lunes, 15 de diciembre de 2014

Broken Sword: Shadow of the Templars

"La vida continuaba a mi alrededor, pero la explosión cambió mi vida para siempre."



Seguramente ya sepáis que empiezo a estar muy harto de Assassin’s Creed. Me parece que están transformando una idea muy interesante y atractiva en una basura total. El conflicto centenario entre asesinos y templarios, el concepto del juego como una especie de Hitman sandbox ambientado en épocas antiguas, con combate con armas históricas y exploración de ciudades… ¡es la leche! El primer juego tiene un espíritu muy característico, una estética y un ritmo propios, pero pecaba de ser demasiado limitado y repetitvo, con sólo un puñado de acciones posibles para recopilar información sobre nuestro objetivo. Pero al menos el juego giraba en torno a nuestra misión, nuestro objetivo, y cada uno de los asesinatos estaba muy bien pensado y planificado. Después intentaron solucionar la escasez de opciones, y el espíritu de Assassin’s Creed se les quedó por el camino. Y así hasta el día de hoy, en el que importa más personalizar el color de la ropa del asesino, conseguir un flujo continuo de dinero y comprarte la ballesta envenenada que saber quién es tu objetivo y por qué es importante su muerte para la causa.

Resumiendo: estoy muy desencantado, y por eso hace poco recuperé gustosamente un juego añejo, de 1996, que jugué hace años, y que tenía como argumento un conflicto entre asesinos y templarios llevado hasta el día de hoy. Se trata de Broken Sword: The Shadow of the Templars, a cargo del estudio británico  Revolution Software, un auténtico clásico que inició la serie europea más exitosa de todas.

Es un juego magnífico, con horas y horas de trabajo detrás, unos escenarios coloridos y exóticos, diálogos desarrollados hasta el infinito (podemos hablar con cualquier personaje acerca de cualquier objeto de nuestro inventario, y de cada uno obtendremos respuestas distintas), unos puzles que suponen un reto sin llegar nunca a ser imposibles, y sobre todo, lo más importante en una aventura gráfica: un argumento soberbio, que te atrapa y no te suelta, mientras acompañas al protagonista, George Stobbart, por las calles de París, por Irlanda, España y Siria. Los descubrimientos que vas haciendo sobre la conspiración, el peligro constante al que estás expuesto, la música, los carismáticos personajes (los letales Khan y Eklund, los matones Guido y Flap o el inspector Rosso)… todo es tal y como debería ser. Una aventura gráfica de 1996 nos da una interpretación infinitamente más interesante del conflicto entre templarios y asesinos que las horas y horas escalando atalayas o pulsando el botón de contraataque a intervalos regulares.

El juego comienza de forma inocente: en un café de París, nuestro protagonista George descansa en la terraza tomándose algo, y de pronto llega un señor mayor con sombrero y se sienta dentro. Poco después, un payaso burlón que toca un acordeón se acerca hasta el viejo, se lleva su maletín por sorpresa y se marcha a la carrera, dejándole como recuerdo el acordeón, que provoca una tremenda explosión que destroza el café. George, aturdido, se levanta. A partir de ahí, podemos controlarlo. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha sido del viejo y la camarera? ¿Dónde se ha metido el payaso? Y empieza el lío. Llega la policía y nos interroga, llega también una fotógrafa muy guapa llamada Nicole Collard… y casi sin darnos cuenta empezamos a investigar y a entrometernos en el camino de un peligroso asesino. Combinaciones de objetos, diálogos y puzles, algunos de ellos con timing (una novedad para la época) componen el grueso del juego.

Las animaciones del juego también son algo a destacar; en un género como la aventura gráfica, llena de personajes que se agachan de forma robótica para recoger objetos, Broken Sword utiliza unas animaciones fluidas y muy naturales: en los primeros dos minutos del juego, tras una orden nuestra, George se pone en cuclillas para recoger un periódico y lo despliega con una sacudida, para después leerlo, cerrarlo, enrollarlo y guardárselo en el bolsillo de la cazadora, que abre primero. Es algo imperceptible para quien no haya jugado muchas aventuras gráficas, pero estamos acostumbrados ya que el personaje se agache y recoja el objeto de forma mecánica, y que con un gesto brusco el objeto desaparezca en el aire, dando a entender que ya forma parte de nuestro inventario.

Pese a que la calidad del doblaje no sea todo lo buena que podría ser (dos palabras: Tomás Rubio), lo cual me llevó a jugarlo en inglés en esta ocasión (y la versión original, en este caso, es muy superior a la doblada), el juego es un clásico, una obra maestra absoluta y un referente para todas las aventuras gráficas posteriores. Estoy ansioso por jugar la segunda parte (gracias a que conseguí los tres primeros juegos de la saga a un precio irrisorio, completada además la colección con Beneath a Steel Sky, de la misma compañía pero algo anterior y con un argumento y ambientación cyberpunk). Todo juegos de calidad, de gente que entiende a la perfección el concepto y la ejecución de una aventura gráfica. El misterio de los templarios os espera, y os aseguro que no os arrepentiréis cuando lo desveléis. Saludos.




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