viernes, 22 de julio de 2016

Cambio

Ha pasado un tiempo considerable desde la última vez que publiqué algo en este blog. Y tiene su explicación. "Estará ocupado", "no estará inspirado", "no le ha pasado nada digno de mención"... Pues no. Es verdad que desde que volví de Portugal estoy más ocupado que nunca y que necesito dosis extra de disciplina Lacerta para poder hacer las cosas medianamente bien en este entorno de superestímulos y perdederos de tiempo.

Podría escribir alguna reseña de un juego o de un libro; he jugado a algunos clásicos y a algunas novedades muy interesantes, y poco a poco pero sin detenerme voy dejando atrás una pila de libros leídos que aumenta. Pero... hay otra cosa.


En este blog he escrito muchas cosas con las que ahora mismo no me identifico en absoluto. No me arrepiento de ellas, porque creo que trazan mi recorrido y cuentan una historia, pero ya no las volvería a escribir. He visto dar un giro de 180 grados (o incluso de 720 grados) al panorama político en España y en el resto del mundo. Conceptos, ideas y organizaciones que contaban con mi simpatía, la han perdido. Yo siempre he pensado que la derecha era la opción de la ideología inflexible, de la religión dogmática. Que era la opción fácil, pero que nos llevaba a un desastre inevitable. Y he visto a la izquierda como la opción de los librepensadores, de quienes razonan y escuchan, de quienes luchan por cambiar el sistema y mejorarlo. En pocas palabras: los tontos y borregos frente a los listos e iluminados. Pero ya no lo tengo tan claro, ahora todo me parece mucho más gris y ya no lo veo en blanco y negro.

Los conceptos subyacentes, políticos y económicos, pueden ser objeto de debate (más o menos impuestos, mejorar al individuo o a la sociedad, economía libre o controlada por el Estado...), y lo han sido durante siglos. Pero se ha instalado en el seno de la izquierda una cultura de lo políticamente correcto que se sabe en posesión de la verdad, y que por lo tanto se considera legitimada para silenciar y censurar a las opiniones contrarias. En temas de inmigración, de género, de medio ambiente... nunca se trata de debatir y sopesar dos opciones igualmente válidas. No, una de ellas tiene que ser "la opción buena, la opción del progreso", y la otra es simplemente una aberración fruto de mentes rancias, y que es digna de vergüenza, y de ser silenciada. Las políticas de identidad son la norma: tu color de piel, tu sexo o tu orientación sexual nos dicen todo lo que necesitamos saber de ti, y permiten asignarte cualidades y defectos alegremente, y decidir si necesitas ser alabado y apoyado como víctima de las injusticias del sistema, o bien criticado y humillado por ser el niño mimado del sistema. El prejuicio y la discriminación (racial y sexual, entre otros), legal y políticamente aceptados de manera selectiva.


Y cuando se le da a una de esas ideas o posiciones políticas el poder absoluto de ser "lo bueno, lo que hay que apoyar", se abre una vía para el abuso de poder, para instaurar poco a poco una verdad ideológica incuestionable, un dogma que ocupa el lugar que antes ocupaba la religión. No me cabe duda de que hay muchas personas que no confían en la religión, pero que aun así sienten la necesidad humana de agarrarse a algo fijo, a algo que "sepan" que es verdad. No engañan a nadie, no son más iluminados que los demás, ni más valientes por atreverse a "salir del redil". No, se han creado su propio redil, se han encerrado en él y han tirado la llave.


Antiguamente, la manera de demostrar que tenías superioridad moral, que estabas en el lado de los buenos, que te merecías el aprecio de tus vecinos, era afirmar la fortaleza de tu fe, o la pureza de tu raza, o la virginidad y castidad de tu sexualidad. Ahora, hemos ido destruyendo todo eso pero, incapaces de mantenernos en pie por nosotros mismos, hemos creado nuestro propio ídolo. Ahora, si una persona quiere ganarse a sus iguales, ¿qué es lo que tiene que decir, y qué es lo que bajo ningún concepto tiene que decir? Pensadlo, y pensad en las consecuencias de que existan temas tabú, cuestiones que se dan por hecho. Igual que los iraníes, que son todos religiosos oficialmente pero entre ellos (incluso entre amigos íntimos) prefieren no hablar de su verdadera opinión religiosa por miedo a que alguien los denuncie. O los de Corea del Norte, que son todos muy patrióticos de cara al líder. Y aquí (a otro nivel, claro está; aquí todavía no te fusilan ni te ahorcan), está empezando a haber consecuencias sociales, económicas y laborales para el que manifieste la opinión "incorrecta", y por lo tanto la gente prefiere callarse la boca y no decir lo que piensa, asentir con la cabeza haciendo una reverencia para seguir disfrutando del aprecio de sus conocidos y poder tener la posibilidad de trabajar. Es la misma mierda que hemos tenido siempre los seres humanos, no os engañéis.


En mi experiencia, la izquierda ha sido la opción de los jóvenes rebeldes. Aquellos que empiezan a experimentar las limitaciones del sistema, y que desean derribarlas y cambiarlas por algo que les permita disfrutar de la libertad que se empieza a perder, en cierto sentido (en otros muchos sentidos, se gana), cuando uno se hace adulto. Pero ahora, en este momento, tanto en España como en Estados Unidos y en muchos otros lugares, la izquierda se está convirtiendo en la opción del dogma (del dogma laico, pero un dogma de padre y muy señor mío) y del razonamiento emocional. Y la derecha, por algún extrañísimo giro del destino, se está convirtiendo en la opción de la libertad de expresión. Veremos qué forma va tomando todo esto.



No hay comentarios: