miércoles, 3 de septiembre de 2014

El Monje - Matthew G. Lewis



"En el curso de toda su vida, jamás ha infringido una sola regla de su orden, ni se ha descubierto la más leve mancha en su persona; y se dice que es tan estricto observador de la castidad que desconoce en qué consiste la diferencia entre el hombre y la mujer. Así que las gentes le tienen por un santo."



El Monje llegó a mis manos en silencio y con discreción. De buenas a primeras, me encontré con una pequeña colección de libros regalados, y entre ellos destacaba El Monje, de la editorial Valdemar. Tardé mucho en empezar a leerlo; tal vez por tener otras cosas entre manos, tal vez porque tengo un secreto gusto por la espera, porque dándome tiempo antes de empezar un libro, antes de leer el último capítulo, antes de ver el último episodio de una serie que he seguido durante años, me parece que lo disfruto más. He pasado semanas sin leer las últimas páginas de un libro, sólo porque sabía que cuando me decidiera a hacerlo, el libro acabaría irremediablemente. Eso no me ha ocurrido con El Monje. Una vez comienza, te mantiene enganchado a sus páginas. No te suelta hasta que te ha dicho todo lo que tenía que decirte. Y eso es un logro mayor de lo que parece. Voy a contaros por qué.

Matthew Gregory Lewis nació en Londres en 1775. Su padre, un alto cargo político inglés, quería que su hijo fuera diplomático, y para ello decidió enviarlo a Alemania para que aprendiera el idioma. Con sólo 17 años lo manda a Weimar, precisamente el mismo momento en que el romanticismo está en su apogeo. El muchacho se empapa del espíritu romántico y lee todas las obras de misterio y de terror del momento. Lo fantástico y lo tenebroso le atraen poderosamente. De vuelta en Inglaterra, en poco tiempo su padre le consigue trabajo en la Embajada Británica de La Haya, y allí, aburrido mortalmente, emprende la tarea de escribir El Monje. En poco más de dos meses ha terminado, aunque el libro se publicará dos años después. Matthew Lewis no tenía ni 20 años cuando terminó el libro. Tiene un gran éxito, pero también feroces críticos que lo acusan de blasfemo, obsceno, hereje, indecente, indecoroso, moralmente venenoso… Tantas presiones recibe que termina por publicar una edición censurada por él mismo. La puritana sociedad inglesa no puede aceptar un libro tan atrevido. Y, a todo esto… ¿de qué va El Monje?

El Monje es, en principio, una historia muy sencilla. En Madrid, un monje español muy devoto y austero llamado Ambrosio es tentado por el demonio y se va hundiendo poco a poco hasta llegar a cometer los más horrendos crímenes. El libro se toma su tiempo para describir convenientemente las tentaciones de Ambrosio y todo lo que se le pasa por la cabeza: he ahí la “indecencia” del libro. Pero el libro es mucho más que eso. A medida que lo leía, me daba la impresión de que el libro evidenciaba el esfuerzo de un joven de veinte años por intentar abarcarlo todo en una misma obra. Hay historias entrelazadas, poemas y canciones compuestos por el autor e incluidos como parte de la trama, explora con gran detenimiento el sentimiento, la religiosidad, la moral… se permite dar experiencias de vida y moralejas, hace referencias al oficio de escritor y a la crítica literaria, tiene algunos toques humorísticos, elementos de acción y aventura, brujería, Inquisición, un clímax totalmente terrible, terrorífico… Parece mentira que quepan tantas cosas en una sola historia. Pero aún es más sorprendente que un libro de más de cuatrocientas páginas fluya de esa forma, y funcione como un reloj.

¿Qué veo yo en El Monje? Mucha profundidad. Se trata de una historia que fácilmente podría haberse contado de una forma mucho más plana, convencional, moralista y superficial. Matthew Lewis, por el contrario, nos introduce en la mente de Ambrosio, nos hace ver su debilidad, la inconstancia de sus decisiones y su falta de fuerza de voluntad. Deja en evidencia que nuestro protagonista es falsamente piadoso y virtuoso: desde su primera aparición vemos destellos de vanidad y de lujuria en sus pensamientos, y no necesita más que una chispa para que todo se desate. Cada vez que Ambrosio se dice “hasta aquí, ni un paso más”, su resolución no dura ni un suspiro, y ya se encuentra entregado y planeando nuevas bajezas. Pero el autor no se queda ahí, sino que nos ofrece una explicación de cómo Ambrosio ha llegado a ser así, cómo su educación en el convento lo predispuso, potenciando sus defectos y ahogando sus virtudes. En resumen, el protagonista está magistralmente caracterizado, y tiene una profundidad que rara vez he visto. En contraposición, el bando de “los buenos” adolecen de una personalidad más bien plana: son virtuosos, justos e inocentes hasta el hastío, sin más.

En este libro, la pasión es lo que lo mueve todo. Las decisiones tomadas racionalmente por los personajes (especialmente Ambrosio, como he explicado más arriba, pero muchos otros también) se van al traste en un momento por cualquier estímulo externo. Además, el mal está siempre presente, y el desequilibrio entre los dos bandos es notorio: Dios y los ángeles brillan por su ausencia, mientras que el Demonio y sus lacayos hacen gala de su poder y su influencia. Digamos que la batalla no es justa, y que Ambrosio no tiene nunca ni un indicio de la existencia de Dios, sólo del poder del Demonio para concederle sus deseos. El vicio y el crimen parecen algo natural en un mundo así. Es terriblemente crítico con el clero, y nos presenta los monasterios y conventos como lugares oscuros y secretos donde tienen lugar todo tipo de actos horrendos, inmorales y criminales. Estas dos ideas (la ausencia de Dios y la villanía del clero) me hablan de un autor muy joven y crítico con la religión, algo tan inherente a la sociedad inglesa.

Es cierto que, al describir el argumento del libro, parece que va a ser una moralina aburrida. ¿Un libro que se desarrolla en un monasterio, con frailes y monjas como personajes? Pero nada de eso, creedme. Todo lo contrario. El libro lleva un ritmo endemoniado, interrumpiendo cada etapa de la degradación de Ambrosio con la trama secundaria, que poco a poco va cogiendo fuerza al evidenciarse su estrecha relación con la trama principal. Y finalmente, las dos se unen, no armoniosamente, sino con un choque terrible y caótico que deja al descubierto nuevos crímenes, mayor depravación, mayor podredumbre. En palabras del traductor, Francisco Torres Oliver (le haré un amplio hueco en Traductores Envidiables), es “un libro terrible”. No encuentro mejor definición.



Por si fuera poco, ahora me entero de que hay varias películas basadas en El Monje. La más reciente, de 2011, con Vincent Cassel (el profesor de danza de Cisne Negro) como Ambrosio. Me muero de ganas de verla. Si os gusta la literatura gótica, no os podéis perder El Monje, porque es un pilar fundamental, y un libro condenadamente bueno (si me permitís la expresión). Saludos.


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