viernes, 16 de enero de 2015

Incursed - Elderslied




Allá por mayo de 2013, hablamos de un joven grupo español llamado Incursed. Su disco Fimbulwinter había llegado a mis manos gracias a un sorteo, y lo cierto es que me llevé una gran sorpresa, porque no me esperaba una música de semejante intensidad y calidad. Ese subidón de Svolder’s Battle, y el riff de Jörmungandr todavía resuenan en mi MP3. En la reseña que publiqué alabé con fervor de acólito prácticamente todas las canciones, y sólo me faltó una cosa para que el disco fuese (en mi opinión) perfecto: que las voces limpias se fundiesen mejor con el resto de la música. Me faltaba algo, no sé explicarlo muy bien, pero no terminaban de redondear el disco.

Hace un tiempo, me enteré de que los Incursed (Narot Santos, Asier Fernández, Asier Amo, Juan Sampedro y Jon Koldo Tera) habían iniciado una campaña de crowdfunding para darle un empujón a su segundo disco, Elderslied. Y me entraron muchísimas ganas de ver si Incursed conseguía mantener el nivel de calidad de Fimbulwinter, y hacer un disco igual de potente y brutal, y al mismo tiempo pegadizo y que entrase bien a los no familiarizados con el género. Ni corto ni perezoso, contribuí a la campaña con una cantidad que me dio derecho a tener la copia digital del disco tan pronto como saliera, además de una copia física, camiseta y no sé cuántas cosas más. La campaña tenía recompensas muy chulas, y los chicos del grupo fueron muy atentos, escribiendo varios e-mails para preguntar datos y opiniones y para asegurarse de que todo fuera bien. Y unas semanas atrás, me llegaron el single y el disco Elderslied. Para no escucharlo en el ordenador, mientras hacía otras mil cosas sin prestarle la atención debida, lo pasé directamente a mi MP3 y lo escuché atentamente. Ya que el grupo ha decidido publicar en YouTube todas las canciones del disco, a medida que aparezcan las iré colocando en esta entrada.


Antes de comenzar con el disco, quiero hacer mención de la única canción del single que no aparece en el disco, Die By the Sword. Se trata de una canción rápida e intensa, que suena de forma inconfundible a Fimbulwinter, más que a Elderslied. Al menos esa es mi impresión: se parece más al disco anterior que a este nuevo, aunque no sabría decir exactamente por qué.


Elderslied se inicia con Song of the Ancient, una introducción instrumental. Lo primero que oímos es el viento (un viento fuerte y que se adivina frío), las hojas de los árboles y el trino de los pájaros. Después se van uniendo todos los instrumentos, poco a poco, con una melodía que empieza muy suave y pasa a épica con la llegada de un coro. En ese momento, recuerdo que estaba pensando: “Vaaaale… empieza bien, a ver cómo sigue ahora”. Esta intro me recuerda quizá a una versión más suave de Epica, o incluso a Sonata Arctica por su tono invernal. Al final del tema, llegan las primeras notas de la siguiente canción.


Y cuál no sería mi sorpresa cuando al arrancar este segundo tema, Heart of Yggdrasil, lo hace con un riff cojonudo de una guitarra muy agresiva, con un sonido muy distinto al que tenía en el disco anterior. Más poderoso, más rasgado, más atronador. Señores, me descubro ante ustedes por ese riff inicial porque cuando suena se me enciende la sangre y me dan ganas de agarrar mi espada Cumplida y liarme a palos. Por si fuera poco, coge el relevo la voz gutural de Narot, que no ha perdido un ápice de potencia. Y la sorpresa mayúscula: las voces limpias que llegan más tarde no desentonan en absoluto, tienen un tono más épico e intenso, están más arropadas por el resto de la banda y cantan un estribillo muy pegadizo. La prueba definitiva es que el estribillo se repite una vez más, sin el apoyo del resto de los instrumentos, sin disfraz, y la voz sigue desprendiendo calidad. De modo que tras los dos primeros temas la sensación es buenísima, sientes que lo que viene a continuación va a ser la hostia. No sólo han mantenido el nivel del anterior, sino que las únicas pegas que le ponía a aquel han desaparecido para siempre.


Sólo con eso ya me daría por satisfecho, pero es que el tercer tema, Raging Wyverns, que comienza con guitarra acústica y se transforma repentinamente en un riff brutal, es tal vez mi tema favorito del disco, con sus cambios de ritmo, pasando de eléctrico a acústico de forma muy fluida y natural. De hecho, más de una vez me he visto cantando a voz en cuello, y sin venir a cuento, el estribillo, raging wyverns, you shall die by my hands.


A medida que el tema acaba, va bajando el volumen hasta que entra con un estruendo el siguiente, The Wild Hunt, que en su primer medio minuto me recuerda mucho a Amon Amarth. Llegados a este punto, yo ya estaba flipando. Llevábamos tres temas cojonudos, y el cuarto que acababa de unirse a la fiesta tenía pinta de ser igual. Y así es. En The Wild Hunt vuelven a turnarse las voces guturales y limpias en un tema (otra vez) magnífico, con un riff muy pegadizo e intenso. Empieza a verse un patrón: la voz gutural canta las estrofas y la limpia los estribillos. Acaba como empezó: de golpe. Y alguno pensaría que ahora tocaría bajar un poco el ritmo. Nada de eso. 


Llega Beer Bloodbath, el tema que da título al single. Del mismo modo que ocurría con Feisty Blood o Finnish Polka en Fimbulwinter, tenemos ante nosotros una canción claramente de pogo, de mosh pit, con sonido de cristal roto y gritos de borrachos de fondo. Muy rápida y festiva, con un riff de guitarra muy bueno que luego pasa a corearse de forma cada vez más acelerada, tiene toda la pinta de que va a ser el punto álgido en los conciertos. El riff de Beer Bloodbath es otro de esos que se te quedan, sin duda. Un temazo con todas las letras.


Tidal Waves llega más lento, con ruido de gaviotas y crujido de embarcaciones, una guitarra acústica que va como a trompicones y que nos anuncia un tema tranquilo. ¿He dicho tranquilo? En absoluto. De pronto la guitarra eléctrica arranca más rápida que nunca, y la batería no se queda atrás. Un tema más bien corto, pero muy agresivo, que nos habla de unos vikingos preparándose para embarcarse y saquear a placer… en California y montados en tablas de surf. ¿¿Perdón?? Pues sí, señores. Lo han vuelto a hacer. Han compuesto una canción de coña sobre vikingos surferos, pero resulta que es un tema buenísimo. Ya pasó con Erik the Deaf o con Nordwaldtaler y sus dejes de western metal. Pero vamos, que a mí me parece bien que los muchachos se diviertan, especialmente si el resultado es tan bueno como este.


Arranca ahora Jötnar, que nos cuenta la creación del mundo nórdico desde el punto de vista de los jotun, los gigantes. Abundantes referencias a Ymir, claro está. Se trata de un tema más lento esta vez (si no, esto hubiera explotado), pero sin perder ni un ápice de potencia ni intensidad. Las voces guturales y limpias se unen en el estribillo creando un efecto muy potente. Es que no hay un tema flojo en este disco. Y mira que intento buscar algo que claramente no me guste. No lo hay.



A Fateful Glare es una especie de intermedio o descanso, de nuevo con efectos de viento, pajaritos, y una voz femenina que canta unas notas lejanas. ¿Quién será? El título del siguiente tema nos da, tal vez, una pista.

Lady Frost empieza de forma brutal, sin perdón, batería a todo trapo y guitarra, voces guturales, y se mantiene así durante todo el tema. Bastante apropiado, ya que habla de un invierno inmisericorde y de una diosa invernal que erradica la vida. La canción crea verdaderamente la atmósfera angustiosa que sugiere la letra.

Ya llegando a la parte final del disco, llega The Undying Flame, con el subtítulo “Homeland part II”. Recordemos que en Fimbulwinter había un tema llamado Homeland. The Undying Flame es un tema lento. No puedo decir “tranquilo”, porque con estos chavales esa palabra no se usa mucho. El ritmo lento del tema no le quita potencia, como ocurre con Jötnar (aunque The Undying Flame es sensiblemente más lenta).

El siguiente tema se llama Suaren Lurraldea, y como podréis imaginar, está en euskera. Tras una intro muy rara, consistente en unos segundos de una canción antigua cantada por un señor (imagino que tendrá su historia), el grupo retoma la melodía de dicha canción con su buen hacer. Un tema más limpio que los anteriores, y musicalmente más positivo. Desde luego, no entiendo ni una palabra, pero suena bien. De hecho, es otra de mis favoritas, seguramente por esa melodía tan... diferente, sería tal vez la palabra. Es más alegre y positiva, sin dejar de ser intensa, sin perder eso tono épico que rezuma todo lo que hacen estos chavales.

Ya terminando, llega un peso pesado, One Among a Million, un tema de más de 10 minutos de duración y dividido en cuatro partes: "The Dawning", "The Crossroads", "The Bleakness" y "The Cleansing". Aquí se lucen todos. Solos y riffs espectaculares, voces guturales y limpias, coros, partes instrumentales… hasta aparecen unas voces femeninas para acompañar. Es un resumen inmejorable de todo lo anterior y una gran canción de despedida.

Tras este auténtico saqueo vikingo, el disco se cierra con un “outro” instrumental muy tranquilito (ahora sí puedo usar esa palabra, por primera vez) llamado Promise of Hope. Por supuesto, no sería Incursed si no incluyeran alguna broma al final del último tema. A los tres minutos y medio, arrancan por sorpresa las primeras notas del tema inicial de Juego de Tronos, acompañadas de guitarra acústica. Pronto arrancan las guitarras eléctricas, la batería y los coros, creando así una versión muy cañera de este tema. Ahora sí, acaba el disco.


Para terminar, tengo que ser más sincero que nunca: no me esperaba tantísima calidad, este disco me ha sorprendido muchísimo. Ha mejorado el sonido general, han mejorado las voces, la intensidad de los temas es altísima… Se han sacado de la manga un disco que está a la altura de muchos discos de grupos ya veteranos. Les deseo lo mejor a Incursed en futuros proyectos, porque llevan un camino inmejorable. Saludos.

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