lunes, 2 de febrero de 2015

Cartas marcadas - Alejandro Dolina



“Supongo que se tratará de una metáfora. Cada vez que alguien está a punto de mostrarme un milagro, me desengaña al minuto siguiente con alguna miseria poética: el infierno está dentro de uno, la piedra filosofal es el alma del alquimista, la vida eterna son los hijos, y todo así.”

Por fin llegó a mis manos, gracias a la gentileza de mi amigo KahunaNui, el libro Cartas Marcadas, la primera novela de Alejandro Dolina, directamente desde Argentina. Lo cierto es que me suscitó curiosidad, ya que hasta ahora Dolina se había limitado a publicar colecciones de relatos cortos e historias, y no tenía ni idea de qué clase de novela podría escribir. Aquí os traigo mis impresiones.

En primer lugar hay que decir el libro no es una novela al uso. Está estructurada en forma de capítulos cortos e independientes, que a menudo comparten lugares, personajes y temas, y que poco a poco van construyendo una misma historia. Pero sin duda el estilo de Dolina sigue ahí: intercalados en el argumento encontraremos relatos de la antigua China o una descripción de costumbres de una cultura exótica, al igual que ocurría en Bar del infierno.

“Ya en tiempos de la dinastía Qin existía en el sur del Imperio un pueblo cuyos habitantes tenían el poder de desprenderse la cabeza a voluntad. En las noches claras, las cabezas volaban hacia lo alto y formaban pequeñas constelaciones mientras conversaban alegremente.”

Además, el libro presenta unas características formales muy concretas: cada uno de los capítulos representa una carta de la baraja francesa (empezando por la portada, un as de picas), y la contraportada también está diseñada como la parte trasera de una carta; los juegos de azar y las cartas aparecen muy a menudo en el libro, de forma que este concepto encaja muy bien con la novela. Teniendo en cuenta que el argumento gira (parcialmente) en torno a un libro sagrado que contiene toda la sabiduría del mundo celestial y terrestre, el Libro de Raziel, y que éste libro ha sufrido modificaciones y añadidos a lo largo de los años, dentro de la novela encontraremos tachaduras y palabras manuscritas ocasionales, además de capítulos falsos o, directamente, desaparecidos (aunque tengo que decir que me decepcionó bastante descubrir que el mensaje que formaban las palabras tachadas era el mismo que aparece en la contraportada del libro; una recompensa para el lector tenaz no habría estado mal). Además, otro de los temas es una niebla que envuelve el barrio de Flores, confundiendo a los personajes y provocando encuentros fugaces y persecuciones imposibles; del mismo modo, los 108 capítulos del libro son breves y poco esclarecedores, confundiendo al lector y obligándole a atar cabos y volver sobre sus pasos, sin saber muy bien cuál es el fin último del libro, qué nos quiere contar su autor. Sin duda, para aquellos que ya estén habituados al estilo de Dolina, esto no será una novedad, pero los “nuevos” tal vez queden confundidos por un libro que está a caballo entre la novela y la colección de relatos.

Volvemos finalmente al barrio de Flores, lugar donde sucedieron tantas cosas maravillosas en Crónicas del ángelgris. Volvemos a encontrarnos, como no, con el poeta Jorge Allen, Manuel Mandeb el polígrafo, además del ruso Bernardo Salzman y el músico Ives Castagnino, pero también con otros personajes conocidos, como las hermanas Garcerón. Conoceremos también a otros personajes nuevos, como Marco Ferenzky, dueño del fabuloso cabaret Sartori, o Silvano Mansilla, el mozo. El pistolero Marcel Artola, la monja Hortensia Lagos, el mago Jean Leblanc, el matrimonio Poniatowsky… Poco a poco iremos descubriendo lazos de parentesco, amorío, odio y rencillas. Pero como nos dice el propio Dolina, “disculpen la observación, pero no me sorprende que ustedes tres sean uno”: quizá todos los hombres sean el mismo, y podamos encontrar gran similitud entre Mandeb, Allen, Salzman o Castagnino (los cuatro son hombres soñadores y bohemios), o entre Beatriz Velarde, Nadine Stefano o Bella Poniatowski (las tres son mujeres bellas, caprichosas e inalcanzables). Esta idea de que todos los hombres son el mismo, que realmente las particularidades de cada evento y cada persona son irrelevantes, que el final de la obra debe resolver el conflicto, se explora extensamente en el libro: un personaje puede comenzar su historia en la Francia de Napoleón, tener relaciones con una señora casada y, al huir del marido, agarrar el colectivo y bajarse en la calle Artigas, en Buenos Aires. Hay viajes en el espacio y en el tiempo, a los que no se les da ninguna relevancia, como si se tratase de algo cotidiano; los personajes que en un capítulo tenían 20 años, en el próximo pueden tener 40. Grandes influencias de Borges (“un hombre inmortal es todos los hombres”) y de Cortázar (el estilo en general y la idea de no dar importancia a lo sorprendente y deleitarse en lo mundano). Muchas ideas que Dolina ha explorado durante su programa de radio también aparecen aquí, desarrolladas o mencionadas de pasada por los personajes.

En el libro abundan el sexo, el vicio y, cosa que me sorprendió, las palabrotas. El adulterio y los encuentros sexuales fugaces y furiosos son constantes, y es notable que el penúltimo capítulo, el más extenso y en el que se “resuelve el conflicto” (muy entre comillas), se desarrolle durante una monumental orgía. Los personajes mitológicos también se pasean por el libro, descaradamente o disfrazados de otras personas. Es un festival dolinesco, un compendio y catálogo de todo aquello de lo que Dolina ha hablado: tiene humor, tiene melancolía, amor, filosofía, historia y mitología. De una manera desordenada y caótica, sí, pero deliberada.

Lo que más me ha gustado de la novela, sin duda, son las intervenciones de dos personajes. El primero es Enrique Argenti, director de teatro; cada vez que habla, el diálogo pasa a ser el propio de una obra teatral:

Aquella noche, él la esperaba en la puerta de la casa del rubio Zampallo, un actor que vivía en los altos de una fiambrería y que le había prestado el zaguán y la escalera para que recibiera a su amante en la madrugada.
ARGENTI (poniendo el índice sobre su boca): Entremos y no hagamos ningún ruido. Zampallo duerme arriba con su mujer. Ella no sabe de nosotros. Si se despertara, haría un escándalo.
BELLA: Cada lugar de nuestros encuentros es peor que el anterior.
ARGENTI: Sos una mujer casada. Te estoy cuidando.
BELLA: Tranquilamente podríamos ir a un buen hotel.
ARGENTI: No hace falta que te diga que no tengo un centavo. Es más: le estoy debiendo mucho dinero a Silvano Mansilla. Estaba pensando en pedirte un préstamo. Él se está poniendo agresivo.
BELLA (sacándose la ropa): No te daré nada.
ARGENTI (la toma entre sus brazos y la besa): Me darás todo.

El segundo, sin duda el mejor en mi opinión, es el señor Boceto. Sus intervenciones se limitan a enunciar sus propias observaciones sobre lo que debería a decir, una especie de resúmenes, de diálogo sin desarrollar por el escritor. Con unos ejemplos se entenderá mejor:

Palabras suspicaces e irónicas. Sugerir que se pertenece a un grupo que lo sigue controlando todo. Señalar la inutilidad de guardar secretos. Risas de superioridad entre frase y frase”
“Objeciones acerca de la virtud materna. Mención de los atributos viriles. Degradación del participante pasivo de una relación venérea.”
“Disculpas, saludos generales, comentarios sobre la belleza del jardín”
“-Hombre en el agua nadando. Llega a la costa. Lleva valija gris. Detalles sobre su aspecto. Indicar que le presté ayuda. Minimizar esta intervención por modestia. Palabras circunstanciales, despedida, etc.
-¡No puede ser!
-Protestas de seriedad. Frases de dignidad ofendida. Pormenores que sólo un testigo podría conocer, etcétera”



En resumen, Cartas Marcadas no deja de ser un libro “típico” de Dolina: no esperéis una novela convencional. El argumento nunca termina de estar bien definido, los capítulos son breves y muy independientes unos de otros… pero el libro contiene todo aquello por lo que el público aprecia y admira a Dolina. Aquellos que vengan siguiendo su obra (y su programa) desde hace tiempo encontrarán, seguramente, un gran placer en volver de nuevo a Flores, reencontrarse con los personajes clásicos y conocer a los nuevos.




1 comentario:

Ana Costas Giráldez dijo...

Me parece que Dolina huye de la monotonía.
Gran reseña Loscer.
Pica la curiosidad por este libro.
Magníficos fragmentos.

Fdo: Boceto : )