viernes, 30 de agosto de 2013

Guadalupe Plata

0 comentarios


Hoy vamos a hablar de un grupo español de blues que a mí me parece cojonudísimo. Se trata de Guadalupe Plata, una banda andaluza formada por Perico de Dios (guitarra y voz), Paco Luis Marto (bajo) y Carlos Jimena (batería).


 Conocí a Guadalupe Plata (como a tantos otros grupos geniales) gracias a Carne Cruda, que publicó un enlace a este vídeo colosal y maravilloso. Dejando a un lado lo obvio (y creedme que cuesta dejarlo a un lado), la música ya me parecía muy interesante. Blues sucio, desértico, sexy y sudoroso. Sólo tres músicos se las apañan para llenar el escenario y que se les quede pequeñísimo. Hace no mucho, estando yo en Portugal, volví a ver el vídeo, y me dio por buscar algo más sobre la banda. Llegué a una página en la que te permitían descargar legalmente su maqueta y su primer álbum, y ponían a la venta el segundo. Me los bajé, por curiosidad. Los metí en el MP3 y me dediqué a escucharlos por las calles de Oporto. Y me enganché muchísimo.


No sólo la música es cojonuda, muy contundente, muy rítmica y es imposible mantener el cuerpo quieto mientras suena, es que además las letras (cuando las hay) son sencillas, a menudo se reducen a tres o cuatro frases, no hace falta más, no intentan hablar desgarradoramente de la vida o del amor. Las letras van siempre en consonancia con el espíritu de su música: desierto, sexo, muerte: “En este cementerio hace tanta calor que hasta los muertos sacan los huesos al sol; nena nena nena nena nena nena, sácame a bailar, que tengo los huesos tiesos, ya no lo puedo aguantar”, “Jesús está llorando porque has sido mala”, “Maldita rata malnacida, no te comprendo, vengo a escupir sobre tu tumba, zapatearé sobre tus huesos”. Cosas así. Y me parece que está perfectamente bien, que no cae en el ridículo en el que caen muchas bandas que intentan ser profundas con sus letras. Esto es blues, joder, es para mover el esqueleto, son canciones que pueden durar dos minutos o media hora, podrías bailar hasta el infinito o hasta que los músicos o tú cayerais muertos al suelo.


Antes he dicho que la banda es andaluza, y tengo que decir que, de alguna forma, se nota. Desde la referencia a Los santos inocentes de la canción Milana, canciones como Pollo Podrío, a las portadas de los discos o algunos videoclips. Esa mezcla de música americana de western y el tema andaluz encajan sorprendentemente bien. El cantante tiene una voz muy característica, y las virguerías que hace con la guitarra son notables. Experimenta mucho con los efectos de sonido, como agitar la guitarra frente al amplificador, o tocar las cuerdas en zonas inusuales para producir sonidos metálicos. El batería usa maracas junto con las baquetas y hace ritmos distintos, el cabrón. En cuanto al bajo, basta con decir que a veces usa como instrumento un barreño con un palo y una cuerda. Tres figuras de categoría.


Los discos no llevan título alguno, sólo se identifican por el año de publicación: 2009, 2011 y 2013. Como dije antes, me descargué los dos primeros, y haciendo un pequeño seguimiento, me entero de que van a tocar nada menos que en Oporto, en el Primavera Sound. ¡Y el mismo día que Dead Can Dance! Gracias a mi colega Guille, conseguimos dos entradas y para allá que nos fuimos. Pero bueno, esa es otra historia que conté aquí.


Así que vamos a aprovechar para hablar de ese disco fantástico que es Guadalupe Plata (2013). Se nota una evolución en el sonido, que ahora es más pesado y contundente, mucho más lleno. Después de una introducción que nos pone en situación con la guitarra, unos cuantos lamentos (el nombre de la canción) y unas campanillas, llega sin tardanza Rezando, con una línea de bajo y batería machaconas mientras la guitarra empieza a sonar tímidamente. Poco a poco toma fuerza y arranca la voz distorsionada. Y ya no para. Los solos y las frases aulladas se suceden en poco más de media hora, que es lo que dura el disco. Llega Rata, una brevísima pero intensa canción. Llegan Oh my bey y Demasiado, una de mis favoritas (“Demasiado, demasiado, hablas demasiado, tu boca es grande, hablas demasiado”). Un pequeño parón con Funeral de John Fahey, un tema instrumental más tranquilo. Y después llega la grandísima Esclavo (“Soy tu esclavo, nena, me aprietan tus cadenas, no puedo escaparme, no puedo liberarme”), uno de mis temas favoritos. El Blues es mi amigo y Voy caminando son temas que no me gustan tanto, pero creo que en realidad es sólo porque están en medio de Esclavo y Milana, otra canción cojonuda. El final del disco no podría ser mejor: una versión lenta y mejorada de Jesús está llorando, luego la última explosión de blues con No me ama y terminamos con la agónica Santo Entierro, en la que este cuerpo moribundo da los últimos estertores de guitarreo.



Qué puedo decir de Guadalupe Plata… es imposible describirlo con un mínimo de racionalidad, y menos si mientras escribo escucho su música. Son como un hechizo, como si te hipnotizaran, como si te manejaran con hilos y te obligaran a mover la cabeza y los pies. Son muy buenos músicos y lo demuestran también en sus directos, que no tienen nada que envidiar a la calidad y el nivel de locura de los discos. Espero volver a verlos, y si fuera con mi colega Guille, ya sería la hostia.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Ficción y realidad

1 comentarios
Llevo varias semanas viendo series intensamente: Los Soprano, Sons of Anarchy, Oz, Dexter, Breaking Bad, American Horror Story… En todas estas series hay violencia a puñados, claro, y me llama poderosamente la atención el trato que se le da al tema de las heridas y las lesiones. En la vida real, una mala caída o una lesión mal curada puede perseguirnos toda la vida. Nuestro cuerpo comienza sano y fuerte, y poco a poco se va degradando: un esguince aquí, una cicatriz allá. En las series, las recuperaciones milagrosas están a la orden del día. Una caída de un coche a toda velocidad no tiene ninguna consecuencia; una cuchillada en las tripas se arregla con un poco de esparadrapo, y una bala en la muñeca, que podría inutilizarnos la mano para toda la vida, a los dos días ya está olvidada porque “la bala entró y salió”.



Del mismo modo, las esperas se acortan. Las horas de estudio, de gimnasio, de sufrimiento, que son necesarias para obtener resultados, se reducen a escasos segundos por arte de magia. Recuerdo que, en Battlestar Galactica, uno de los protagonistas pasaba de musculoso a fondón entre una temporada y otra (gracias a un poco de relleno bajo el uniforme), y de repente le daba por ir al gimnasio, y a los diez minutos de capítulo lo veíamos igual que antes, secándose el sudor del cuello con una toalla. Qué maravilla, si la vida fuera así, si los resultados, las recompensas, fueran inmediatas. Es más, qué maravilla si, al igual que en los videojuegos, las recompensas estuvieran definidas, identificadas perfectamente. ¿Quién nos dice que hemos hecho lo correcto al mentir a un amigo, al besar a una chica, al elegir una carrera? No hay ningún sonido que nos lo diga, no subimos de nivel ni nos volvemos más fuertes o más sabios. Estamos completamente perdidos en ese sentido, sólo podemos usar nuestros propios valores como unidad de medida (hay otros externos, como la ley o la religión). En los videojuegos cada vez que hacemos lo correcto nos dan un premio. Como a los perros, nos rascan la cabeza y nos dan una galleta en forma de arma legendaria o power up.


La ficción tiene, en suma, mil y una formas de obviar y enmascarar las partes menos emocionantes y más tediosas de la vida, pero eso nos puede hacer olvidar que existen. Sí sólo disfrutamos de los momentos intensos, de las recompensas fugaces, seremos infelices durante la mayor parte de nuestra vida. Hay que saber apreciar los momentos amargos y los aburridos, como antesala de una recompensa por la que trabajamos. Las horas de trabajo, los esfuerzos en el gimnasio, los intentos fallidos por conseguir algo y en realidad cualquier tipo de espera (activa o pasiva) tiene valor por sí misma. En la ficción es conveniente este acortamiento como forma de resumen: si no existiera, una película que narrase la vida de Napoleón duraría forzosamente 52 años.

lunes, 26 de agosto de 2013

Momento épico del día

0 comentarios

lunes, 19 de agosto de 2013

Fracking

3 comentarios


Esto. Esto sí que es importante. Más que muchas otras cosas que he intentado denunciar desde el blog. Este es un problema que realmente me deja descorazonado. Es posible que algunos ni siquiera sepáis lo que es, ya que los responsables han hecho bien su trabajo, pero para eso estamos yo y otros muchos, para difundir el mensaje desde nuestros humildes minaretes.

El gas natural empieza a escasear, pero hay mucho dinero puesto en ese negocio, y las empresas tratan de sacarlo hasta de debajo de las piedras. Y es literalmente en las piedras donde lo están buscando ahora. Los yacimientos de pizarra que se encuentran a una profundidad de entre 1 y 3 kilómetros contienen gas natural en forma de burbujas, y ahora están en el punto de mira de estas empresas de extracción, que están dispuestas a llevar a cabo la técnica de la fractura hidráulica en nuestro país. El proyecto Cronos ocupará una franja que afecta a pueblos como Sigüenza, Garbajosa, Alcolea del Pinar, Anguita o Aguilar de Anguita. Otras zonas de España, como Aragón o Cantabria, también son objetivo.

La técnica de la fractura hidráulica, hidrofractura o fracking consiste en excavar un pozo hasta la roca  e introducir a presión agua mezclada con arena y productos químicos, con el objetivo de triturar la roca y liberar el gas, que después es extraído. Genial, ¿no? Vamos a ver los problemas que ocasiona el fracking:

Es necesario construir no un pozo, sino literalmente docenas de pozos, ocupando una extensión enorme de terreno, que se emplea exclusivamente para la extracción de gas. No es compatible con la agricultura o la ganadería, y deja el terreno convertido en un vasto campo agusanado, pelado y horrendo, propio de una película apocalíptica.


Inyectar agua a presión en el suelo, mezclada con productos químicos (algunos de los cuales son altamente tóxicos, cancerígenos y mutagénicos) es una locura, es una idea de bombero. Es imposible controlar el comportamiento de esa agua (entre un 15% y un 80% del agua vuelve a la superficie, un intervalo de duda brutal), evitar las filtraciones, las fugas, los terremotos provocados por la alteración de las capas de roca. Un miligramo de ciertas sustancias químicas resulta más que suficiente para contaminar mil litros de agua, de forma irreversible. Se han producido infinidad de accidentes en los lugares en los que se ha introducido el fracking, tanto fugas como terremotos.


En muchas zonas de España no vamos precisamente sobrados de agua, y el fracking emplea toneladas y toneladas de agua. ¿Van a traerla desde otros lugares? ¿O aprovecharán para hacer un agujero más y vaciarnos los acuíferos? La segunda opción es más probable.

Una de las bazas de los pro-fracking es que se crearían puestos de trabajo. El viejo truco: nos dejáis sin trabajo y sin esperanzas para que luego nos lancemos como chacales sobre cualquier cosa que nos ofrezcáis. Cada pozo deja de ser explotable en unos 6 años (ya no queda piedra que romper), y no hay más remedio que abrir uno nuevo. El empleo que se crearía sería temporal, precario y de baja cualificación: los ingenieros y especialistas son extranjeros, a los de aquí los emplean como obreros y transportistas. La eficiencia de cada pozo pasa al 10-30% en sólo un año.

Los expertos independientes, que no tienen intereses económicos puestos en el fracking, ni son accionistas de empresas mineras, se posicionan unánimemente en contra del fracking.

En EEUU, Canadá, Francia y otros países ya se ha prohibido el fracking, gracias a la acción ciudadana en su mayor parte.

Como conclusión, diré… muchas cosas.

Diré que estas son las razones por las que el Estado tiene que controlar al sector privado. Porque a la gente que se mueve por dinero no le interesa nada más, ni el daño que puedan causar a la naturaleza ni al ser humano. Y este es un ejemplo brutal. En EEUU, ciertos políticos aprobaron eximir a las empresas mineras de ciertas normas de seguridad y atención al medio ambiente (del mismo modo que la Comunidad de Madrid planea “facilitarle las cosas” a Eurovegas). Si esos políticos son de la misma calaña que los de aquí (que tras su período político pasan a formar parte de la plantilla de esas mismas empresas a las que han beneficiado), ya sabemos cuál es el problema.


Nuestra única esperanza es que se legisle en contra del fracking, y para eso hay que unirse, reunir firmas, presentar mociones y, por desgracia, recurrir a los partidos políticos. Es un completo absurdo que una técnica tan chapucera y dañina, que se ha detenido ya en varias ocasiones, nos la quieran intentar colar a nosotros ahora. Si nuestra famosa pasividad, nuestro individualismo y nuestra estupidez permiten, como ya han permitido la destrucción de otras cosas, que se destruya nuestro ecosistema, que la vida en el campo y los pueblos se haga imposible, que nos tengamos que mudar todos a la ciudad, a tragar humo como todos los demás, mi fe en este país y su gente desaparecerá para siempre.

Esto traerá consecuencias irreversibles e inmediatas. Informaos, ved los vídeos y documentales al respecto, y buscad la forma de contribuir y ayudar a parar esto. Si realmente os importa vuestro pueblo, y no es para vosotros una excusa para emborracharos y mear en la calle durante cuatro días, haréis algo. Si no, es que realmente la tierra no le importaba a nadie, y a nadie tenía para defenderla.


jueves, 15 de agosto de 2013

Las mocedades de don Guasca de Monò - 9ª parte

0 comentarios



Al caer la noche, mientras los hombres preparaban el yantar alrededor de una hoguera, don Artímeno me explicó cómo se organizaba el torneo. La primera parte, me dijo, que tendría lugar al día siguiente, llamábase torneo y consistía en combates en grupo con armas embotadas. En esa prueba se demostraba la pericia al liderar huestes. Quien consiguiera capturar al líder del bando enemigo ganaría la ronda, y quien ganara mayor número de rondas ganaría el torneo. Al día siguiente tendría lugar la justa, donde los gentileshombres se enfrentarían a caballo armados con lanzas embotadas. Y me dijo que la justa era la prueba más peligrosa, pues si bien las lanzas no tenían punta de fierro, al astillarse podían herir e incluso matar a los combatientes. Y quedé yo muy espantado de aquello por no haber justado en toda mi vida, y deseé tener un yelmo que me tapase la cabeza por completo, mas nada podía hacer.

                Y mientras los otros participantes dormían a pierna suelta, yo me reuní con Firentés y Desabio, y les pedí que buscaran a los hombres más capaces de nuestro grupo y que les dejaran dicho que tomarían parte conmigo en el torneo y que estuvieran frente a mi pabellón al alba. Y tras esto me eché a dormir, pues el día había sido largo y habían acontecido muchas cosas extrañas para mí.

                Y al alba Firentés me dijo que los hombres me estaban esperando, y al salir de la tienda había allí varios de los nuestros y un gran grupo de soldados que no conocía, más de cuarenta, que parecían divididos en grupos pequeños. Y Desabio me dijo que aquellos eran los mercenarios que había encontrado en la ciudad. Y viendo que tenía cosas que hacer en demasía, pedí a don Artímeno y Desabio que se encargaran de encuestar a los mercenarios y de darles una paga razonable de la gran talega que acababa de conseguir. Y le dejé dicho a Desabio que se asegurara de contratar mercenarios a caballo, a pie y ballesteros, para que ellos pudieran instruir a nuestras tropas como soldados curtidos que eran, y que no aceptara grupos grandes ni gentes de mala catadura, por evitar que algún día se rebelaran, nos robaran o algo peor. Y dicho esto me fui para Firentés y mis hombres, que me estaban esperando, y acordamos algunas estrategias de las que habíamos utilizado antes contra los bandidos, y les repetí todo lo que me había dicho don Artímeno sobre los torneos y sus reglas, y quedamos todos listos para entrar en combate.

                Y a mitad de la mañana un gran gentío se llegó hasta el campo y con ellos venían don Haringote y su esposa doña Enriqueta y muchas gentes de armas del burgo de Pravén, y las trompetas y los tambores anunciaban que el torneo iba a dar comienzo, y se colocaron postes de madera señalando el campo de combate, y los señores se armaron y blandieron las armas embotadas. Y yo me llevé a Firentés y a diez de los míos y nos presentamos ante don Haringote. Y éste me saludó y me dijo que me enfrentaría a un conde de los rodoques, que son un pueblo vecino a Suadia que habita en las montañas, y dijo que el tal conde se llamaba don Tribidán. Y el conde don Haringote me deseó suerte. Y don Tribidán ya estaba en el campo del torneo, a pie con once hombres, y los míos entraron también y el gentío empezó a animarnos y aclamarnos con grandes voces. Y tal y como acordamos, yo me adelanté con ocho hombres para plantar batalla a don Tribidán, y Firentés y los otros dos quedaron detrás de nosotros. Y don Tribidán cayó en la trampa y se llegó hasta mí con toda su tropa. Y empezamos a darnos grandes golpes con aquellas espadas embotadas, y yo blandía la mía como si fuera un garrote, y mientras los rodoques estaban entretenidos, Firentés y sus hombres los rodearon y tomaron prisionero a don Tribidán, con lo que los rodoques se rindieron y quedamos como vencedores en la ronda. Y yo, por no ser descortés, me fui hasta el prisionero don Tribidán y le tendí la mano, mas el orgulloso señor la rechazó y se fue echando maldiciones del campo del torneo. Y mientras mi tropa descansaba y curaba algunos golpes que se habían llevado los hombres, yo le pregunté a don Artímeno cómo era que no sólo participaban en el torneo gentes de Suadia. Y don Artímeno, sacando dineros de la talega y anotando cosas que yo no pude entender, me dijo que en los torneos, de manera general, participaban señores de toda Calradia, mas lo cierto era que a los torneos de Suadia acudían gentes de Suadia y de Rodoque, y muy rara vez un nórdico, un sarránida, un queryita o un vaegiro. Y yo quedé asombrado por no saber qué era un nórdico, un sarránida o un vaegiro, mas a los queryitas, tristemente, los conocía bien. Y apartando estos pensamientos de las mientes, pregunté a Desabio por el estado del reclutamiento, y me dijo que nuestra hueste ya contaba con veinte hombres más, todos experimentados, de buen talante y que apenas se conocían unos a otros. Y yo quedé muy regocijado por lo que había oído y me fui con mi tropa para aprestarnos para la siguiente ronda.


                Y en el torneo resultamos vencedores en todas las rondas, pues la mayoría de los nobles dejaban que la soldadesca se las entendiera a solas con sus rivales, y apenas hacían nada por idear estratagemas o animar a sus tropas, mientras que yo y Firentés peleamos codo con codo con los hombres y no dejamos que desfallecieran sus ánimos. Y así vencimos a varios condes de Suadia de entre los más principales, y finalmente se anunció que la ronda final enfrentaría a don Monteguerra de Quelredano y a don Guasca de Monò, con lo que quedé yo con muchos nervios, que me flojearon las rodillas, por saber que debería defender el honor de don Delinardo. Y don Monteguerra se entró en el campo de combate con sus hombres, y yo hice otro tanto, y la lucha fue enconada e igualada, y me derribaron a Firentés y a punto estuve de desfallecer yo mesmo, mas finalmente los míos hicieron prisionero a don Monteguerra y quedamos como vencedores de la primera parte del torneo. Y el gentío empezó a repetir mi nombre con grandes voces, y dejé mis hombres atendiendo a Firentés, que estaba sin consciencia, y yo me llegué hasta donde estaba don Haringote y me arrodillé ante él tal y como me había dicho don Artímeno, y el conde me hizo levantar y me abrazó, y su señora doña Enriqueta dejó que le besara su blanca mano. 


martes, 13 de agosto de 2013

Hitman: Contracts

0 comentarios

Siempre había oído hablar de Hitman como un juego de sigilo e infiltración, un juego complicado y traicionero, protagonizado por un asesino trajeado calvo con un código de barras en la nuca. ¡Eso había que probarlo! Finalmente, hace unos meses, conseguí dos juegos de la saga: hoy os traigo el primero, Hitman Contracts.

1,99 por un juego pistonudo

Lo primero que salta a la vista en este juego es que el argumento es prácticamente inexistente: el agente 47, en medio de una misión en París que se le está resistiendo, termina herido de un balazo, y se refugia en un hotel barato. Allí, mientras trata de recomponerse, recuerda una serie de misiones que llevó a cabo anteriormente. Y así, sin más, nos trasladan a diferentes partes del mundo, para cumplir 12 misiones sin relación entre sí en su mayor parte. Y tengo que decir que, en realidad, no se echa de menos un hilo conductor, una historia que te deje boquiabierto. Somos un asesino profesional y tenemos que cumplir nuestra misión. Punto pelota. Y las misiones son tan buenas y están tan bien diseñadas, que cualquier otra cosa se desvanece.

Contamos con un modo de entrenamiento que no es sino un tutorial para aprender lo básico sobre infiltración y combate, además de coleccionar armas que podremos utilizar posteriormente al repetir las misiones que completemos.


Al principio de cada misión, nuestro contacto Diana nos informa de los detalles: quién es el objetivo u objetivos, cuáles son los requisitos específicos de la misión (recuperar objetos, liberar rehenes) y alguna ayuda para movernos por el escenario. Después, sólo nos falta echar una ojeada a nuestro inventario: por supuesto, tenemos nuestro magnífico cable de acero, una jeringuilla con una dosis de anestesia y nuestros prismáticos y gafas de visión nocturna. No pueden faltar las pistolas con silenciador, y en algunas ocasiones llevaremos un maletín con un rifle de francotirador. Ese es el equipo básico. Echamos un vistazo al mapa, en el que, según el nivel de dificultad escogido, veremos la situación y los desplazamientos de todos los individuos de la zona, además de saber si son guardias, civiles, policías u objetivos (en dificultades más altas, no podremos distinguirlos desde el mapa), y también puntos de interés, que contienen disfraces u objetos. Y ya sólo falta empezar a explorar: habrá misiones en las que tendremos que pasar obligatoriamente por un cacheo, y por lo tanto no habrá más remedio que deshacernos de todas nuestras armas y entrar “desnudos” en la zona. Habrá misiones en las que hará falta un traje específico (de trabajador, de policía…) y tendremos que conseguir noquear (o matar) a alguien para robarle la ropa, y encerrarlo para que al despertar no avise a todos los guardias de que hay alguien disfrazado en el edificio.

Lo más importante en Hitman, por supuesto, es el funcionamiento del sistema de sigilo. Cuando nos acerquemos a un guardia o un objetivo, una barra comenzará a agitarse. Si se pone roja, el guardia sospecha algo. Más nos vale alejarnos. Si corremos, si llevamos un arma a la vista o si nuestro atuendo no es el apropiado, hay más posibilidades de que nos detecten. Unos mensajes también nos informan de datos importantes: los guardias buscan a un hombre calvo, los guardias buscan a un camarero, los guardias han encontrado un cadáver… Lo cual nos obligará a buscar nuevos disfraces, a esconder a nuestras víctimas, etc. Se puede interactuar bastante en el juego, no nos limitamos a matar cosas: podemos activar botones, manipular termostatos o cajas de fusibles, forzar cerraduras, mirar a través de mirillas de puertas, arrastrar cuerpos, despojarlos de su ropa, manipular alimentos, esconder un arma dentro de un objeto, etc. Podemos movernos con diferentes grados de sigilo: corriendo, caminando, arrastrándonos detrás de un muro para no ser vistos. Bien manejado, 47 es indetectable, perfecto.

See how it glistens...

Al final de la misión, muerto el objetivo y alcanzado el punto de escape, nos darán una calificación, según el nivel de sigilo alcanzado. Si la hemos emprendido a escopetazos con todos los guardias del mapa, nos darán el rango de “Mass murderer”. Si, por el contrario, no hemos causado ni una sola alerta de los guardias, y hemos matado exclusivamente a nuestros objetivos, seremos “Silent Assassin”. Completar una misión en “Silent Assassin” es un reto de los de verdad, que requerirá precisión, rapidez e inteligencia: saber aprovechar todos los elementos del escenario. Y es que las misiones nunca son lo que parecen, y se pueden completar de muchas formas. Podemos ejecutar a nuestro objetivo de un tiro en la cabeza, o podemos hacer que parezca un accidente, envenenando su comida o su bebida, atrapándolo en una sauna, etc. Podemos usar laxante para llevarlo hacia el servicio, donde le esperamos con el cable de acero preparado, podemos disfrazarnos de camarero para que nos encarguen llevar algo a nuestra víctima… Las posibilidades son muy variadas, pero las soluciones más ingeniosas son también las más difíciles. Liarnos a tiros es gratificante, pero será complicado llegar así hasta nuestro objetivo: la salud de 47 no es infinita, y los enemigos son abundantes y tienen buena puntería. A menudo, será necesario usar este método para explorar el escenario y conocer todos sus secretos, antes de repetir la misión de forma sigilosa.


Los escenarios serán de lo más variopinto: una mansión inglesa, un matadero reconvertido en fiesta sadomaso, un club de moteros, un hotel lleno de vigilancia, una base de submarinos nucleares, un barrio de Hong-Kong gobernado por las Tríadas… Los enemigos también son muy variados, en consonancia con los escenarios: mafiosos chinos, moteros tatuados, soldados, guardias de seguridad, policías, fuerzas especiales… El juego nunca aburre, es un reto constante averiguar la solución para esa misión aparentemente imposible.

El rey de la carne es nuestro primer objetivo

Los gráficos no impresionan. Se trata de un juego de otra generación, eso está claro, y yo he jugado a tantas mierdas que te hacían doler los ojos que un juego gráficamente pasable como este me parece que cumple sobradamente. Los escenarios están bien recreados, los enemigos se mueven bien, las animaciones convencen… ¿qué más se puede pedir?

La música es genial. Jesper Kyd, ¿hace falta decir más? Seguramente sí: MDK 2, Assassin’s Creed, Borderlands, State of Decay, Kane & Lynch… Un máquina de las bandas sonoras de videojuegos. Había veces en que yo estaba concentrado en la misión, en no ser descubierto, en seguir a mi objetivo sin que nadie se diera cuenta, y de pronto me paraba y me daba cuenta de que la música de la misión era la hostia. En la fiesta sadomaso y el club de moteros, especialmente, la música destila calidad. Además, la banda sonora se adapta a la misión. Ejemplo: matamos a un objetivo, que tenía que reunirse con otro. Nos ponemos su ropa y entramos en la base. Un guardia nos escolta, y desfilamos ante decenas de guardias confiando en que nuestro disfraz los engañe. En ese momento, empieza la música épica. Un toque genial.



En resumen: a pesar de no ser (supuestamente) el mejor juego de la saga, a pesar de carecer de argumento propiamente dicho y a ser una mera colección de niveles, mi primer contacto con la saga Hitman no ha podido ser mejor. No veo el momento de empezar el siguiente, pero también quiero dosificarme la experiencia, así que el próximo juego será una aventura gráfica de las muchas que tengo esperando.

lunes, 5 de agosto de 2013

Compadecencia

0 comentarios
El pasado jueves 1 de agosto, se produjo la tan esperada intervención parlamentaria de nuestro presidente del gobierno, Mariano Rajoy, para explicar su versión del caso Bárcenas y aclarar las dudas políticas y ciudadanas al respecto. Me dispuse a ver dicha intervención, para comprobar qué es lo que tenía que decir el presidente. Lo que vi me pareció descorazonador. Y ni siquiera estoy hablando de la propia intervención, que por supuesto no fue más que un rodeo tremendo, hablando de las mejoras económicas que estamos experimentando, cargando contra la oposición, burlándose de los grupos opositores por no poder obligarlo a venir al Congreso, diciendo que la moción de censura que tuvieron que hacer para obligarlo a ir daña la imagen de España (claro, el gravísimo caso de corrupción y financiación ilegal del partido gobernante no daña la imagen de España) y que, básicamente, se equivocó al confiar en Bárcenas, y que será la Justicia quien determine quiénes son culpables y quiénes inocentes.


Lo peor vino después. Dejemos a un lado las anécdotas, el “fin de la cita” y todas esas tonterías, Rubalcaba se dispuso a responder a la intervención de Rajoy, y empezaron a echarse cosas en cara. Para ellos dos, en su discurso, no existe nada más que el PP y el PSOE, todo es culpa de los contrarios, que no tienen talante político ni dignidad ni honor. La respuesta de Rajoy fue exclusivamente a Rubalcaba, ninguneando a todos los demás partidos participantes: nacionalistas catalanes, vascos, canarios… IU, UPyD… Pero el hemiciclo estaba vacío. Se escuchaba a gente hablando constantemente, los diputados se iban a los pasillos a charlar mientras los oradores hablaban. Me pareció tan triste, tan vergonzoso, que unos señores que reciben sueldos altísimos y toda suerte de privilegios por ir a echar la mañana al Congreso, aplaudir a sus representantes y votar lo que dice su partido, no sean capaces de estar sentados y en silencio, respetando a sus compañeros. Me pareció propio de niños de colegio, no de adultos, y mucho menos de quienes hemos elegido para que nos representen. Me di cuenta en ese momento de hasta qué punto los políticos carecen de voluntad de servicio público. Esa gente no está ahí porque quiera servir a su país, a sus conciudadanos. El presidente comete un error, lo admite públicamente King-style y luego continúa como si nada. La sola idea de que un error político conlleve una responsabilidad o una acción, aquí es impensable. Aquí no se dimite. Yo confieso que he cometido un error grave, que ha tenido consecuencias graves para la imagen de España, que ha provocado la comisión de delitos muy serios, y luego pretendo que la gente se compadezca de mí por haber tenido el valor de haberlo dicho. Aquí ya se da por supuesto que nadie es responsable de nada. Estos no son políticos, son monigotes intercambiables, que saltan de ministerio en ministerio, de despacho en despacho, ocupándose de asuntos para los que no están preparados, y que afectan a millones de personas. Son los títeres perfectos para los realmente poderosos. Esta gente está aquí por dinero, y nosotros somos estúpidos por continuar votándoles (las encuestas muestran que el PP seguiría ganando las elecciones), por nuestro miedo a lo distinto, a lo nuevo, a tomar las riendas de nuestra vida. Es lamentable, pero si realmente somos así, tenemos lo que nos merecemos: una versión agrandada y caricaturizada de nosotros mismos: orgullosos, perezosos, miserables, infantiles y egoístas.

jueves, 1 de agosto de 2013

Eels - Hombre Lobo

0 comentarios
I feel bored, I wanna get in trouble

Llegamos por fin a la nueva etapa de Eels: tras varios años de descanso durante los que se dedica a escribir su libro, Things the Grandchildren Should Know, E nos presenta el primer disco de esta nueva “trilogía”, basada en tres fases por la que todos pasamos muchas veces durante nuestra vida: deseo, ruptura y regeneración. En Hombre Lobo, el deseo no se refiere exclusivamente al deseo sexual, sino a todo tipo de anhelos e ilusiones de la vida. Aun así, sin duda este es el disco más sexy de Eels, con auténticas bombas como Tremendous Dynamite o Fresh Blood. Atrás queda la anterior etapa, después de sacar un Best of y un disco de caras B. En el horizonte todo es posibilidad e ilusión.

En contraposición al disco doble anterior, filosófico y profundo (Blinking Lights and other Revelations), este disco es mucho más directo y fácil: doce canciones de rock, con dos o tres baladas y alguna canción más tranquilita, guitarras muy sucias, voces distorsionadas, etc. En muchos sentidos, este disco es el heredero de Souljacker: no sólo porque musicalmente sea una continuación, sino también porque conceptualmente, el protagonista es el personaje de Dog Faced Boy, que ya ha crecido y se ha convertido en Hombre Lobo. La imagen de nuestro barbas favorito se adapta convenientemente: barba cuadrada y larguísima, gafas de sol. Su egregio perfil aparece en la portada del álbum, caracterizado como una caja de puros Cohiba.



Empezamos ya con aullidos en el primer corte: Prizefighter. Un riff sencillo con un par de acordes, una batería marcando eternamente el ritmo y la voz distorsionada de E. Un tema breve, de menos de tres minutos, que nos pone en situación y nos da a probar el sabor del nuevo disco.

                Caemos por un momento en una balada de lo más melancólica: That Look You Give That Guy. La idea general de la canción es una curiosa solución para obtener el afecto de nuestra amada: ser ese otro tipo que le gusta, en vez de nosotros mismos. ¿Quién no ha sentido eso alguna vez, querer ser ese tipo tan guapo y tan interesante al que admira y desea nuestra chica? Muy buena canción, pero excesivamente melancólica. Aunque, bien mirado, ¿qué podíamos esperar de Eels?


                Subimos de pronto con Lilac Breeze, quizá la predecesora de la cañera Peach Blossom del último álbum, Wonderful, Glorious. Muy rápida, con gran presencia del teclado. La canción no para, gira y gira sobre el estribillo hasta apagarse.
               
De nuevo una pequeña pausa en el ritmo: llega In my dreams, una canción tranquila con guitarra acústica y batería, una de las más tiernas y bonitas del disco, y de Eels en general. Un clásico en los conciertos. Además, nos relaja para que nos pille por sorpresa Tremendous Dynamite.


Comienza el guitarreo y la batería del mejor tema del disco. Empieza despacito y va cobrando fuerza. Cuando la canción es buena, no hace falta acelerar las cosas. El riff es muy bueno y a la vez sencillo. De pronto, la guitarra se calla y la batería muere. Sobre el silencio sepulcral, la voz de E: She’s tremendous dynamite. Y BUM, vuelve la música con más fuerza que al principio. Sin duda, de mis favoritas en lo que a rock se refiere.


Nos hundimos de nuevo con The Longing, que nos habla de las ganas de ver a una persona que no está, la forma en que idealizamos sus virtudes y defectos, la imposibilidad de pensar en nada más, nuestros esfuerzos por intentarlo que sólo sirven para agravar aún más la situación. Sólo guitarra y teclado, y la voz de E lamentándose con un eco que resalta la idea de soledad.

Llega Fresh Blood, que no es la mejor canción del disco, pero sin duda la más sexy. Esa guitarra, esa melodía, la atmósfera que crea, los aullidos de E. Cojonuda, de verdad, y también imprescindible en los conciertos. Cuando las luces de la sala se vuelven rojas y la batería empieza a retumbar, sabes lo que se acerca. Por cierto, por fin una canción que se termina de verdad, no sigue hasta el infinito mientras baja el volumen.


Y el disco no para: What’s a Fella Gotta Do (to spend a little time with you), muy animada y divertida: E cuenta todo lo que haría si esa chica le diera una oportunidad. Con My Timing is Off, volvemos a frenar, preparándonos para el tramo final del disco. Canción tranquila, parecida a In my dreams. El tema de la canción es la sensación de darse cuenta de la asimetría de sentimientos, no poder estar con alguien porque siente menos que nosotros. Melancólica, como cabía esperar.

Llega All the Beautiful Things, una canción completamente propia de Daisies of the Galaxy. Encantadora. Everyday I wake up and wonder why I’m alone when I know I’m a lovely guy.

Nos acercamos al final con Beginner’s Luck, la suerte del principiante (de los que acaban de empezar una relación: hay que aprovechar mientras se tenga esa suerte). Muy buena, y muy positiva. Este tramo final del disco parece dejar de lado las canciones más cañeras y descaradas y nos da una buena dosis del Eels más clásico, sin olvidar el guitarreo y el nuevo sonido distorsionado.

Terminamos con Ordinary Man, una lenta y autorreflexiva, como suele pasar. No es demasiado memorable, en mi opinión. Me habría gustado una canción con más contenido en las letras y con una música que nos recuerde el nuevo estilo que se está forjando. Y con eso termina el disco.


Hay quien critica este disco por ser demasiado fácil, quizá demasiado optimista y superficial, pero a mí eso no me preocupa. E escribe la música que siente en cada momento, y cada álbum, o más aún, cada canción, se ajusta a un estado de ánimo distinto. Yo acepto todo lo que hace, y lo escucho cuando siento que debo escucharlo. Si estoy contento, me pongo Hombre Lobo o Daisies of the Galaxy; si me deprimo, me regodeo en mi depresión con Electro-shock Blues o End Times. Embrace it wholly, motherfuckers!