martes, 30 de abril de 2013

Almohada / Almofada / Pillow

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Llega la noche. Estás cansado por los trabajos del día, sin poder ya mantenerte en pie por más tiempo; te tiendes en mi cama, reposas la cabeza en mi blando regazo, confiesas en silencio sin palabras todas las ideas del día, todos los acontecimientos, me los traspasas. Yo te alivio de ese peso, y al día siguiente, aunque trato de retenerte unos minutos más conmigo, me abandonas, y me quedo sola hasta la noche.

He sido testigo de tus momentos más intensos: he observado en secreto mientras hacías el amor; he enjugado tus lágrimas cuando llorabas; he soportado tus golpes cuando te enfurecías. En realidad, he sido una compañera más fiel que cualquier otra. Conozco todos tus pensamientos, incluso los más ocultos, los que crees a salvo de todos. Nada puedes ocultar de mí; pero yo te alivio, te guardo esas ideas mientras estás fuera, y luego te las devuelvo durante la noche.


A noite chega. Estás esgotado pelo trabalho do dia, já não aguentas ficar de pé mais tempo; deitas no meu leito, repousas a cabeça no meu colo brando, confessas em silêncio, sem palavras, todas as ideias do dia, todos os teus sucesos, os teus fracassos: passa-los para mim. Eu alivio-te de esse peso e, no dia seguinte, mesmo que eu tente reter-te mais alguns minutos comigo, afastas-te de mim, e fico sozinha até à noite.

Eu sou a testemunha dos teus momentos mais intensos: espiei às escondidas enquanto fazias amor; enxuguei as tuas lágrimas quando estavas a chorar; suportei as tuas pancadas quando ficavas furioso. De facto, eu ainda sou uma companheira mais fiel que qualquer outra. Conheço todos os teus pensamentos, até os mais ocultos, os que achas a salvo de todo o mundo. Nada podes esconder de mim; mas eu alivio-te, fico com essas ideaias enquanto estiveres fora, e depois devolvo-tas durante a noite.


Nightfall. You’re exhausted. You’ve been busy all day, going here and there, and now you can barely stand still. You collapse into my bed, placing your head on my soft bosom. You confess silently (no need for words) all of the thoughts you’ve had today, all of your successes, all of your failures. You transfer all of it to me. I lighten your burden. But next day, even though I try to hold you and keep you with me for a few more minutes, you move away, and I lie here, alone, until next nightfall.

I’m the witness of the most intense events of your life: I’ve been a hidden voyeur while you were making love; I’ve wiped your tears away while you cried; I have borne your cruel blows while you were mad. I’m actually the most faithful partner you’ve ever had. I know all your thoughts, even the darkest, the best hidden ones, those you consider safe from everyone. You have no secrets for me; but I’m your relief, I keep those thoughts with me while you’re out, and later, I give them back to you, at nightfall.

viernes, 26 de abril de 2013

Los tigres de Mompracem - Emilio Salgari

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"¿Y si la olvidase? ¡Ah! ¿Sangras, mi pobre corazón? ¿No quieres, entonces?"
Sandokán



Sandokán. El tigre de Malasia. Piratas, abordajes, matanzas, cañonazos, humo, sangre, metralla, astillas, botín. Eso es lo que viene a mi cabeza cuando oigo su nombre. No había leído nunca más que un par de fragmentos de las novelas, una de las películas (cuando era un crío) y la serie de dibujos. Así que cuando llegó hasta mis manos, por el irrisorio precio de 2 euros, la segunda novela de Sandokán, Los tigres de Mompracem, no pude resistirme a comprarla. Lo que sí que pude hacer fue resistirme a leerlo hasta haber terminado un par de cosas que tenía pendientes. Pero ya está, y aquí os traigo mis impresiones.

No, no tengo esta edición, más me gustaría

Nuestra historia comienza a finales del siglo XIX, en la isla pirata de Mompracem, en la que el pirata Sandokán y su fiel amigo Yáñez de Gomera han creado una poderosa banda, el terror de los ingleses. Pronto nos enteramos de la historia de Sandokán: se trata nada menos que de un príncipe malayo, destronado por ingleses y holandeses. Con toda su familia asesinada y su poder desaparecido, se hace a la mar con los pocos que aún le son fieles, escapando a Mompracem y aumentando su banda de “cachorros”, feroces piratas que le siguen a él, el Tigre de Malasia. Esta historia en particular es una animada aventura con multitud de combates navales, a espada, huidas arriesgadas, planes imposibles, odio y amor a partes iguales. Tiene todo lo que puede necesitar una novela de aventuras juvenil: acción a raudales.


El principal problema que le encuentro a Sandokán (y me daba cuenta a medida que avanzaba en la lectura) es que no me acababa de creer que tantos hombres pudieran seguir tan ciegamente a semejante jefe. Sandokán es aguerrido, es muy valiente, no teme a las balas ni a las cimitarras, es el Tigre de Malasia, está claro, pero un líder militar tiene que cuidar de los suyos si quiere que le sigan. Y yo lo primero que me encuentro es que Sandokán parte con una pequeña banda hasta la isla mejor defendida de los ingleses, Labuán, sólo para poder satisfacer su curiosidad y ver a la hermosa mujer conocida como la Perla de Labuán. Sólo podía pasar una cosa: de camino, se encuentran con un poderoso crucero inglés. Los dos praos de Sandokán, rápidos pero escasamente armados, están en clara desventaja, pero Sandokán insiste en liarse a cañonazos y no piensa en la retirada. Sus hombres van muriendo, de 50 pasan a 30, a 20, a 10… Y al final los cuatro que quedan se lanzan al abordaje y mueren ridículamente fusilados. Sandokán, viéndose perdido, escapa hacia la isla de Labuán. Ha sacrificado estúpidamente dos barcos y medio centenar de hombres. Por desgracia, este no es el único ejemplo de la ineptitud estratégica de Sandokán, porque en varias ocasiones su excesiva impaciencia y sed de sangre provocan la muerte de muchos de sus hombres, que sin embargo siguen fieles al poderoso Tigre. Llega incluso a levantar la mano contra los suyos cuando le incomodan, o a ordenarles que se dejen matar como castigo por un acto de cobardía. Un comportamiento tiránico e irresponsable para tratarse de un jefe pirata tan querido por los suyos. Es Yáñez, el portugués, quien se comporta siempre de forma prudente y astuta. Incluso los piratas secundarios, como Giro-Batol o Juioko, demuestran tener más cabeza que el formidable Tigre de Malasia.

Y claro, para mí es un problema grave que el protagonista de una novela de aventuras te parezca un imbécil. Nada que ver con John Carter, que te cae bien desde la página 1, aunque no sepas nada sobre él. Muy mal, Sandokán, muy mal, espero que en el resto de novelas seas un poco menos egoísta y cuides más de aquellos que se juegan el cuello para que te puedas quedar con el premio de la Perla de Labuán y su rubio chochete. Un poco de deferencia.

En resumen, se trata de una buena novela de aventuras, de todo un mito de la literatura de piratas. A mí, personalmente, me estropea mucho la experiencia la antipatía que me suscita el protagonista, pero imagino que eso depende de los gustos de cada uno. Saludos.





lunes, 22 de abril de 2013

Momento épico del día

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viernes, 19 de abril de 2013

Green Lantern (2011)

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Green Lantern es quizá uno de mis superhéroes preferidos. Se trata sin duda de un personaje que pertenece a un tiempo pasado, en el que en los cómics podían aparecer todo tipo de extravagancias sin que nadie dijera nada; hoy en día, todo tiene que tener explicación científica, ser ligeramente plausible en el mundo real: modificación genética, tecnología punta… ¿dónde quedó el encanto de lo imposible, de lo fantástico? La historia de Green Lantern me parece también fascinante: Hal Jordan no es simplemente un superhéroe humano más. El también detiene a ladrones y criminales, y derrota a supervillanos, pero también es parte de una organización, los Green Lantern Corps, que protegen el universo. Cada uno de ellos se ocupa de un sector de planetas, y la fuente de su poder es el anillo verde de la voluntad, que les permite convertir en real cualquier cosa que puedan imaginar. Así, el poder de cada Green Lantern depende sólo de lo que sea capaz de imaginar: una idea preciosa. Escudos, paredes, espadas, rifles, puños gigantes, ganchos, rayos, agua, fuego, jaulas… ¡cualquier cosa! Es el anillo el que escoge a su portador, y si éste muere, se lanza volando a buscar un sustituto. Así, el universo siempre tiene a un Lantern en cada sector. El enemigo ancestral de los Green Lantern, y su única debilidad, es la energía amarilla del miedo, representada por una entidad llamada Parallax. Como veis, una historia tremendamente friki, con trajes de colorines, ciencia ficción a tope… Y no hablemos ya de las recientes adquisiciones: los Red Lantern Corps (ira), los Blue Lantern Corps (esperanza) y muchos más…


Entonces, ¿qué pasa con la película? Pues que es muy cobarde. La presentación del universo Green Lantern es bastante buena, pero en cuanto a la trama central, es simplona y desaprovechada. Es una película a la que se le da mejor sugerir que enseñar. Según se ha dicho, se preparaba una trilogía, y tal vez se hayan querido dejar el meollo para el final. Algo así como lo que pasa con La herencia de Valdemar: primera película vacía, con vistas  a la segunda. Veréis: el momento trágico de los Green Lantern se produce cuando Sinestro, un héroe y un gran líder de los Lantern, es corrompido por el poder de la energía amarilla, y se rebela contra sus antiguos compañeros, fundando los Sinestro Corps, reuniendo a la peor morralla del universo, a los seres más despreciables y viles, e inician una desastrosa guerra contra los Green Lantern. En lugar de eso, de meterse a saco en la mejor historia de los Green Lantern, se limitan a contarnos los inicios de Hal Jordan como Lantern, lo difícil que lo tiene por ser humano, la amistad, superar las dificultades y las mismas putas mierdas de siempre. En vez de meter a Sinestro, el mejor villano de todos, nos ponen a Hector Hammond, un científico con poderes que se pasa toda la película yendo a su bola, vengándose de este y de aquel, y sólo se cruza con Hal Jordan al final, casi por casualidad (aunque el actor que lo interpreta, Peter Sarsgaard me parece el mejor de toda la película). Completamente desilusionado, después de un comienzo muy fuerte y emotivo (la explicación inicial, la escena en la que el Green Lantern Abin Sur le da a Hal Jordan su anillo) y algunas escenas centrales bastante buenas (casi todas desarrolladas en el espacio) la película se hunde (para mí) al dejar claro que no va a ir más allá. Y hay cosas bastante incongruentes en el guión: si los Guardianes, los seres más sabios de la galaxia, saben que Parallax, su peor enemigo, se creó cuando uno de ellos decidió utilizar el poder del miedo, ¿por qué se dejan convencer tan rápido para volver a caer en el mismo error? ¿Por qué cambia Parallax de rumbo, y ya no quiere destruir el planeta de los Green Lantern sino la Tierra?

En fin, una película que prometía bastante, arruinada, que se queda en un par de escenas muy buenas, pero un guión execrable. Otro personaje magnífico, tachado de la lista de “rentable” y abandonado en un cajón junto con Conan y tantos otros. Qué lástima.

(¿Veo algo parecido a la esperanza?)

miércoles, 17 de abril de 2013

Porque el pueblo dice verdades

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Era inevitable volver a hablar de política. Tenía mis dudas, porque me da la impresión de que voy a decir más de lo mismo. Pero es que lo que está ocurriendo es más de lo mismo, sólo que en cantidades mayores y de naturaleza más flagrante si cabe.

Continúan los recortes, las privatizaciones, los desahucios, los suicidios, las manifestaciones, la violencia policial, la negación por parte del Gobierno, que intenta señalar hacia otro lado, la inactividad absoluta del PSOE, que parece que todavía no se cree lo que le pasó en las elecciones. Continúa la indignación contra estos políticos que se obstinan en tratarnos como si fuéramos imbéciles. Los discursos vacíos, las comparecencias del presidente ante la prensa empleando una televisión (completamente orwelliano). Continúa el retroceso cultural en este triste país, el avance del conservadurismo, la reducción de los derechos del ciudadano. Aquellos que, no pudiendo soportar más la vergüenza de la inactividad, deciden ayudar al prójimo, son denostados y ridiculizados por los que permanecen sentados, los bolsillos llenos y la conciencia desactivada. Seguiremos siendo un país de pandereta, de toros y de fútbol, con gente agilipollada a la que se puede convencer de cualquier cosa, sin importar la realidad que tienen a su alrededor. La gente está despertando, poco a poco, pero siempre hay mucha más, una masa estúpida y por la que empiezo a sentir auténtico desprecio, que se aferra a la seguridad de la mentira conocida y familiar, que no piensa, que no busca, que confía en que otros lo hagan por él. Gente que necesita en su vida una sensación de orden, de familiaridad, gente a la que cualquier cambio, desafío o idea original les provoca un inmediato rechazo; imposible que lo vean como un avance, una idea interesante que considerar o una iniciativa para abrir debate y cuestionar nuestro sistema.

Mientras, los políticos, ladinos y silenciosos, llevan a cabo reformas y cambios de los que nadie habla, privatizan servicios públicos de los que ellos mismos sacarán tajada cuando se retiren de la política (nuestro presidente del gobierno es registrador de la propiedad, así como dos hermanos suyos y la nuera del ministro de Justicia, impulsor de la reforma que privatizaría este servicio, obligándonos a pagar por documentos que hasta ahora son gratuitos como partidas de nacimiento, defunción, etc.). También desvían la atención, ignorando las altísimas cifras de paro que no han sabido frenar como prometieron, ignorando los desahucios que dejan a familias en la calle, los suicidios, ignorando sus propias promesas electorales… Es normal, son unos ignorantes. Y saben que nosotros también, que una mentira repetida un número suficiente de veces puede transformarse en una verdad. Que la Historia la crean los vencedores. Los violentos son los manifestantes, los escraches; las víctimas son los pobres políticos, que encima que ponen su voluntad de servicio público a nuestra disposición, se lo agradecemos de una forma tan pobre. ¡Pobres hijos de los políticos, qué trauma para toda la vida! ¿A quién le importa el trauma de un niño cuyo padre se suicide porque le van a echar de su casa? Es mucho peor que a tu padre le pongan pegatinas en su casa y le llamen chorizo. Cospedal (¡ay, Cospedal!), cuando se quita la peineta, aún tiene tiempo para soltar frases devastadoras, como llamar “nazis” a los que protestan de esta forma. Y es que nosotros somos tan tontos que no caemos en que el último recurso de un orador poco convincente es calificar al adversario de “nazi”, lo cual provoca un rechazo inmediato de toda la sociedad. Pero sus palabras la traicionan, dejan ver la clase de mente que tiene: “Si algún día tenemos algo grave que lamentar […]”. ¿Cómo? ¿Es que ahora mismo no tenemos nada que lamentar? ¿La corrupción interna del partido? ¿Los seis millones de parados? ¿Que la gente se ahorque o se prenda fuego porque la echan de sus casas? ¿Se han creído sus mentiras hasta tal punto que se les ha olvidado lo que intentan ocultar con ellas?

Y mientras, seguimos consumiendo, seguimos endeudándonos, seguimos ignorando la necesidad de poner un freno, un límite, un control. Seguimos metidos en este especie de carrera: ir al trabajo, cobrar, gastarlo en gilipolleces, endeudarte y seguir cobrando y pagando mientras puedas. Y si, por cualquier motivo, un buen día ya no puedes, se abre una trampilla bajo tus pies y caes a un lodazal lleno de infelices. Y ya no te miraremos a la cara, cuando nos pidas una ayuda, una moneda. Con cierta vergüenza, subiremos el volumen de nuestro MP3, nos abrocharemos el abrigo, fingiremos atender una llamada telefónica, cualquier cosa con tal de no mirarte, de no reconocer que eres tan persona como nosotros, que una vez también estuviste metido en este juego en el que seguimos. Ya no juegas en nuestra liga, no nos importas. Es más, seguramente seas peligroso y quieras robarnos.

Hace no mucho discutíamos en clase de portugués la efectividad de los himnos y canciones en las manifestaciones. Mucha gente (me incluyo) parecía estar de acuerdo en que con ellas se conseguía unir al pueblo, demostrar que los problemas que tengo yo también los tiene el de al lado, y con ello, unir conciencias y hacernos más fuertes. Ponían como ejemplo la revolución del 25 de abril en Portugal, una revolución pacífica, etc. Pero yo añadí algo: es muy importante recordar que la revolución de los Claveles fue pacífica, sí, pero que detrás del pueblo con flores y cánticos, había militares y tanques, preparados para lo que pudiera pasar. Es decir, el iniciador del cambio, lo que posibilitó un cambio real y efectivo, no fueron las pancartas y las batucadas. Fue la espada.





¿Y qué pasa con Islandia, Carlos? Es casi imposible que en España, Portugal, Grecia, Italia… pueda suceder algo semejante a lo que pasó en Islandia, un país que apenas pasa de los 50.000 habitantes. Siempre lo he dicho (“yo perfecto no soy”, como Sandro Rey): cuanto más grande o amplio es un país, un sistema, una empresa… más difícil es conseguir cambiar su rumbo, y más fácil es que termine por corromperse.


              Porque o povo diz verdades,                       Porque el pueblo dice verdades  
         Tremem de medo os tiranos,                    Tiemblen de miedo los tiranos
     Pressentindo a derrocada                 Presintiendo el derrocamiento
Da grande prisão sem grades                De la gran cárcel sin rejas
    Onde há já milhares de anos                  Donde desde hace milenios
   A razão vive enjaulada.                       La razón vive enjaulada.


António Aleixo

lunes, 15 de abril de 2013

Efecto

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Muy, muy pocas veces las series o las películas me afectan a nivel interno, personal. La mayoría son simplemente historias entretenidas, de acción, de amor, de humor, pero ya está. Pueden ser obras de arte, pero como tales no son otra cosa que algo que se contempla y cuya belleza se admira, pero no son algo que sientas tuyo, ni que atraviese la barrera de tu cuerpo y llegue a tocar tu alma, tu vida sigue igual que antes cuando el director funde a negro.

Incluso aunque apelen a emociones o ideas con las que no podemos sentir identificados, suelen desarrollarse en otros lugares, en otras épocas, lo cual disminuye el impacto. Las moralejas suelen ser especialmente lamentables: la amistad es muy importante, el amor lo puede todo, el mundo no tiene sentido… cosas genéricas y estereotipadas. Incluso las películas épicas, que tanto adoro, al final (y no siempre) no dejan de ser un mero ejemplo de valores, un comportamiento ideal que seguir (el del héroe), pero poco aplicable a la vida cotidiana.

Pero hay veces en que veo una película o una serie y me quedo… ¿cómo explicarlo? Me quedo seriamente jodido. Mi vida se tuerce ligeramente, me dan qué pensar, hacen temblar los cimientos sobre los que me muevo o en base a los que decido lo que hago. Dejando a un lado los documentales, de actualidad o históricos, me ocurre bastante con las películas que evocan la vida en la naturaleza, al ser humano primario, que despojan a los personajes de nuestras tontas necesidades artificiales. Me pasó, en esa línea, con Into the Wild, 127 Hours, Jeremiah Johnson, The Deer Hunter o Dersu Uzala, entre otras.

Me ha pasado con Dexter. Veréis, no sé si vosotros también, pero yo tengo una parte un poco cabrona, un lado oscuro que no sale porque no le dejo (no voy a hablar de ello en detalle porque no sería capaz de explicarlo bien, cuando se entra en el terreno de lo que tiene uno dentro de la cabeza, empieza a ser imposible hacerse entender y acabas pareciendo un loco). Y en Dexter puedo ver a una persona a la que también le pasa eso (pero exageradamente, claro), se habla sin tapujos de nuestros anhelos ocultos, acallados por necesidades del guión y porque en el fondo es lo mejor. Dexter me sorprendió muchísimo por eso, porque se trata el tema de los impulsos asesinos y cómo el protagonista los concentra sobre aquellos que, de todas formas, se lo merecen.

Y también me ha pasado, hace muy poco, con un capítulo de Los Soprano. Veréis, yo odio a una persona. Sólo a una, pero la odio con todas mis fuerzas. He escrito cosas verdaderamente espantables sobre ella. Creo que, si nadie me lo impidiera, podría hacer algo irreversible, medio por impulso medio a sangre fría. Pero lo que ocurre es que esa persona no me ha hecho nada. Se lo ha hecho a otro. Y el otro día, se le planteó una situación parecida a Tony Soprano: tenía la oportunidad de matar a un hombre que le había hecho algo a otra persona. Y, al final de un largo periodo de dudas, decidió no hacerlo, porque si lo hacía, lo hacía por él mismo, para sentirse bien él mismo al acabar con la maldad de esa persona, para erradicarla del planeta a ella y al asco que le provoca, y no para ayudar ni aliviar a nadie más, en realidad. En el fondo, es puro egoísmo, aunque ese egoísmo provenga del amor que se tiene por alguien y el daño que se le ha causado a ese alguien. Y fue muy duro verlo y reflexionar sobre ello, y acabar concluyendo que probablemente tenga razón, que lo que fuera que yo estuviese pensando hacer, lo haría por mí, para mí. ¿Qué me queda, entonces? ¿Dejarlo correr? ¿No es algo que me incumba, aunque mi corazón tiemble y reclame justicia? ¿Cuántas más tendré que dejar pasar con resignación? ¿En cuál me podré detener, y no parar hasta echarla abajo?



domingo, 14 de abril de 2013

Protégeme de...

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Canción para un beso que intentas que no se acabe nunca porque tienes miedo de que sea el último.

sábado, 13 de abril de 2013

Cain's Offering - Gather the Faithful

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En la historia de Sonata Arctica, hay un momento que marca un antes y un después: en 2007, la marcha del guitarrista Jani Liimatainen, debido a su reticencia a hacer el servicio militar finlandés, que le ocasionaron problemas con la ley. Todos acordaron que lo mejor era que sus caminos se separaran, y de este modo fue Unia el último disco de Sonata Arctica en el que participó Jani, precisamente el disco que empieza a mostrar la nueva orientación “experimental” de la música de Sonata, que se aleja cada vez más del power metal rápido y típico, “de manual”, al que nos tenía acostumbrados. Dos disco más tienen en su haber, que combinan este nuevo sonido tan interesante con la vieja potencia del power.



¿Y qué fue de Jani, mientras tanto? No supimos nada de él hasta 2009, cuando nos enteramos de que iba a formar su propia banda, que se llamaría Cain’s Offering, y que sería power metal puro y duro. Y de ese álbum vamos a hablar hoy.

¡Renace, Jani, renace!


Lo primero que tenéis que saber es que el propio Jani se ha encargado de todo el disco, música y letra. Lo segundo que tenéis que saber, es que tiene tendencia a que la guitarra no destaque: suena bien, suena de puta madre, pero en ningún momento cobra el protagonismo que se ha ganado; se limita a acompañar a la voz, los teclados y la batería, con algún solo de vez en cuando. Pero no vamos a escuchar riffs de guitarra espectaculares, que marquen el ritmo y el espíritu de la canción. Eso se lo deja a los teclados. Es algo que ya le pasaba en Sonata Arctica: mucho teclado, poca guitarra (pero ahí tenía sentido, porque el compositor era teclista; ¡ahora no tiene perdón de Dios, porque compone él!).

La voz del cantante (Timo Kotipelto de Stratovarius) es una de las mejores del power metal de Finlandia: voces claras, limpísimas y capaces de llegar a notas muy altas. Pero las letras… ¡ay, las letras! Muchas son extremadamente cursis y repulsivas, hay canciones que son auténticas pasteladas, ni rastro de metal por ninguna parte. Y poco a poco te vas dando cuenta de que ni siquiera la música es tan metal como le gustaría aparentar. Demasiado teclado y voz, batería tranquila, guitarra tímida. Power rock, y a veces hasta power pop, para un disco que decía ser "puro power metal".



No me entendáis mal: el disco cumple con su función: es pegadizo, las partes rápidas son muy rápidas, y las baladas son sensibleras. Es sólo que se nota que es un disco primerizo, que le falta valentía, seguridad y, sobre todo potencia. Jani tiene que soltarse, de nada sirve ser el famoso guitarrista de Sonata Arctica si tu guitarra lo único que hace es acompañar y marcar el ritmo.


Entre las mejores canciones del disco destacaría la primera, My Queen of Winter, quizá la más representativa del espíritu general de todo el álbum. Después, el disco da un cambio muy raro: las canciones son más pegadizas y memorables, pero pierden toda su potencia y se convierten en el ya mencionado power pop (More tan Friends, Oceans of Regret). Esa caída vertiginosa de potencia tiene su máximo exponente en la balada Into the Blue. Después, recuperamos la potencia inicial, e incluso la superamos, con Dawn of Solace y Thorn in My Side, canciones más duras y rápidas, y después de Morpheus in a Masquerade (una canción más compleja, con diferentes partes, cambios de ritmo, etc.), y otra subida con Stolen Waters, de repente llega, cerrando el disco, Elegantly Broken, una balada sólo con piano y voz, que a pesar de su pastelez, ¡a mí me parece muy buena!


Y creo que es todo lo que puedo decir sobre Gather the Faithful: un disco bueno, en muchos momentos memorable, pero con una serie de características que a mí me parecen fallos, sobre todo para un guitarrista de la talla de Jani. No olvidemos que es la primera vez que compone, pero en mi opinión, debería haber aprendido algo más y haberle metido más caña y doble bombo al disco. Espero con ansia su siguiente trabajo.

miércoles, 10 de abril de 2013

Las mocedades de don Guasca de Monò - 7ª parte

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Autoría de la imagen: Sir Francis Dicksee

    Y don Delinardo me dijo que quería demostrar su gratitud para conmigo, y aunque yo traté de hacerle ver que no me debía nada y que acudir en su ayuda había sido una acción desinteresada, él insistió. Y me dijo que en el gran burgo de Pravén tendría lugar en unos pocos días un torneo, en el que sólo tomaban parte los nobles de Suadia, pero que él me iba a ceder su puesto para que tomara parte en el torneo como campeón suyo. Con ello ganaría fama y honor en el reino, y sin duda sería forma fácil de entrar en la vida política de Calradia. Y no se olvidó de recordarme que el ganador del torneo se ganaría un buen premio en dineros del organizador del torneo, el señor de Pravén, el conde don Haringote. Y yo le dije que no disponía de armas ni pertrechos más que los que había visto, mas don Delinardo me tranquilizó diciendo que él se encargaría de organizarlo todo. Y con esto quedé yo aún más nervioso que antes de entrar al salón, viendo que de un día para otro ya era campeón de uno de los condes más principales de Suadia. Y después de haber saciado el hambre y la sed, hicimos burla de los bandidos derrotados y alabamos las hazañas del combate, y terminé por aprender algunos cantos guerreros que yo desconocía. Y vi que las damas doña Ana y doña Vera mostraban sus bocas abiertas en grandes bostezos y jugaban con sus copas de vino, con lo que pronto se retiraron a sus aposentos. Y vi que doña Vera no dejaba de mirarme, y que al pasar junto a mí me rozaba el hombro con la mano con mucha discreción, mas no quería yo ofender a mi anfitrión, con lo que resolví retirarme a los aposentos que don Delinardo tuviera a bien otorgarme, y partir al día siguiente hacia Pravén. Y esto mesmo le dije a don Delinardo, menos lo de su hija, y el conde encargó a un criado que me indicara dónde estaban mis habitaciones, y a otro que se ocupara de acomodar a mis hombres con el resto de la soldadesca. Y me despedí de Firentés y Desabio encomendándoles la protección de nuestra hueste, y así me retiré del salón. Y el criado me llevó hasta una gran habitación con una pesada puerta de madera, con un hogar ya encendido y una cama, la cama más grande que había visto nunca, con cuatro altos postes de los que colgaban telas rojas, y rojas eran también las mantas, y cuando el criado me dejó solo y me acosté, me sentí el hombre más feliz del mundo.
                Mas no acabó con esto el día. Ya de noche, cuando del fuego del hogar no quedaban más que unas pocas brasas, con el cuarto casi a oscuras, me pareció oír que llamaban a la puerta. Y yo me levanté, más dormido que despierto, y me fui a abrir la puerta, sin tomar siquiera un arma, pues entonces aún era joven e ingenuo, y me encontré en el umbral a una figura cubierta con una manta, cual si fuera una virgen. Y antes de que pudiera decir nada, la dicha figura se entró en el cuarto y cerró la puerta tras de sí. Y la manta cayó al suelo, y pude ver que se trataba de doña Vera, vestida sólo con unos ropajes ligeros que eran los que debía vestir durante la noche. Y viendo que yo seguía sin decir nada, doña Vera dejó caer su vestido, y bajo él estaba desnuda como el día en que nació, y yo sentí nacer en mí un gran ardor, y olvidando toda prudencia tomé a doña Vera y la llevé de la mano hasta el lecho, y allí hicimos lo que hombre con mujer muy reciamente, y tras eso me quedé dormido con doña Vera a mi lado.
                Y al día siguiente doña Vera ya no estaba en la estancia, y yo pensaba en cómo había pasado de ser pobre como una rata a ser invitado de honor de todo un señor conde y haber yacido con su hija, que me parecía la dama más dulce y más bella que había visto. Y al levantarme del lecho me encontré a dos soldados de don Delinardo junto a mi puerta, y me escoltaron hasta el salón, que ya estaba vacío. Y allí estaba el conde, que me saludó con gran alegría, y yo le manifesté mi intención de partir inmediatamente hacia Pravén, y él me deseó suerte y me entregó una carta firmada de su puño y letra que debía entregar en el castillo de Pravén, y me asignó una escolta de soldados y sirvientes para que me asistieran durante el torneo, y me regaló un gran pabellón como aquel en el que durmiera el día anterior, para que los demás participantes me tuvieran por adinerado hijodalgo. Y me regaló también dos lanzas de punta embotada para la justa, que yo acepté haciendo ver que apreciaba mucho el regalo, cuando no había usado algo semejante en toda mi vida. Y también viajaría conmigo un caballero anciano muy entendido en el arte de los torneos, para que me asistiera en cuanto precisara. Y este anciano llamábase Artímeno de Rivachegas, y pronto trabé gran amistad con él, y me prestó gran ayuda para mejorar mis pobres conocimientos de las justas y los combates, mostrándose comprensivo con mi pobre ignorancia. Y don Delinardo me despidió en el patio del castillo, y yo prometí volver a visitarle, en el castillo de Vincurdo o en algún otro lugar. Y nuestra comitiva partió con intención de llegar a Pravén en pocos días. Firentés y Desabio me confirmaron que habían sido muy bien tratados por los soldados de don Delinardo, y que comenzaban a sentirse como soldados profesionales. Y la única pena que tuve fue no ver a doña Vera.

domingo, 7 de abril de 2013

The Saboteur

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Desde que oí noticias sobre este juego de 2009, le seguí la pista, y finalmente lo compré hace no mucho por menos de 15 euros. Un juego de estilo sandbox, ambientado en la ciudad de París invadida por los nazis, en el que manejamos a un luchador de la resistencia francesa que se dedica a volar por los aires las instalaciones nazis, a fumar, a conducir y a seducir mujeres, ¡eso había que probarlo! Probablemente lo que más llamaba la atención era el estilo del juego: en las zonas de París dominadas por los nazis, los colores son blanco y negro, exceptuando el rojo de los símbolos nazis y la sangre, el amarillo de las luces, el azul de la resistencia y los ojos de los personajes (muy similar a la película de Sin City); las zonas liberadas muestran colores vivos y música parisina de acordeón. Una puesta en escena muy original.

Por desgracia, The Saboteur no tuvo prácticamente impacto en nuestro país, debido a que está íntegramente en inglés (voces y textos). También tuvieron que ver, imagino, los distintos fallos que presenta el juego, y de los que hablaré a continuación, pero poca duda cabe de que el nulo reconocimiento de este juego en España se debe a la ausencia de doblaje y traducción. Pues a mí, qué queréis que os diga, me está gustando mucho (aún no lo he terminado). Vamos al ajo:


The Saboteur comienza con Sean Devlin, un irlandés pendenciero, hábil conductor, borrachuzo y mujeriego que enseguida se adueña de nuestros corazones. Se encuentra en París después de ciertos incidentes con un dirigente de los nazis llamado Kurt Dierker, que mató a su mejor amigo, Jules, al confundirlos con espías a sueldo de los británicos. Después de escapar y jurar venganza, Sean es reclutado por Luc, líder de la resistencia, que le pide ayuda para enfrentarse al invasor. La ciudad está plagada de soldados alemanes, que han instalado una densa red de torres de vigilancia, focos y cañones antiaéreos, vehículos blindados, etc. Además de las misiones que nos irán encomendando ciertos personajes (soldados veteranos, un cura rebelde...), podemos explorar la ciudad por nuestra cuenta y desbaratar las instalaciones y la impedimenta de los nazis, mediante el viejo método de la dinamita y la cerilla. Tendremos la posibilidad de infiltrarnos en los cuarteles de los nazis disfrazados con un uniforme, y sembrar el caos sin que nadie sepa qué está pasando. Recorreremos las calles de París y de la campiña cercana al volante de todo tipo de vehículos, algunos lentorros y humeantes, otros auténticos bólidos, otros militares y armados hasta los dientes. Podremos trepar cualquier edificio y escabullirnos por los tejados de la ciudad, burlando a nuestros perseguidores. Recibiremos la ayuda de la resistencia francesa, que se fortalecerá a medida que realicemos nuestra tarea de sabotaje. Si atraemos la atención de los nazis y hacemos saltar la alarma, nos caerán encima, al principio con calma (patrullas, motos…), pero si persistimos en resistir y continuar el ataque, en lugar de buscar refugio, terminaremos soportando todo el peso del Tercer Reich (tanques, agentes de la Gestapo, zepelines, aviones…).  El arsenal de armas es muy variado: pistolas alemanas o inglesas, rifles de cerrojo, ametralladoras, dinamita, lanzacohetes, lanzallamas Stielhandgranate… También hay un sistema de “desafíos” (coleccionar coches, matar a ciertos enemigos de una forma determinada…) que nos proporcionarán ventajas y mejoras.

Sí, ¡la torre Eiffel se puede escalar completamente!

Yo entiendo The Saboteur como un juego de mecánica sencilla (disparos, conducción, escalada), muy similar en concepto a Assassin’s Creed (combate, escalada…). Esta mecánica está quizá poco pulida y tosca, pero llena hasta los topes de “chorraditas” que convierten la experiencia en algo muy auténtico y divertido. Confesémoslo: el sistema de sigilo es muy simplón, la escalada es extremadamente tosca y fea de ver, los personajes son bastante estereotípicos y exagerados, las texturas dejan bastante que desear a menudo, la inteligencia artificial de los nazis es un cagarro (muy pocos utilizan la cobertura, la mayoría se queda clavada en el sitio y te dispara) y hay un buen número de bugs (objetos que se quedan flotando, defectos a la hora de agarrarse a una cornisa, que desembocan en una horrible muerte por fractura de todos los huesos, saltos inexplicables de diez metros al romper una caja de una patada…). El sistema de sigilo se me antoja innecesario: sólo lo utilizo cuando quiero hacer el reto un poco más interesante, no por obligación. Si quisiera, podría comprar una escopeta de doble cañón cargada hasta los topes de munición, un lanzacohetes, y meterme en una base enemiga a sangre y fuego: Sean aguanta docenas de disparos a pecho descubierto, y su salud se recupera después de dos o tres segundos. Realmente es más rápido y efectivo hacer caso omiso del sigilo, pero para mí tiene más encanto entrar en la base disfrazado de general, llenarlo todo de bombas sin que nadie se dé cuenta, y salir por la puerta al mismo tiempo que hago detonar todas las bombas en una cadena de explosiones que deje a los nazis temblando. Lo único que no me gusta del sistema de sigilo es que no hay diferencias entre disfrazarte de soldado raso, de general o de agente de la Gestapo: las reacciones del enemigo son las mismas. Habría estado bien que, por ejemplo, un general levantara menos sospechas (ya que es un disfraz más complicado de conseguir, que tuviera alguna recompensa especial). A la hora de disparar, el sistema de puntería es muy preciso: si somos pacientes, podremos abatir a un vigía lejano de un solo disparo de fusil sin mirilla, y si tenemos cuidado, podemos acabar con una patrulla de tres o cuatro soldados utilizando una pistola con silenciador, sin darles tiempo a hacer sonar la alarma. Un combate muy satisfactorio.

Hagámoslo interesante

Cuando hablo de las “chorraditas” del juego, me refiero a las pequeñas cosas que experimentas si no lo juegas en plan extremo, atropellándolo todo a tu paso y montando escandalera con armas de gran calibre: detenerte en un control de los nazis para que Sean les enseñe el pasaporte y le dejen pasar, encender un cigarrillo, pistola en mano, mientras esperas a que aparezca tu objetivo, disparar con la pistola con silenciador a tres nazis que iban a fusilar a unos civiles en plena calle y salir pitando antes de que llegue una patrulla, esconderte de los nazis que te persiguen besando apasionadamente a una sorprendida parisina, o entrando en un burdel… hay algunas cosas muy caricaturescas, es un juego que está en el límite entre la seriedad y la parodia. Súbete a un cañón antiaéreo y desata un infierno entre los zepelines que surcan el cielo, resistiendo contra los refuerzos que envíen contra ti, utiliza un coche bomba para destruir un objetivo sin levantar sospechas, lanza una granada desde un tejado para atraer la atención de las patrullas y luego acaba con ellos con un rifle de cerrojo, sube a una torre de francotirador y lanza al sorprendido nazi al vacío. Me gusta mucho, porque te permite interactuar mucho con el entorno (incluso Assassin’s Creed tiene carencias en ese aspecto): hay juegos en los que la gente que pasa por la calle está de adorno, aquí te ayudan, o necesitan tu ayuda. No sé, me parece mucho menos repetitivo que otros juegos más ambiciosos y con más presupuesto, yo no me canso de ver una explosión, y otra, y otra, y los nazis corriendo de un lado para otro sin saber a quién detener, y yo que me escondo tras una esquina y me echo un cigarro mientras el humo de la explosión se disipa.

¡¡Kaboom!!

 La recreación de París y sus monumentos es muy buena, si bien se resiente un poco debido a la calidad variable de los gráficos. Pero, ¿qué decir de la banda sonora que se escucha al conducir? ¡Temazos de la época!


En resumen, me parece que The Saboteur es un juego que se merece muchísimo más de lo que ha obtenido, con muchos elementos novedosos e interesantes, y una jugabilidad muy adictiva pese a sus evidentes fallos. ¡Dadle una oportunidad! Saludos.


viernes, 5 de abril de 2013

Saga

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Amigos, amigas, vengo de pasar unos días en España. Salir tan bruscamente de la rutina ha afectado negativamente al ritmo de publicación del blog. Si bien tengo muchas cosas preparadas y organizadas, la falta de tiempo me impide publicar tanto como yo quisiera. Es necesario un cierto tiempo para que los análisis sean profundos, y las reflexiones, expresivas. Así que hoy os voy a dejar con un breve, brevísimo fragmento del relato "Saga", del libro Histórias da terra e do mar, de Sophia de Mello Breyner Andresen. Gracias a mi profesora de portugués, Ângela Carvalho, por haberme descubierto este relato conmovedor, nostálgico y, en una palabra, portugués. El relato habla sobre un joven llamado Hans que sueña con ser marinero pero que terminará, por casualidades del destino, como rico empresario, sentado detrás de un escritorio. Creo que es algo que a muchos de nosotros, jóvenes buscando nuestro lugar en la vida, nos vendría bien tener en cuenta. Traduzco el fragmento para que se entienda mejor:

"Y Hans comprendió que, como todas las vidas, la suya ya no sería su propia vida, la que en él estaba impaciente y latente, sino una mezcla de encuentros y desencuentros, de deseos cumplidos y fracasados, si bien, en rigor, todo fuera posible. Y comprendió que sus grandes victorias serían las que no había deseado y que, por eso, ni siquiera serían victorias."



Saludos; si Blogger me lo permite, volveremos pronto con fuerzas renovadas.