martes, 10 de marzo de 2015

Broken Sword 2: The Smoking Mirror




Hace ya algún tiempo, después de jugar a Beneath a Steel Sky, me decidí a probar la segunda parte de Broken Sword: The Smoking Mirror. Y la sensación fue… nada fuera de lo normal. Para más inri, la tercera parte no me funciona, y el CD lo tengo en España, en algún rincón. Así que, con algo de frustración, vamos a hablar hoy, brevemente, de Broken Sword: The Smoking Mirror.


Una aventura gráfica necesita una buena historia, porque ya sabemos que los gráficos no van a ser nada fuera de lo común, y que la jugabilidad se va a limitar a hacer clic sobre diferentes puntos activos, resolver enigmas y fusionar objetos. En una aventura, la trama tiene que ser absorbente, y sabemos que en Revolution Software son capaces de hacer una historia soberbia, como ocurrió en la primera parte, Shadow of the Templars. La aventura parisina de George Stobbart es ya un mito de los videojuegos, y la sensación de peligro cada vez que aparece el asesino Khan, el misterio del tapiz que poco a poco se va desvelando… y el humor descacharrante que destilaban los diálogos cada dos por tres… casi todo es perfecto. Y The Smoking Mirror me pareció… soso. Estaba bien construido, y los escenarios eran muy variados, pero… me pareció mucho más lineal y limitado que el primero. En este juego, la mayoría de las veces te dan el control cuando ya te encuentras en una zona limitada, y sólo puedes moverte entre tres o cuatro pantallas. La sensación de libertad del primer juego, en el que eras tú quien decidía a dónde ir en cada momento, si volver a esa especie de “cuartel general” que era el piso de Nico, o coger un avión y marcharte a alguno de los tres países que se podían visitar… han desaparecido. Ahora tenemos un orden muy concreto en el que tenemos que resolver los problemas y desafíos, y el juego desprende un tufo a “pasillo” que no puede con él. En cuanto a la trama en sí, nos situamos un tiempo después del primer juego. George Stobbart, nuestro intrépido protagonista, acaba de regresar de Estados Unidos tras verse obligado a separarse de Nicole Collard, su compañera de aventuras y la mujer por la que bebe los vientos. Nuevamente en París, Nico le pide que le acompañe a casa del profesor Oubier, que por lo visto tiene algo muy importante que decirle sobre una piedra maya. En la gran mansión de Oubier, les recibe un tipo grande y amenazador, de aspecto latinoamericano. Antes de que se den cuenta, George está atado a una silla, a Nico la han raptado y la mansión empieza a arder. Durante la aventura, George indagará en antiguos cultos al dios Tezcatlipoca, redes de contrabando de objetos antiguos, tráfico de drogas… la historia tiene potencial para ser inolvidable, pero todo está muy mal enfocado. El villano principal, Karzac, es casi un completo desconocido para nosotros. El personaje que más simpático y fascinante me resultó fue el profesor Oubier, pues es el único que parece tener una historia interesante y misteriosa detrás, de la que vamos descubriendo información hasta llegar a la revelación final. El juego no explora el resto de sus personajes, ni siquiera los recurrentes, como el general Grasiento. Algunos personajes del juego anterior, como André Lobineau o el matrimonio americano de Duane y Pearl, vuelven a escena y se adueñan del juego durante sus intervenciones. Pero hay elementos que no me convencen para nada y parecían pegados de mala manera: el set de rodaje de la película de piratas es una escena perfectamente prescindible, aislable y que no aporta nada en absoluto.


El juego es demasiado corto como para dejar respirar a la trama, todo sucede muy rápido. George descubre el verdadero significado de las piedras de Tezcatlipoca demasiado pronto, y se embarca en su busca inmediatamente después, las encuentra y vuelve para derrotar al dios. Hay saltos temporales que no nos dejan ver cosas cruciales para la trama: en un momento dado, George resuelve un puzle que nos va a dar acceso a una nueva zona; en la próxima escena, manejamos a Nico, que descubre que George ha sido capturado, sin que sepamos de qué forma. Un añadido interesante es la oportunidad de manejar a Nico durante algunas escenas, pero tampoco es que se aproveche demasiado: simplemente manejamos a otro personaje, con otro inventario y que habla con acento francés. Al igual que en anteriores juegos, aquí puedes morir en bastantes ocasiones, algo que le añade tensión y emoción al juego, y te obliga a ser cauteloso y a guardar la partida a menudo. La pirámide final, llena de puzles y enigmas, sí me pareció un desafío interesante, pero vuelvo a repetirlo: todo lo anterior es tan abrupto, tan atropellado, que no se llega a construir una aventura larga y trabajosa, un pasado que haga que el final sea más satisfactorio. El final del juego es una cinemática larga (como lo era el del primer Broken Sword) en la que el mal es derrotado, y pasamos a los créditos rápidamente.

La sensación final que tuve fue malísima. Como si les hubiera dado vergüenza que jugáramos a su juego, y tuviéramos constantemente a alguien dándonos golpecitos en la espalda para que avancemos sin detenernos, sin proporcionarnos información adicional sobre la trama, sobre la cultura maya y sobre Tezcatlipoca (en el primer juego salíamos casi con un máster sobre los caballeros templarios y los asesinos), sin permitirnos disfrutar de los escenarios tan bien dibujados y animados que han preparado, ni agotar todas las opciones de diálogo con los personajes, para exprimirlos al máximo y aprender todo lo posible sobre ellos. Una de las cosas que más me gustan del primer Broken Sword es la posibilidad de utilizar todos los objetos del inventario con todos los personajes, ya que prácticamente cada uno de ellos tiene una respuesta distinta y original. Aquí, los temas están ya predefinidos: con este personaje puedes hablar de esto y de esto otro, y mostrarle este y aquel objeto. Punto final.

El juego está muy bellamente envuelto: los gráficos son mejores que en el juego anterior, y el apartado sonoro también es de calidad, con música, efectos y voces que van a la perfección (una vez más, he jugado en inglés para no tener que soportar el doblaje de Tomás Rubio). De eso no tengo queja. Pero el juego en sí me ha defraudado, porque presenta sólo una estructura básica (sólida, eso sí), sin desarrollar todo su potencial. Tiene una historia interesante, unos personajes carismáticos, unos puzles desafiantes, buena música y buenos gráficos. El problema es que demasiado corto y la historia nos la pasan a velocidad turbo, queramos o no, sin dejar que el mundo crezca y te envuelva. Es posible que tuviera unas expectativas muy altas, pero el caso es que este juego no ha dejado ninguna impronta. Saludos.



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