lunes, 24 de noviembre de 2014

Sherlock Holmes contra Jack el Destripador



"¿Se ha fijado en cómo arde este cigarrillo? Una vida entera se consume en su punta incandescente. [...] Así es la vida, Watson: breve y mala para la salud."

Mi experiencia con la saga de videojuegos de Sherlock Holmes no empezó con buen pie. Sherlock Holmes y el reyde los ladrones me pareció un juego muy poco pulido, con escenarios vacíos y enormes, gráficos nefastos y unas mecánicas ya vistas mil veces en otras aventuras gráficas, pero ejecutadas de forma torpe y poco intuitiva. Era un juego que casi abandono en multitud de ocasiones. Así que no sin recelo me enfrenté a otro título de la lista (ya que Serlock Holmes: La aventura se niega a funcionar en mi ordenador. Por cierto, el título original de Sherlock Holmes: La aventura es The Awakened: ¿quién c*** decide los títulos de esta serie? Ya Sherlock Holmes: Nemesis pasó a ser El rey de los ladrones). En este caso, decidí atreverme con Sherlock Holmes contra Jack el Destripador. Me resulta simpática la idea de cruzar a Sherlock Holmes con otros personajes de su tiempo, como los mitos de Cthulhu, Jack el Destripador o Arsène Lupin. Suena genial sobre el papel. El problema llega a la hora de transformar eso en un videojuego convincente. A grandes rasgos, este título supera con mucha facilidad a El rey de los ladrones, y consigue construir una atmósfera atractiva y puzles interesantes. No consigue desprenderse de la pátina de mediocridad y cutrez que impregna esta saga, pero podríamos decir que están en el buen camino (estaban, mejor dicho: el juego es de 2009 y se han publicado desde entonces otros tres juegos de calidad creciente). Bueno, hoy hablamos de Sherlock Holmes contra Jack el Destripador.


La historia del juego es la que cabría esperar: Jack el Destripador aterroriza el barrio de Whitechapel, y Sherlock Holmes, aburrido en su piso de Baker Street, decide investigar el caso, el único que le llama la atención. Seguiremos la pista del sádico asesino investigando, por un lado, las escenas de los crímenes que se van cometiendo; por otro lado, trataremos de averiguar datos sobre él y descartar a diferentes sospechosos. Es importante indicar que los crímenes se van cometiendo al mismo tiempo que nosotros investigamos, lo que le da al conjunto una sensación de peligro y de intriga. El juego ha recreado a la perfección las escenas del crimen, pero “por respeto a las víctimas”, en vez de crear un modelo 3D de las mujeres muertas, nos proponen un dibujo muy detallado y a color. Veremos órganos, cadáveres amoratados, cortes en el cuello, lenguas hinchadas y otras delicias. Es muy diferente al pacato y remilgado juego de El rey de los ladrones.

Qué rico.

La identidad del asesino es un misterio hasta el final del juego, donde se revela finalmente. Hay muchos sospechosos que encajan con el perfil, y mucha gente ligeramente psicopática en Whitechapel. El argumento está bien, y aunque el juego añade mucho de su propia cosecha para alargar su vida, incluyendo tareas secundarias y terciarias de escaso interés, destinadas a conseguir una pista, un objeto o un dato reveladores, el centro del argumento casi siempre gira en torno a Jack y los asesinatos. Infinitamente mejor que El rey de los ladrones, mucho más oscuro y atractivo.

Examen de un cadáver

La mecánica es casi idéntica a juegos anteriores: manejamos a Holmes o a Watson, según el momento, y los controlamos en primera o tercera persona (aunque claramente el juego se ha diseñado para la primera persona, ya que la tercera persona resulta confusa e incómoda, y la descarté para siempre a los diez segundos). Nos acercamos a los objetos y las pistas e interactuamos con ellos. Disponemos de una lupa y una cinta métrica, un maletín para el inventario, un diario para guardar nuestros objetivos, conclusiones sobre lo visto hasta el momento, documentos encontrados, el mapa de Londres y Whitechapel y la tabla de deducciones y análisis sobre el físico y la personalidad del asesino (sin duda la mejor parte del juego, aquella en la que te sientes un detective y no un recadero), que podremos ir completando con relativa libertad. Estas deducciones consisten en una serie de conexiones entre las pistas; tendremos que elegir entre tres frases según lo que hayamos descubierto (por ejemplo: el asesino, es zurdo; el asesino es diestro; todavía no podemos saber si el asesino es zurdo o diestro). Es un sistema bastante logrado, satisfactorio y hasta emocionante en ocasiones. 

Los diálogos se limitan a elegir entre una lista de temas, y dejar que los personajes hablen. Para poder entregar un objeto a un personaje, o hablarle sobre él, a veces no basta con tenerlo en el inventario; no aparece automáticamente un nuevo tema de diálogo; nos obligan a seleccionar el objeto desde el inventario y entonces hablar con el personaje. Lo más curioso es que a veces es así y a veces no. La investigación en escenas del crimen también es novedosa e interesante: aparte de examinar los cadáveres y señalar los puntos importantes, llegará un momento en que recrearemos el crimen, y tendremos que elegir las posiciones y la forma de atacar y defenderse del asesino y la víctima, o en qué punto de una calle tendría que haberse escondido el asesino para no ser visto por el policía de ronda. Otro puzle curioso nos da una línea temporal y nos invita a colocar a los diferentes testigos, para saber en qué hora exacta pudo haberse cometido el crimen.

Whitechapel de noche

Tendremos puzles clásicos, puros y duros: forzar cerraduras, organizar un fichero, abrir un maletín con un curioso cierre que nos obligará a documentarnos sobre fechas de la Guerra de Secesión (por suerte tal información está dentro del juego; de hecho, muchos puzles te obligan a seleccionar primero los documentos imprescindibles para su resolución, antes de empezar a buscar la solución). Estos puzles son muy variados, muchas veces son un reto pero asequible; es cuestión de estrujarse un poco el cerebro y trastear aquí y allá, nunca llega a ser desesperante. La única parte de la jugabilidad que no me convence son las tareas periféricas a la aventura principal, porque me da la impresión de que es hacer trampa, intentan tenerte entretenido para que te calles y sigas jugando más tiempo. Pero mi juicio es parcial, porque después de haber jugado a Murder on the Orient Express y que mi primera tarea fuera buscar una caja de bacon para el cocinero del tren, y que después aún me encargara buscar aceite y especias, eso me puso radicalmente en contra de los puzles no pertinentes. Un último apunte sobre este tema: hay ciertas tareas muy menores y secundarias que tienen, sin embargo, un orden restringido. Habría contribuido a dar sensación de libertad el poder completar dos tareas independientes en el orden que se prefiera, y no que una de ellas tenga prioridad porque sí.

El apartado visual ha cambiado poco desde El rey de los ladrones. Están bien, sin más, pero no tienen nada de especial. La ambientación del barrio de Whitchapel es lo más logrado: tenebroso, opresivo y desolado. Muchas caras de los habitantes de Whitechapel se repiten constantemente. Es positivo, sin embargo, que por fin le hayan dado a Watson una animación de movimiento, y que hayan desechado para siempre el recurso cutre de hacerlo aparecer mágicamente a tu lado cada vez que te dabas la vuelta, recurso que daba pie a divertidísimas a la par que inquietantes situaciones. Las cinemáticas, hechas con el motor del juego, aparecen sin transición entre las escenas del juego: a veces estaremos muy concentrados, con la cara pegada al ordenador, abriendo una cerradura con una ganzúa, y justo al abrirla salta la cinemática de golpe con música y voces altas de los personajes. O puede que estemos ocupados en la tabla de deducciones, tratando de dar con el dato correcto, y al hacerlo, nos llevamos un susto cuando salta la cinemática. Tampoco me gustan los saltos entre un día y otro. En un momento dado estamos en la noche del segundo asesinato, y sin darnos cuenta han pasado dos semanas, con una transición inexistente, demasiado brusca, que no ayuda a transmitir la sensación de paso del tiempo).


Algunas veces, las suficientes como para ser un fallo importante, un objeto aparecía ennegrecido, y sólo era posible ver su silueta. Cuando se trataba de elementos del escenario, no me molestaba, pero en una ocasión en particular, había estado devanándome los sesos para abrir una gran maleta que supuestamente contenía una colección de úteros humanos extirpados. Al resolver el puzle, la maleta se abrió, pero se ennegreció inmediatamente. También me ocurrió, una o dos veces, que un objeto aparecía en una posición imposible: una plataforma elevadora oculta bajo una alfombra estaba más alta de lo que debía, y los cables y las ruedas dentadas que la movían sobresalían del suelo en vez de estar bajo él.

El audio también es muy corriente. Cada escenario tiene un canción o un sonido de ambiente (por desgracia, la música del piso de Baker Street es la misma que la del juego anterior; digo por desgracia porque cualquier cosa que me recuerde a El rey de los ladrones hace que se me encojan las tripas). No me parece que encaje mucho con el espíritu de “juego serio que respeta a las víctimas reales” el hecho de poner como sonido de ambiente en Whitechapel gritos de mujer aleatorios. Las voces de los protagonistas son las más destacables, mientras que las del resto de personajes suelen repetirse. Se reciclan muchas frases, que se emplean diga lo que diga nuestro interlocutor: “No tengo nada que preguntarle” y “No, será mejor no insistir” son las más escuchadas, y me recuerdan, sin yo quererlo, a Art of Murder: Hunt for the Puppeteer, una bazofia de juego. La última escena del juego, en la que Sherlock Holmes se enfrenta al asesino, carece de voces. Pensaba que era un fallo, pero por lo visto es así intencionadamente. Resulta muy anticlimático: en vez de estar atento a la escena, te pones a trastear buscando los controles de sonido, o maldiciendo al juego por tener OTRO fallo más.


Enlazo aquí unos comentarios sobre la localización del juego: sigue habiendo fallos en la traducción de los textos, fallos muy graves en la sincronización labial, y a menudo se emplea un lenguaje impropio para la época que se retrata: dudo mucho que en 1888 la gente se llamara “tío”, o que dijeran “de nada, hermoso”. El juego se bloquea momentáneamente en ocasiones, y una misma frase se repite tres veces seguidas antes de que el diálogo continúe. Un fallo imperdonable es no haber traducido las unidades de medida inglesas al sistema internacional. Cuando un personaje se sorprende al oír que otro personaje mide X pies y X pulgadas, es imposible hacerse a la idea rápidamente de lo que eso supone, o cuando nos piden buscar entre un grupo de cuchillos uno que mida X pulgadas. El resto está bastante bien, los diálogos están bien escritos y suelen ser convincentes, y Sherlock Holmes tiene una forma de hablar pedante, como corresponde (y el actor de doblaje es el mismo que el del hermano feo de 2 hombres y medio).

Elemental

En resumen, Sherlock Holmes contra Jack el Destripador supone un paso de gigante respecto a El rey de los ladrones en aspectos de historia y jugabilidad, y consigue construir una historia convincente, adulta y atractiva, por un lado, y ofrecer retos variados, interesantes y exigentes, pero no imposibles. Sin embargo, los aspectos visual y sonoro siguen estando muy por debajo, y la jugabilidad todavía tiene elementos lamentables. A mi entender, la localización del juego no está lo bastante pulida, sea culpa de quien sea. Espero poder jugar pronto a The Awakened y contaros si funciona mezclar a Sherlock con Cthulhu. Saludos.

Fotos cortesía de Wikimedia Commons.

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