martes, 30 de julio de 2013

Momento épico del día

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La épica está en todas partes, incluso aquí. Let my people gooooooo!

viernes, 26 de julio de 2013

Saga Assassin's Creed 1ª parte: Assassin's Creed 1, Assassin's Creed 2 y Assassin's Creed Brotherhood

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Últimamente he estado jugando obsesivamente a Assassin’s Creed: Brotherhood, y debo decir que me produce sensaciones enfrentadas: por un lado, muy bien, es una gozada, pero por el otro… Creo que lo mejor es empezar esta historia desde el principio de los tiempos:

Assassin’s Creed, que hoy día se ha convertido en una gran franquicia, empieza con un planteamiento simple: los Hassassin, que históricamente fueron una especie de secta terrorista, se convierten aquí en una organización que lucha desde tiempos inmemoriales con los templarios (también castigados por la Historia). Los templarios buscan controlar el mundo, para hacerlo perfecto, sin guerras ni problemas, un mundo feliz, a costa de la libertad de la gente. Se introducen en gobiernos y empresas, lo controlan todo, patrocinan o censuran ciertos descubrimientos o informaciones en su propio beneficio, y nos llevan poco a poco a la pasividad, a quedarnos quietecitos en casa viendo la televisión. Los asesinos defienden el libre albedrío, y sólo pueden hacerlo desde fuera del sistema. Se convierten en proscritos, actúan en la sombra, y matan a sus enemigos para infundir miedo en sus corazones. Nada es verdad (no hay que seguir nada ciegamente), todo está permitido (no debe coartarnos la ley ni la moral), ese es su credo. Y el juego nos pone en la piel de Desmond Miles, que en la época actual, es descendiente de una larga estirpe de asesinos. Mediante un aparato llamado Animus, Desmond podrá revivir los recuerdos de esos antepasados, y repasar así los momentos clave de sus vidas y los importantes secretos que descubrieron. En la práctica, Assassin’s Creed se basa en el parkour y la escalada urbana por entornos históricos, el sigilo y el combate cuerpo a cuerpo. Es una idea buenísima y redonda que está cosechando el éxito que se merece. Escalar un monumento famosísimo, trepar hasta el punto más alto de una ciudad y contemplar las vistas espectaculares, enfrentarte a docenas de guardias y verlos huir y espantarse cuando haces una carnicería con sus compañeros, matar a tu objetivo sin que nadie se dé cuenta y marcharte tranquilamente… esas son las sensaciones que produce Assassin’s Creed.


La hoja oculta y la capucha son las señas de identidad de los asesinos.


El primer Assassin’s Creed se sitúa en la Edad Media, en la época de las cruzadas, nos pone en la piel del legendario asesino Altaïr Ibn-La’Ahad, y nos lleva hasta la fortaleza de Masyaf, gobernada por el Viejo de la Montaña, Al-Mualim, que nos encarga eliminar a diversos templarios que forman parte tanto del bando cristiano como del musulmán, para recuperar así nuestro rango dentro de los asesinos y recordar el credo. Exploraremos las ciudades de Acre, Damasco y Jerusalén, entraremos en contacto con personajes tan importantes como Ricardo Corazón de León y Saladino, y conoceremos por primera vez la existencia del Fruto del Edén, que permite controlar la mente de la gente. Este primer juego estaba plagado de fallos, y quien diga lo contrario miente. Las escenas cinemáticas de personajes hablando eran interminables, los saltos entre el Animus y la realidad, demasiado frecuentes, los coleccionables no estaban marcados en el mapa, las misiones eran muy repetitivas (espiar, robar, amenazar y poco más). Pero lo bueno era que el argumento era una pasada, la puesta en escena era espectacular, cada uno de los asesinatos estaba milimetrado. Altaïr era un asesino puro y duro, cuyo único objetivo era completar la misión. Si completabas todas las misiones secundarias antes de emprender la misión de asesinato, obtenías información útil para el propio asesinato, como un mapa de la zona, vías alternativas de entrada, etc. Todo en el juego giraba en torno a la misión. Esto se perderá en Assassin’s Creed 2, como veremos a continuación. Pero el caso es que la aventura de Altaïr sentó cátedra, es un juego inolvidable y resulta evidente la cantidad de trabajo, dedicación y cariño que le pusieron.




Assassin’s Creed 2 nos trae nueva época y nuevo asesino: Ezio Auditore vive en Florencia, y es el hijo de Giovanni Auditore, asesino. Al principio del juego, Giovanni y algunos familiares de Ezio son traicionados, y al muchacho no le queda más opción que ponerse el traje de su padre para salvar a lo que queda de su familia. Ezio entra en el negocio por venganza y por obligación, no sabe nada del credo ni de lo que representa, pero poco a poco irá conociendo a las personas adecuadas, que tienen mucha relación con los asesinos: putas, ladrones y mercenarios. Sabrá quién es su enemigo: Rodrigo Borgia, maestro templario, y todos sus subordinados, que controlan la mayoría de las esferas de poder de Florencia y Venecia, otra de las ciudades que visitaremos. Hay una idea muy positiva en este juego: en lugar de meternos en la piel de un asesino legendario, y plantearnos el reto de “estar a la altura”, saber imitarlo como se merece, aquí Ezio aprende desde cero, y nosotros con él: resulta mucho más fácil identificarse con el personaje. También es muy interesante la inclusión de una base de datos muy interesante, con personajes y lugares históricos. Poco a poco, el juego empieza a ser muy educativo, una forma de aprender historia, y al mismo tiempo una excusa para engañar a nuestras madres.

En cuanto a la jugabilidad, el sistema de escalda es idéntico, y también el de combate: se basa en contraataques, en apretar el botón en el momento exacto para desatar una animación gloriosa de muerte y destrucción. Se añaden, eso sí, diferentes tipos de soldado: los brutos (gigantes embutidos en armadura y equipados con armas de grandes dimensiones), los buscadores (con lanzas, que pueden sacarnos de nuestros escondites), los ágiles (con armadura ligera, que esquivan nuestros ataques y pueden darnos alcance a la carrera) y los soldados de élite (que necesitan ser debilitados antes de poder hacerles un contraataque). Añaden variedad al combate y nos obligan a cambiar de estrategia: ahora toca atacar para debilitar al soldado de élite, ahora envainar el arma para quitarle la suya al lancero, etc. Los soldados más fuertes nos suponen un problema, sobre todo cuando están en gran número.

Las misiones secundarias adquieren una variedad brutal: ahora nos encargarán muchas cosas distintas: seguir a un objetivo y descubrir con quién se reúne, hacer un recorrido contrarreloj, matar a cierto número de guardias de una forma concreta, dar una paliza a un marido infiel, completar una “tumba de asesino” para estar un paso más cerca de obtener la armadura de Altaïr, mejorar el estado de la Villa Auditore, etc. El problema es que las misiones secundarias no tienen ningún peso sobre la trama, no afectan para nada nuestra misión principal. Es más, los asesinatos no están planeados, surgen repentinamente a lo largo del juego. Dedicarte a recaudar dinero para gastarlo en nuevas armas más vistosas, teñir el color de nuestro traje y nuestra capa, renovar los edificios de nuestra villa… no es algo que haría un asesino, me parece a mí. Un asesino acecha a un objetivo y lo mata de forma perfecta. Mucha variedad, que alarga la vida del juego, pero totalmente separada de la historia principal. La inclusión de las medicinas para recuperar salud es en realidad una traición al espíritu del juego: la salud de nuestro asesino es en realidad un medidor de “sincronización”: lo cerca que estamos de imitar perfectamente lo que hizo nuestro antepasado. Si somos golpeados por un enemigo, nos caemos desde lo alto o matamos a un civil, perdemos sincronización: eso no es lo que hizo Altaïr. Pero Ezio puede beber frascos de medicina que recuperan milagrosamente la barra de sincronización. Concesiones que poco a poco hacen un juego más comercial pero menos coherente: a mí me gustaba el primer Assassin’s Creed porque se ceñía a sus principios iniciales, porque la idea que había detrás de él era perfecta y se representaba perfectamente. Aquí hay mucha tontería. Otro ejemplo: en el primer Assassin’s Creed, los coleccionables eran estandartes repartidos por el mapa. Estos estandartes tenían el brillo parpadeante que sólo tienen las cosas creadas por el Animus, que no existían realmente en el pasado. Eso quiere decir que esos estandartes no existen, simbolizan lugares donde Altaïr estuvo. En Assassin’s Creed 2, los coleccionables son plumas. Estas plumas también parpadean y brillan, pero tienen que ser depositadas en un cofre después de recogidas. Es decir, que existen pero no existen.




Y llegamos a Assassin’s Creed: Brotherhood. La primera sorpresa es que el protagonista y la época siguen siendo los mismos: Ezio Auditore esta vez visita Roma, y continúa con su enfrentamiento con los Borgia. Ahora el antagonista principal es César Borgia, que tiene completamente dominada la ciudad de Roma. La hermandad de los Asesinos se reduce a Ezio, y se verá obligado a revivirla para liberar Roma del yugo de los Borgia. Podemos decir que las diferencias con Assassin’s Creed 2 son abundantes, muy abundantes e importantes, pero que aun así no consigue sacudirse la impresión de que se trata de una expansión del mismo juego. Hay nuevos movimientos, nuevos enemigos (los guardias papales, los arcabuceros y los capitanes Borgia), nuevos tipos de misión y, lo que es más importante, un sistema de combate completamente renovado. Pero los fallos no sólo no se reconducen, sino que incluso se agravan. Vamos paso por paso:

La ciudad de Roma, enorme, no es muy distinta de Florencia o Venecia (si obviamos los monumentos), pero las texturas han mejorado bastante y están muy detalladas. La gente que camina por sus calles, el estilo de estas y la diferencia entre barrios bajos, barrios altos y campiña son prácticamente idénticos al juego anterior. Ahora los caballos pueden entrar dentro de las ciudades, y se ha pulido el combate a caballo.

El nuevo sistema de combate deja a un lado la pasividad de los juegos anteriores, en los que la única manera de ganar un combate limpiamente era esperar a ser atacado y hacer el contraataque correspondiente: ahora, cuando hacemos un primer contraataque o cualquier animación de muerte, podemos apuntar a un segundo enemigo y pulsar el botón de ataque: Ezio se dirige a este nuevo adversario y lo ejecuta automáticamente; durante esta segunda ejecución, apuntamos a un tercer enemigo, y así sucesivamente. Si entretanto somos atacados, basta con hacer un contraataque y reemprender nuestra masacre. De este modo, resulta literalmente un juego de niños acabar con docenas de guardias, sin importar si son pesados, ligeros, si llevan lanzas o cualquier otra cosa: estos asesinatos “enlazados” matan automáticamente a cualquier tipo de enemigo. Si tenemos que atacar de manera normal a un soldado pesado o a un lancero, siempre bloqueará nuestros ataques, pero es sólo una dificultad aparente: basta con pulsar un solo botón, el de patada, para dejarlo vulnerable. Sólo con el manejo de dos botones podemos acabar con diez, veinte o treinta guardias sin recibir ni un golpe. No tiene ningún sentido, la dificultad se desdibuja, nada supone una amenaza para Ezio. Aunque él podría acabar con toda la guarnición romana, dispone de muchísimas ayudas que puede añadir: contratar mercenarios, utilizar a sus aprendices de asesino… la inmensa variedad de armas (pistola, ballesta, veneno, cuchillos arrojadizos…) pierden su sentido: ¿qué importa? ¿Para qué voy a entretener a esos guardias o los voy a matar con sigilo? ¡No pueden hacerme nada! Nada en todo el juego te empuja a reclutar y mejorar a tus asesinos, a reparar la ciudad, a comprar armas y armaduras mejores. Ni siquiera precipitarse desde gran altura supone un problema, porque ahora tenemos un rudimentario paracaídas. Creo que el nuevo sistema de combate es tan fácil y rápido que deja en evidencia lo innecesarias que son muchas de las ayudas secundarias.


Los coleccionables y las misiones secundarias se amontonan en el mapa, que se convierte en un amasijo de puntos resaltados: hay muchísimos estandartes y plumas que recoger, tiendas y monumentos que renovar, capitanes Borgia que matar y torres de vigilancia que conquistar… llega a ser agobiante. Como último punto negativo, tengo que decir que en el espíritu de los Asesinos, que Ezio termina por abrazar completamente, no creo que encaje el hecho de dedicarse a comprar propiedades y a enviar a sus subalternos a cumplir misiones, para después embolsarse cantidades obscenas de dinero para invertirlo de nuevo. Eso suena más a lo que harían los templarios. "Assassin’s Creed: Monopoly", debería llamarse.

Es un acierto, un gran acierto, la inclusión de un requisito especial para las misiones, y la obligación de pasar desapercibido en otras: sólo ahí se muestra el verdadero espíritu de Assassin’s Creed: sigilo, precaución y constancia. En todas las misiones recibiremos una condición especial, si queremos completarla al 100% de sincronización: “mata sólo a tu objetivo”, “que no te detecten”, “usa la hoja oculta”, “utiliza a tus aprendices de asesino”, etc. En ciertas misiones importantes, ser detectado provoca la desincronización automática. Sólo esas misiones pueden llamarse auténticamente Assassin’s Creed, porque estimulan nuestra inventiva y creatividad (plantar un señuelo, crear una distracción): en cualquier otra, basta con plantarse en la puerta principal del edificio objetivo, dejar que den la alarma y te rodeen decenas de guardias para matarlos en un solo combo kilométrico, y luego entrar como Pedro por su casa. ¿Qué mérito tiene eso? ¿Qué tiene que ver con el credo del asesino?

El sistema de aprendices de asesino es una especie de Pokémon: atrápalos a todos y súbelos de nivel mandándolos a misiones virtuales. Es entretenido ver a tus criaturitas matar a los guardias con facilidad, y a veces hasta se revela útil para no llamar la atención sobre ti mismo, pero no pasa de ahí.

Los puzles del sujeto 16, que encontraremos en diferentes monumentos de Roma, siguen a la altura como en Assassin’s Creed 2: exigen cavilar, ofrecen pistas si te atascas, y nos revelan cómo los templarios estuvieron y están detrás de todo, de los golpes de estado, de las dictaduras, de la tecnología…

Quizá el mayor logro de Assassin's Creed: Brotherhood sea la inclusión de un nuevo modo multijugador, con una mecánica muy original: en el mapa, cada jugador adopta el aspecto un personaje: el médico, el ingeniero, la cortesana, etc. El mapa está repleto de personajes iguales al tuyo. Sólo uno de ellos es un jugador real. A ti se te encarga eliminar a otro personaje, y tendrás que buscarlo, observar bien cuál de ellos se comporta de forma rara (corriendo, escalando...), perseguirlo y matarlo. Pero claro, a otro jugador también le han encargado matarte a ti, así que tendrás que disimular mientras acechas a tu presa. Una idea muy buena (yo la probé en un campamento de verano hace años, pero sin matar a nadie) y muy bien llevada a cabo. Un aplauso por el modo multijugador.

Assassin’s Creed es (o me gusta verlo así) un velado llamamiento a la revolución activa: contra los que desde arriba nos manejan y nos oprimen, de forma respetable y admitida por todos (templarios), no cabe más solución que tomar las armas, pelear contra el sistema sin seguir sus cauces (asesinos).



Brotherhood ha sido un juego divertido e interesante, claro que sí, aunque sólo sea por ver cómo continúa la historia de Ezio (y no olvidemos al pobre Desmond, que es el auténtico protagonista), y por el grandioso modo multijugador, pero me parece que muchos de los cambios que se hicieron respecto del juego anterior son armas de doble filo: por un lado son novedades, que siempre son vistosas y atractivas, pero por el otro, contribuyen a traicionar el espíritu que debería seguir teniendo la saga. Próximo objetivo: Assassin’s Creed: Revelations, tercera y última aventura de Ezio Auditore. Saludos.

lunes, 22 de julio de 2013

Caín Violento

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A prof diz que tenho de escrever duas páginas inteiras. Diz que é um castigo, porque me tenho portado mal. Eu não acho que me tenha portado mal nem nada. Quem se portou mal foi o Diogo, porque tentou empurrar-me pelas escadas da escola. E claro, eu empurrei-o também e ele caiu pelas escadas abaixo e tudo. A prof diz que sou mau e que sou “violento” e que ser “violento” está mal. A palavra “violento” é engraçada. Não sei muito bem o que quer dizer, mas soa esquisita e eu gosto de estar sempre a dizê-la. Acho que é quando pisas bichos e quando puxas o cabelo das meninas.

É muito engraçado pisar bichos porque tentam correr e fugir, mas eu sou maior e mais rápido do que eles e no fim achato-os sempre. Não gosto de pisar todos os bichos. Os moles sim. Gosto de pisar formigas e vermes, mas os caracóis e escaravelhos não, porque rangem e deixam o chão cheio de porcaria e da um bocadinho de nojo. As formigas com certeza nem sentem nada quando as piso. Uma vez, o Di trouxe uma tartaruga para a aula, mas não deixou que eu a tocasse porque disse que ia pisá-la. O Di chama-se Diamantino, mas como o nome dele e tão comprido todos lhe chamam Di. Eu chamo-me Vasco, mas na escola chamam-me sempre Caim. Eu gosto mais de Caim do que de Vasco. Se eu fosse maior de idade, mudava o meu nome e todos tinham de me chamar “senhor Caim” e punha um cartaz na porta que dissesse “Caim” com letras grandes: “Caim Violento”.

Mas eu não quero ser maior de idade. O meu avô era tão maior de idade que estava muito enrugado e já não falava bem, nem via bem. Mas não é por isso. Não quero ser maior de idade para não morrer. O meu avô morreu e toda a gente ficou triste lá em casa. E chegaram muitas pessoas na minha casa e a minha mãe vestiu-me muito elegante, mas a gravata fazia com que o meu pescoço picasse e com os sapatos doíam-me os pés e não podia correr nem perseguir as meninas. E também o casaco estava tão apertado e não podia usar a fisga nem nada.

E depois fomos todos a um parque da vila que é muito estranho, porque está cheio de pedras grandes e lisas com letras. E havia um buraco no chão e o meu avô, que estava numa caixa de madeira, foi metido no buraco. E depois cobriram-no de terra. E aí sim tive um bocadinho de medo, mas não muito, quase nada. Não quero ser maior de idade e morrer, para não ser coberto de terra. Com certeza a terra está fria e molhada, e a terra vai entrar no meu nariz quando eu respirar, e não nos podemos mexer. Com certeza a terra está cheia de bichos, de vermes e formigas. E sei que os bichos me odeiam por ter pisado todos os outros bichos.

Talvez se já não pisar mais nenhum bicho os outros bichos vão esquecer-se e não me fariam nada se eu morresse e fosse coberto de terra, mas acho que não. Os bichos são pequenos e as coisas pequenas são sempre más. Quando falam de um homem muito bom na televisão dizem sempre que “foi um grande homem”. E os bichos são pequenos, logo são maus e nunca me  vão perdoar. O que tenho de fazer é não morrer nunca, e para isso não posso ser maior de idade. E a minha mãe diz, quando eu sou mau e “violento”, que os meninos maiores e crescidos se portam bem. E eu não quero ser maior, assim porto-me mal para continuar a ser pequeno e não morrer.


Já tinha quase escritas as duas página e fui dizer à prof se já estava bem e se podia parar. Disse que não, que tinha de terminar a página toda. Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento 

Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento 

Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Caim Violento Já está!



 

jueves, 18 de julio de 2013

Mortadelo y Filemón - El nuevo "cate"

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Hace un par de días, me compré un Mortadelo que siempre había tenido ganas de leer: El nuevo “cate”. Pagar 4 euros por un tebeo se me antojó excesivo, pero es que vengo de Portugal…



El tema del cómic es la Iglesia y el nuevo catecismo que surgió a principios de los noventa. Como veis, no es nuevo que Ibáñez utilice temas de actualidad en sus tebeos. Ha llegado a oídos de la Iglesia que la T.I.A. no es una institución demasiado católica en el comportamiento de sus agentes, y deciden enviar a una serie de sacerdotes para supervisar la decencia y la rectitud de la institución. Será tarea de Mortadelo y Filemón demostrar que en la T.I.A. son todos agentes modélicos en cuanto a castidad, superstición, idolatría... Por supuesto, ocurrirá todo lo contrario: los eclesiásticos acabarán escandalizados, horrorizados y gravemente lesionados.

Esta portada es una pasada, de pequeño me daba hasta miedo



Si este cómic peca (guiño-guiño) de algún defecto, es de poco divertido y algo forzado. Aparecen elementos ya vistos en otros Mortadelos, como la humillación de las fotografías del Súper por parte de los protagonistas (que las colocan en una diana, en el retrete, en el trasero de la Ofelia…). Sin embargo, es infinitamente mejor que el reciente número sobre la jubilación (verdaderamente nefasto), cuyo argumento no tiene nada que ver con el tema que sugiere el título. Éste es una crítica moderada (podría ser mucho más fuerte) a la doble moral eclesiástica, en la figura del abate Cataclismus, monseñor Estáquez, el prepósito de los Sabadicos Descalcetinados… personajes intransigentes, extremistas e iracundos, que hablan un latín macarrónico y sólo saben mandar. El tebeo concluye sin pena ni gloria, de forma muy abrupta y repentina. La sensación que tuve cuando lo terminé fue “Pofueno, pofale”. "El nuevo cate" es un tebeo típico de Mortadelo, con un tema que podía dar mucho juego, pero no tiene chispa ni gracia, podría ser mucho mejor.

martes, 16 de julio de 2013

Señoritos

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Últimamente, le he estado dando vueltas a un pensamiento, relacionado con la marabunta de noticias que tenemos últimamente sobre la escasa calidad de nuestra clase política. Yo creo que los políticos no saben en qué época viven. Creo que son viejos señores acostumbrados a la época de los señoritos, a hacer lo que les venga en gana, aprovecharse del personal, prometer lo que saben que no cumplirán, a mentir y ocultar sus faltas, a negar cualquier acusación. Para ellos es impensable una dimisión, una aceptación de errores, una disculpa pública. Y eso ya no es posible. No es posible porque hoy en día tu correspondencia privada puede ser publicada y difundida entre millones de personas en menos de un minuto. Porque en el mundo globalizado que se han obcecado en crear, los organismos internacionales observan. La comunidadinternacional critica ferozmente a nuestro presidente por llevar a la pobreza a su país y por el escándalo de Barcenas, mientras la prensa de derechas cierra filas, dice que aquí no ha pasado nada y defiende la manida teoría conspiratoria, que de verdad ya empieza a oler. Lo que está pasando en el PP me recuerda a un grupo de supervivientes de un ataque zombi de Walking Dead. Todos están infectados, pero mientras no mueran, no se transforman. Cuando uno de ellos muere o es mordido (Bárcenas), sus compañeros le pegan un tiro en la cabeza y tiran su cadáver fuera del campamento. Bárcenas, al que hasta hace poco defendían todos sus compañeros de partido, apelando a la presunción de inocencia, parece que por fin empieza a cantar. En ese momento, el partido ya lo tacha de delincuente y mentiroso, se desvinculan completamente de él, lo demonizan, y la prensa afín repite a coro los mismos argumentos. Irán cayendo lentamente, uno a uno, agarrándose con uñas y dientes a sus puestos, a sus privilegios, al iPhone y el iPad que les regalan en el Congreso (y que tuvieron que dejar de reponer, porque “desaparecieron” más de 30), a los sueldos engrosados y las dietas de alojamiento y transporte, a los múltiples coches oficiales.



Una persona que ocupa un cargo público, en lugar de ocultar sus vicios y llevarlos en secreto, de continuar haciendo cosas que no debería, intentando que nadie se entere, debe comprometerse a corregir sus vicios, a SER intachable, no PARECERLO. Sin más. Y debe responder de sus decisiones. Un político de altura, si comete un error, lo dice, porque no le da miedo que se le echen encima, no poder continuar en el cargo. Porque si está ahí, es por VOLUNTAD DE SERVICIO PÚBLICO, no para ganar dinero. Si estás para ganar dinero, te horroriza la idea de renunciar a tu puesto, lloras y pataleas cuando te dicen que haces las cosas mal. Si tienes voluntad de servicio público, sabes que lo más importante es salvar al país y a tus conciudadanos.


Los políticos tienen enormes privilegios, sueldos vitalicios y tratamientos de honor. Pero parece que hemos olvidado que eso se debe a que su responsabilidad es muy grande, y a que deben hacer frente a las consecuencias de sus malas decisiones. Todo derecho conlleva un deber: los descomunales privilegios políticos exigen a cambio un comportamiento recto, sincero y transparente. Me podréis decir que soy ingenuo e idealista, que eso no es posible. Pues bien, si no es posible que los deberes y obligaciones de los políticos se concreten, tampoco deberían otorgárseles esos mismos privilegios. Ambas cosas deben ir unidas.

sábado, 13 de julio de 2013

Recordando el Show de Alejandro Molina

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El amor es así: sale Juan y entra Pedro.

En 2011, se emitió en la televisión argentina un programa de 13 episodios llamado Recordando el Show de Alejandro Molina. Se trataba de un falso documental que hablaba sobre un supuesto programa que en realidad jamás existió, un programa televisivo con muchas similitudes al programa radiofónico de Alejandro Dolina, La venganza será terrible. De hecho, es el propio Dolina el que interpreta al ficticio Molina, y del mismo modo muchos de sus compañeros de programa participan, bajo nombre falso, en Recordando el Show.

Desde mi punto de vista, es probable que el programa tuviera la intención de acercar al gran público televisivo el contenido y la forma del programa dolinesco, explorando además otros caminos: muchas de las bromas que por radio se perciben de una forma, por televisión se perciben de otra muy distinta. El humor absurdo, que en la radio tenía que ser totalmente narrado y sonoro, ahora podía ser visual. Hablaremos hoy un poco sobre Recordando el Show de Alejandro Molina:




El programa está presentado por Charles Ulanovsky, que no es otro que Gillespi, uno de los colaboradores actuales de La venganza. El programa se estructura de forma un poco caótica: Ulanovsky nos presenta un capítulo de la vida de Molina o de su programa, se suceden intervenciones de otros personajes entrevistados, intercaladas con escenas “sacadas” del programa, en las que Dolina da breves charlas históricas o mitológicas, o bien interpreta temas en solitario o acompañado. Poco a poco, a través de los episodios, empezamos a habituarnos a la estructura, y a las características de los personajes: Helen Curtis (la maquilladora) es en realidad un hombre recio y calvo, que se refiere a sí mismo como una mujer; Irineo Funes nunca es capaz de recordar el evento sobre el que se le pregunta; Maica Iglesias siempre estaba de vacaciones o de baja cuando ocurría todo… Después hay intervenciones absurdas y pythonianas, como los hermanos Hansel y Gretel Müller, el profesor Stan Frías, Sigmund Freud (que no es otro que Gabriel Rolón, psicólogo y antiguo colaborador del programa), Tim Burton (Patricio Barton, como no podía ser de otra manera), el rey Melchor, los apósotles, etc. La parte “documentalista” es muy divertida, con muchos juegos visuales y mucho humor absurdo.


Si hablamos de la historia que se cuenta, también es muy interesante: Alejandro Molina consigue un programa de televisión en Suárez TV, cuando la mujer del presidente de la cadena, Beatriz Sarli (nueva referencia cultural a la ensayista Beatriz Sarlo) se enamora perdidamente de él (y él de ella). El programa se graba en la gran mansión de Molina, que no la quiere abandonar por miedo a las represalias de la mafia china, o japonesa. Sabremos cómo conoció a El Representante (que no es otro que Coco Sily, otro antiguo colaborador), cómo se las ingeniaban para grabar el programa, cómo fue su relación con Beatriz Sarli, cómo se fue deteriorando el programa, el intento de asesinato, etc.

Por supuesto, un programa de Dolina no puede ser sólo humor; hay también una profunda melancolía, porque la historia cuenta la caída de un programa que ya no está, de un hombre desaparecido. Molina ya nos lo adelanta al hablar de la mutabilidad en uno de los episodios, y cuando llegué al decimotercero, en el que se cuenta la desaparición de Molina y su sustitución, puedo decir sin vergüenza que sentí una profunda tristeza por aquella historia que en realidad nunca se produjo. Ver a Alejandro Molina y Beatriz Sarli interpretando la misma canción que interpretaran al principio del programa, completamente enamorados y antes de fundirse en un beso, cantándola ahora con ella distante y ajena a las miradas suplicantes de él, me pareció un toque magistral. El programa no es sólo comedia, tiene también un gran componente trágico y poético.



Recordando el Show de Alejandro Dolina es una maravilla, cada episodio no dura ni media hora y siempre te deja con ganas de oír más música, más historias, de reírte más y de saber más sobre la historia de Molina. Muy recomendable, tanto para aquellos que ya conozcan a Dolina como para los que un programa de radio de dos horas se les hace demasiado cuesta arriba. Os dejo un episodio completo y un par de canciones como muestra. Saludos.

miércoles, 10 de julio de 2013

Contraste

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Hace pocos meses se empezó a decir que se producirían recortes en los trenes de media distancia de Renfe, y que la línea Madrid-Arcos de Jalón, que es la que pasa por Sigüenza y todos los pueblos cercanos (Baides, Mandayona, Jadraque, Espinosa…) iba a verse afectada. En aquel momento, yo estaba en Oporto, así que decidí esperar a mi vuelta para investigar el asunto. Hace un par de días, miré los horarios. Los trenes estaban igual, sólo había ciertos cambios de hora: dos trenes que salen desde Madrid a las 17:00 y las 20:30 pasaban a las 16:30 y las 20:07, respectivamente. Un cambio un poco extraño, pero meramente anecdótico. Pero el otro día descubrí la triste verdad. Cuando pagué el billete de vuelta en Chamartín, me extrañó que el tren de las 20:07 costase sólo 9’15 , cuando normalmente me quitan casi 11 euros del bolsillo (hace no demasiado tiempo, el trayecto costaba 8’50; si el poder adquisitivo baja, pero los precios suben, algo no cuadra). El caso es que esperé a que avisaran del número de andén del tren. Por fin lo dijeron: Sigüenza, vía 6. Extraño, porque normalmente los trenes de media distancia los sitúan al final, a partir de la vía 11 más o menos. Bajé al andén, y llegó… un tren de cercanías. En el cartel, ponía “Atocha-Guadalajara”. Como tenía tiempo, subí a consultar de nuevo el cartel. “Sigüenza, vía 6”. Bajé de nuevo al andén 6. “Atocha-Guadalajara”. Me subí al tren, que arrancó rumbo a Atocha. El viaje hasta Guadalajara, parando en todas las estaciones, se prolongó durante más de una hora. Yo no estaba seguro de si acabaría en Guadalajara, sin posibilidad de llegar a Sigüenza, pero no tenía más remedio que continuar. Al llegar a Guadalajara, el cartel de la vía ponía “Sigüenza”. Está todo bien, entonces. De pronto, un aviso: “sólo los tres primeros vagones continúan hasta Sigüenza; los tres últimos permanecen en Guadalajara”. Como no sé en qué vagón estoy, me asomo y veo a varios revisores y empleados de Renfe trabajando en el tren. Me tranquilizan: mi vagón continúa y sólo están “cortando” el tren. Arrancamos finalmente, y pasa el revisor. Después de enseñarle mi billete, le pregunto cuál es la hora de llegada prevista. Las 22:30. Dos horas y media de viaje, una hora más en comparación con el tren anterior, que no paraba en ninguna estación de cercanías después de Alcalá de Henares. El buen hombre me explica la situación, y me quedo completamente a cuadros: en realidad, el tren de las 20:25 ha sido eliminado, víctima de los recortes. Sólo gracias a las quejas de los usuarios y a que varios revisores SE HAN OFRECIDO VOLUNTARIOS, se ha ideado este truco, una chapucilla, para que MEDIO TREN DE CERCANÍAS llegue hasta Sigüenza a una hora similar a la del servicio anterior. Lo mismo ocurre con el tren de las 16:30. Otros trenes no han tenido tanta suerte, y los habitantes de los pueblos cercanos que pasan el día en Sigüenza sólo pueden volver a las 17:00, porque el tren que salía de Sigüenza a las 20:00, que muchos aprovechaban para poder pasar la tarde y volver a casa por la noche, ahora sólo está disponible los domingos.

El desprecio de España por el campo, el pueblo y lo rural el general no es algo nuevo, desde luego, pero va en aumento. Ya nos endosan molinos de viento que iluminan con destellos nuestro cielo estrellado, centrales nucleares y cementerios de residuos, y ahora nos quieren dejar incomunicados. Los pobres jubilados que ya no puedan coger el coche, dependen del servicio de trenes para desplazarse, así como los jóvenes que estudian en Guadalajara, Alcalá de Henares o Madrid, la gente que tiene que ir al hospital, y los currantes en general. La eliminación o modificación de trenes es una auténtica pesadilla para los pueblos.

Y ahora, comparemos esta noticia, que da a entender que tenemos tan poco dinero que no hay ni para trenes, con una buena batería de titulares que muestran por dónde se va el dinero público, una auténtica ensalada de cifras millonarias completamente obscenas y vergonzosas que me dan ganas de vomitar:

“5,5 millones de euros en seguridad privada y 84.000 euros de sueldo para el director del aeropuerto sin aviones de Castellón.”

“El Congreso se gasta 519.200 euros en limpiar las alfombras.”

“Hurones y halcones vigilarán por 456.321 euros el aeropuerto sin aviones de Castellón.”

“El ex alcalde de Valderas dilapidó más de 54.000 euros en comer en su propio pueblo: el Ayuntamiento lleva dos meses sin pagar los sueldos y esta semana se quedará sin electricidad por impago.”

“El senado se gasta un millón de euros en renovar ordenadores.”

“Un sueldo de 54.000 euros para el chófer del presidente de la comunidad de Málaga porque “es un asesor técnico que conduce”.”

“El aeropuerto de Ciudad Real echa el cierre tres años después de abrir sus puertas. Su construcción costó 1100 millones de euros.”

“El Congreso se gastará un millón de euros en 600 móviles y 350 conexiones de Internet.”

“La Diputación de Sevilla se gasta 540 mil euros en un libro sobre los alcaldes de la provincia desde el 1979 al 2011.”

“El Ejecutivo valenciano anuncia en plena política de recortes que gastará este año 30 millones más en eventos.”

“Jaén paga 6 millones de euros al año por un tranvía que no circula.”

“Candidatos de PSOE y PP viajan en avión privado para ir a los mítines electorales. El coste ronda los 10.000 euros por cada hora de vuelo.”

“El ex alcalde de Valverde pagó 3.685 euros en un burdel con una visa municipal.”

“Mantener el aeropuerto sin aviones de Fabra cuesta 35 millones al año.”

“El Parlamento de Navarra autoriza gastar 6.980 euros para hacer un retrato de la expresidenta de la institución.”

“El aeropuerto sin aviones de Castellón ha gastado 30 millones en publicidad.”

“El PP se gasta 300.000 euros en una estatua de Carlos Fabra.”

“Con el cese, los actuales vicepresidentes, ministros y secretarios de Estado cobrarán una compensación económica de más de 4,3 millones de euros, a lo que hay que sumar casi 80.000 euros más del primer año que le corresponde a Zapatero de su pensión vitalicia como ex presidente.”

“El Estado pagará este año casi medio millón de euros al día a la Iglesia Católica.”

“El mantenimiento de la Guardia Real, la unidad destinada a proteger a la Corona y rendir honores, le cuesta al ministerio de Defensa 45 millones al año.”

“Diputados cobran un extra de 1.800 euros al mes para alojamiento pese a tener casa en Madrid.”

“800.000 euros en dietas para 90 ediles del área metropolitana de Barcelona.”

“Reclaman explicaciones a UPN por el destino de los 630.000 euros donados a Lorca, que serán empleados en una procesión de Semana Santa.”

“Denuncian que el ex alcalde de Ronda gastó casi 80.000 euros en vino y fiestas.”

“El ex alcalde de Alcorcón pagó 17.800 euros en restaurantes de lujo con la tarjeta del Ayuntamiento. En sólo tres años cargó 99 facturas a las arcas públicas.”

“La Universidad de Pompeu Fabra gasta 6.300 euros en una reunión de su dirección.”

“Exteriores da un millón de euros a FAES y otro a la fundación del PSOE.”

“La cúpula de Banco de  Valencia cobró un 7,5% más hasta septiembre pese a las pérdidas.”

“El aeropuerto de Huesca sólo ha tenido 26 pasajeros en seis meses. Costó 40 millones.”

“Hasta cinco coches por ministro.”

“Cierra la única pista del aeropuerto de Ciudad Real.”

“El ayuntamiento de Macael compra un coche oficial para el alcalde mientras debe nóminas a los empleados públicos.”

“El alcalde de Leganés cobra cuatro sueldos que suman 103.000 euros: “yo creo que las personas que trabajan tienen derecho a un salario, y si uno trabaja mucho tiene derecho a que le paguen más”, afirma el regidor.”

“El antiguo presidente de la empresa pública andaluza Invercaria gastó en un año 25.000 euros en comidas.”
“El gobierno mantiene en 2012 su flota de 864 coches oficiales.”

“Una edil de Alcalá gasta 399 euros públicos en un traje para oficiar bodas.”

“El ayuntamiento de Gandía pagó 295.000 euros a un músico por dos conciertos.”

“El alcalde de Vélez-Málaga dice que va a vender su coche particular “porque ya tiene el oficial”.”

“Zapatero cobra 6.383 euros del Consejo de Estado por acudir a un pleno mensual.”

“El Ayuntamiento de Tarragona destina 12.600 euros para hacer un busto de Artur Mas.”

“El equipo de gobierno de Alcantarilla cobra 1.750 euros por aprobar una subvención de 292,50 euros.”

“La Generalitat valenciana gastará 7’5 millones de euros al año en folios.”

“El Instituto Municipal de deportes [de Córdoba] despide a 28 trabajadores para ahorrar y sube 8.400 euros el sueldo de su gerente.”

“El Congreso gasta 800.000 euros anuales en dietas de diputados que residen en Madrid.”

“Destinan 303.000 euros a clases de “caza” en colegios públicos de Castilla y León.”

“La web del Senado cuesta cerca de 438.000 euros.”

“Treinta ex altos cargos del PSOE recurren para que Cospedal no les quite un plus vitalicio de entre 3.000 y 10.000 euros al año.”

“El aeropuerto de Castellón recibe un 35% más de inversión pública que el Museo del Prado.”

“España tiene 22 veces más coches oficiales que Estados Unidos.”





¿Qué tal? Bien, ¿no? Por un lado tenemos los recortes en las áreas más básicas para la ciudadanía, como la educación, la sanidad o los transportes, y por otro tenemos a políticos y altos cargos robando y gastando a manos llenas el dinero de todos. No queda mucho que decir: les confiamos nuestro dinero y ellos lo gestionan de esta forma. Fuera. El cambio, la revolución, no llegará por los canales que ofrece el sistema. Es imposible. Sólo llegará de forma violenta, cuando la población esté tan mal que nadie tenga qué llevarse a la boca, cuando el hambre y la desesperación nos obliguen a acabar con todo. Generalmente, los gobernantes son lo bastante inteligentes como para mantenernos en un nivel aceptable de miseria, para poder chupar del bote sin llegar a esos extremos, pero de un tiempo a esta parte la falta de vergüenza, la avaricia y la impunidad les están volviendo descuidados: todos los escándalos salen a la luz, su integridad está por los suelos, todo el mundo sabe qué clase de personas son. Pero claro, pertenecemos al primer mundo, nosotros somos gente cristiana y civilizada, no salimos a la calle a protestar y a echar a la calle a los parásitos con palos y piedras, a partirnos la cabeza con la policía. No hombre, eso es cosa de moros. Además, qué pereza, con lo bien que se está en casa,  viendo la tele.

lunes, 8 de julio de 2013

Momento épico del día

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Con esto empezó todo...

sábado, 6 de julio de 2013

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Pues nada, ya estoy de vuelta. Perdonad que no haya actualizado, pero desde que me fui el domingo pasado, no he parado por casa. Por fin, parece que las cosas vuelven a asentarse. Pese a la agobiante sensación de estar desubicado, que siempre se repite después de viajes similares, poco a poco empiezo a levantar cabeza. Intento abarcarlo todo al mismo tiempo y muy rápidamente: escucho discos que no me llevé a Oporto, me reencuentro con mi PS3, planeo mil visitas a amigos que viven lejos, quiero acabar cuanto antes el equipo de recreación medieval, tengo mil ideas, quiero también empezar a subtitular de nuevo, darle caña a un par de escritos que tengo a medias, acabar rápidamente The Saboteur para empezar otro de los muchos juegos que me compré... Me encuentro con mi antiguo ordenador, el Toshi, lleno hasta el techo de basura, programas instalados, mensajes que saltan a cada segundo. Me está bien empleado.

También tengo que ponerme al día en cuanto a películas y series, y los libros y cómics que me quiero leer empiezan a amontonarse en la lista. Y no mencionemos el tema de decidir qué hacer con mi vida después de este verano. Como veis, cosas que hacer no faltan. De modo que nada de inquietud, el ritmo del blog se mantendrá. Saludos.