miércoles, 10 de diciembre de 2008

Herr Mannelig historia

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Estoy preparando la historia de Bergatrollet ("mujer troll de las montañas") y Herr Mannelig. Habrá dos versiones, la popular y la real. Es mi intención meter mucha mitología nórdica, criaturas y símbolos. De momento es sólo un esbozo del argumento. Cuando tenga tiempo, y ayudado por un excelente libro de mitología nórdica, la haré a lo grande. Hasta entonces.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Herr Mannelig

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Herr Mannelig es una antigua balada sueca medieval, que nos cuenta la historia de una mujer troll de las montañas que desea volverse humana. Cree que para conseguirlo necesita casarse con Sir Mannelig (Herr Mannelig), que la rechaza a pesar de sus muchos presentes. La canción es el canto de desesperación y amor de la mujer troll. Muchas han sido las bandas que la han versioneado, entre ellas, In Extremo(folk metal), Garmarna(folk), Haggard(folk metal), Hedningarna, Psalteria, Satarial (versión electrónica), Wolfenmond (folk), Chur (folk metal), Galtagaldr (folk), Cromdale, Dunkelschön...Escuchando versiones de esta canción, destaco 3: la de In Extremo (sin palabras, es obligatorio pasarse por Youtube y ver la actuación en directo),


la de Haggard (no está mal, una versión de un grupo de metal sinfónico, digamos, tranquilito)
y la de GARMARNA.

Garmarna, una banda sueca que hace música folk (no folk metal, lo único metal que tienen es una batería), folk del que ya no queda, del estilo de los irlandeses Clannad (joer, qué viejo me estoy haciendo)

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡¡Repulsa!!

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De estas cosas hay que hablar.


No sé qué es lo que tiene Google, pero puedes pasar de buscar qué es un pokero a acabar en la página web de un grupo heavy neonazi y carcelario llamado Batallón de Castigo. Lo que me ha repugnado en grado sumo es que sus letras, en muchos casos, no son más que refritos pervertidos de Manowar, en los que los símbolos del guerrero, la batalla, la victoria…se han bajado al nivel de la xenofobia y el odio. ¡¡Cómo se atreven, esos miserables, a hablar del Valhalla, de las Valkirias, de Odín, de Thor, en fin, a apropiarse de la mitología nórdica que tanto amamos, tan sutil, bella y emocional!! Los nombres, las letras, los títulos de los discos…en todo ello la iconografía nazi y el simbolismo nórdico se mezclan de manera antinatural y asquerosa.

Un ejemplo de esta profanación mitológica es ODAL (sí, es una runa nórdica, y se corresponde con nuestra O),
y su disco (aquí es cuando aparecen las ganas de llorar) LOBOS DE ODÍN. Que utilicen a dos símbolos como Geri y Freki, lobos de Odín (quien también tenía dos cuervos llamados Hugin y Munin) para hacer estas cosas, me duele.
Rezad (si sois religiosos) por los dioses nórdicos, que acaban de morir, aunque El Círculo Odinista Europeo (existe, de verdad) se empeñe en negarlo.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Little Big Planet

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Hoy hablamos de un juego de plataformas, EXCLUSIVO DE PS3 (Eso para los X-boxers) bastante popular. A mí me parecía una cursilada del nivel de la Wii, pero el otro día jugué y debo decir que está bien. Al menos el modo de juego normal, me pareció muy entretenido en cooperativo. Imaginativo, minimalista, rápido y adictivo. Y si a eso le añades la posibilidad de crear tus niveles con miles de opciones, subirlos a Internet para que otra gente los juegue, y jugar tú mismo los nivels de los demás, vi enseguida que el juego tenía potencial, que era una herramienta muy potente para la creatividad. Y hoy leo que, en sólo trece días desde que el juego saliera a la venta, se han creado 84.000 niveles y se han jugado 27 millones de partidas. En 13 días!! Ya sé que el mundo es muy grande, pero me parece un número importante. Os dejo con unas imágenes de su simpático protagonista, el famoso Sackboy(y Sackgirl).








domingo, 16 de noviembre de 2008

after- Epica concert!!!!!!!!!!!!!!!!

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Todo empieza en una cola kilométrica. Aunque habíamos llegado una hora antes, la gente ya estaba allí desde hacía mucho. Pero bien mirado teníamos a mucha más gente detrás que delante, así que no estuvo mal. A las ocho-ocho y cuarto se abren las puertas y la gente se precipita al interior de la Sala Caracol. Bombardeado continuamente por publicidad de otros conciertos, recibo un disco gratis de una banda llamada Westfallen Park (bastante buena), y le tiendo mi entrada, con aire jovial, a uno de los gorilas de la puerta, que arranca una esquina sin consideración ni jovialidad alguna y me la devuelve. Nunca he visto dos gorilas como aquellos. Yo me considero alto, pero aquel tipo podía darme capones con la barbilla. Embutidos en cazadoras de cuero, ambos gordos, calvos y con perilla, cara de pocos amigos y vozarrón de ogro.

Una vez dentro, Metal gótico y power a toda pastilla, lavabos, un guardarropa y, al fondo, la sala. Una barra con aspecto de cara, un pequeño puesto donde una holandesa se hacía rica vendiendo ropa más bien barata con los nombres de Epica y Amberian Dawn (camisetas, sudaderas con y sin cremallera, gorros, muñequeras, collares, carteras, pegatinas para el coche…). Si bien he dicho que eran baratas, soy más bien débil y fui seducido tanto por la ropa como por la holandesa. Hechas las compras pertinentes, cargando con cartera, móvil, llaves, publicidad, disco gratis y cazadora vaquera, me situé relativamente cerca del escenario. No sé por qué, estaba sonando una canción de La Bella y la Bestia cuando aparecieron los finlandeses Amberian Dawn. Me parecieron bastante similaresa a Epica, la cantante Heidi (no es broma) era, qué originalidad, pelirroja!! Dos guitarristas, uno de ellos con una guitarra verde fosforito muy cantosa. El bajista era el más carismático, con cara de concentración pero bromista y muy simpático. Al teclista y el batería no se les veía bien, pero en conjunto la banda sonó estupendamente. Canciones un poco parecidas entre sí, de tono épico pero también intimista y bastante oscuro. Tocarían unas cinco antes de dar paso a EPICA (sólo tienen un disco).










De inmediato la gente se animó, las manos se alzaron y a partir de ahí todo ocurrió muy rápido: Gente coreando a Simone y a Mark, gritos de ¡Epica, Epica!, aplausos, símbolos del rock con las manos, mucho head-banging y mucha emoción. Pero hablemos de qué tal lo hicieron:
El nuevo batería ha demostrado ser un digno sucesor de Jeroen, se marcó un solo mientras el resto de la banda descansaba y todos aplaudimos y lo jaleamos. Ad e Yves siguen igual de seriotes que siempre. Los más animados eran Coen, Mark y Simone. Simone, qué decir de ella. ¡¡Desde que salió todos nos quedamos boquiabiertos!! No paró de mover la cabellera durante las partes instrumentales,
su dulce voz nos encantó y sus caderas nos acabaron de hechizar. Los grunts de Mark nos golpeaban como lo hubieran hecho los puños de los gorilas aquellos. Me sorprendieron gratamente porque se oían muchísimo más fuertes, potentes y atractivos que en el disco. Y Coen salió para animarnos un poco (“Yo are fucking loud”, etc). Y la música, bueno, sabiendo que uno de sus mayores atractivos es la parte de coros e instrumentos clásicos, y que todo aquello venía grabado, la verdad es que tocaron muy bien. Los solos de Ad y de Yves me gustaron especialmente (Ad tocó la melodía de “Quietus” para que nos diéramos cuenta de lo que venía a continuación). Pero sobre todo me quedo con lo que pasó después de “Quietus”. Parecía que ya se iban. Mark nos dice “You can leave now”. Todos decimos “¡¡¡Nooooooo!!!” Y responde: “No? Why not? It’s finished, over, finito”. Y todos: “¡¡¡¡Noooooooo!!!!” “So, you want more?”, etc, etc…





Y para terminar, había gente de todo tipo. Góticos, heavies, gente en chándal, energúmenos de voz gutural, mucho cuero y mucho pincho. ¡¡¡HE PASADO UNO DE LOS MEJORES RATOS DE MI VIDA!!!

sábado, 15 de noviembre de 2008

before- Epica concert!!!

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UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

jueves, 13 de noviembre de 2008

Friki: esa gran palabra desconocida

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¿Qué es un friki? Pues normalmente, y para casi todo el mundo, un friki es alguien obsesionado con los cómics, el manga, el anime (estos dos se llaman otakus), los videojuegos, Star Wars, Star Trek, los juegos de estrategia tipo Warhammer.... En fin, alguien que tiene una de estas aficiones que resultan desconocidas para el gran público. Pero yo propongo otra definición: Un friki es cualquiera que practica su afición de manera más bien obsesiva, alguien a quien no le avergüenza mostrar sus estrafalarios gustos. Eso quiere decir que, en los casos clásicos, sale a la calle con una camiseta de "Magneto was right", va a la Expomanga disfrazado de Pac-Man o tiene una colección de sables láser. Ahora bien, si extendemos el significado de la palabra, friki es cualquiera que lleve sus aficiones o gusto AL EXTREMO. Usea: uno de esos culturistas que salen por la tele es un friki, alguien lleno de tatuajes es un friki, alguien que esté obsesionado por las marcas es un peazo friki, alguien obsesionado por el fútbol es un friki, etc, etc. Así que propongo que no se tenga sólo en cuenta el significado clásico, porque no es justo. Wikipedia: "Friki, friqui, frik, o freak que originalmente procede del inglés freak (una de cuyas varias acepciones es la de extraño, extravagante o estrafalario), es un término usado en el idioma español para referirse a la persona de apariencia o comportamiento fuera de lo habitual, interesada u obsesionada en un tema o hobby concreto en el que se considera fanático (otra acepción para "freak" en el idioma inglés)" así que hala. Os dejo con unas fotos de Freaks más bien clásicos:

viernes, 7 de noviembre de 2008

Las cosas fáciles no son buenas

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He venido aquí a soltar lo primero que se me ocurra. Creo que la mayoría de las cosas que se hacen deprisa y sin esfuerzo no son buenas. La fantasía fácil (metes un par de orcos, alguna mierda de vampiros y licántropos tipo Underworld, un refrito de Anne Rice, muchos nombres que suenan a chino, muchos ancestros, muchas religiones poco originales, toda esa broza que cualquiera con dos dedos de frente puede hacer y tienes ya uno de los miles de clones de El Señor de Los Anillos que pueblan las estanterías de centros comerciales: Elfos oscuros, minotauros, Idhún, todo eso...), es muy sencillo crear un relato fácil y atractivo para el gran público. Lo difícil es que haya una base, una base que se pueda investigar, detalles ocultos al ojo del inexperto, nombres no inventados dándole la vuelta a un nombre normal, sino nombres de los grandes cantos clásicos, La Vieja Edda o los poemas homéricos. Crear algo original, realmente original, no caer en la vulgaridad de los orcos, minotauros, centauros, hombres lobo, vampiros (Dios, la maldita guerra entre vampiros y licántropos, estoy hasta los mismísimos de ella...), algo tipo Hard to be a god (adoro el libro y la película, el juego no he podido probarlo). Las películas fáciles también son malas por lo general. Un guión poco elaborado, mucho efecto de ordenador innecesario, violencia a todo pasto, dar mil vueltas a lo mismo cada vez con menos originalidad, todo eso me caaaaansa. Indiana Jones, La Momia 3, X-men 3, Spiderman 3...pruebas tangibles de que hablar demasiado rato de lo mismo no es bueno. La música fácil es penosa. Me refiero, claro está al bakalao, el reggaeton y todo aquello que se asiente en una base rítmica simplona y repetitiva. Por último, voy a mencionar otras cosas que también son fáciles: Es fácil sentarse delante del televisor y dejar pasar las horas, es fácil faltar a tu palabra, es fácil herir los sentimientos de los demás, es fácil imitar a los demás, es fácil decir tacos, es fácil empezar a tomar drogas, es fácil jugar a shooters y es fácil ser un cerdo!! Hasta la vista!!

Manowar

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He venido a hablar sobre una de mis bandas preferidas. Son los abuelos del Metal Épico, Power o como lo quieras llamar. Se dice que toda su discografía es una enorme broma, que no puede ser verdad que lleven 9 discos hablando de guerra y valor. Pero así es. Tratan, por un lado, todo lo que tiene que ver con la batalla, los guerreros, los dioses, las armas... pero por otro lado también defienden al propio Heavy Metal. Incluso llegan a mezclar esos dos temas en sublimes canciones como "The gods made Heavy Metal". En cuanto al tema guerrero, prefieren a los vikingos ("Loki god of fire" y decenas de canciones sobre el Valhalla, Thor y Odin), pero no se cortan un pelo en hablar de los guerreros norteamericanos ("The Spirit Horse of the Cherokee"), o incluso de los clásicos ("Achilles, Agony and Ecstasy in eight parts" es una canción increíble de obligada escucha). Palabras como Blood, Die, Kill, Fire, Burn, Power, Might, War, Warrior, Battle, Cry, Sky, Thunder, God, Metal, Sword, Hammer, Valhalla se repiten una y mil veces. Son la típica banda cuya música motiva, "de flipaos". Transmiten mucha fuerza y energía, son tremendamente rítmicos, pero a la vez sensibles y emotivos a más no poder. La banda más ruidosa del mundo (3 récord guiness batidos) sigue con la misma fuerza que siempre, y por ellos no pasa el tiempo.
Letra de "Warriors of the world united":
Here our soldiers stand, from all around the world
Waiting in a line, to hear the battle cry
All are gathered here, victory is near
The sound will fill the hall, bringing power to us all
We alone are fighting, for metal that it's true
We own the right, to live the fight, we're here for all of you
Now swear the blood upon your steel will never dry
Stand and fight together, beneath a battle sky
Brothers Everywhere
Raise Your Hands Into The Air
We're Warriors
Warriors Of The World
Like Thunder From The Sky
Sworn To Fight And Die
We're Warriors
Warriors Of The World
Many Stand Against Us But They Will Never Win
We Said We Would Return And Here We Are Again
To Bring Them All Destruction Suffering And Pain
We Are The Hammer Of The Gods We Are Thunder Wind And Rain
There They Wait In Fear With Swords In Feeble Hands
With Dreams To Be A King First One Should Be A Man
I Call Them Out And Charge Them All With A Life That Is A Lie
And In Their Final Hour They Shall Confess Before They Die
Brothers Everywhere
Raise Your Hands Into The Air
We're Warriors
Warriors Of The World
Like Thunder From The Sky
Sworn To Fight And Die
We're Warriors
Warriors Of The World
If I Should Fall In Battle
My Brothers Who Fight By My Side
Gather My Horse And Weapons
Tell My Family How I Died
Until Then I Will Be Strong
I Will Fight For All That Is Real
All Who Stand In My Way Will Die By Steel
Brothers Everywhere
Raise Your Hands Into The Air
We're Warriors
Warriors Of The World
Like Thunder From The Sky
Sworn To Fight And Die
We're Warriors
Warriors Of The World
¡¡¡Con Bertín Osborne!!!

martes, 21 de octubre de 2008

Sonata Arctica

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Hoy hablaremos de un grupo de cuidado. Sonata Arctica, finlandeses, herederos de Stratovarius y reyes del Power Metal europeo (a mi parecer). Tony, el vocalista y líder, famoso por su gusto en moda y complementos. Jani, el antiguo guitarrista que se fue por un tema que no quiero tocar porque no conozco. Tommy, el batería y enamorado del vodka. Marko, el bajista que pasa algo desapercibido (como la mayoría de los bajistas). Elias, el nuevo guitarrista al que aún no he podido escuchar. Y Henrik, Hennka, el teclista más loco y más motivado del mundo. Su música tiene un tono invernal, frío y claro, pero a la vez potente y sentimental ("Misplaced", "Victoria's Secret", "The Cage", "Gravenimage", "Abandoned, pleased, brainwashed, exploited"). Los descubrí en un rincón de un disco de Evanescence copiado. Después de los últimos acordes del grupo gótico-comercial, una música celestial, blanca y sincera, me decía: Esto es producto (eso es algo que dicen los chefs cuando la comida está rica). Miré la carátula: Evanescence y Sonata Artica. Vale, pero, ¿cómo se llama el grupo? Un grupo no puede tener un nombre tan raro. Pues sí, se llaman así y son mi segunda banda favorita, peleando con Epica.

Letra de "Misplaced":
Sometimes I feel so out of time and place, trapped in a maze
As if I was lost in someone else's life...
The values I should keep in high regard don't mean a thing to me
Do you ever feel a need to go back in time? A dream of mine...
To travel far away and one day steal back my life
In the end all I can do is to learn I live in a dreamland
This time was not made for me,I have nowhere to land, no place to rest,
Like a bird, without a nest, I'm gliding
Under the clouds, forevermore
How much suffocated anxiety can be held within?
I was found guilty to a crime against myself.
No need to hear the words again,I live and I'd die for my dreamland
This time was not made for me I have nowhere to land, no place to rest,
Like a bird, without a nest, I'm gliding
Under the clouds, forevermore
I'll never have a chance, I can't understand
I'm a misplaced man
How could this backward land
Learn to understand my dance
what it's like, when every single smile hurts...
I have never felt like home here
Always missing something
People aren't connecting
Am I a misplaced soul?
I live in a perfect Hell, I try finding my wishing well
when I drop my last tear, I have accepted this life
A true saint, that I am not, you have never seen me
'Cause I have always been there, standing by your side
I'll never have a chance, I can't understandI'm a misplaced man
How could this backward land
Learn to understand my dance
what it's like, when... Every single moment pains me...
Never felt like home here
I am missing something
My soul's in a wrong shell?


sábado, 18 de octubre de 2008

Josie el Maruso.

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Bueno, ya estuve hablando de Rafa Méndez, pero es que en Cuatro se empeñan en poner "profesores", digámoslo así, pintorescos.
Este es Josie, o Yoshi, el entrañable dinosaurio verde de la saga Mario, que también tiene sus propios videojuegos.
Me recordó nada más verlo al personaje de Del Culón de Los Visitantes, gran película francesa que todos deberíais ver.
Yo creo que le hubiera ido mejor adoptando el carácter, no de Del Culón, sino de Del Cojón, cuya foto incluyo más abajo, mucho más campechano y bonachón. Bueno, sólo decir que a ver si dejan de hacer programas tan tontos. En este se dedican a hacer llorar a un montón de jóvenes imberbes a los que les han dicho que son escuálidos..digo guapos. El dinosaurio este critica su ropa, el calvito que también parece un poco amanerado critica su actitud y lo poco que le transmiten en las fotos, y la tipa esa a la que todos esos idiotas se quieren parecer los va echando sin contemplaciones como en una mala película americana de asesinatos, pero sin violencia física (la verbal es otra cosa). Estupendo, se parece bastante a Fama. Dios, menos mal que existe Digital Plus.

sábado, 14 de junio de 2008

Pukka, el heraldo de Finnbara

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PUKKA, EL HERALDO DE FINNBARA


















Oscurecía. El viento soplaba con fuerza en las Montañas Negras del Este de Vakrivia. Pero eso no era de extrañar teniendo en cuenta la fama de las Montañas Negras. Se decía que eran imposibles de escalar, que el viento se volvía completamente huracanado en la parte más alta, y que todos los viajeros tenían que regresar o morir de frío o en el fondo de algún barranco. Pero eso no había amedrentado a Stubbos, vagabundo errante. Había estado en todas partes. Había atravesado el desierto de Khad a pie, evitando a las tribus nómadas khadias. También había visto Craffin, el país de los caballeros, había estado en la capital del antaño invencible Imperio Selasnogg: Aletia, la de los blancos palacios de mármol y las bellas y complacientes prostitutas. Había visitado Hossaiap antes de su destrucción, y había luchado en el asedio de Rupmul-Alauk. Había dormido bajo los árboles en el mágico y tenebroso Bosque del Otoño Perpetuo, y ahora sus correrías lo habían llevado hasta las míticas Montañas Negras. Su intención era visitar a las tribus montañesas del legendario rey bárbaro, Fest.

Stubbos no veía demasiado difícil llevar a cabo su plan. Había encontrado, gracias al azar, un estrecho paso entre dos ciclópeas montañas, resguardado del viento. Sospechaba que tal vez el paso acabara en un barranco sin fondo, pues de lo contrario mucha gente hubiera atravesado aquella barrera que se creía infranqueable. Por eso Stubbos avanzaba con recelo por el paso lleno de guijarros caídos desde lo alto de las dos montañas que lo flanqueaban, y que formaban una dura y pétrea alfombra sobre la que sus pies, calzados con botas de caminante, y su grueso cayado resbalaban continuamente. Un soplo de viento, que en la mente de Stubbos se convirtió en el relincho de un caballo, le hicieron recordar la historia que había oído de boca de un anciano en la casa en la que se había alojado antes de partir.

-¡Alto! ¿Quién merodea cerca de mi casa a estas horas de la noche?

-No soy más que un humilde peregrino sin rumbo que no necesita sino un mendrugo de pan y un camastro para esta noche.

-¡Acércate, despacio! ¡Desde aquí no veo si vas armado!

-¿Lo ves? No tengo más que este inofensivo bastón de viajero.

-Está bien, puedes pasar. Ugama está preparando un caldo de carne. Bien es cierto que no tiene carne, pero la intención es lo que cuenta.

-Gracias, honorable anciano.

-¿Quién eres, viajero?

-Stubbos el Errante, viajo de aquí para allá admirando las maravillas del mundo. Hasta ahora, sólo Nathaybell me ha podido detener, así que he venido a probar suerte por estas tierras.

-Ugama, saca un plato más. Tenemos invitados.

-Acércate al fuego, chico. Debes estar helado.

-Un poco, señora. Ese hueso que está flotando en el caldo parece algo desmejorado.

-Es el mismo hueso desde hace más de veinte años, hijo. Aquí, a los pies de estas montañas peladas donde no crece ni la más pequeña brizna de hierba, la caza no aparece muy a menudo. ¿Te acuerdas de a quién pertenecía el hueso, querido?

-Sí, creo que era del tío Kortzas. El pobrecillo vivía con nosotros, ¿sabes? Un día dijo que se había “hartado de pasar hambre y frío en esta estúpida covacha, en este chomizo infecto” y se largó montaña arriba. Volvió al día siguiente, con la cara desencajada y los pelos de punta. Se murió aquella misma noche, murmurando algo sobre un caballo. Yo sé a qué se refería. Intenté disuadirle de subir, sabía que sería su final.

-¿A qué te refieres? ¿Qué peligros puede haber en esta zona?

-Este lugar está dejado de la mano de Jaël, pero se puede vivir bien si tienes ánimo y no te desanima no comer en un mes o dos. No hay mucha compañía, de hecho nadie más vive al pie de las Montañas Negras, pero eso me anima a pensar que yo y Ugama somos únicos en el mundo.

-Sí, únicamente bobos.

-¿Decías algo, muchacho? Estaba revolviendo el codillo del tío Kortzas.

-No, nada, sólo que no has contestado a mi pregunta.

-Vinimos a vivir aquí hace ya treinta años. Éramos de Rupmul-Alauk. ¡Qué lejos quedan aquellos días! Las murallas, las tabernas, los burdeles, los mercados, la comida, las camas blanditas. ¡Ugama! ¿Por qué demonios vinimos a esta asquerosa choza?

-No podías pagar tus deudas de juego, querido.

-Es cierto. ¡Maldito Spralerto! Es un juego de azar, ¿sabes?. Es muy sencillo jugar, y todavía más sencillo perder dinero. Se sientan los jugadores en sillas, formando un círculo. Uno de ellos, con una venda atada para que no pueda ver, se coloca en el centro del corro. Lleva un mazo largo de madera en las manos. Otro jugador le da vueltas, y luego el tipo tiene que atizarle a alguien en la cabeza. El que reciba el golpe tiene que pagar. Es divertido, pero se pasa mal cuando tienes que pagar.

-¿No tenías dinero?

-No, por los porrazos. El dinero no fue un problema. Se lo quitaba al del mazo cuando le ponían la venda. Al final me pillaron y tuve que empeñar mis cosas y largarme con Ugama.

-Gracias por tu historia, pero lo que te había preguntado era por qué murió el tío Kortzas.

-Ah, sí. Pukka lo atrapó.

-¿Quién es Pukka?

-Pukka, el maléfico caballo, el heraldo del señor del mal Finnbara. Acecha por esta zona, por las montañas más bajas, y lleva a los viajeros a su destrucción. Nadie está a salvo en esas montañas. Ni se te ocurra acercarte por allí.

-Mi intención es atravesar las Montañas Negras.

-¡Loco! ¡Olvídalo! ¡Es la muerte segura!

-Cuéntame algo más acerca de Pukka.

-Llevo treinta años viendo desaparecer a viajeros que han pasado por aquí. No quieras ser el siguiente.

-Dime algo sobre Pukka y no te metas dónde no te llaman.

-Muy bien. Nadie ha visto a Pukka y ha regresado para describirlo, nadie excepto el tío Kortzas. Y teniendo en cuenta de que el pobre murió esa noche, su descripción fue bastante pobre. Pero habló de un caballo enorme, poderoso, negro como la noche, cuyos cascos resuenan contra las rocas como los truenos. Sus crines cimbrean en el viento, y sus ollares echan humo. Sus ojos son dos carbones encendidos, y aquel en quien se posa su mirada no vuelve. El viajero teme a Pukka y sabe que su visión es augurio de muerte. Te lo ruego, no vayas a las montañas.

-He oído suficiente. Creo que iré a las montañas, y creo además que Pukka es una invención tuya, o puede que del tío Kortzas, pero desde luego creo que no existe. Sírveme un poco más de esa deliciosa sopa de...de esa deliciosa sopa, por favor.

-En fin, no intentaré detenerte.

-Mejor que no, tengo mucha hambre.

-No, me refiero a lo de las montañas. ¡Ugama, sopa para Stubbos, es su última comida!

-No seas agorero, anciano.

-Y ahora, para que te lleves un buen recuerdo a la otra vida, ¿qué tal una partidita de Spralerto?




Stubbos se frotó la cabeza mientras trataba de recordar el resto de la noche. Se había acostado tarde, pero había descansado. A la mañana siguiente, se puso su ropa y su sombrero de viajero, cogió el cayado y se despidió de la pareja. Caminó durante todo el día, y luego...luego se puso a pensar sobre lo que había ocurrido la noche anterior cuando oyó el soplo de viento. Por ciero, ¿qué era aquello que seguía oyendo?

Stubbos estaba intranquilo. De noche, en aquel oscuro y angosto paso, oyendo relinchos después de que un viejo supersticioso le contara estúpidas historias sobre caballos maléficos. Stubbos era un hombre sensato, él no creía en dioses ni en demonios, en la magia o en el amor a primera vista, pero estaba ciertamente intranquilo.

De pronto, un rayo iluminó la noche. Stubbos no se había dado cuenta de que las nubes cubrían el cielo, de que una tormenta se estaba desatando. Gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre su sombrero, y los truenos resonaron en la noche. Stubbos aceleró el paso. Tenía que encontrar alguna oquedad rocosa donde pasar la noche o moriría congelado, o quizá resbalaría y caería a u abismo.

Un nuevo sonido le hizo girarse. Stubbos abrió los ojos como un ahorcado. No podía creer lo que veía, sus ojos tenían que estar engañándole. Detrás de él, muy lejos, había creído ver, recortada contra la luna llena, la silueta de un caballo enorme.

-¡Tiene que ser una alucinación! ¡Stubbos, idiota, busca un sitio o tu aventura termina aquí!

Stubbos se apartó a un lado del camino para buscar a tientas alguna cueva. La oscuridad era de pronto tan cerrada que no veía más allá de sus narices. “Esto no es normal, no puede estar tan oscuro”, pensó el viajero. En ese momento, sus dedos palparon un hueco en la pared rocosa. “Excelente, hoy dormiré aquí”. Stubbos dejó caer su bolsa y su cayado en el interior del agujero, y echó un vistazo, calándose el sombrero empapado hasta las cejas, al interior del agujero. Parecía cómodo, para ser un agujero frío, húmedo y duro. Antes de tumbarse, decidió mirar otra vez hacia atrás. Espero a que un nuevo rayo iluminara la noche y se fijó bien en la luna llena. Imposible. Era imposible. Había un caballo enorme que se estaba poniendo a dos patas. A lo lejos oyó un relincho que debía ser fortísimo, pero que Stubbos no podía oír bien. Y, ¿qué era aquello que brillaba en la silueta del caballo, aquello brillante y anaranjado?

“Te haces viejo, Stubbos, y crees en cuentos de viejas. No hay ningún heraldo del rey del mal, aquí estáis tú, tu imaginación, y este agujero piojoso. Acuéstate, y mañana todas tus preocupaciones habrán desaparecido.” Stubbos se olvidó de sus alucinaciones, se arrastró al interior del agujero y se acurrucó. Se quedó dormido en menos de dos minutos.





Stubbos notó algo en la cara, algo húmedo y caliente. Con los ojos aún cerrados, dio un manotazo para alejar a lo que fuera que se le estuviera paseando por el rostro. Su mano tropezó con algo. Stubbos abrió los ojos, asustado, y se encontró de bruces con un morro negro soplándole en la cara. Levantó la vista, y vió un gigantesco y poderoso caballo negro, que se alzó a dos patas y relinchó fuertemente. Stubbos se echó hacia atrás, tapándose los oídos. Estaba absolutamente aterrado. “No es tu imaginación, no es tu imaginación, es Pukka, el heraldo de Finnbara, y viene a por ti. Corre. ¡Corre por tu vida, Stubbos!”. Stubbos dejó el sombrero, la bolsa y el cayado, se escurrió por entre las patas de Pukka y salió corriendo como un loco, dando unas zancadas tan grandes que temía que se le desgajaran las piernas del tronco. A su espalda oyó otro relincho y unos cascos que empezaban a golpear las rocas. “Te está siguiendo, Stubbos. ¡Date prisa o te alcanzará!”. Entonces, empezó a oír una tenebrosa voz a sus espaldas, ronca y demoníaca.
-¡¡STUBBOS!! ¡¡STUBBOS!! ¡¡VAS A MORIR ESTA NOCHE, STUBBOS!!


El aterrado viajero corría como un demonio, pero el verdadero demonio le pisaba los talones. Podía sentir su cálido aliento en su nuca. Stubbos corría a ciegas, se desequilibraba, perdía pie, caía y se levantaba, todo ello en la más absoluta de las oscuridades, sin ver nada, ni el suelo, ni las montañas, ni la luna, ni a su perseguidor. No había lugar para el pensamiento, sólo para el terror, para correr y para gritar, gritar como un animal:
-¡¡¡¡AAAAAAAH!!!!¡¡AAAAAAAH!!

Y el perseguidor, Pukka, el negro corcel de Finnbara, tras él, siguiéndole y sin dejar de gritar:
-¡¡STUBBOS!! ¡¡ES INÚTIL QUE HUYAS, STUBBOS!!

Stubbos no pensó en que un caballo no podía hablar, en que tal vez fuera sólo una pesadilla. Tampoco en que tal vez sus suposiciones sobre el estrecho paso que estaba recorriendo fueran correctas. De modo que, cuando llegó al final del desfiladero, se dio de bruces con...el vacío. Un barranco, un precipicio, un abismo, la muerte segura. Stubbos cayó desde lo alto, viendo cómo Pukka se detenía al borde, con sus ojos rojos brillando en la negrura, burlándose de él. Recordó las palabras del anciano: “Pukka, el maléfico caballo, el heraldo del señor del mal Finnbara. Acecha por esta zona, y lleva a los viajeros a su destrucción. Nadie está a salvo en esas montañas”. Stubbos cayó, cayó durante mucho tiempo, dando vueltas en el aire, sin dejar de gritar:
-¡¡NOOOOOOO!!
Stubbos, con los ojos cerrados, veía en su mente, como si fuera la sombra de un fantasma, el rostro huesudo, malévolo y tocado con una corona de oro de Finnbara, el señor del mal, que se reía a carcajadas de él. Stubbos abrió los ojos para alejar aquella aterradora imagen. Entonces, por primera vez en aquella noche, Stubbos pudo ver algo aparte de la negrura, con sus ojos llorosos por el terror y el viento cortante. Debajo de él, a una distancia cada vez menor, había una alfombra de rocas afiladas como cuchillas. Entre ellas había huesos humanos. Muchos. Recordó sus propios pensamientos, antes de morir: “Tal vez el paso acabara en un barranco sin fondo, de lo contrario mucha gente hubiera atravesado aquella barrera que se creía infranqueable.”
-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH.....!!- El grito de Stubbos fue súbitamente cortado. Todo quedó en silencio, excepto por el poderoso relincho de Pukka, el heraldo de Finnbara.

jueves, 24 de abril de 2008

Reflexiones mediante escritura automática, ganadora de medio Oscar.

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REFLEXIONES MEDIANTE ESCRITURA AUTOMÁTICA


Terminamos segundo de Bachillerato. Selectividad. ¡Qué lejano parece todo! Como si todo lo anterior, todo lo que nos ha llevado hasta este punto, Educación Secundaria, Primaria, e incluso nuestra más tierna infancia, no hubiese sido más que un sueño, un sueño que todavía no ha terminado, que hasta ahora ha sido más agradable que doloroso. Intentaré expresar todo lo que, en estos momentos, sentado frente al ordenador y con una película de fondo, me viene a la mente al pensar en todo lo que me ha ocurrido a mí, y con toda seguridad, a todos vosotros. Escuchad, por tanto, todo lo que os ha ocurrido, lo que os ocurre y lo que puede que os ocurra.

En un principio no había ningún sufrimiento, sólo diversión y cuidados. Cuando éramos pequeños, no había responsabilidades, los demás se preocupaban por nosotros. Jugar, comer y dormir, eso era todo. Pero, ¿en qué momento cambió la situación? ¿Cuándo abandonamos este mundo de almohadas y calor, cuándo fuimos expulsados de él y nos arrojaron, como si del Génesis se tratara, a otro mundo completamente distinto, frío, hostil, lleno de responsabilidades, sufrimiento, posibilidades, y demasiado rápido para algunos de nosotros?

Todo parece haber cambiado. De un día para otro, sin apenas darte cuenta, ya no tienes tiempo para jugar, tienes que ocuparte de otras cosas. Los libros, tus libros de toda la vida, con los que más has disfrutado, los héroes y los villanos con los que has reído y has llorado, tu Tintín, tu Astérix, tu Bastian y tu Atreyu, tu Robinson Crusoe, tu Peter Pan y tu Garfio, los particulares de cada uno, han quedado en un segundo plano, sólo ocupan un pequeño espacio en tu memoria, un recuerdo de tiempos mejores, de tiempos ya disfrutados, que tal vez no disfrutaste lo bastante pero que ya no podrás volver a disfrutar porque tienes otras cosas en qué pensar.

Pero no todo es negativo. Ahora tienes ante ti un mundo infinitamente más grande, con muchas posibilidades, tantas que te abruman. Un mundo lleno de injusticias, las cuales tú, joven, idealista e ingenuo por naturaleza o por hábito, te ves ansioso por resolver, como si fueras don Quijote. ¡Qué ignorante, no sabes que la gente no cambia porque un mozalbete ñoño quiere que así sea! Aprenderás que nadie se preocupa por nadie más que por sí mismo, que no es productivo defender al máximo otros intereses al margen de los tuyos. Sentirás que tu libertad está atada, que tienes capacidad y ánimos para hacer muchas cosas, pero que no tienes los medios, que eres demasiado joven, que nadie te tomará en serio, que estás sujeto a las decisiones que otros tomen por ti, que todavía no eres realmente libre. Tal vez no quieras afrontar tus responsabilidades, y prefieras hacer como si no estuvieran allí, seguir comportándote como un niño, como aquello que nunca quisiste dejar de ser y que nunca debiste haber dejado de ser.

En este mundo, en el que lo que importa es lo que vende, y lo que vende es lo banal, el consumo rápido, lo espectacular, no hay sitio para ti tal y como eres. Tú, que apuestas por lo que realmente consideras bueno, que no te importa esforzarte un poco para conseguir lo que quieres, que no quieres que te lo den todo hecho, que no te conformas con el pan y el circo, no eres bien recibido. Es verdad, no hay ninguna conspiración masónica para dominar el mundo y tenernos a todos controlados y mansos como ovejas. Somos nosotros mismos los que nos estamos esclavizando, hay una especie de complicidad de todos nosotros, una pasividad ante los abusos y atropellos, somos una masa que se autorreprime. Cuando vemos un programa de televisión porque todos lo hacen, cuando nos reímos frente a algo que no tiene ninguna gracia porque los demás lo hacen, estamos contribuyendo a ello. Apagarán toda llama de originalidad e ingenuidad en tu interior, te convertirán en uno de ellos como si fueran zombis. Eres ingenuo por naturaleza, crees que todo puede resolverse, que todos son como tú y que, unidos, no habrá quien os detenga. Pero te equivocas, no hay nadie como tú, o si lo hay, nadie lo demuestra ni lo demostrará. Lo único que puedes hacer es expresar tu opinión mientras te dejen.

¡Pero hay tanto sobre lo que opinar, tantas posibilidades! Un blog, un concurso literario...quieres escribir sobre todo. Sobre las injusticias, sobre tus experiencias, sobre tus conocimientos, sobre tus aspiraciones... Aunque a nadie le importe, aunque nadie te lea, sólo para demostrar a los demás y a ti mismo que tienes una opinión y que la expresas.

Hagamos un pequeño descanso para que no os durmáis con toda esta parrafada. Pondremos un ejemplo práctico de lo que quiero decir. Ves a un compañero del que se están burlando otros tantos. Crees que no es gracioso. Que no deberían meterse con él porque está solo frente a un montón de gente que pretende pasárselo bien a toda costa. Que se apoyan unos a otros frente a cualquier ataque externo, y en vez de ponerte de su lado, como sabes que debes hacer, que es lo que realmente quieres, te unes a las risas, aunque no intervengas. Haces lo fácil, aunque eso te haga sentir asco y lástima por ti mismo, que es lo peor que te puede pasar. Porque si tú no te aprecias, ¿quién va a hacerlo? Esto nos ha pasado a todos o a casi todos, porque pocos son los afortunados que tienen la fuerza de voluntad necesaria para hacer siempre lo que quieren, y no lo que se les ofrece en bandeja. Yo, al menos, admiro a estas personas por su tenacidad y consideración de sí mismos.

Otro ejemplo: Cuando decides unirte con otros, otros que tú crees que se te parecen, que buscáis lo mismo, y la cosa no sale como esperábais. Digamos, que te unes a tus compañeros de clase para luchar contra una injusticia o para mejorar las condiciones en las que te encuentras. Al principio todo parece estupendo, os mantenéis unidos y todo os sale a pedir de boca. Lo malo viene a la hora de los compromisos. Estáis de acuerdo en pedir, pedir y pedir, incluso en conceder, conceder y conceder para llegar a un acuerdo, pero cuando toca demostrarlo, cuando toca llevar esas concesiones a efecto, todo son excusas, olvidos y escaqueos. ¡Cómo cambia entonces tu visión de los demás! Te das cuenta de lo ingenuo que has sido, y tu concepción de la humanidad se resiente un poquito más.

Tras este pequeño descanso que probablemente no hayáis notado, proseguimos con la pseudo-filosofía y las preguntas trascendentales:

¡Hay tantas posibles elecciones! ¿Te convertirás en un macarra, un heavy, un gótico, un rapero o un indeciso? ¿Oirás pop, grunge, punk, rap, underground, heavy metal, gothic metal, power metal, black metal, death metal, folk metal, celtic metal, viking metal? ¿Leerás cómics, tocarás un instrumento, jugarás al rol, escribirás, vaguearás, robarás, bailarás, cantarás? ¿Serás comunista, fascista, anarquista, centrista, chavista, castrista, papista, católico, musulmán, ateo, agnóstico? A nadie más que a ti parece importarle, y eso es lo que más indeciso te tiene. ¿Estudiarás un módulo, una carrera, nada? ¿Te convertirás en político, agricultor, filósofo, fontanero, cirujano, profesor, asesino a sueldo, picapedrero, recogepelotas, prostituto? Asuntos vitales que te tienen en ascuas.

También habrás conocido a alguien, alguien que te aprecia tal y como eres y por el cual, en tu joven ingenuidad e ilusión, darías cualquier cosa. Sentirás que si no estás a su lado nada vale la pena, cuando os alejéis te sentirás miserable y desgraciado. Intentarás abrir tu corazón y revelar tus sentimientos, esos sentimientos que son desconocidos hasta para ti, pero tal vez todos no sean como tú y cubran su verdadera personalidad con una capa de falsa indiferencia y falta de pasión, un exagerado racionalismo, o tal vez la vida les haya castigado más que a ti y hayan aprendido una lección que a ti todavía te falta. Os tendréis que separar, y nada te habrá preparado para ese momento. Aunque lo sabías desde un principio, nunca lo habías querido afrontar, y entonces será mucho más doloroso. Porque no tienes la capacidad de hacer lo que realmente sientes, de decir ilusamente: “Iré contigo a donde sea, no me separaré de ti nunca, porque eres lo que le da sentido a mi vida.”, porque sabes que es inútil, que no puede ser, que en este mundo egoísta no hay lugar para un amor tan anticuado. Pero tranquilo, seguramente te hayas excedido en la idea que te has formado, siempre pasa. Descubrirás que no es tan increíble ni tan inteligente, y acabarás olvidando y dejando pasar el tiempo. Tu concepción de tus sentidos se resentirá, porque habrás descubierto que son engañosos y poco fiables, y lentamente te consumirá el mismo racionalismo exacerbado que tanta repulsa te causa en los demás, perdiendo tu parte dionisíaca, aquella parte sentimental y caótica, irracional y fantástica de ti mismo, sin la cual tu vida será insulsa, aburrida, horrorosa e infumable.

Dejémonos de pesimismos. ¡Cuántas cosas te quedan aún por vivir! Algunas de ellas serán increíblemente buenas, otras no tanto. Sigamos viviendo, sólo por averiguar hasta que punto somos capaces de crearnos la mejor de las vidas.

Lo he pasado bien en el instituto. Especialmente en este último curso, con la clase, cuando sientes que tienes más libertad, que se te toma en serio, que puedes defender tus ideas. Aunque no se te haga demasiado caso, por lo menos tuvimos el placer de enfrentarnos a la autoridad establecida, de no quedarnos quietos ante situaciones injustas, de criticar como perros, de poner a caldo a todo y a todos (llegué a creernos discípulos de Nietzsche). Y del instituto me llevo no sólo compañeros, sino también algunos muy buenos amigos y sin duda muchos y muy buenos recuerdos. No añado más porque habría que pensarlo bien, y por algo esto es escritura automática (al menos, he intentado que lo sea)

martes, 1 de abril de 2008

Contra Rafa Méndez, profesor de Fama

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Sólo unas pocas palabras sobre este sujeto al que veo todos los días por culpa de mi hermana y su enfermiza obsesión por Fama. Fijaos si me cae mal que voy a hacer una entrada en mi exclusivo blog sólo para él. Debería sentirse afortunado. Bueno, al lío. Este payaso snob se cree moderno por utilizar palabras inglesas continuamente, como Cool, Hot, Energy o su odioso Amazing, cuando en realidad no sabe utilizar ni siquiera la lengua española ("entrasteS"). Además de que llegó, en el culmen de su carrera, a bailar el Baile de los gorilas, haciendo de bailarín secundario de una niña estúpida, es un reprimido sexual que sólo sabe hacer coreografías picantes, para aprovechar en los ensayos y refocilarse con todas las que puede, concursantes o ayudantes. Para terminar, me gustaría saber si alguien está de acuerdo conmigo en que este sujeto:






se parece muchísimo a este otro:



El parecido es clarísimo: La barbilla a lo austria y la expresión ausente lo dicen todo. Me gustaría ver al Pequeño Khali y al Gran Khali echándose un bailecito. Eso es todo por hoy. Hasta otra.

domingo, 30 de marzo de 2008

A contracorriente

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No me gusta El canto del Loco, no me gusta Fito, no me gustan los Backstreet Boys tuneados (los Tokio Hotel), odio High School Musical, Aída, Los hombres de Paco, Sin tetas no hay paraíso, Física o Química, aborrezco Fama, Harry Potter y Yo soy Bea. En Fama sólo hay bailes efímeros y sosos, sin nada de verdadero arte, y un profesor snob que se cree moderno por decir Amazing y Energy. No me compro treinta euros en golosinas, no juego al Pro Evolution Soccer, no soy de ningún equipo, odio el pop y el rock industrial, no me gusta El Internado, apenas aguanto a grupos españoles aparte de Rosendo o Labanda (los Celtas Cortos murieron hace tiempo), ni a los cantantes clónicos, admiro a Rodolfo Chikilicuatre y a Buenafuente (o al menos la imagen que nos venden de él), el Gran Wyoming y El Hormiguero, no me gusta la tele pública, sólo veo lo que quiero en el Plus. No me gusta Melendi, ni Porta, ni el rap español o francés. No me gusta ni Zapatero ni Rajoy, y mucho menos Aznar, Acebes, Zaplana, Aguirre, Bush, etc. No me gusta Obama, me gusta la chica Obama. No me gusta bailar, ni las discotecas. Ni bebo, ni fumo, me pongo con un zumo y asumo mi fuerza de voluntad, como dijo el Maestro Rosendo. Me gustan pocas cosas que le suelan gustar a la gente. Me gustan las pelis de Tim Burton, los videojuegos de acción, las aventuras gráficas a la antigua y los cómics viejos (nada de muertes de superhéroes legendarios, tan de moda). No veo Gran Hermano, Operación Triunfo, La granja de los famosos, Hotel Glamour, Factor X y todas esas gilipolleces que te mantienen pegado a la tele toda una tarde. Odio los telefilmes interminables, cutres y clónicos sobre catástrofes y plagas. No escucho a Maná, Shakira, Rihanna ni grupos similares. Escucho Epica, System of a Down, Linkin Park, Lordi, bandas sonoras, Manowar, Dark moor, Sonata Arctica y otros grupos de tipo rock-punk-heavy-gothic y esas calificaciones tan difusas. Grupos ya viejos como Offspring, Red Hot Chili Peppers o Monster Magnet. Escucho cosas con calidad, en CD y, ocasionalmente, en MP4. Prefiero la calidad antes que la rapidez o la facilidad de difusión. En videojuegos, prefiero juegos viejos y buenos como el ya veterano Gothic, o el Blade The Edge of Darkness antes que basuras con gráficos atractivos como el Conan. Por cierto, también odio que la gente no conozca a Conan más allá de las dos películas de mierda del gobernador de apellido no deletreable. Conan es un personaje profundo de Robert E. Howard, que escribió unos relatos que luego se encargaron de asesinar con esas películas. Los cómics rellenan huecos entre esos relatos, casi siempre con poco acierto. En películas, Burton como director predilecto. Tarantino se suele pasar de la raya como en Hostel o en Grind House (su papel en Planet Terror es repugnante). Películas favoritas, pues La vida de Brian, Los caballeros de la mesa cuadrada, Los visitantes, Sleepy Hollow, Eduardo Manostijeras, Sweeney Todd, y muchísimas más pero menos conocidas, como El poder de un dios o las pelis de serie B de Hong Kong, y las de Bruce Lee. Después de esta parrafada, me despido con esta picante imagen recordándoos que aunque sea distinto a la mayoría, soy un buen tipo.

sábado, 29 de marzo de 2008

Muchas batallas y un funeral, una historia de Tierras de Leyenda

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TIERRAS DE LEYENDA

MUCHAS BATALLAS Y UN FUNERAL


Zarkas se estaba durmiendo en su puesto de guardia. Llevaba horas de pie, apoyado en su arco, y el pesado escudo mágico que pendía de su espalda le agotaba. Unos aullidos lo despertaron de pronto. Sus dos lobos amaestrados estaban inquietos esa noche. Zarkas sacudió la cabeza y oteó el horizonte. Desde luego, Guitrius había buscado un sitio horrendo para instalar el campamento base, un claro de bosque desde donde no se podía ver nada más allá de treinta metros, por culpa de la espesura de los árboles.
Eso, añadido a la oscuridad casi completa de aquella fría y cruel noche de luna nueva, impidió que Zarkas pudiera ver quién se aproximaba, aunque no evitó que oyera los cascos de un caballo al galope. Zarkas se apartó para dejar paso al jinete, sabiendo quién era.

Hetnaset azuzó al caballo y saludó a Zarkas con la mano al pasar. Atravesó el campamento alkarrio en busca de la tienda del líder. Cuando la divisó, bajó de su montura de un salto y entró en la tienda.

-¡No!-gritó Guitrius, dando un puñetazo encima de la mesa con su mano de piel violeta brillante.
-Que sí, hazme caso, Guitrius. Es una gilipollez. Son unos muertos de hambre, te lo digo yo.- dijo Grow, tratando de calmar a Guitrius.
-Grow tiene razón, y mira que yo suelo estar de tu parte, Guitrius, pero lo de la alianza es una memez.- añadió Draskull.
-¡Dejadme en paz, no tenéis ni puta idea!- los tres drows se estaban poniendo nerviosos, y ya estaban echando mano de los bastones mágicos, cuando Hetnaset entró en la tienda, seguido por un jadeante Zarkas.
-¡Ya era hora, nos tenías preocupado! Llevo todo el día con el problema de la alianza, los logos y el chat, Grow no hace más que tocarme los huevos para que ponga el vídeo de ese mariquita de Mika, y ahora vienes tú con tus pomposos aires humanoides y tu altanera mirada, a darme más problemas!
-Tranquilo, Guitrius, te preocupas demasiado.- dijo Grow, acercándose a Hetnaset.-¿Qué tal tu viaje, humano?- Grow acercó su mano al hombro de Hetnaset, pero ante el gesto de repulsa del bárbaro la retiró, encogiéndose de hombros. Hetnaset tenía un problema serio con todo lo mágico, drows incluidos.
-Bien, muy bien. Pero necesito la ayuda de todo el grupo.
-¿Para qué?- preguntó Draskull, intrigado.
-¡Yo soy el jefe!-interrumpió Guitrius, irritado.-¿Para qué?
-Salgamos afuera, aquí apesta a magia.-gruñó Hetnaset.

Los cinco personajes salieron de la tienda y se sentaron en torno a una hoguera que los Alkarrios habían instalado allí para combatir el frío. No muy lejos, Bika y Lukatony luchaban uno contra el otro. Cerca de ellos, Natachy había hecho estallar en llamas el pelo de Ghar’Ba-Kar, que trataba de apagarlo con desesperación. El ambiente era agradable, distendido y jovial.

-Sabéis que hace tres días recibí un mensaje de Rakatán, el Señor Enano de Karak a Hallaf, la fortaleza que está a dos días a caballo de aquí. He ido y vuelto en sólo tres días porque el mensaje era una petición de ayuda. Antes de llevar a todos los alkarrios conmigo, decidí verlo con mis propios ojos, pues Rakatán, como la mayoría de los enanos, tiene fama de quejica. En efecto, la situación era desesperada. Rakatán y yo fuimos camaradas un tiempo, y en más de una ocasión me salvó la vida, así que os propongo que vayamos allí a sacarles de apuros.
-Eh, eh, alto ahí, Fitipaldi. Yo decido si vamos a alguna parte, yo soy el jefe. Hetnaset, ¿qué fue exactamente lo que viste? No voy a exponer a todos mis hombres a un peligro innecesario.
-Si fueras un hombre de verdad, respetarías una deuda de sangre ajena sin hacer preguntas.-Hetnaset sostuvo la mirada de Guitrius. Zarkas se interpuso.
-Esperad, esperad. Si os parece bien, iremos, pero sólo nosotros cinco. ¿Está bien?
-Por mi parte, sí. Nosotros cinco seremos suficientes. Creo que no tienen ni media torta. Es que los enanos son unos tiquismiquis.
-Muy bien, estoy conforme. Pero tengo que dejar a alguien al mando.
-Mañana lo decidiremos.-dijo Draskull.
-Sí, buena idea. Ahora hay que descansar, Hetnaset, y tú también, Guitrius, que llevas todo el día con esa mierda de alianza con los Antares.-Guitrius dirigió una fulminante mirada a Grow antes de volver a entrar en su tienda. Hetnaset durmió al raso, como de costumbre. Zarkas volvió a su puesto de guardia, y Grow y Draskull se fueron a sus respectivas tiendas.

A la mañana siguiente, Guitrius reunió a todos los alkarrios para elegir al que estaría al mando durante su ausencia.
-No sé si elegir a Natachy o a Ghar’Ba-Kar. A ver, el que consiga que me ría antes tendrá el mando temporal de los alkarrios.

Ghar’Ba-Kar permaneció impasible, no era hombre dado a la risa. Natachy, por el contrario, no dudó en prender el pelo de Guitrius. Mientras se lo apagaban Grow y Draskull a base de escupitajos, Guitrius le cedió el mando a Ghar’Ba-Kar.

-¡Muy bien, preparaos, tropa, nos ponemos en marcha! Coged lo necesario, serán dos días de marcha a caballo, sin descanso.-dijo Zarkas.
-¿Cuántas veces he de explicaros quién es el jefe?-preguntó Guitrius, exasperado.

Los cinco camaradas se equiparon debidamente. Zarkas se llevó su arco élfico, su X-box 360 con varios juegos y sus dos lobos de presa, sin olvidar su escudo, al que le había cogido algo de cariño tras muchos años llevándose golpes en su lugar. Hetnaset llevaba su tremenda maza triple de pinchos a la espalda, de modo que dos de las tres filas de púas le salían por el pecho. Pero como buen bárbaro alkarrio, no se quejó ni pidió más que un poco de agua para su caballo. En el brazo izquierdo llevaba su escudo anti-magia, su posesión más preciada, de bronce con figuras en relieve. Los tres magos drow llevaban un equipo parecido. Tanto Grow como Guitrius llevaban sus bastones de humo, que tenían la curiosa y molesta propiedad de arrojar constantemente un humo apestoso que hacía llorar a todos los que estaban cerca. Grow llevaba, además, un escudo negro y redondo parecido al de Zarkas, que le proporcionaba, junto con el bastón, la habilidad de escabullirse como una sombra. Guitrius no había elegido bien su equipo, pues su escudo del viento despedía una agradable brisa que dispersaba el humo de su bastón. Grow cabalgaba a lomos de su magicorpio, un escorpión gigante, mientras que a Guitrius lo transportaban en volandillas Fhada y Ada, dos pequeñas e irritantes hadas voladoras que Guitrius había capturado hacía poco tiempo, con la maza de Hetnaset. Las hadas estaban ahora sujetas a la voluntad de Guitrius, y eran muy útiles para transportarlo por el aire, o para morder los genitales de sus adversarios. Malditas hadas insoportables y cursis. Por último, Draskull, como el último representante (el sexagésimo noveno) de los duques oscuros de Lutaria, llevaba su bastón del viento, sin escudo alguno, e iba montado en su caballo. No obstante, antes de partir, conjuró un tornado que hizo volar a Natachy por los aires, y cambió su bastón del viento por el bastón de la tierra de la elfa, pues le había gustado. Pensándolo mejor, se llevó ambos bastones, además del escudo, las pociones y la bolsa de monedas de Natachy.

Así pues, los cinco camaradas, que habían forjado su amistada a tajo de espada y conjuro de báculo, se dispusieron a partir en ayuda de Rakatán, Señor Enano de Karak a Hallaf. No sabían si volverían, no sabían cuántos volverían, si verían de nuevo a sus camaradas. Pero permanecerían juntos, como amigos que eran, hasta que una espada o el peso de los años se los llevaran a todos.

La fortaleza estaba excavada en una montaña de los Montes Bárbaros, a la que sólo se podía acceder a través de un estrecho paso entre los llamados “Senos de Zuleidy”, dos picos escarpados e imposibles de escalar (pero no por ello menos irresistibles). Hacia allí se encaminaron los cinco alkarrios, guiados por Hetnaset. Guitrius aprovechó para hablar con Zarkas:

-¿Sabes?, estoy preparando un himno para los alkarrios.
-Joder, Guitrius, tú es que no descansas.
-Es que me aburro por las noches.
-Sí, tanta pajilla se hace monótona, ¿verdad?
-Ya te digo. El caso es que sólo tengo el principio:
Esta noche atacaremos
Los rayos rasgarán el cielo
Todos juntos lucharemos...y eso es todo
-¿Ya está? ¿Nada más?
-Ya se me ocurrirá el resto.
-Bueno, déjame en paz un rato, que tengo que pasarme el Darkness.
-Qué pesado, todo el día reventando bombillitas a disparos. A ver cuando te coges un buen manga de One Piece de los de tres millones de páginas.
-Mañana, mañana.

Guitrius se adelantó entonces para hablar con Grow, cuyo magicorpio le estaba dando collejas con el aguijón, cosa que le empezaba a poner de muy mala hostia.
-Oye, Grow, sabes que estoy preparando un himn...
-¡Me da igual! ¡Déjame en paz!
-Oye, tranquilízate.
-No quiero tranquilizarme. Me tranquilizaré cuando le haya arrancado el aguijón a mordiscos a este bicho. Vete a dar una vuelta, petardo.
-Oye, no te pases o tendré que darte una paliza.
-¿Tú y cuántos más?
-Yo,-Guitrius mostró sus puños.-y mis amigos Tacto y Sutileza.
-Vale, tú te lo has buscado.

Los dos magos bajaron de sus monturas: Grow pateó a su magicorpio mientras Guitrius espantaba a las hadas un rato. Ambos cogieron sus báculos y sus escudos.
Mientras Guitrius concentraba su chakra hurgándose la nariz con los índices, Grow le tiró por los suelos el escudo. Acto seguido se ocultó en una espesa nube de humo y sombras, y se deslizó tras Guitrius. Pero para cuando descargó su báculo a modo de garrote, Guitrius ya se había desvanecido. Ambos contendientes se buscaron entre la nube de denso humo negro. Sus tres compañeros se habían detenido, intrigados por saber quién sería el vencedor. Escucharon el desenvainar de dagas y el golpe de un filo contra el escudo de Grow. Un golpe, un quejido y un tajo. El escudo de Guitrius comenzó a hacer su efecto y el humo empezó a disolverse. El primero en salir fue Grow, que llevaba un corte profundo en el pecho, debajo del cuello. Guitrius salió arrastrándose, con una mano en la frente, tocando el chichón que le había causado el tortazo con el bastón de Grow.
-¡Un empate!-dijo Draskull, bajando del caballo para atender a los dos drows.
-Habrá que detenerse para curarlos. De todas formas ya oscurece.-dijo Zarkas. Hetnaset asintió, bajó del caballo y fue a por ramas y leña al bosque cercano.
Después de derribar un par de árboles centenarios a golpe de maza, Hetnaset volvió al improvisado campamento con un pequeño montón de palos, ramas y troncos. Zarkas y Draskull ya habían acomodado a los dos maltrechos duelistas en el suelo, sobre unas mantas. Grow llevaba una venda ensangrentada cubriéndole la herida, mientras que Guitrius tenía un paño húmedo en la frente para rebajar la hinchazón.

-Esto es peor que aquella vez en Aguilar, ¿eh, Guitrius?-dijo Grow entre dientes.
-Cállate, idiota.-dijo Guitrius. De no haber tenido la piel morada se hubiera sonrojado.
-Dejad de discutir de una vez, por favor.-dijo Draskull. Con un pequeño hechizo, hizo arder la leña que Hetnaset había depositado en el suelo. Todos se arremolinaron en torno a la hoguera.
Voy a hacer la primera guardia. Vosotros, a dormir, que ya os despertaré para que me relevéis.-dijo Zarkas. Los demás aceptaron con agrado la proposición y se acostaron.

Zarkas se durmió en su puesto. Apoyado en su arco élfico, no había podido resistir el sueño, de modo que no pudo ver al pequeño grupo de ruidosos orcos que se acercaba, eran unos doce, acompañados por una veintena de apestosos y pequeños trasgos. Les guiaba un orco más grande que el resto, verde y asqueroso, armado con un hacha francamente en mal estado. Uno de los pequeños trasgos, el más rápido, osado y escurridizo, se adelantó para reconocer el terreno. Al localizar al vigía dormido, no dudó en acercarse y arrebatarle el escudo mágico que había dejado en el suelo. Cargando con el pesado escudo, se reunió con sus compañeros. Entre todos cogieron el escudo a hombros y se fueron corriendo, abandonando a los orcos a su suerte. Resultaba bastante cómico ver a veinte diminutos trasgos corriendo como alma que lleva el diablo con un escudo que podía cubrirlos a todos como la tapa de un caldero. Zarkas despertó en aquel momento con los gruñidos de los lobos y, percatándose de la desaparición de su querido escudo, empezó a gritar, alertando a todos los presentes. Sin prestar atención a los orcos ni a sus propios compañeros, soltó a los lobos, montó a caballo y salió al galope tras los trasgos, arco en mano.

Hetnaset y Draskull estaban despertando a Grow y Guitrius, mientras los orcos atacaban con grandes aullidos y entrechocar de escudos. Draskull, utilizando el bastón de Natachy, levantó de la nada una muralla de espinos alkarrios que lo protegería un tiempo. Mientras los melindrosos orcos buscaban la manera de pasar, los cuatro compañeros se pusieron en guardia, preguntándose, intrigados, dónde demonios podía estar Zarkas.
Aquellos trasgos corrían mucho. Tres ya habían caído bajo sus flechas, dos más bajo los cascos de su caballo, y los lobos habían devorado a cinco de ellos. A pesar de haber perdido a más de la mitad de sus efectivos, los trasgos seguían corriendo, alejando a Zarkas del campamento y de sus compañeros. Pero Zarkas no iba a permitir que le quitaran su escudo así como así. Azuzó al caballo, juzgando que sus compañeros se las arreglarían con los orcos.
De hecho, lo llevaban bastante mal. El muro de espino se había marchitado, y los orcos estaban atacando con gran ferocidad. Los magos los rechazaban a base de tornados, arbustos asesinos y nubes de humo tóxico. Hetnaset se lo estaba pasando en grande desgarrando la piel verde de los orcos con su portentosa maza. Mientras un orco alzaba su espada para abrirle la cabeza, Hetnaset le propinó un golpe en el carrillo que decapitó al orco, dejando su fea cara granuda enganchada en la maza. Hetnaset se encogió de hombros y siguió atacando, rociando a los contendientes con sangre verde y sesos de orco. Sólo se oía el crujir de huesos, el derramar de sangre, los gritos de dolor y las súplicas de misericordia. Hetnaset, en parte por su sed de sangre y en parte porque desconocía el idioma orco, hizo caso omiso de súplicas y gritos, y redujo a los orcos a pulpa. Sólo quedó el jefe, a quien los magos habían atrapado con una jaula de raíces. De un golpe de hacha las raíces volaron por los aires y el orco se abalanzó contra Draskull, pero Grow y Guitrius levantaron una espesa nube de humo y sacaron de allí a su compañero. Mientras Draskull lo mantenía a raya con un fuerte viento huracanado, los dos drows, envueltos en humo (Guitrius había abandonado su escudo del viento momentáneamente) lo estaban rodeando dagas en mano. Ambos lo apuñalaron, pero la criatura, riéndose con desprecio, los apartó y los tiró al suelo. Profiriendo un hercúleo eructo, detuvo el huracán de Draskull y se acercó a él para descuartizarlo como a una paletilla fresca. Pero hete aquí que la maza de Hetnaset se interpuso.
El orco volvió a reírse, y dirigió un golpe a la cabeza de Hetnaset, que se arqueó como un gato, saltó como Neo y lo pateó como Morfeo. Al caer al suelo, Hetnaset le arrancó un brazo al orco. Éste, mirando el muñón, sonrió y cogió el hacha con su mano restante, a la vez que le propinaba una patada en el pecho a Hetnaset. La maza aterrizó lejos del bárbaro, y el orco alzó su hacha con una aviesa mueca.
En aquel momento un lobo apareció y se llevó el otro brazo del orco (tenía los dientes muy fuertes). Éste lo miró fijamente, enfurecido, y le soltó una patada al lobo que lo hizo salir volando. El orco cogió el hacha con los dientes.
-¡Eh, Papadopoulos!
El orco se giró para encontrarse con que un jinete cabalgaba hacia él enarbolando un arco. Llevaba un escudo a la espalda.

Zarkas disparó su arco, arrancándole una pierna al orco (sí, era un arco muy potente). Éste intentaba recuperar el equilibrio, pero no vio al segundo lobo, que le amputó la pierna que le quedaba. El orco trataba de arrastrarse hacia Hetnaset con el hacha en la boca, pero Grow y Guitrius se aproximaron y procedieron a separarle la cabeza del cuerpo. El orco se estaba cagando en los padres de nuestros amigos, cuando Hetnaset, de una patada, mandó a la enfurecida cabeza al otro lado del bosque.
-Dios, qué pesado.-dijo Draskull, harto. El campamento quedó en silencio una vez más. Los compañeros se fueron a dormir, dejando a Hetnaset, para quien los combates eran equivalentes a un café bien cargado, de vigía. Se quedó pensando en por qué aquellos orcos les habían atacado sin mediar palabra. No es que le importara, pero no era normal. Ensimismado como estaba en sus pensamientos, no vio que unos ojos lo vigilaban desde la oscuridad del bosque. Tampoco oyó una risa cantarina y una dulce voz femenina que pronunciaba un hechizo de teletransporte. La misteriosa visitante desapareció del bosque. A unos kilómetros de allí, en cierta fortaleza enana, la desconocida apareció de la nada y pasó revista a sus tropas. Éstas se arremolinaban en torno a las puertas del fortín, donde los enanos aún resistían, aunque por poco tiempo.


Por la mañana, restablecidas las fuerzas y los ánimos, los cinco jinetes (XD) se pusieron nuevamente en marcha. Grow y Guitrius estaban ya recuperados de sus heridas, e iban tan campantes montados en su magicorpio y sus hadas cojoneras, respectivamente. Si todo iba bien, al anochecer estarían en Karak a Hallaf.
El día transcurrió tranquilamente. Los cinco compañeros atravesaron los montes bárbaros hasta los “Senos de Zuleidy”. El paso estaba a la vista, estrecho y largo. Tuvieron que pasar en fila de a uno. Hetnaset cabalgaba primero, y Zarkas cerraba la marcha. Avanzaban despacio por indicación de Zarkas, que sabía que el lugar era perfecto para una encerrona.
-¡Shhh! ¡Silencio!-susurró Hetnaset.-He oído algo.- En un instante, un estruendoso sonido retumbó sobre sus cabezas. Una roca alta como dos hombres estaba rebotando de una pared a otra del desfiladero como una mortífera bola de pinball.
Se apartaron a toda prisa, de modo que la roca cayó inofensivamente al suelo con ensordecedor ruido. Zarkas aprestó su arco, apuntó a las alturas y disparó. Se oyó un gemido y un cuerpo cayó al vacío, destrozándose contra las rocas afiladas. Al mismo tiempo, más rocas comenzaron a caer desde lo alto del desfiladero.
-¡Salgamos de aquí!-dijo Guitrius, y comenzó a dar collejas mágicas a Fhada y Ada. Todos apretaron el paso para salvar la vida. Las rocas caían tras ellos, como un siniestro juego de dominó. Aquello era una locura: Dos hombres, tres drows, tres caballos, un escorpión gigante, dos lobos y dos hadas, avasallándose unos a otros por una angosta ratonera, hostigados por invisibles atacantes. Por algún misterioso azar, todos escaparon indemnes, aunque Guitrius perdió su báculo en la huida. Una vez a salvo, registraron los alrededores de los “Senos”, que se suponían imposibles de escalar. Sólo había una mancha de sangre de la criatura a la que Zarkas había herido. El cuerpo habría quedado, seguramente, sepultado bajo las rocas. Draskull mojó un dedo en la sangre, se lo llevó a la boca y escupió, murmurando:
-Orcos.
-¿Por qué nos estarán atacando?-preguntó Grow
-Ni idea. Estas no son tierras orcas, ni hemos hecho nada que pudiera ofenderles- respondió Draskull.
-No, qué va. Sólo redujimos a su líder a fragmentos ensangrentados.-discrepó Guitrius.
-De todos modos, esos monstruos no necesitan razones para pelear. Viven para ello.
-Bueno, basta de cháchara. Continuemos.- dijo Hetnaset.

Durante el resto del viaje no ocurrieron cosas de interés. Draskull le cedió a Guitrius su bastón del viento, con lo que el drow ya tuvo su equipo a juego. Grow trató de sonsacarle a Hetnaset algo sobre Rakatán.

-Así que ese Rakatán te salvó la vida, ¿eh?
-No tengo ganas de hablar, Grow. Sólo quiero llegar a Karak a Hallaf, hacer el trabajo sucio y regresar. Así que déjame en paz.
-Mira, Hetnaset, estamos aquí contigo, acompañándote sin saber adónde, sólo porque te respetamos y consideramos, si no amigo, camarada. Podíamos haberte dado la espalda, pero no lo hicimos, así que lo mínimo que puedes hacer es poner buena cara.

Hubo un momento de silenciosa tensión entre los dos. Finalmente, Hetnaset bajó la cabeza.
-Tienes razón. Conocí a Rakatán cierto tiempo atrás, cuando viajaba solo por la otra punta de Lutaria. Me emboscaron cuatro drows que se habían aliado después de que yo les hiciera morder el polvo por separado. Me tenían en sus manos cuando Rakatán, que pasaba por allí, acudió en mi ayuda. Aún no sé por qué lo hizo, supongo que porque a él tampoco le caen bien ni los drows ni los cobardes, y estos cuatro eran ambas cosas. El caso es que, durante la pelea, pude liberarme y ayudarle. Después, sobre los cadáveres de aquellos cuatro, hicimos un juramento de amistad. Es el tipo más duro de cuantos he visto, y te aseguro que con un hacha y un escudo resistente nadie puede hacerle retroceder ni un palmo en combate.
-¿Y cuál es el problema que tiene exactamente?
-Heredó la fortaleza de Karak a Hallaf de su abuelo Smarrig, junto con toda la guarnición de soldados enanos que la vigilan. En el mensaje que me envió me informaba de que una hueste de orcos se había reunido frente a la fortaleza, y de que su líder se había entrevistado con él. Gerdihanna, una hechicera elfa hermosa y poderosa, había exigido la rendición inmediata de la fortaleza. Me decía que estaba en problemas debido a los poderes nigrománticos de Gerdihanna. Cuando acudí allí para verlo por mí mismo, no vi más que tres docenas de orcos vivos. No vi a la hechicera, ningún demonio o muerto viviente, pero había restos de lucha en el campo. Los muros exteriores de la fortaleza estaban hechos pedazos, y los cadáveres de enanos estaban desparramados como hojas en otoño. En la fortaleza debía haber sus buenos trescientos enanos como tropa regular. Calculo que había más de doscientos cadáveres de enanos y otros tantos orcos. Por eso no insistí en que viniéramos todos. ¿Qué pueden hacer unos meros cuarenta orcos y una hechicera contra tres magos y dos guerreros de entre los más bravos de Lutaria?
-No sé si es de sabios estar tan confiados. No viste el interior de la fortaleza, puede que allí haya más tropas orcas. Tal vez los enanos están muertos y Gerdihanna nos está esperando allí. Todo parece indicar que los ataques orcos son obra suya.
-Bueno, no te preocupes. Improvisaremos. Eso siempre se nos ha dado bien.

De pronto, se escuchó un grito de Zarkas:

-¡¡Noooo!! ¡No te atasques, maldita freidora! ¡Ya lo tenía!- Zarkas estaba furioso, golpeando a su caballo con los restos de un mando inalámbrico.

El sol empezaba a descender hacia el horizonte cuando Zarkas vio, con su vista de lince, cierta silueta recortada contra el astro rey.
-Es una fortaleza. ¡Hemos llegado a Karak a Hallaf!
-¡Al galope, seguidme!- Guitrius empezó a propinar tobitas a Fhada y Ada con impaciencia, para que aumentaran su velocidad. Hetnaset, Zarkas y Draskull azuzaron a sus caballos, y Grow se resolvió, nervioso, sobre la silla de montar de su magicorpio, cuyo ritmo de marcha era más que lento.
Los cinco compañeros llegaron a la fortaleza cuando ya había oscurecido. Dejaron a los caballos y al magicorpio atados a unas farolas y se hicieron una foto de grupo frente a la puerta de la fortaleza con el móvil de Guitrius.
-Bueno, entremos.-dijo Draskull.
-Espera, que la estamos admirando.-repuso Grow. En efecto, la fortaleza de Karak a Hallaf, excavada en la roca, se alzaba majestuosa y enorme. En sus alrededores no había rastro de cadáveres, armas ni restos de campamento alguno. Sobre las almenas de la fortaleza, según informó Zarkas, no había rastro de soldados enanos. La puerta, de roble, parecía gruesa y pesada.
-¿Llamamos?-preguntó Draskull.
-Llama, hijo, llama.-accedió Guitrius.
Draskull se adelantó y golpeó la puerta con los nudillos. “Ti, ti-ri-titi, pum, pum”. Los alkarrios esperaron, conteniendo el aliento. Los goznes de la puerta empezaron a chirriar estridentemente. Las cabezas de nuestros cinco amigos, alineadas, se asomaron al oscuro interior de la fortaleza, como si fueran los siete lascivos enanitos asomados a la habitación de Blancanieves. Ante la ausencia de peligro, decidieron entrar, pero adoptaron una formación defensiva. Zarkas iba en el centro, rodeado por los tres magos, y Hetnaset cerraba la marcha, maza en mano.

De esta guisa avanzaron por los altos y oscuros salones de Karak a Hallaf, sujetos los techos de piedra por enormes columnas de piedra decoradas con hermosos relieves que representaban escenas enanas de guerra y paz. Ejércitos enanos enfrentándose a orcos, elfos o drows. Grandes héroes y reyes en duelos contra caudillos orcos y príncipes élficos. Fastuosos banquetes en los grandes salones para celebrar victorias o períodos de paz. Alianzas y juramentos de honor entre fortalezas y clanes, festejados con música y bailes. Escenas para animar el corazón de quienes las admiraran. Escenas que nuestros compañeros pudieron observar gracias a las antorchas fijadas a las columnas que los magos, solícitos, encendieron a base de chasquidos de dedos al más puro estilo Bioshock.
-El caso es que no se ve un alma.-dijo Grow.
-Ni un sólo cadáver. Es curioso.-admitió Guitrius.
-Esperad. Estamos llegando al fortín, la parte más escondida y el último bastión de la fortaleza.-dijo Hetnaset.
-Sí, Hetnaset, sabemos qué es un fortín.-dijo Zarkas.
-Se cree que somos tontos.-se burló Draskull.
-Dejadme en paz, abortos de extraterrestre.-dijo Hetnaset, enfurruñado.-Hemos llegado.
En efecto, ante ellos se alzaba una pesada puerta de hierro llena de runas de protección. La puerta estaba abierta de par en par, dejando libre el paso al fortín.
-Si queda algún enano vivo, lo encontraremos aquí. Aunque tal vez los orcos ya se hayan marchado.-dijo Grow.
-Pero no hay rastro de cadáveres, y convendréis conmigo en que eso es algo muy raro en un campo de batalla.-dijo Zarkas.
-Bueno, en seguida sabremos qué es lo que ha ocurrido.-Hetnaset se puso el escudo en el brazo izquierdo, apretó la maza con fuerza y entró el primero. Zarkas se aseguró de que el carcaj estaba lleno y a mano, y colocó una flecha en el arco. Grow preparó su conjuro más potente y se cercioró de que su daga estaba en el cinto. Guitrius pateó al lobo que trataba de olisquearle la retaguardia, y cogió el báculo del viento y el escudo del viento, preparando un hechizo de tornado. Por último, Draskull trató de controlar las raíces subterráneas para que rompieran el suelo y las paredes de piedra en caso de necesidad.
En resumidas cuentas, los cinco amigos se pusieron en guardia y entraron en el fortín. Grande fue su sorpresa al descubrir una figura femenina, iluminada a pesar de la oscuridad reinante.
-¿Quién eres?-dijo Hetnaset. La desconocida se rió. Su risa dulce y melodiosa hizo temblar los corazones de los aventureros.
-¡Muéstrate!-ordenó Guitrius, y alzó una mano para encender las antorchas de la sala.
En ese momento, la figura extendió los brazos y la extraña luz que parecía emanar de su cuerpo se intensificó hasta cegar a nuestros amigos.
-Eh, tranquila, que no estamos en Idhún. Aquí, en Lutaria, no se llevan esas horteradas.- se burló Grow, conjurando una barrera de humo para detener la luz. La desconocida volvió a reírse, y Grow pudo ver, a través del humo, el más denso que podía crear, cómo los ojos de la mujer resplandecían. Acto seguido, la luz aumentó aún más. Grow creyó que incluso se volvía sólida cuando el humo se disolvió y el drow fue proyectado hacia atrás por una fuerza increíble.
-Habla de una vez, mujer, antes de que te clave en la pared por los hombros.- amenazó Zarkas, tensando el arco y tratando de ver algo en medio de la cegadora luz.
-De acuerdo.-La mujer bajó la intensidad de aquella luz misteriosa que parecía partir de sus ojos, y los cinco alkarrios pudieron observarla.
Se trataba de una elfa hermosísima, armada con un báculo de madera con piedras preciosas engarzadas. Vestía una vaporosa túnica, un cinto de cuero y unas sandalias. Su delicado cabello rubio estaba suelto, y caía desordenada y graciosamente sobre sus hombros. Su figura y su rostro eran perfectos. Sus labios eran carnosos, rojos y apetecibles, su nariz pequeña y sus ojos, azules, se asemejaban a dos estrellas recién formadas.
Por supuesto, los cinco compañeros quedaron boquiabiertos.
-Vaya pedazo de tía, tronco.-dijo Guitrius en voz baja.
-Sí, yo le metía de todo menos miedo.-admitió Grow, con voz lasciva.
-¡Ven aquí, rubia, a que te dé lo tuyo!-gritó Zarkas. La elfa se giró hacia el arquero, que había bajado el arco y tenía una mano sobre la bragueta, sonrió y levantó una mano. Zarkas salió despedido contra Guitrius y Grow. Los tres cayeron al suelo. La elfa se dirigió entonces a Hetnaset.
-Tú eres el tipo de quien hablaba Rakatán. El que iba a traerle refuerzos. ¿Acaso es esto todo lo que has traído?-se rió la elfa, mirando con desdén a los tres compañeros que se ponían de pie.
-Es más que suficiente para acabar contigo. ¿Dónde está Rakatán?
-Eso ya no importa. Karak a Hallaf me pertenece a mí, Gerdihanna, y vosotros sois intrusos. Adiós, aventureros. No volveréis a ver la luz del sol. Permitid que os presente a mi ejército.
Gerdihanna dio una palmada (sí, sujetaba el báculo con las rodillas), y de los oscuros rincones del fortín comenzaron a aparecer unas figuras tambaleantes.
Nuestros amigos pronto se dieron cuenta, por el arrastrar de pies y los gemidos de dolor, de que sus atacantes eran muertos vivientes, los llamados zombis (o zombies, para ser más correctos). Cuando las figuras salieron a la luz, pudieron ver que se trataba de orcos y enanos muertos, que habían regresado a la vida por algún impío y malsano embrujo nigromántico. Los valientes enanos que habían muerto luchando por defender sus dominios se arrastraban ahora, con las heridas abiertas, los escudos y los yelmos mellados y las hachas ensangrentadas, junto a aquellos con quienes se habían batido el cobre, los orcos, tan muertos, y tan vivos, como ellos. Constituían una desasosegante imagen de patetismo, de lo inútiles y débiles que pueden ser las decisiones de los hombres, y de lo poco que pueden hacer por cambiar las cosas cuando éstas realmente se tuercen. Frente a ellos, los cinco amigos representaban la imagen contraria, de firmeza, valor y trabajo en equipo, de lo que puede contar la voluntad de uno cuando está respaldado y firmemente decidido a no cejar en su empeño y a no ceder ni un palmo de terreno. Después de este momento de tragedia y dramatismo, proseguimos con el cachondeo y las entrañas desparramadas que tanto nos gustan a todos.
Gerdihanna se había retirado para dejar trabajar a su ejército. De hecho, decidió apoyarlos convocando a unas cuantas criaturas mágicas. De su bolsa extrajo un papel. “Vale por cinco perros infernales”, leyó, y acto seguido cinco nubes de humo aparecieron de la nada y cobraron la forma de cinco horrorosos animales de tipo lobuno, sin piel y chorreando sangre. Sus colmillos apenas les cabían en las bocas. Por si fuera poco, Gerdihanna rebuscó otra vez en su bolsillo Doraemon y sacó un sobre sorpresa. Lo abrió y vació el contenido sobre el suelo. Una pequeña criatura humanoide y verde empezó a crecer lenta pero inexorablemente.
Mientras tanto, los alkarrios adoptaron la posición de combate, con Hetnaset y Zarkas en la vanguardia y los magos en retaguardia. Los perros infernales se estaban rascando las pulgas, arrancándose jirones de carne en el proceso, y el monstruo verde apenas tenía el tamaño de un niño de seis años. Los alkarrios se infundieron ánimos:

-¡¡Aquí es donde nosotros pelearemos, aquí es donde nosotros triunfaremos, y aquí es donde ELLOS caerán!!-gritó Guitrius, el líder del grupo.

-¡Somos alkarrios, hemos nacido para este momento y se lo haremos ver.- aulló Zarkas!

-¡Por los alkarrios, por la gloria!-gritó Grow.

-Luchad sin temor, sin piedad y sin descanso y la victoria estará asegurada.- dijo Draskull.

-No me gustan las frases de ánimo. Matadlos a todos y punto.-dijo Hetnaset, cansado.
-Sólo por si acaso, ha sido un honor haber luchado a vuestro lado, compañeros.-dijo Guitrius, a quien se le caían las lágrimas. Todos se palmearon la espalda y se dispusieron a atacar.

Centrémonos en cada uno de los luchadores, por separado. El primero entre ellos, el que causaba mayor daño a sus enemigos era, claro está, Hetnaset. Con su monstruosa maza erizada de púas arrancaba la carne de los huesos de los muertos vivientes, que se movían mucho más despacio que el bárbaro. Era para él un juego de niños descuartizar a todo aquel que se le acercaba, e incluso se adentraba voluntariamente en las filas enemigas. Su rostro era una extraña mezcla de rabia y oculto placer, mientras segaba extremidades, deleitándose en cada golpe, parada y esquive.
En aquel momento, un perro infernal se lanzó hacia Hetnaset. El bárbaro dejó escapar un aullido de alegría y salió corriendo hacia el animal en lugar de preparar una defensa sólida. Al tiempo que el perro saltaba con las patas en tensión y la boca abierta, Hetnaset descargó un golpe con su maza. Por supuesto, el bárbaro aplastó la cabeza del perro sin dificultad. Se limpió la sangre de la cara con la mano y miró a su alrededor. Tres cadáveres de enanos caminaban hacia él. Dos de ellos estaban armados con martillos, pero el tercero llevaba un hacha y un escudo. Su yelmo con cuernos mostraba que era alguien importante. Hetnaset se dio cuenta, aterrado, de que el enano no era otro que su amigo Rakatán, a quien había venido a salvar.
-¡Rakatán! ¿Qué te ocurre, amigo?- por toda respuesta, el enano dejó escapar un gemido de dolor y alzó el hacha al tiempo que seguía avanzando hacia el bárbaro.
-¡Hetnaset! ¡Es un zombie! ¡Acaba con él, ya no te reconoce! ¡Te matará!-le gritaron sus camaradas.
-¡Nunca! ¡Es mi amigo!
Los enanos se acercaban. Hetnaset derribó con facilidad a los dos compañeros de Rakatán y le puso la maza en el pecho a este último.
-¡Detente!
Rakatán ignoró las afiladas púas y siguió caminando, dejando que la maza le atravesara. Hetnaset tenía que tomar una decisión. Rakatán estaba a punto de rebanarle la cabeza. El enano comenzó a bajar el hacha.
-¡Perdóname, amigo!- dijo Hetnaset, con una lágrima (pequeña, eso sí) en el ojo. Extrajo la maza, la volteó y decapitó al cadáver andante. Acto seguido, se arrojó al suelo golpeándolo con los puños.

Zarkas se había situado con la espalda cubierta por una pared de piedra, y desde ella asaeteaba a los zombies que veía. Sus lobos permanecían cerca de él, acabando con todo aquel que lograba evitarle, y el escudo mágico permanecía a su espalda, por si acaso. Por suerte, tenía flechas más que de sobra (es algo que nunca he entendido), y todo le fue a pedir de boca hasta que un perro infernal se fijó en él. Zarkas se dio cuenta y ordenó a sus lobos que atacaran, mientras la enorme criatura corría hacia él. Al mismo tiempo, preparó una flecha antidemoníaca (sí, el carcaj de Zarkas tiene muchas frikadas) y esperó hasta el último momento. El perro infernal no detuvo su acometida aunque llevaba a cada lobo mordiéndole un cataplín. Zarkas aguantó para no errar el tiro. El perro saltó hacia él. Apoyó sus patas traseras en el pecho del arquero. Abrió la boca y... le arrancó la cabeza a Zarkas de un mordisco.


Que no, que era una broma. Zarkas le metió la flecha entre pecho y espalda y el perro infernal desapareció sin dejar rastro.

Grow hacía gala de sus habilidades para escabullirse y escapar. Envueltos él y sus adversarios en una espesa niebla, era fácil para el drow esquivar los torpes golpes de los orcos y enanos, apartarse y atacar con la daga. Cuando se percató de que una daga no era la mejor de las herramientas para enfrentarse a unos tipos que ya estaban muertos, probó a usar el báculo como garrote. “Sí, mucho mejor” pensó Grow con placer, al desgajar el brazo de un orco con un potente golpe. Es cierto, estos zombies son de plastilina, ¿y qúe? Son los malos, así que deja ya de darme la brasa y disfruta.
Grow se fijó en un perro infernal que estaba perdido entre la niebla. Se acercó, sigiloso, a la bestia, y le arreó un buen golpe en las costillas.

El bicho se dio la vuelta. Sus ojos eran dos sangrientos rubíes. Grow agitó el bastón para crear algo de niebla, pero un chisporroteo le hizo saber que se le habían acabado las pilas. El perro se lanzó sobre él, pero Grow tuvo tiempo de interponer su escudo, que por alguna razón empezó a expeler humo en la boca de la criatura. Cuando el pero empezó a ponerse verde, dejó de intentar descuartizar a Grow, que pudo reducirlo a pulpa. Acto seguido, se fue un rincón a intentar apañar su equipo para que no hiciera lo que le viniera en gana.

Draskull trataba de sacarle partido a su arma, pero las raíces no acababan de salir. Por lo tanto, se entregó a un combate frenético y muy poco elegante, utilizando como arma el escudo de jade que le robó a Natachy. Con él les aplastaba la cabeza a los zombies como si fueran melones maduros. Su bastón no dejaba de intentarlo, pero no había nada que hacer. Se encontraba en un lugar tan profundamente ubicado en el seno de la tierra que pocas eran las plantas que se atrevían a crecer allí. De todos modos, las escasas raíces que oyeron la llamada del báculo de la tierra crecían a marchas forzadas, horadando la tierra y las duras rocas en dirección a Karak a Hallaf.

A Draskull se le puso por delante otro perro infernal al que no dudó en aporrear con el escudo lleno de sangre y abolladuras. La criatura era resistente y respondió echando a Draskull al suelo de una embestida y tratando de desgarrarle la garganta de un mordisco. Draskull no se amilanó y le dio a probar su escudo. El desdentado perro terminó por caer bajo los golpes y Draskull pudo volver a concentrarse en su hechizo.

Mientras tanto, Guitrius repartía viento y garrotazos a partes iguales. Cuando sentía que los enemigos le empezaban a rodear, un tornadillo se encargaba de alejarlos para que pudiera manejar el báculo a gusto. Un enano zombie que se le puso por delante perdió una pierna y cayó al suelo, donde Guitrius le pisó la cabeza mientras decapitaba a un orco que tenía una flecha clavada en un ojo. El último perro infernal no tardó en caer bajo los golpes del drow, que se encaró con la criatura verde, que ya tenía la altura de tres hombres. Era una criatura humanoide, de piel y pelo verdes, monstruosamente musculosa. Vestía un par de pantalones rotos de color morado. Guitrius se quedó boquiabierto. Sus compañeros le rodearon. Guitrius señaló a Grow, Zarkas y Hetnaset, gritando:
-¡Ja, os lo dije! ¡Yo tenía razón, jodéos! ¡Ahora veréis, dejadme sitio!
Los cuatro se apartaron, ocupándose de la interminable horda de zombies que no paraban de llegar. La criatura hizo gala de sus músculos clavando sus poderosos dedos en el suelo y arrancándolo, haciendo tropezar a Guitrius (tropezar y casi abrirse la cabeza)
-¡Hulk! ¡Aplasta!- aulló el monstruo verde, lanzándose sobre Guitrius. El hechicero levantó el báculo, y murmuró un hechizo. El tal Hulk se dio de bruces con una pared invisible que Guitrius había creado. Para cuando se dio cuenta, la pared se había convertido en una jaula de la que nadie podía escapar, y con poco aire en su interior. Hulk pronto se cansó de golpear inútilmente las paredes y, respirando con dificultad, se sentó en el suelo. En pocos minutos, Hulk se transformó en un humano corriente, flacucho y con pinta de friki y de llamarse Bruce Banner. Guitrius, después de preguntarle dónde había conseguido aquellos pantalones, hizo desaparecer la jaula y dejó que se fuera.
Además de los zombies, que poco a poco ganaban terreno, Gerdihanna estaba por allí, levitando. Hetnaset, que todavía estaba tocado por la muerte de su amigo, dirigió su mirada más terrible de tipo duro a la hechicera elfa que había provocado aquella tormenta de dolor, muerte y destrucción. Apretó la maza con ambas manos, sus ojos se entrecerraron y sus dientes rechinaron. Su rostro se puso morado y le empezaron a silbar los oídos. Le hizo una seña a Guitrius para que el grupo se reagrupara y salió corriendo hacia la elfa, arma en mano.
Guitrius llamó a sus compañeros, que se reunieron en torno a él. El drow plantó su báculo sobre el suelo de piedra, donde se quedó flotando. Un tremendo huracán alejó a los zombies sin afectar a ninguno de los cinco amigos ni a la elfa.
-¡El viento no durará mucho tiempo! ¡Esperemos que Hetnaset salga vencedor!
-¿No intervenimos?-preguntó Draskull.
-Es su batalla. No actuaremos a menos que sea preciso.

Hetnaset corría hacia Gerdihanna, derribando zombies a cada zancada. Nada podía detenerlo. Maldecía entre dientes, los ojos fijos en su objetivo y la maza estrujada entre las manos. La hechicera se dio cuenta del adversario que estaba echándosele encima, dejó de levitar y se preparó para recibir a su enemigo. Murmuró un hechizo, y el báculo se alargó y aparecieron dos cuchillas de acero a cada extremo como por arte de magia. XD. Gerdihanna también sabía defenderse en el cuerpo a cuerpo, como Hetnaset iba a comprobar en pocos instantes.
Hetnaset dio dos zancadas, como si fuera a hacer un mate de baloncesto, saltó y descargó la maza con todas sus fuerzas, que no eran pocas. Gerdihanna interpuso el bastón, que resistió el golpe gracias a su resistencia mágica, y lo giró para rebanarle la cabeza al bárbaro. Éste se echó atrás y volvió a la carga. La elfa era endiabladamente rápida y no daba un momento de tregua, ni perdonaría un descuido. Hetnaset puso los cinco sentidos en el combate y luchó como nunca antes lo había hecho, con furia, pero con tenacidad y paciencia, buscando puntos débiles y midiendo las habilidades de Gerdihanna. La elfa era un torbellino de cuchillas. Parecía Bruce Lee en aquel vídeo de YouTube donde el chinorris pelea con toda una escuela de artes marciales japonesa con unos nunchakus. Por si no fuera suficiente con sus armas también soltaba de vez en cuando alguna patada giratoria de Chuck Norris que le volvía la cara del revés a Hetnaset. El bárbaro no era imberbe (Pablito clavó un clavito), y los moratones y los cortes que comenzaban a cubrir su piel le enfurecían cada vez más. Sus golpes eran más y más devastadores, hasta que llegó un punto en que Gerdihanna perdió el equilibrio por un mazazo y cayó al suelo.
-Por Rakatán.-dijo Hetnaset, y descargó un golpe. Pero la elfa ya no estaba allí. Se había teletransportado tras el bárbaro...y su báculo le desgarraba los intestinos. Gerdihanna extrajo la enrojecida punta y empujó al bárbaro, que ya no se levantó.

Guitrius, Zarkas, Grow y Draskull no daban crédito (por lo que no pudieron pedir un préstamo) a sus ojos. Hetnaset, el malote, el bárbaro salvaje y asesino, el invencible, había caído. Los cuatro compañeros se rasgaron las vestiduras y se arrancaron los cabellos. Draskull clavó su bastón en el suelo, no para invocar nada, sino por pura frustración. Sorprendentemente, la raíz aquella de los huevos salió, grande y gruesa, justo bajo la túnica de la sonriente elfa. La penetró (no, no es un laísmo, es una guarrada) y la dejó clavada, con la punta saliéndole por la boca.
-Vaya, parece que ha mordido más de lo que podía tragar.- dijo Zarkas.
-Ja, ja, así que comía con el...-dijo Draskull, asombrado.

Los cuatro camaradas se acercaron al lugar donde habían caído Hetnaset y Gerdihanna. El bárbaro tenía una expresión de sorpresa e incredulidad. La elfa tenía una extraña cara de secreto placer.
-¡Los zombies!-gritó de pronto Grow. Efectivamente, el viento se había disipado, y los odiosos muertos vivientes les habían rodeado una vez más. El cerco se estrechaba, y los compañeros se disponían a vender caras sus vidas, cuando oyeron unos gritos de guerra. De inmediato, dos docenas de guerreros, humanos, elfos, drows, enanos, hombres y mujeres, irrumpieron en el salón entre alaridos y aullidos, derribando a los zombies como si fueran bolos.
-¡Los Antares! -gritó Zarkas.
Guitrius no cabía en sí de gozo. Se giró hacia sus camaradas y les gritó con superioridad:

-¡Conque era una gilipollez! ¡Conque eran unos muertos de hambre! ¡Ja,ja! ¡Soy el mejor! ¡Vencí a Hulk y os he salvado a todos! ¡Vamos, venid aquí, zombies asquerosos! ¡Acabaré con todos vosotros y con todos los villanos de Marvel, DC y Dark Horse comics! ¡No os tengo miedo!

Zarkas, Grow y Draskull bajaron la cabeza. Efectivamente, si seguían vivos era única y exclusivamente gracias a la previsión de Guitrius. Los Antares seguían enfrascados en su desagradable tarea, cargándose a los zombies. Había para todos: para los altos, para los bajos, para los gordos, para los flacos, para los feos, para los guapos, para los rubios, para los morenos...para todos. Guitrius se reunió, cuando le fue posible avanzar entre tantos cadáveres, con el jefe de los Antares. Se estrecharon las manos y empezaron a charlar como si tal cosa. Los Antares habían ido a visitar a los alkarrios, pero se había encontrado con que en el campamento faltaban el jefe y sus lugartenientes. Cuando Ghar’Ba-Kar le explicó dónde habían ido, el líder Antares se estremeció al oír el nombre de Karak a Hallaf. Precisamente habían pasado por allí de camino al campamento alkarrio y se habían encontrado con un asedio a la fortaleza, con un ejército orco con el que no se arriesgaron a entablar combate. Por eso, al oír que sus aliados habían salido de camino hacia allí, les siguieron a marchas forzadas. Y llegaron a tiempo.
Ya en el exterior de la fortaleza, Grow, Guitrius, Zarkas y Draskull levantaron una pira para Hetnaset, frente a la puerta de Karak a Hallaf. Sobre el altísimo montón de leña colocaron el cadáver de su amigo, con la maza sobre el pecho, sujeta con ambas manos. Colocaron una moneda bajo su lengua para que el bárbaro pudiera pagar al barquero que le llevaría a la otra vida. Fue una ceremonia austera, adecuada al cadáver del difunto. Cada uno de los compañeros puso junto al cuerpo un presente. Grow le dejó el juego de Hulk, “porque es más tuyo que mío, la verdad”, dijo entre sollozos. Draskull le dejó el báculo que le había vengado. Zarkas le regaló la X-Box con el Spiderman 3, “Te lo mereces, para que no te aburras en la otra vida”, y Guitrius...Guitrius le devolvió el Blade a su amigo. “Más vale tarde que nunca”, dijo. Por último, los Antares le rindieron toda clase de homenajes. Guitrius fue el encargado de encender la pira. Los cuatro camaradas se quedaron hipnotizados por la gruesa columna de humo que se elevaba hacia el cielo gris y deprimente, la escalera que transportaría al espíritu de Hetnaset hacia su nueva vida de peleas y banquetes en compañía de héroes legendarios.
Los alkarrios se pusieron en marcha. Volvían al campamento. Cinco salieron de él, y sólo cuatro regresaban. Guitrius iba absorto en su escritura, de modo que Zarkas se aproximó y echó una ojeada al pergamino en el que Guitrius escribía:




“Esta noche atacaremos
Los rayos rasgarán el cielo.
Todos juntos lucharemos
Seguro que muchos caeremos
Pero siempre recordarán que les plantamos cara,
Y todos morirán bajo mi espada.”