viernes, 27 de abril de 2012

La indignación exhausta

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Hola a todos. Probablemente no lo sepáis, pero cuando leáis esto, ya habré escrito 299 entradas en el blog, y estaré preparando el especial 300 entradas. Pero de momento, hablemos de política. Os quería contar algo bastante divertido, pero me lo voy a reservar para después. En lugar de eso, voy a mostraros cómo continúa el panorama político y económico con unos cuantos enlaces y vídeos:

Esto es lo que decían antes de gobernar:


Esto es lo que están haciendo ahora.

Ana Mato nos explica el repago sanitario, dando ejemplo de oratoria, ideas claras y profesionalidad (gracias, Darío, por pasarme el vídeo):


Cospedal elimina todos los fondos para investigación universitaria este año, por no hablar del aumento de las tasas de matrícula.

Juegan, para ellos todo esto es un juego. Para los políticos, para los economistas, para los brokers, todo esto es un juego muy divertido, como el Monopoly. Arruinar países, subir y bajar calificaciones, recortar derechos, condiciones laborales. Para ellos todo eso no significa nada. Pero para los demás... mirad este vídeo, por favor.



Y, por último, un documental de Documentos TV donde se habla de la Generación Perdida.

La indignación está dejando paso al desasosiego y la incredulidad, en mi caso.

lunes, 23 de abril de 2012

The Stand (Apocalípsis) - Crítica constructiva

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Hoy os voy a hablar de una película, pero no puedo hacerlo de la manera habitual. No os puedo hablar del argumento, la fotografía o la música. Tengo que contaros una historia. 

El mundo se acaba.

Esta historia comienza cuando varios amigos quedaron para jugar una partida a un juego de mesa y para ver una película que ninguno de ellos había visto. El juego se llamaba Catan, y en él unos valientes colonos tenían que competir por el control y la explotación salvaje y total de los recursos de una isla. Sólo uno podía ser el ganador, impidiendo la expansión de los demás y dejando la isla vacía de árboles y piedras. Se produjeron ciertas proezas, ya que uno de los jugadores adivinaba las tiradas de dados de sus compañeros con pasmosa facilidad, e incluso el resultado del partido de fútbol que se retransmitía en aquel instante. Después fue el momento de pedir unas pizzas para acallar a sus estómagos, y ya estaban listos para ver la película. En realidad, se trataba de una miniserie de 4 episodios de 1 hora y media cada uno: 6 horas en total. No creían que fueran a verlo todo, pero decidieron empezar. El anfitrión se estaba leyendo el libro en el que estaba basada la serie, y decía que tenía zombis. Eso ya bastaba para darle una oportunidad.

Este es Stu, y aquí no forma parte del CSI.


El primer episodio comenzaba con un guardia de seguridad de algún tipo de instalación médica o militar que se encontraba con un brote de algún virus misterioso y decidía huir del lugar con su mujer y su hija. Un trabajador llamado Stu Redman se los encuentra y trata de ayudarlos, pero todo es inútil. Todos mueren y el mundo empieza caer bajo una terrible epidemia. El ejército trata de contener el virus, pero sólo unos pocos parecen ser inmunes. El resto muere irremediablemente, y el mundo queda desolado. Van apareciendo otros personajes, los únicos supervivientes americanos, que se van cruzando y son guiados por un misterioso sueño que todos comparten: sueñan con una cabaña en la que hay una mujer negra muy vieja que se llama Mother Abigail. Así vamos conociendo al músico Larry Underwood y a Nadine Cross, una mujer un poco rara; a Fran, la chica sensual, y a Harold, su amigo nerd que intenta conquistarla («Fran, ¿has visto este artículo científico? ¡Es fascinante!», nunca falla con las damas, Harold). También está el sordomudo Nick Andros (al que unos pueblerinos pegan, precisamente por ser sordomudo), el oscuro juez Farris, el viejo Glenn Bateman, el afable Ralph Bredtner, el gigantón y retrasado Tom Cullen y algunos otros menos importantes. Vamos viendo las aventuras y amistades que se forjan en su camino hacia Mother Abigail. La película va pintando bien, pese a la evidente ausencia de nada ni remotamente parecido a un zombi.

Os presento a Fran, portadora de bebés y causante de riñas masculinas.
 

Pero cuidado, que aparecen los antagonistas. Paralelamente al grupo de bonachones, un hombre llamado Randall Flagg, que resulta ser una especie de demonio en la tierra, está reuniendo a la peor escoria que queda en la tierra: el jefe de Crossing Jordan, un pirómano llamado Trashman, y otros tantos moteros y pelanas. No se sabe muy bien qué es lo que pretenden, pero este segundo grupo de supervivientes se traslada hacia la destruida Las Vegas, donde comienzan a construir su propia comunidad. Mientras tanto, los protagonistas ya se han reunido con Mother Abigail, que los guía hasta la ciudad de Boulder, donde construyen una comunidad democrática y sosa. Todos son buenos, todos son majos e inocentes. Pero cuidado, porque Stu ha conquistado a Fran y con ello ha despertado los celos de Harold, que por si fuera poco se encarga de las tareas más nauseabundas, como la retirada de cadáveres, y es ninguneado en las asambleas, no se sabe muy bien por qué. Nadine tiene una extraña conexión con Randall Flagg, que le habla en sueños. 

Larry viaja hacia Colorado dejando que su guitarra se achicharre.


El grupo de bonachones conoce finalmente la existencia de estos antagonistas que lo son nadie sabe muy bien por qué, y deciden enviar a una serie de espías al grupo de sus enemigos, para tenerlos controlados. No envían a los más listos. Tampoco a los más fuertes. Claro, eso es lo que Flagg esperaría. Deciden enviar al juez Farris en su camioneta y a Tom Cullen el retrasado. ¿Qué pintan un juez que frisa los 50 años y un gigante bobo en una misión de infiltración? ¿A quién van a engañar exactamente? Para que Tom les haga caso, deciden hipnotizarlo y le dan las siguientes instrucciones: «Si por el camino ves a una sola persona, mátala. Si son varios, corre. Y si te preguntan qué haces allí, les dices que te hemos echado para que no tuvieras hijos tontos». Sospecho, sólo sospecho, que hay más verdad en esa última frase de la que ningún personaje quiere reconocer. Los espías parten.

Hola, soy un maleante y quiero unirme a vosotros. L-U-N-A.


Randall Flagg se impacienta por la influencia de la comunidad de bonachones, y decide utilizar su vínculo con Nadine y la influencia de esta sobre el nerd de Harold para provocar una catástrofe: una bomba que explota durante una reunión de los protagonistas, matando al sordomudo Nick Andros entre otros muchos. El juez Farris es obviamente descubierto cuando se acercaba a Las Vegas con su ranchera y su cassette, dos guardias lo persiguen en coche y lo acribillan a balazos. Misión inútil = muerte inútil.

El juez Farris: nunca supo quién le había hecho la putada de escogerlo como espía.


 Las cosas pintan mal para los inútiles bonachones. Mother Abigail reúne a los supervivientes y les deja las cosas claras: si han sobrevivido a la epidemia, si ella los ha atraído y reunido, no es para que construyan una comunidad, para que empiecen de cero, para que sean felices. Es para que destruyan y aniquilen a Randall Flagg y los suyos. Bravo por los bonachones. La vieja no se queda ahí: Stu, Larry el músico, Ralph el gordo y Glenn el viejo deben viajar hasta Las Vegas a pie, sin armas y sin pertrechos. Dios les ayudará. Dicho esto, Mother Abigail muere y los deja a todos a cuadros. Ha aparecido la palabra del millón: Dios.

Nadine: traidora y portadora de bebés demoníacos.


Después de muchas otras peripecias, descubrimos que Tom Cullen el bobo está trabajando en Las Vegas, infiltrado pero sin saber muy bien qué hace allí. Nadine, que ha escapado junto con Harold en una scooter para luego matarlo miserablemente como al traidor en el que los bonachones lo convirtieron, entra en contacto carnal con Randall Flagg, que pone en ella su semillita, pero termina suicidándose para no traer al mundo al hijo del diablo. 

Ché, mirálo a Randall. Parecía que no, y es el demonio.


De todas formas, Randall Flagg y los suyos están más que tranquilos ante la nula amenaza que suponen Stu y sus profetas de pacotilla. De hecho, Flagg ha enviado a su loco secuaz Trashman en busca de una bomba nuclear. Allí se dirigen estos, con tan mala fortuna que Stu se parte una pierna y deciden abandonarlo allí como a un perro, sin comida ni agua. Larry, Ralph y Glenn llegan a Las Vegas, donde son detenidos por los hombres de Randall Flagg, que matan al viejo e inútil de Glenn por reírse del jefe de Crossing Jordan, Lloyd, y tratar de evangelizarlo. Parece que de pronto todos son testigos de Jehová, y Flagg decide ejecutar a los dos supervivientes, Larry y Ralph, en un evento multitudinario. Atados a sendos postes los inútiles testigos de Jehová, esperando la muerte por hacer caso a una señora que deliraba antes de morir, sin ningún tipo de motivación ni objetivo, simplemente esperando a ver qué es lo que pasa, llega Trashman con una bomba nuclear, a punto de morir debido a la radiación que se escapa. No tiene otra ocurrencia que aparcarla en plena plaza. En ese momento, en el cielo aparece una puta mano gigante y translúcida, que con su divino índice activa la bomba, matando a todos los que allí se encuentran: Randall Flagg, Lloyd, Larry, Ralph, Trashman y todos los malos que nunca supieron que lo eran.

-Verás, Tom. Te vas a tener que infltrar.  -¿Infil... qué?
 

Stu se pudre en su agujero, con la pierna rota, pero llega entonces Tom Cullen el bobo, que lo ayuda y lo cuida hasta que se recupera. Vuelven a su comunidad feliz: ya han destruido a la mitad de la humanidad que quedaba y que jamás les hizo nada malo en realidad; por fin pueden respirar tranquilos. Fran además está embarazada, y su hija, Abigail, ¡es inmune al virus! Estamos salvados, gracias Dios.

Volveré, mamones.


Sinceramente, no me esperaba que la película no fuera más que un intento de evangelización. Sólo quedábamos tres viéndola, el resto había huido muy sensatamente. Tras el visionado de la película se produjo un agitado coloquio de tres horas, explicando todas las incongruencias del argumento, tratando de extraer las posibles motivaciones de las decisiones más absurdas e incomprensibles y creando historias paralelas. Yo no daba crédito a lo que había visto. Tenía que hojear el libro. Efectivamente, ahí estaba todo, palabra por palabra: «Tenéis que ir solos y desarmados», «Vuestra misión no es vivir en paz, es destruir a Randall Flagg», «Dios os guiará» y el resto de giladas. ¿Qué ocurría? El mundo se había vuelto loco. Tenía que saber qué opinaba el autor de la obra, el mismo Stephen King. Y me encontré con esto (lo he redactado yo después de consultar varias fuentes):




Stephen King decidió cómo iba a escribir el libro empezando con una idea general: el fin del mundo y dos grupos de supervivientes, unos buenos y otros malos. Después desarrolló los personajes y dejó volar la imaginación. Y así le ha salido, diría yo. Según sus propias palabras, quería escribir una fantasía épica como El señor de los anillos, pero ambientado en Estados Unidos. En vez de un hobbit, el héroe sería un tejano llamado Stu, el villano no sería Sauron sino Randall Flagg, y la tierra de Mordor es Las Vegas. 

¡Es Lloyd!

La motivación del giro argumental que supone que los protagonistas vayan a Las Vegas a enfrentarse absurdamente a Randall Flagg en lugar de quedarse en su comunidad feliz y repugnante (que les va muy bien, porque son todos bonachones y conformistas) no fue una decisión meditada, sino que simplemente el amigo Stephen veía que se bloqueaba, que se le acababan las ideas, que el argumento iba a terminar así de soso, de modo que se inventó una bomba que matara a varios protagonistas, una misión divina de Mother Abigail para los héroes, que no debían centrarse en la política y la administración, sino en DESTRUIR a Randall Flagg.

La vieja enfadada con el mundo.


Qué queréis que os diga, me parece un mal libro/película, o más bien un libro/película que empieza bien, con una idea original y bien desarrollada, pero que luego, por el afán de King de crear tochos enormes, se le va de las manos y cae en una absurda moraleja católica que me da verdadero asco. Fue una auténtica ordalía ver 6 horas de The Stand, pero yo quería creer que finalmente la historia se encauzaría. No fue así. Me reí. Me reí mucho, y me sirvió para analizar el argumento y señalar los agujeros y los fallos, algo que normalmente no me paro a pensar, si la película me gusta, y a indagar un poco más sobre la historia. Porque no entiendo el odio acérrimo que tiene la vieja insoportable de Mother Abigail por Randall Flagg, que durante toda la película demuestra que le importa poco o nada el soso grupo de católicos moralistas. Por cierto, las similitudes con la serie Perdidos son muchísimas (parece ser que The Stand fue, lamentablemente, una inspiración para la serie): catástrofe y dos grupos de supervivientes rivales, Charlie Pace = Larry Underwood, Stu Redman = Jack Sephard, Fran = Claire, etc, etc.

Un saludo y hasta la próxima entrada!

Randall Flagg es el mejor personaje, sin duda.