miércoles, 17 de diciembre de 2014

António Emiliano - O fim da ortografia

“Quanto a um dos aspectos mais negativos do Acordo Ortográfico de 1990 – a consagração de grafias duplas (que nalgumas palavras e termos complexos se traduzirá em possibilidades gráficas múltiplas, q.v. infra), - aspecto que põe em causa a subsistência do próprio conceito de ortografia (norma gráfica), cumpre esclarecer que não foi debatido em qualquer instancia ou fórum representativo e qualificado da sociedade portuguesa.”



La lingüística, la ortografía y la sintaxis me encantan. Ya está, ya lo he dicho. Me encanta conocer las reglas mediante las que funciona un idioma, saber las excepciones, los puntos ciegos y las pequeñas trampas que esconden esas reglas. Nuestro pensamiento se concreta en forma de lenguaje, y por lo tanto, de algún modo, dos personas con idiomas distintos piensan de forma distinta, porque el lenguaje estructura, divide y organiza la realidad en cajones, y cada lengua tiene distinto número de cajones con distintos tamaños. Puede que una lengua divida la realidad en tres géneros, y otra en uno o en dos. Que una lengua tenga sólo tres tiempos verbales, y otra más de quince. Que una lengua estructure las sílabas de sus palabras alrededor de una consonante, y que otra lo haga alrededor de una vocal.


Lo que no abarca el lenguaje, nuestro lenguaje, no lo podemos pensar. Querer decir algo que las palabras no son capaces de expresar. Decir que las palabras no son capaces de expresar su pensamiento utilizando al mismo tiempo otras palabras también insuficientes. Del mismo modo, nuestra comprensión y dominio de nuestra lengua materna condicionará el nivel que podemos alcanzar en una lengua extranjera. Una persona que no conozca los entresijos de su idioma, que no pueda jugar con el lenguaje y exprimirlo al máximo para sacarle todo el partido posible a un recurso que es de por si insuficiente e imperfecto, jamás podrá llegar a tener un buen nivel en un idioma extranjero. Cuando una persona me pregunta qué utilidad tiene la sintaxis, para qué sirve la ortografía, nunca respondo. Porque como dijo Dolina, “para algunos no sirve de nada”. Personalmente, estudiar y conocer la ortografía española y portuguesa me sirve para saber de dónde venimos, para encontrar nexos de unión y puntos de separación. Habrá quien, considerando las palabras conselho y “consejo”, o vermelho y “bermejo”, no sea capaz de establecer un patrón y predecir la forma más probable de escribir ciertas palabras en portugués.


Pero en Portugal ha ocurrido algo que ha puesto en peligro uno sus tesoros más grandes: la lengua portuguesa. Desde hace unos años, está en preparación el llamado Acordo Ortográfico da Língua Portuguesa de 1990, que pretende unificar la ortografía del portugués europeo con el portugués de Brasil y de los P.A.L.O.P. (los países africanos de lengua oficial portuguesa). Ya de primeras, el concepto es extraño. ¿Unificar la ortografía? ¿Con qué objeto? La lengua evoluciona a ritmos distintos y de formas distintas, y obligarla a modificarse forzosamente parece algo poco adecuado. Cuando empecé a estudiar portugués, me hablaron del Acordo Ortográfico: básicamente, consistía en eliminar algunas consonantes mudas, además de ciertas reglas de acentuación y otras cosas menos serias. Pero lo de eliminar consonantes mudas me chocó. Por lo visto, en Brasil se han eliminado ya prácticamente todas las consonantes que no se pronuncian. En Portugal, algunas han ido desapareciendo progresivamente y de forma natural (por ejemplo, “reducción” es, desde hace mucho tiempo, redução, y no reducção, mientras que todavía se mantiene la ce en exacto, o la pe en óptimo, en contraposición con las formas exato y ótimo que pretenden hacernos tragar, y que no podrían ser más horrendas. Pues el acuerdo ortográfico quiere que esas eliminaciones masivas de consonantes se hagan efectivas también en Portugal. La idea es un disparate absoluto. Es una idea de bombero pensar que la lengua escrita debe ser un reflejo de la lengua oral, porque la lengua oral es diferente en cada territorio, cada grupo e incluso cada persona. El francés, por ejemplo, es una lengua que oralmente es muy simplificada, si la comparamos con la lengua escrito (voulais, voulait, voulaient son formas que se pronuncian exactamente igual, con un único sonido vocálico representado en el caso más extremo por cinco letras). ¿A alguien se le ocurriría obligar a que en Andalucía se cambiasen las ces por eses, o a eliminar las eses de “estamos”, y pasar a escribir “etamo”? Parten de un concepto errado que sólo puede llevar al caos lingüístico.

Pues hace unos meses, en una feria del libro, di con un ejemplar de O fim da ortografia, un libro en el que el lingüista y profesor António Emiliano desmonta por completo el Acordo Ortográfico, señalando su total falta de rigor, lo anticuado de sus conceptos, la ineptitud de sus creadores y las graves consecuencias que podría traer su implantación forzosa.

Desde el punto de vista de un especialista en la materia, Emiliano comienza hablando sobre la forma del Acordo Ortográfico, insuficiente, confusa y defectuosa, y también sobre los criterios que se han tenido en cuenta para las modificaciones propuestas. El “criterio fonético o de la pronunciación” es el que más sarpullido le provoca, porque trata como sinónimos dos conceptos que no lo son, y revela fraca preparaçao em Lingüística Geral por parte de quem concebeu e redigiu o Acordo Ortográfico […]. También está el “criterio de la facilitación de aprendizaje”, una aberración total que supone que la eliminación de estas consonantes facilitará el aprendizaje del portugués y permitirá redirigir esfuerzos hacia otras áreas de la lengua. Una serie de afirmaciones que tiran por tierra la apariencia de seriedad y profesionalidad del Acordo, y que dejan entrever (tal y como explica António Emiliano más adelante) que todo este circo no es otra cosa que una maniobra económica para satisfacer a Brasil, y que los países africanos ni siquiera aparecen mencionados más que de pasada en el texto del acuerdo. La “obediencia a la tradición” y la “consagración por el uso” son dos criterios opuestos y contrarios, que permiten a los redactores del acuerdo aprobar y decidir lo que les venga en gana, aduciendo “obediencia a la tradición” cuando se trata de mantener algo, o “consagración por el uso” cuando se trata de modificarlo. Uno de los problemas más graves que podría traer el Acordo es la implantación de la grafia dupla, la consagración de dos grafías diferentes para una misma palabra. Con esto queda en ridículo la idea de “unificar la ortografía”. ¿Cómo es posible que la única forma de unificar la ortografía sea haciendo oficiales las dos formas existentes? ¿Cuántos problemas de indexación y clasificación traerá la “legalización” de los términos Electrónica, electrónica, Electrônica, electrônica, Eletrónica, eletrónica, Eletrônica y eletrônica?

Tras poner en solfa los principios subyacentes al Acordo, el autor pasa a comentar pormenorizadamente los párrafos más destacables. Los comentarios incluyen tanto el uso del lenguaje por parte de los autores (que muchas veces emplean conceptos erróneos o anticuados, o parten de puntos de vista lingüísticamente desfasados y ya superados) como las correcciones propuestas por el Acuerdo. Una conclusión incendiaria e implacable cierra el texto y da paso a dos anexos, con el texto íntegro del Acordo Ortográfico, su Nota explicativa y su rectificación posterior.

“O calibre dos erros e deficiências encontrados no texto do Acordo Ortográfico e da Nota Explicativa, bem como a falta de sustentabilidade razoada de várias das suas disposições – constituindo um todo que, em vez de ser apresentado de forma inatacável, como se esperaria, é passível da crítica negativa que desenvolvi, e virá afinal a ter consequências “disortográficas” – levam-me a concluir que esta reforma causará “lesões” irreparáveis na língua portuguesa nos planos da escrita, da oralidade e do progresso científico. Por atentar contra a estabilidade do ensino, a valorização da língua e a integridade do seu uso, valores que a Constituição consagra e protege, entendo que esta reforma não serve o interesse de Portugal e deve, em consequência, ser impugnada e rejeitada.”


Y así acaba un pedazo de libro que me ha abierto los ojos. Yo ya sabía que todo el mundo en Portugal detestaba el Acordo Ortográfico, pero nadie sabía darme una explicación más allá del manido ejemplo de “Facto” y “Fato”. Este libro te explica con argumentos y desde un punto de vista lingüístico, serio y formal, por qué esta reforma no tiene ni pies ni cabeza. Muy recomendable. Saludos.

1 comentario:

João Tinoco dijo...

Desde já lhe agradeço o seu artigo. Gostaria apenas de deixar mais um dado, não referido no texto, e que é o total desprezo pelas regras democráticas com que esta "coisa" foi elaborada. Disso é um bom exemplo a questão da dupla ortografia. Na verdade, ela é apenas uma mentira com vista, quem sabe, a atenuar as críticas de subserviência linguística. O que já está a acontecer é que, como seria inevitável, os professores da escola primária terão que optar por uma das possibilidades permitidas pela norma. Terão que ensinar às crianças que a palavra sinónima de "acontecimento" é "facto" ou "fato" e o que acontece é que estão a optar sistematicamente pelas formas "novas". Não posso jurar, mas estou convencido de que tal corresponde a directrizes dos responsáveis no Governo. A norma da dupla grafia é por isso, e apenas, uma maneira de enganar quem quiser ser enganado. E o povo, infelizmente, tem mostrado pouco amor pelas questões que o seu texto coloca.

João Tinoco