miércoles, 29 de octubre de 2014

La venganza será terrible en Madrid – septiembre 2014



Como ya es tradición, acudí un año más con mis amigos de la universidad a ver en directo el programa de radio de La venganza será terrible, en la sala Galileo Galilei, por el módico precio de nada. Una vez más, nos faltó gente, pero también trajimos gente nueva. El programa se grabó los días 10, 11, 12, 13 y 14, aunque yo sólo me quedé los tres primeros (eso también es tradición). Se ha convertido para nosotros en una oportunidad para reunirnos todos los años, algo que muchas veces no es fácil (cada vez menos), y pasar unos días todos juntos entre risas y conversación.


Respecto al programa en sí, a pesar de que tuvo momentos muy divertidos, y de que los segmentos históricos fueron tremendamente interesantes, resultaba evidente para mí que estaban reciclando chistes, retruques y situaciones. Los souvenires españoles, los médicos que operan en su propio domicilio… ya lo había oído otras veces, y encima en el mismo sitio. Barton habló sobre probar las cosas antes de comprarlas, la pesadilla de encargar a alguien que nos vigile la casa, y las máquinas en el metro de Madrid. Los segmentos históricos versaron sobre los “congresos de las funciones matrimoniales” (buenísimo), un catálogo de supersticiones de los muchos que ya ha hecho Dolina, y descripciones e historias sobre tres dioses nórdicos poco conocidos: Uller, Forseti y Vidar. Los temas humorísticos fueron “Mamá, llevame al parque de diversiones”, “Consejos para pasarla bien sin médicos” y “Turismo de avistaje de animales” (este último, el más entretenido en mi opinión).


Además, como novedad, trajeron un buen cargamento de libros de Dolina, entre ellos el Ángel Gris, y Cartas Marcadas (hasta ahora inédito en España, aunque el propio Dolina nos aseguró en persona que se publicaría dentro de poco). T.C. y yo nos compramos sendos libros (en otra ocasión hablaré del mío, El bar del infierno) y les mandamos abundantes mensajes (por alguna extraña razón han cambiado el momento del programa en el que los leen). Poco a poco, empezamos a saber qué clase de mensajes van a leer y cuáles prefieren ignorar. No se les puede pedir que toquen algo nuevo. Un mensaje demasiado largo será mencionado pero no leído. Las preguntas tampoco son muy bien recibidas. Lo mejor que se puede hacer es saludar a alguien, y fue lo que hicimos (a los amigos que no pudieron venir). 

A la sala acudieron también personajes como Andreu Buenafuente, Berto Romero o Pepa Fernández (que le hizo una genial entrevista a Dolina; Buenafuente también invitó a Alejandro a su programa, pero no supo cogerle el punto a la entrevista con él: a Dolina conviene hacerle una pregunta y dejarle que desarrolle las ideas, no interrumpirle todo el rato con apreciaciones). Después del programa, Dolina, Barton y Dorio se dieron un baño de multitudes con el público, así que aprovechamos para que el Negro nos firmara los libros, y para intercambiar algunas frases entre la marabunta de señoras cuarentonas que se arremolinaban con la intención de hacerse una fotografía con él o contarle sus milongas.


En resumen, una experiencia tan buena como las de años anteriores. Aprovechemos, porque Dolina ha llegado ya a los setenta años. Bien llevados, eso sí, porque sigue siendo un tipo alto y elegante, dicharachero, rápido de pensamiento y original en sus conexiones de ideas. Por muchos años más, Alejandro. Saludos.



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