miércoles, 29 de febrero de 2012

Palabra, reforma, calificación y carne

0 comentarios
Vamos a dejar una cosa clara. A mí realmente no me molestaría que este o aquel gobierno llevase a cabo medidas con las que yo no estuviese de acuerdo. No me molestaría porque ese gobierno ha sido elegido por una mayoría de los ciudadanos. Pero, en primer lugar, la ley electoral no es justa, y el resultado electoral nunca es un reflejo fiel de los votos del pueblo. Partimos ya de ese error de base. Pero hay uno mucho mayor: los gobiernos, tanto el actual como el anterior, prometieron una serie de cosas que iban a hacer, y en base a esas promesas se les votó (en teoría). Pero la gente no vota por las propuestas de los partidos, sino por pura tradición o por odio a otro partido, por venganza. Otro error importante. Pero llegamos al que a mí me toca más la moral: los gobiernos cogen su programa electoral, se sientan sobre el retrete, hacen sus necesidades, se limpian el ojete con el dicho papel y luego nos lo envían en un sobre con una nota que dice «Querido votante, esto es lo que hago yo con mi palabra». Y es que para mí (y espero no ser el único en pensar así) es importante el respeto a la palabra dada. Pero al parecer, en política las palabras son hojas secas que se lleva el viento. Vamos a crear empleo, somos el partido de los trabajadores, no vamos a subir los impuestos, la reforma laboral del anterior gobierno fue un desastre. No siento otra cosa que desprecio y asco por las personas que consiguen lo que quieren de ti a base de camelarte, confundirte y ofrecerte el oro y el moro, para luego joderte a base de bien. Políticos que se suben el sueldo y hacen reverencias a los bancos y a la Iglesia, mientras dan de hostias a los pobres.

Propongo con toda sinceridad una iniciativa semejante en España, pero de alto nivel.

Podría hablar de mil cosas relacionadas con la nueva reforma laboral, por ejemplo que todo el mundo en el gobierno ha reconocido que la reforma no creará empleo a corto plazo. Pero me llama mucho la atención lo siguiente: una ausencia JUSTIFICADA del trabajo (véase, enfermedad) de menos de 20 días se considera ABSENTISMO LABORAL, y permite un despido objetivo (con una indemnización de 20 días en lugar de 45). No te pongas enfermo, porque puedes perder el curro. Me recuerda mucho al sistema de sanidad privada de Estados Unidos, donde la inversión en salud es inversión económica, porque si te pones enfermo puedes acabar arruinado intentando curarte. Ahora en España va a ser más o menos lo mismo: si trabajas en el Telepizza y te partes los brazos, amasas la pizza con el culo (gracias, Jueves), lo que sea con tal de que no te echen.
Y qué decir de las agencias de calificación, cuyos integrantes tienen siempre relación con los bancos a los que califican, que juegan con los países como si esto fuera el puto Risk. Así que os presento Kalification, un proyecto todavía en fase inicial que pretende que nosotros seamos los que califiquemos a estas agencias, dándonos toda su información y sus trapos sucios, para que seamos nosotros los que decidamos el verdadero valor de los juicios que emiten esos señores.
Y por último, os transcribo aquí el comienzo del programa de Carne Cruda de hoy. Nada más de momento, sólo un par de reflexiones que quería compartir. Un saludo.

CARNE CRUDA
Triste y cabreado. Harto a ratos. Otros, con ganas de montar una revuelta, de liarme a pedradas, de devolver las cartas del banco con lo que devuelva mi estómago, de hacer una pintada en el parlamento que diga “romanos, marchaos a casa”, de meterle el dedo en el ojo a un presidente de gobierno, de multinacional, de financiera. Piratas. Ahora, con la idea reconfortante de bajarle los pantalones en mitad de la calle, al que le ha hecho un agujero más a nuestro cinturón. Así veremos que no tiene vergüenzas. En este momento, saboreo la palabra “sinvergüenza” entre mis labios y tengo tantos nombres a los que dedicársela que la escupo antes de que se me amargue en la boca: sinvergüenzas. Respiro el aire que ensucian las declaraciones de mandatarios que sólo saben mandar callar, cargos electos que cargan más que un piquete policial y que envían cargas policiales para descargar sobre otros hombros el peso de su responsabilidad, responsables que no se han ganado la dignidad de tal nombre. Respiro y todo tiene un tufo repelente a mentira, a basura, a paños calientes, a palabras manoseadas que huelen a falta de verdad, a sudor de carroñeros. Y no me queda otra que toser, toser encima, toserles saliva verdosa en sus blancas pecheras que hinchan como palomos con un aire de suficiencia que se desinfla cada vez que abren la boca. Hay una halitosis de palabras que no se puede aguantar.
Harto y triste, asqueado. Alguien a quien conozco y aprecio perdió el trabajo ayer. Alguien a quien tú conoces y aprecias, lo perdió ayer o antes de ayer o lo perderá hoy o mañana. Desde que se aprobó la reforma laboral no dejo de recibir noticias de gente a la que echan del trabajo. La reforma laboral está dando unos resultados de miedo. De echarse a temblar. Les ha faltado tiempo a algunos empresarios para aprovecharse de lo barato que sale ahora despedir. A menos de la mitad de precio les sale: una ganga. Esta reforma va a incentivar la contratación, el empresario corre menos riesgos, explican, eso le animará a dar empleo. Se cuidan mucho de decir que lo contrario también es cierto: tampoco hay riesgos en despedir. Eso le animará a deshacerse de los trabajadores que más cuestan. Que soporte ese peso la seguridad social, pensarán, que lo soporten los demás, que ya mal contrataré yo a alguien, alguien a quien pueda echar por cuatro perras. Perros.
Más de 5 millones de personas están sin trabajo en este país y la solución no es proteger a los que aún lo conservan. No, la solución pasa siempre por proteger al que tiene mucho. A ése no se le aprieta el cinturón porque le estallaría el vientre hinchado. A ése ni tocarlo, que no deje de ganar. Si no gana, no invierten, dicen, y si no invierte a todos nos irá mal. Ya les va muy mal a muchos con ese cuento que no por mucho repetirse se hace verdad. A ése ni se os ocurra meterle la mano fiscal que se va. Que se vayan, mejor que se vayan los que no quieren contribuir que no que se vayan los que querrían quedarse a trabajar. A éstos, a éstos sí que se les aprieta. Las tuercas. Diecisiete millones de españoles cobrarán menos este mes que termina por la subida de impuestos. Al mismo tiempo, los bancos recibirán hoy del banco central europeo una inyección de liquidez a un interés irrisorio que utilizarán para comprar deuda de los países a un interés mucho más alto con lo que harán un negocio redondo.  
La rueda sigue avanzando. Y veo columnas vertebrales doblarse bajo su peso. Se oye el crujido de los huesos. Duele. Harto, triste, dolorido, asqueado. Basta ya. A qué esperamos. Somos capaces de aguantar esto y mucho más. Pero aguantar se hace inaguantable. No aguantemos, resistamos. Opongamos resistencia. Hay una halitosis de mentiras que no se puede aguantar. Respira. Toma aire. Toma el aire de la calle. Basta ya. Estalla.   

domingo, 26 de febrero de 2012

Grouñidos en el desierto

0 comentarios
Ayer compré El Jueves. Aparte de un número dedicado a la reforma laboral, de la que ya hablaremos más adelante, se incluía un volumen especial de Grouñidos en el desierto.



Para los que no sepan de lo que hablo, diré que se trata de una tira de 9 viñetas de Enrique Ventura, protagonizada por Julius, un personaje con el bigote, el cabello y el puro de Groucho Marx. Aparece semanalmente en El Jueves, y siempre me ha intrigado esta página, que está como desligada de todo lo demás, ajena a los problemas sociales y al chiste escatológico. Julius destaca por su forma de hablar, siempre educada y original, anticuada incluso ("¡Por Jove!"), pero mezclada con toques informales como "¡Tía buena!" o "¡Conie!" (coño). Las aventuras tienen a menudo toques surrealistas  (como cuando Julius encuentra una botella en la playa con un número de teléfono; cuando llama, empieza a zumbar una caracola, aparece una sirena y se la lleva diciendo "Gracias, no lo encontraba"). A menudo Julius se las tiene que ver con mujeres a las que intenta conquistar con frases como "Ni estudio ni trabajo, me dedico a trabajarme a las estudiantes", pero que suelen terminar riéndose de él (pero no siempre).

 

Como veis, Grouñidos en el desierto me llama la atención del mismo modo en que lo hace Jason: un cómic fuera de la moda habitual, no sólo por su dibujo, bien definido y minimalista, sino por la estructura de sus aventuras y los díalogos entre los personajes.

lunes, 20 de febrero de 2012

Mount & Blade

2 comentarios

Hoy voy a hablaros de un juego de ordenador que se llama Mount and Blade. Se trata, en mi opinión, del mejor juego medieval que existe. Es más, casi podría considerarse un simulador medieval. Pero lo curioso es que es un juego prácticamente indie, alejado de las grandes empresas de videojuegos y creado por una empresa turca, y el resultado ha sido inmejorable. Primero voy a decir los fallos que tiene, de dónde cojea, y luego me deleitaré con todo lo demás.
Los gráficos: desde luego, no es un juego de última generación, no veréis un motor de físicas sofisticado, ni texturas perfectas. Pero son más que decentes y no estropean la experiencia del juego en ningún momento.
El mapa del juego: en Mount and Blade, te pasarás mucho tiempo recorriendo el mundo de Calradia en el mapa, y ahí sí que se notan ciertas carencias, pues todo el terreno es demasiado uniforme, con alguna que otra formación rocosa, un grupo de árboles, etc. Eso no sería un defecto importante si el mapa fuera algo circunstancial, pero es que para hacer cualquier cosa hay que pasar por el mapa. Se puede decir que es la pantalla principal del juego, y deberían haber hecho un trabajo mejor.


Dicho esto, deleitémonos:
En Mount and Blade, comenzamos como un aventurero (o aventurera) en un mundo ficticio pero totalmente medieval: no habrá dragones ni orcos. Calradia es un mundo dividido en reinos en permanente conflicto: hay nórdicos, sarracenos, hunos y europeos (con armamento, nombres y ambientación perfectos). Seremos un don nadie, solitario y con un equipo pobre, y poco a poco, a base de encuentros con bandas de salteadores, misiones humildes encomendadas por los villanos de algún pueblucho, iremos consiguiendo dinero y botín que nos permitirán mejorar nuestra armadura, armas y caballo, y por supuesto reclutar a más gente para nuestro grupo, mercenarios entrenados o simples campesinos con ganas de ver mundo que poco a poco se irán profesionalizando. Nuestra fama conseguirá que se nos tenga en cuenta en los diferentes reinos, y que los reyes y condes nos empiecen a confiar misiones más delicadas e importantes. A través de justas y torneos aumentaremos nuestro renombre y llenaremos nuestro bolsillo, y hasta es posible que alguna dama noble nos dé la oportunidad de cortejarla. Cuando entremos al servicio de uno de los reinos, nos veremos envueltos en sus guerras y escaramuzas con otros, y tendremos que participar en sangrientas batallas y asedios, en el nombre de nuestro rey, que podría recompensarnos con una villa, un castillo o una gran ciudad. También podremos crear negocios y comerciar con bienes para tener un ingreso estable de dinero. Podremos también jugar al noble malvado, exprimiendo a los campesinos y matándolos si se rebelan, atacando caravanas comerciales, pidiendo rescates por doncellas capturadas, etc. ¡Hasta podemos crear nuestro propio reino y acabar sometiendo a todo el mundo!


Creo que ya habéis entendido las sensaciones que puede transmitir el juego, así que vamos con la parte técnica. Como ya he dicho, el juego cambia entre la vista cenital o aérea en el mapa, y la tercera persona en las fases de acción o al recorrer ciudades. La presentación de lo que va a ocurrir (nos atacan bandidos, nuestro grupo acampa, los defensores de la ciudad salen a atacarnos…) se hace a través de imágenes fijas, muy expresivas y bien dibujadas. En las batallas y escaramuzas, de todos los tamaños posibles (1 contra 10, 200 contra 300…), se nos permite liderar a nuestras tropas mediante órdenes sencillas (mantened la posición, arqueros retroceded, caballería seguidme, ¡a la carga!, etc) y participar personalmente, como no podía ser menos, repartiendo flechas, tajos y lanzadas entre los enemigos, a pie o a caballo.


Precisamente, me acabo de terminar un libro sobre caballeros medievales, de Jean Flori, y he podido comprobar la gran cantidad de coincidencias entre la Edad Media real y su reflejo en Mount and Blade:
-En efecto, en los primeros tiempos de la Edad Media, cualquier persona humilde, si poseía un caballo y armas, y la fuerza y habilidad suficientes, podía llegar a ser un caballero, una persona importante y respetada. Fue más tarde cuando se convirtió en un privilegio exclusivo de la nobleza.
-La caballería en el juego tiene una superioridad aplastante sobre los hombres de armas (pero no sobre los arqueros o los piqueros): un solo jinete puede ocuparse de cuatro o cinco infantes, gracias a su mayor velocidad y la potencia extra que la carga del caballo proporciona a sus golpes.
-Los castillos eran lugares incómodos y aburridos, y los señores feudales siempre estaban fuera, guerreando y saqueando (el saqueo, la rapiña y el botín eran algo inherente al oficio de la caballería, no se tenía como algo ruin, sino como el medio de supervivencia del caballero). En el juego, nos cruzaremos constantemente con partidas de guerra muy poderosas (200 o 300 soldados) comandadas por un conde o un rey, y las aldeas saqueadas y humeantes "adornan" siempre el paisaje.
-El surtido de personajes que puedes encontrar en el juego es muy variado: bandidos, desertores, condes y reyes, mercaderes, damas aburridas y encerradas en su castillo, trovadores, mercenarios y espadas de alquiler, villanos humildes, héroes ansiosos por unirse a nuestras filas…


Las opciones que tienes son diversas: puedes aliarte con un reino y atacar a otro, ser un caballero esforzado, ganando torneos y sirviendo a un señor, ser un falso caballero y atacar a campesinos y caravanas desprotegidas, e incluso dedicarte al comercio, montar una fábrica de cerveza o un molino, comprar y vender mercancías y dejar que de las batallas se ocupen los mercenarios que tu dinero puede comprar (o sobornar a tus atacantes). El comercio, por cierto, es muy realista: es probable que en la zona desértica, los dátiles se vendan muy baratos, pero que en la zona nórdica alcancen tres o cuatro veces su precio original. Así, puedes dedicarte a comprar las mercancías más exóticas y llevarlas de aquí para allá. 

La arena, los torneos y las justas también son muy interesantes: en la arena, cuarenta guerreros desprotegidos se enfrentan con armas de madera (todo un reto por la poca protección que tienes, ahí realmente se mide tu habilidad); en los torneos, se enfrentan grupos grandes de combatientes (tres grupos de cuatro, dos grupos de seis, etcétera) armados (también con armas de madera) y protegidos con armadura. Las justas son duelos de caballeros con lanza y escudo, las de toda la vida. Se permite apostar por uno mismo: en el primero torneo en el que participes, nadie apostará por ti, y por tanto ganarás mucho dinero si consigues vencer. Pero a medida que tu nombre se conozca en los torneos, ganarás menos dinero, porque la gente ya sabrá que eres un jinete hábil y capaz. Ganar un torneo te abre las puertas de los banquetes nobles, donde podrás conocer a alguna dama. El sistema de cortejo es curioso: una vez alcanzamos suficiente fama y nos hacemos merecedores del interés de la dama, podremos visitarla (a menudo a espaldas de su padre, ayudados por una alcahueta) y hablar con ella. Tal y como nos dicen los juglares y trovadores que encontraremos en las tabernas, hablar con una dama no es tarea fácil: ellas se pasan la vida encerradas en el castillo y no tienen nada que contar, pero enseguida se aburren si les cuentas tus hazañas guerreras. La única solución posible son los poemas. Los juglares nos enseñarán poemas para que se los recitemos a nuestra dama, con la intención de encender su corazón y que nos abra las puertas de su doncellez. Si (no) hay suerte, contraeremos matrimonio y reforzaremos nuestra relación con una familia noble y poderosa.


Hablemos ahora del combate: el sistema es desafiante, pero siempre lógico e intuitivo. Hay varios tipos de golpes: tajo desde la izquierda, desde la derecha, de arriba abajo, o estocada. Si empuñas una lanza, puedes apuntarla y echar el brazo atrás para cargar el golpe. El bloqueo (con un escudo que se acaba rompiendo o con la propia arma) también se orienta hacia la izquierda, la derecha, hacia arriba o contra las estocadas. El juego te permite varias opciones: si lo configuras todo en modo manual, el movimiento del ratón orienta el golpe y la defensa (hay que echar el ratón a la izquierda para atacar o bloquear por la izquierda) esto hace que el juego sea muy difícil, así que recomiendo que al menos el bloqueo sea automático (con el click derecho, el escudo se sitúa automáticamente en la dirección del ataque enemigo). El ataque puede orientarse automáticamente o manualmente. El catálogo de armas y armaduras es inmenso, y todas están perfectamente detalladas y caracterizadas: yelmos de todas clases y culturas, cotas de malla, armaduras acolchadas, gorros de cuero, escudos redondos o en forma de cometa, espadas, cimitarras, hachas, lanzas, alabardas, arcos, ballestas, armas arrojadizas, cantos rodados, caballos ligeros, caballos de guerra…
La inteligencia de los rivales es bastante buena, y destaca sobre todo en los combates uno contra uno. No dudarán en acribillarte a flechazos si pueden, y si persigues a un arquero a caballo, ten por seguro que te va a agujerear mientras escapa de ti. Te rodearán, se dividirán en grupos… sin una armadura decente y una buena espada, mejor que no te alcancen porque no aguantarás mucho tú solo. De ahí la necesidad de tener un buen ejército, variado y con la moral bien alta (bien alimentados y con un jefe noble y valiente, que no abandone a sus tropas, no se comporte ruinmente ni ataque a gentes inocentes). Y pocas cosas en un juego son tan reconfortantes como ganar una batalla igualada en Mount and Blade, ver a tus enemigos por tierra, muertos o heridos; el campo sembrado de caballos, flechas y armas; y tus hombres, a pie o a caballo, manchados de sangre, levantando las armas en alto y aullando. Y a todo ello ayuda bastante la música, que durante las batallas es bastante épica (pero que al final, como todas, se hace repetitiva, lo que te permite hacerte tu propia lista musical…)
La experiencia adquirida durante las batallas y las misiones se traduce en puntos que puedes emplear para mejorar a tu héroe: atributos básicos (fuerza, inteligencia, carisma…), habilidades concretas (jinete, manejo de prisioneros, inventario, rastreador…) y uso de armas (de una mano, a dos manos, arcos, ballestas…). Los héroes que puedes reclutar también son especiales: no pueden morir, sólo ser heridos, y tienen su propio árbol de habilidades. Así, puedes desarrollar a tu grupo de tal forma que tengas un experto en diplomacia y habilidades sociales (para convencer a unos aldeanos de que te den algo sin resistirse), un maestro arquero, un mostrenco experto en armas a dos manos, un especialista en asedios (que te permite construir escalas y armas de asedio muy rápidamente), etc. Los héroes tienen sus propias motivaciones, y se pueden mostrar en desacuerdo con tus decisiones (atacar a campesinos o comericantes, abandonar a parte de tus tropas a manos del enemigo para que el resto escape…).
Una de las cosas más interesantes del juego es el sistema de prisioneros. Durante un combate, no todos tus enemigos morirán, sino que muchos quedarán heridos o inconscientes (las probabilidades aumentan si utilizas un arma contundente, como una maza o un martillo, en vez de una espada). Si ganas la batalla, podrás disponer de esos prisioneros como te plazca. Puedes llevártelos y pedir rescate por ellos o venderlos como esclavos en el desierto (un guerrero de élite te dará más dinero que un salteador sin camisa y con una bolsa de piedras como única arma). Si andas necesitado de personal, puedes incluso convencer a alguno de que se una a tu tropa, aunque corres el peligro de que escape a la menor oportunidad (dependiendo de tu carisma, podrás convencerlo o no).


Los asedios son un reto enorme: primero tienes que poseer un ejército lo bastante numeroso y con víveres suficientes como para mantener un asedio. Después tienes que enfrentarte a los defensores de la ciudad, que seguramente salgan en masa para romper el cerco. Si consigues rechazarlos, todavía tienes que utilizar escalas para subir a las murallas y conquistar la ciudad. E incluso entonces, habrá que enfrentarse una última ver con los últimos defensores de la ciudad, atrincherados en el castillo. En los dos primeros asedios que jugué, no conseguí pasar de las puertas de la ciudad (también es cierto, que lo hice de coña, para ver cómo era, con una tropa escasa y sin preparación).
Otro fallo importante del juego es que… ¡NO HAY IGLESIA! La importancia de la Iglesia fue capital en la Edad Media, y en el juego se echan en falta una buena cruzada, herejes, saqueo de templos...
Y quiero terminar haciendo mención al arte del juego, que he ido exponiendo a lo largo de este post. Son unos diseños increíbles, muy expresivos y sencillos, que sin embargo muestran perfectamente lo que ocurre: si estás acampado, se ve a los soldados alrededor de una hoguera, dando de comer a los caballos y afilando las espadas; si tu tropa recibe su salario, ves a una fila de hombres pasando frente a una mesa, donde un soldado les reparte monedas; si te atacan bandidos, verás a un grupo amenazador de hombres con armaduras ligeras, arcos y espadas; si son desertores, serán jinetes y guerreros mejor armados, pero de aspecto desaliñado; si es un ejército profesional, verás soldados en formación; si los aldeanos se alzan en armas, verás hombres sin armadura, blandiendo porras, cuchillos y otras armas caseras; también hay imágenes para los asedios, para el robo de ganado… 


Y eso es todo, espero que lo probéis, porque los requisitos no son muy altos, y lo vais a pasar en grande si le dais una oportunidad. Administraréis ejércitos, cortejaréis damas, comerciaréis y lucharéis al son de himnos de batalla.
E "Himnos de Batalla" ("Battle Hymns") es la canción que vamos a escuchar a continuación, compuesta e interpretada por la banda guerrera por excelencia, Manowar. Uno de sus primeros temas de temática guerrera (luego llegarían muuuuchos otros).



Un último apunte: este juego ha sido una gran inspiración para mí, como prueban las veintipico páginas que llevo de mi relato sobre Guasca de Monò, caballero de Mount and Blade. Un saludo a Mr. Valls, que él ya sabe por qué.

viernes, 17 de febrero de 2012

Momento épico del día

0 comentarios
 Hoy ha sido un muy buen día en general, más que bueno, pero como casi todos, con un final agridulce. Así que ahí va esta canción, melancólica pero no exenta de épica. "The host of Seraphim", de Dead Can Dance. Saludos, pronto habrá actualizaciones wapas wapas.

jueves, 16 de febrero de 2012

Consecuencias

0 comentarios
Hoy vengo a hablar de algo que algunos no son capaces de ver. No me extenderé mucho, pero trataré de ilustrar bien mis palabras:


 Cuando los brokers hablan de que llevaban años esperando una crisis como esta, porque las posibilidades de negocio son inmensas;






 cuando las agencias de rating bajan la calificación de un país al nivel de los bonos basura sin ningún tipo de consideración ni conciencia de lo que están desatando con ello;






cuando los empleados de estas agencias pasan a trabajar en los bancos a los que calificaban (y a los que tal vez, sólo tal vez, beneficiaban en sus calificaciones, con la esperanza de conseguir un empleo
 más lucrativo);





cuando nuestro sistema se basa en la idea estadounidense de capitalismo;








 cuando a alguien se le ocurre la estupidísima idea de que el mercado puede funcionar por sí solo, sin ningún tipo de regulación,







y además esa idea es aplaudida y aplicada sin reparos;






 cuando en realidad vemos que una palabra del director de un gran banco puede hundir una moneda o levantar otra sin ningún esfuerzo y desestabilizar la economía...





Cuando ocurre todo esto, parece que hablemos sobre el papel, en teoría.





 Y el mundo, como ha dicho recientemente un profesor, es muy bonito cuando hablamos en teoría.



















Pero todo eso trae consecuencias,





 trae paro, pobreza y dramas familiares.





Trae rabia e impotencia,





 trae disturbios





trae policías obligados en muchos casos a hacer un trabajo deleznable,




 


atacando a su propio pueblo;




Así que ni se os ocurra olvidaros de esto, cuando en las noticias celebren los recortes que se han impuesto a tal o cual país, cuando algún banquero se muestre burlón o despectivo con los que "no entienden de economía", cuando nos pidan que nos apretemos el cinturón, cuando tachen de perroflauta al que ose cuestionar las decisiones. No os olvidéis, porque si os olvidáis, tendrán razón en tratarnos como a imbéciles.


Gracias a Fernanda por pasar el material gráfico.

martes, 14 de febrero de 2012

Nuevo blog hermano

2 comentarios
Buenas noches, este post es sólo para avisar a todos de la creación de un nuevo blog. En cierta asignatura de la carrera nos han pedido crear un blog, así que he aprovechado para intentar hacerlo con clase. Se trata de El Antro del Traductor, y en él iré poniendo todo lo que se me ocurra o encuentre sobre traducción. En la lista de enlaces habrá a partir de ahora un enlace especial para el nuevo blog, y desaparecerán los enlaces a blogs de traducción, que ahora estarán en El Antro del Traductor. Pero lo que os puede interesar más es que, para mis compañeros de clase que necesiten algo de ayuda para hacer un blog, voy a subir unos pequeños consejos para la creación de blogs. Podéis dirigir allí cualquier duda (aunque no garantizo nada).

Larga vida a los dos Antros!

lunes, 13 de febrero de 2012

Conexiones

0 comentarios

Vamos a ver hoy una serie de relaciones entre cosas que en principio no tienen nada que ver:

Poets of the Fall es un grupo finlandés de rock que empecé a escuchar en un programa ya extinto de Radio 3, Bienvenidos al Paraíso. Su canción de apertura era de Poets of the Fall: "Lift".



Max Payne, uno de mis juegos de PC favoritos, tiene un tema musical (el principal, en realidad) llamado "Late Goodbye" compuesto por una banda de rock que se llama... Poets of the Fall.



Este juego, Max Payne, fue desarrollado por el estudio Remedy, autores también del juego Alan Wake.




En Alan Wake se cuenta la historia de un escritor envuelto en una aventura de lo más paranormal (ya hablaremos más adelante de él).






En el juego aparecen referencias a la teoría de los mundos paralelos creada por el científico Hugh Everett III.




















Hugh Everett III es el padre del músico Mark Oliver Everett, líder de una de mis bandas favoritas, Eels.





















Otra de mis bandas favoritas, en este caso de folk, es In Extremo. Como seguramente sabéis, me gusta especialmente una canción de In Extremo, "Herr Mannelig".



Pues bien, en el videojuego Gothic (otro de mis favoritos) hay una especie de escenario vacío al que nunca podemos acceder. Pero si tenemos la versión alemana del juego, nos aparece la banda In Extremo, perfectamente recreada, tocando "Herr Mannelig":



Gothic tiene dos secuelas, Gothic 2 y 3. En Gothic 3, durante los títulos iniciales se escucha una canción, Is Nomine Vacans. El tema fue compuesto por otra de mis bandas de folk favoritas: Corvus Corax.



Me parece bastante curioso que cosas que nos gustan y a las que, en principio, hemos llegado por motivos diferentes, acaban estando relacionadas. ¿O sólo me lo parece a mí?

lunes, 6 de febrero de 2012

Tania con i 65ª edición

3 comentarios

Pasamos página, y nunca mejor dicho. En otra ocasión os hablé de Tengo una pistola, el libro más chocante y que más me ha cambiado en los últimos años. Contaba la historia de un chico de 25 años con problemas de socialización que vive encerrado en su casa y conectado a Internet. Su autor, Enrique Rubio, ha confesado que su personaje, Cascaradenuez, es él en un 80%. Uno de los mejores libros que he leído. Y ahora, Enrique Rubio carga de nuevo con este Tania con i 65ª edición, un título que os dará más de un problema a la hora de encargarlo en una librería.



Esta vez, el autor se centra en dos temas paralelos. Se inventa a un personaje mediático, una creadora de tendencias llamada Tania, y también a un escritor al que le encargan escribir su biografía. Vamos viendo como Tania comienza su vida en un minúsculo pueblo, y cómo al llegar a la capital, empieza a absorber las modas. Repasaremos todas sus etapas: neohippie (rastas, cachimbas, festivales de música, diábolos...), indie (Fnac, cine extranjero con subtítulos, flequillos, gafapasta...), zen (yoga, meditación...), comunista, anarquista, gótica, solidaria... E iremos viendo cómo una persona como Tania, que no sabe nada de nada, que sólo copia e imita, llega a ser la más famosa en todos los fregados en los que se mete. Y se irá descubriendo la triste verdad: todas estas tendencias, supuestamente revolucionarias y rebeldes, exigen pasar por caja, comprarse el "equipo" de perroflauta o de gafapasta, gastarse el dinero en cursos, en discos, en ropa... Y veremos también cómo Tania se transforma poco a poco en una marca.

"Para corresponder a su nueva imagen, aprende a aborrecer los best-sellers, los taquillazos y los fenómenos musicales del momento, reniega del cedé a favor del vinilo y empieza a visitar a diario la filmoteca en solitario para ver películas europeas y orientales que no entiende nadie. La mayoría se enmarcan en países pobres y traumatizados y tratan sobre gente marginada y excéntrica, con un ritmo narrativo medible según la escala geológica, con la imagen filmada por un enfermo de parkinson, combinaciones aleatorias de planos abstrusos y aparentemente inconexos o cortados inoportunamente y, al menos, una secuencia con uno, dos o incluso todos los personajes ausentes del plano durante varios minutos [...] A Tania no le preocupa el inconveniente que supone no enterarse de alguna que otra obra de culto, pues cuando le preguntan "¿qué te ha parecido la cinta?", siempre contesta implacablemente con la misma palabra: "críptica", con lo cual deja absortos a patillas y gafapastas con camisetas de rayas."



Pero si esta es la historia principal del libro, no menos importante resulta la de Guillermo Ruano, el escritor ficticio que tiene que encargarse de la biografía. Aquí vemos cómo el autor deja aflorar sus instintos, pues veremos la caída a los infiernos del biógrafo a medida que se ve presionado por la editorial y por sus propias convicciones. De un modo muy similar a Cascaradenuez, Guillermo Ruano se comporta de manera excéntrica e hilarante a medida que sus nervios se crispan y su bolsillo se vacía. El libro tiene varios giros interesantes, pero mi favorito es el cambio de mentalidad del biógrafo, que decide pasar de la editorial y ser un "escritor maldito". Lo primero que se le ocurre es robar comida en un súper, y responder con obscenidades a los correos de la editorial. También se cambia el nombre: Willy Ruanowski. ¡Celestial!

"Me he quedado sin blanca. No tengo ni un mendrugo de pan que meterme en la boca, el estómago se contrae y se retuerce intentando atrapar el alimento inexistente y amenaza con empezar a comerse las tripas aledañas. [...] Entro en el supermercado y encaro el stand de comida para animales. Necesito algo de carne. ¿Gato o perro? Me faltan 5 céntimos para mi lata de carne para gatos pero la cajera me perdona. Nada más salir de la caja, me estrello con un carro suelto. Lo engancho a otro, me quedo con el euro y salgo a la calle."

Un libro totalmente recomendable, no sólo a los que están hartos de las tribus urbanas y su falsa rebeldía, sino también a aquellos que escriben o querrían escribir. Te hace pensar, y por si fuera poco, te cuenta una historia interesante.


PD: Las dos referencias culturales ocultas en La escupidera del post anterior eran Don Juan Tenorio de José Zorrilla (en el poema, obviamente, es la escena en la que don Juan describe las tropelías que hizo en Nápoles) y El corazón delator de Poe (el comienzo reza como sigue: "¡Es cierto! Soy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué me dicen que estoy loco?".

viernes, 3 de febrero de 2012

La escupidera -nuevo episodio

2 comentarios

¡Es cierto! ¡Fui a su clase y sobreviví! ¿Pero por qué me dicen ustedes que estoy loco? Vean ustedes con cuánta calma y detalle les cuento mi historia, y juzguen luego si estoy loco. Me estaba reservando esta historia para cuando tuviera más datos, cuando pudiera juzgar en conjunto al personaje en cuestión, así como la penosa gestión de la universidad, pero los acontecimientos recientes me obligan a cambiar mi calendario bloguero, de igual forma que cambian los horarios de la UAM. Así que allá vamos con el siguiente episodio de «La escupidera».

Tomé primero unas breves notas sobre su forma de dar clase. Antes de reproducirlas aquí, tengo que decir que la gente probablemente ya no se acuerde, porque hace semanas que no «da» clase en el sentido estricto de la palabra, que no nos habla de manera balbuceante sobre elementos aleatorios del temario, que no nos deleita con su impecable acento. Lo que sigue a continuación se escribió el 26 de octubre, a mediados de cuatrimestre.

«El orden y la estructura de su discurso son inescrutables: sus palabras van y vienen de uno a otro tema, mientras los alumnos intentan en vano tomar apuntes. A menudo sus explicaciones están plagadas de latinajos que nadie entiende pero que se resiste a explicar. Está dominado por otra profesora a la que consulta todas sus decisiones, de tal forma que no es capaz de darnos un respuesta sobre nada hasta haberlo consultado con la jefa. Las instrucciones para los diversos trabajos que tenemos que realizar son imposibles de comprender e incluyen algún que otro imperativo terminado en –r. Los grupos de trabajo empezaron siendo de cuatro personas, y ahora mismo (a 26 de octubre) están alrededor de los veinte integrantes, por lo que la organización está siendo un caos. Si bien las razones de esto escapan al control del profesor y pertenecen más bien a la entrada incendiaria contra la UAM, la gestión del problema está siendo cuestionable por su parte.»

Esto escribí; y en cuatro meses

que su presencia gocé

en nuestra clase, no hubo lance extraño,

no hubo escándalo ni engaño

en que no se hallara G.

Por donde quiera que fue

la razón atropelló,

la virtud escarneció,

a la justicia burló

y nuestras notas bajó.

Un micrófono usó

que también nos hizo usar

malos parámetros dio

para impedirnos aprobar

mil trabajos corrigió

y en todos ellos dejó

memoria amarga de si.

Ni reconoció el esfuerzo

ni hubo quien no creyera

que su profe era un mastuerzo.

Ni hace distinción alguna

entre el vago y el currante.

Todo queda en el formato,

en las grapas y en el peso,

nada importa el contenido.

Dale un yunque; ¡daráte un beso!

Pasemos ahora a la corrección de los trabajos grupales e individuales. Para empezar, el alumno no conoce su nota hasta después de haber hecho el examen. Sin embargo, si se suspenden los trabajos, se suspende la asignatura, así que… ¿no es más lógico saber si ya estás suspenso antes de dedicarle tiempo, trabajo y papel, mucho, mucho papel a un examen?

En la corrección, no se especifica qué errores restan puntos, ni cuántos puntos. El examen está plagado de ticks y cruces, pero ningún número (ni siquiera la nota aparece en el propio trabajo). La nota se pone en relación con el resto de trabajo, no por su propio valor. Es decir, que si alguien tiene una traducción muy buena, le pondrán un 9 y a lo mejor a ti te toca un 5, aunque en sí la traducción sea pasable. Esto ya nos lo hicieron (Adobes, ¿qué tal va eso?) y no es más que una estrategia para que el alumno no se pueda quejar, para echarle la culpa a las matemáticas. Resulta imposible quejarse si los errores no tienen asignados un valor numérico: la nota es una opinión basada en la impresión general. Veamos un ejemplo. «Esto que me has puesto sobre una inconsistencia con los dos puntos y los corchetes no lo veo así» «Ah, ¿no?» «No, estos dos puntos forman parte del texto y van fuera del corchete, mientras que estos otros son míos y van dentro» «Ah… pero yo los hubiera puesto antes del corchete, no después. De todas formas, eso no es importante». No claro, nada es importante, pero me has cascado un 6, cabrón. Además, todo el mundo sabe que los signos de puntuación van después de los paréntesis y corchetes, no antes. «La lista de la compra queda como sigue (tras algunas modificaciones): cloroformo, cuchillos de cocina y cinta aislante» y nunca «queda como sigue: (tras algunas modificaciones) cloroformo, etc.» El uso de los corchetes en combinación con otros signos de puntuación es idéntico al de los paréntesis. Pero claro, G. no lo sabe. Y ni siquiera es culpa suya, porque está dando una asignatura para la que no está preparado. Uno de los errores en el trabajo de una compañera era que «el sello no está lo bastante bien centrado».

Los trabajos en grupo se valoran al peso. El contenido ya puede ser correcto o incorrecto, estar bien o mal expuesto, constituir un enfoque novedoso y original o un cortapega de instituto; lo importante es aparentar, es «el meollo», que el trabajo sea apabullante, de aspecto sesudo, inabarcable, que tire para atrás, aunque no sirva absolutamente para nada a un traductor.

El formato es suficiente para cascarte un 5: un paginado deficiente tira por tierra horas de documentación, fuentes fiables y de primera mano, documentos reales, reparto de tareas, puesta en común y corrección grupal, una exposición cuidada y didáctica, incluso amena. Todo eso no cuenta para nada si el trabajo viene en una funda de plástico y sin encuadernar.

El profesor no debería permitirse poner unas calificaciones tan bajas en una materia que no domina y empleando unos criterios tan difusos, como si fuera el mayor experto vivo en la asignatura. Ya que no es lo tuyo, y que has aprendido por el camino (todos somos testigos de ello), por lo menos sé generoso. Una nota media decentemente llevada durante tres años bajará ahora por un par de 5 injustos y puestos a la ligera. Los trabajos no estaban corregidos, no había ningún tipo de anotación, más allá de las referencias a su formato y a su extensión. La parte práctica, que requiere tiempo y esfuerzo, se ha pasado por alto; sólo importa la parte teórica, la que no sirve para nada.

Que no hemos aprendido nada, ya está fuera de toda duda: hemos dado las clases nosotros como buenamente hemos podido, dando una información sin revisar y que de todas formas era inmediatamente olvidada por su inutilidad. Lo increíble es que este tipo (pero no sólo él, ha recibido ayuda abundante) haya conseguido que lo único que queramos sea perderlo de vista, a él y a la UAM (paciencia, ya le tocará recibir en otro post).

Y quiero que quede claro que estas quejas no son personales: hay abundante apoyo por parte de la clase, incluso se escribió una carta que no se ha firmado todavía, a la espera de ver (¡ay!) si finalmente nos aprueba o nos suspende. La carta es muy completa y elocuente (witness my hand), y expongo aquí algunos de sus argumentos (convenientemente censurados), que rezan como sigue:

«El texto que debíamos traducir [en el examen final] era completamente diferente a las modalidades textuales estudiadas en clase. […] Se nos permitió llevar al examen los textos paralelos con los que habíamos trabajado y nadie tuvo la ocasión de usarlos.»

«Cito textualmente la guía docente: “clases teóricas: exposición oral por parte del profesor de los contenidos teóricos fundamentales de cada tema”. Esto no ha sido así; a excepción de las primeras semanas, […] el profesor no ha vuelto a hacer ninguna exposición sobre los texto tratados; de hecho, han sido LOS PROPIOS ALUMNOS [en minúsculas en el original] mediante exposiciones los que han desarrollado la actividad docente de la asignatura (con el inconveniente de que, al no ser expertos en la materia, los contenidos que se dan por buenos pueden ser erróneos, dado que a día de hoy no se nos han entregado dichos trabajos corregidos); en muchos casos, el papel del profesor ha sido meramente testimonial.»

«Debemos añadir las constantes contradicciones en cuanto a conceptos que el profesor ha planteado en clase […] en muchas ocasiones no tenía las ideas claras a la hora de traducir.»

«Queremos mencionar que no se ha procedido adecuadamente en el sistema de evaluación. […] el resto de notas SON ELIMINATORIAS [en minúsculas en el original], es decir, al tener una de las partes suspensas, la asignatura no puede aprobarse.»

«La ausencia de correcciones se debe […] al elevado volumen de trabajo del profesor. […] Al aceptar este puesto se comprometió con una serie de responsabilidades que no ha cumplido. No sólo no ha corregido [los trabajos], además, muchos días NO TENÍA PREPARADA LA CLASE [en minúsculas en el original].»


Como creo que con lo anteriormente expuesto ya he cumplido (más que sobradamente) con el mínimo imprescindible de argumentación que siempre debe uno esgrimir a la hora de criticar a alguien, ha llegado el momento que todos esperabais: ¡la descalificación personal! Prometo que será breve, pero realista (en los comentarios podemos empezar, si queréis, una lista más extensa de calificativos).

Es un profesor falsamente conciliador, que promete consultar los problemas que le exponemos y que las notas bajísimas que pone subirán décimas de aquí y de allá, pero luego no duda en darte el mazazo. Su aspecto exterior, educado y serio, se viene abajo cuando se pone nervioso y nos dice que «no lo tomemos por el pito del sereno» y nos echa del despacho cuando se queda sin argumentos. Es un quejica, y sus opiniones son volubles y opuestas. Habla como Rajoy.

En resumen, no sé qué va a ser de nosotros si tenemos que aguantar esto un cuatrimestre más, incansablemente, cada día.

Y «Cada día» es la canción que vamos a escuchar, compuesta por el gran Rosendo Mercado. Saludos. Encuentren, por cierto, las dos obvias referencias literarias que esconde este post.