramos de cómo están las cosas: en el castillo, casi completamente destruido, sólo queda lady Victoria, la anciana mujer de William, abuela de Samuel y bisabuela de Adrian. Estamos en libertad bajo fianza, y tenemos que asistir diariamente a sesiones de terapia con la psiquiatra del pueblo. En seguida empezamos con las tareas: convencer a la policía y a lady Victoria de nuestra inocencia es la principal, pero se verá entorpecida por mil y una naderías: hacerse una foto frente al castillo, arreglar todo tipo de aparatos, fabricar objetos improvisados… Lo de siempre. Poco a poco, se irá haciendo evidente que la entidad que nos poseyó no es otra que el mismo Mordred, la fuente de la maldición. Descubrir qué quiere y cómo podemos librarnos de él será otra de nuestras tareas principales. A pesar de la hostilidad de todo el pueblo de Willow Creek, recibiremos ayuda inesperada, e incluso tendremos la posibilidad de manejar dos personajes al final del juego, para completar puzles cooperativos. El juego nos mostrará todo lo que nos faltaba por ver: bosques, pantanos, ciertas áreas de Willow Creek y, sobre todo, las vastas catacumbas que se extienden bajo el castillo y el pueblo, con el Espejo Negro como punto central. Visitaremos sitios ya conocidos en juegos anteriores, pero desde perspectivas diferentes. Resolveremos el misterio, triunfará el bien tal vez y todo el mundo dejará de odiarnos. El final del juego es un poco brusco, me habría gustado saber qué ocurre más a largo plazo, quizá con un anciano Adrian convertido en señor del castillo perfectamente renovado, casado y con hijos, y ayudado por su fiel Edward, el nuevo Bates (ah, el mayordomo Bates, qué gran tipo). La escena final del juego es una chusta, muy rápida y escasa. Pero en general el argumento me satisface: muy deprimente (como corresponde), hay buenos giros de guión, como en los juegos anteriores, y momentos muy dramáticos y emocionantes.

La iglesia de Warmhill a lo largo de los años ha sufrido curiosas modificaciones 


Si hablamos de gráficos, Black Mirror 3 no supone una mejora evidente frente al juego anterior, pues se parece demasiado, pero sí destaca el genial trabajo que se ha hecho con las sombras y reflejos de los personajes, así como los efectos de dinamismo de los escenarios (humo, nubes, partículas de polvo…). Por lo demás, es lo de siempre: gráficos prerrenderizados muy atractivos, personajes algo torpes y feúchos, etc. Todos los escenarios, sin excepción, dan mal rollo, y hay algunos realmente sobrecogedores e inquietantes. Muy buen trabajo de ambientación, ¡impecable!


La cámara ritual en el primer Black Mirror

Al hablar de jugabilidad, caemos un poco en picado. Para empezar, el problema del inventario se ha resuelto a medias. Antes, si un objeto estaba situado en la parte inferior de la pantalla, resultaba imposible hacer clic sobre él sin que nos saltara la barra del inventario. La solución era bien sencilla: colocar una barra de inventario fija fuera de la pantalla, pero no se hizo. En su lugar, ahora sólo saltará la barra cuando coloquemos el puntero exactamente en el borde inferior de la pantalla, con lo que ambas tareas dejan de interferir. Lo que no se ha solucionado es el problema a la hora de moverse por el inventario. Cuando colocamos el puntero sobre la flecha del inventario, solamente permanece allí dos segundos, y luego el inventario desaparece. No es posible moverse con comodidad por el inventario, que en algunos momentos del juego es bastante extenso. Lamentable y muy frustrante.


La cámara ritual en Black Mirror 3


Nuestro diario y los comentarios de Adrian nos ayudarán a saber lo que tenemos que hacer en forma de pistas: “tal vez si…” será una frase muy escuchada en el juego. No obstante, muchos de los ingenios que tenemos que construir o aplicar no son nada lógicos ni intuitivos (y mucho menos con el nefasto inventario), y sólo después de un rato comprenderemos por dónde van los tiros, lo cual puede llegar a desesperar bastante. En los puzles propiamente dichos contaremos con un botón de escape, para resolver el puzle automáticamente. De todas formas, no son excesivamente difíciles. Cada escenario está plagado de “puntos de interés”: en algunos casos, son objetos que podemos recoger y utilizar, o puntos importantes del escenario; sin embargo, la inmensa mayoría no son nada, son excusas para que Adrian haga algún comentario sarcástico. Distraen y te hacen perder tiempo. Si en el juego anterior el diario estaba dividido en una sección de tareas y otra de reflexiones de Adrian sobre la historia, aquí se ha fundido todo en uno, lo cual puede resultar algo confuso en ocasiones. Al igual que en los otros juegos, nuestro personaje puede morir, de muchas y variadas formas, y por suerte el juego guarda automáticamente antes de que escojamos la decisión que nos lleva a la tumba, para poder volver a intentarlo directamente desde ese punto. Contaremos con el teléfono de una pitonisa, Madame Fortuna, a la que podremos llamar cuando queramos, y nos advertirá sobre la próxima muerte que se avecina (para que podamos estar sobre aviso). Los diálogos continúan siendo una simple elección de temas, para luego dejar que los personajes hablen todo lo que quieran. Tedioso, tal vez, pero lleva siendo así desde el principio de la saga.

Una vista del castillo en Black Mirror 1, en sus mejores tiempos

El apartado sonoro es bastante bueno. La música es inquietante, amenazadora y dramática según se necesite, los efectos de sonido y de los objetos están bien escogidos, pero a veces el estallido de tensión de la música no se coordina con la acción o la frase que debería desencadenarlo: unos segundos antes de que un personaje diga una frase devastadora, o a veces unos segundos después, la música se vuelve atronadora y malrrollista. Un fallo bastante gordo. Y si hablamos de fallos, hablemos de las voces en inglés (el juego es checo). Black Mirror nunca ha destacado por sus voces (las del 1 eran bastante infames), pero aquí hay varios casos que claman al cielo. Destacaré al inspector Conrad Spooner, supuestamente irlandés, que ha sido doblado por un tipo que obviamente no es irlandés ni sabe mucho del acento irlandés. Muchas de las voces carecen de alma o de intensidad, son francamente malas.

El castillo durante el incendio


En conclusión, la saga Black Mirror no ha sufrido grandes cambios a lo largo de sus tres entregas: se ha mantenido como una aventura de la vieja escuela, dirigida a jugadores pacientes y a los que les guste desenrollar poco a poco el ovillo de una buena historia, con toques de terror muy bien situados, con puzles y desafíos exigentes. Es para mí una saga muy querida (me obsesioné mucho con el primer Black Mirror en su momento), pero creo que, como final, Black Mirror 3 podía haberlo hecho algo mejor. Pero es lo que hay: es un buen juego, que mantiene la línea de los anteriores, con sus glorias y sus miserias. Larga vida a la familia Gordon. Saludos.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Camisetas - Reloaded parte 1

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Pues sí, hoy os traigo una nueva selección de camisetas molonas dividida en tres partes. Esta vez, aparte de una breve explicación sobre la camiseta, añadiré una canción. Espero que os gusten:


DEXTER

Esta camiseta la compré por Internet. Se trata de la camiseta que siempre lleva Dexter en la serie cuando se dispone a cazar a un asesino. Está claro que yo no la lleno igual que él, pero puede ser un aliciente para acercarme algún día. Es una camiseta térmica muy cómoda y fina, pero que da mucho calor. Perfecta para esas noches frías en las que una camiseta normal es insuficiente, pero una sudadera es demasiado. Eso sí, debido a sus materiales, sólo podemos usarla una vez antes de echarla a lavar. Este tipo de camisetas se llaman Henley Thermal Shirt, y es una fusión de camiseta y polo. Por supuesto, que nadie caiga en el escote masculino, eso debe desaparecer. Ya.



NEVERMORE

Esta preciosa camiseta fue un regalo de Atalanta por mi cumpleaños. La palabra "Nevermore" forma la silueta de un cuervo. "El cuervo" es uno de mis poemas favoritos, por las sensaciones que transmite, por la desesperación y la locura del narrador subjetivo, cuyo dolor le hace imaginar que un simple cuervo le atormenta con el recuerdo de su amada muerta. Por la machacona rima "Nevermore", con la que el cuervo responde a todas las preguntas del narrador, aumentando cruelmente su dolor. Es un poema devastador, que va en aumento hasta el final.




ZOMBIE EVOLUTION

Esta camiseta me la compré en el Expocómic hace unos poco años y me hizo bastante gracia, no deja de ser una chorradita pero la calidad de la camiseta es aceptable y el corte es medianamente moderno y no demasiado soso. Es una declaración de intenciones de frikismo y estilo a partes iguales.