miércoles, 25 de junio de 2014

Antonio Barnés - Elogio del libro de papel


Todos queremos saber, que decía Aristóteles, pero el saber es arduo y ocupa lugar.


La última vez que estuve en casa, mi madre me trajo un pequeño obsequio: el libro Elogio del libro de papel de Antonio Barnés, filólogo y profesor de lengua y literatura en todas sus formas: Didáctica de la literatura, Literatura antigua y medieval, Lengua y gramática españolas, Lengua latina, Lengua griega, Literatura española e iberoamericana, Literatura universal, Español como lengua extranjera… No se me ocurre nadie más indicado para hacer un elogio al libro de papel, la verdad. Aquí, una entrevista con el autor.

Tengo que decir que esperaba algo mucho más mundano y manido, una especie de crítica a los e-books, recurriendo a los típicos argumentos no muy bien desarrollados de “a mí es que me gusta tocar el libro” o “así se ha hecho toda la vida”. Pero este libro no es eso para nada. Este librito de poco más de 100 páginas es una colección de reflexiones breves (una por cada letra del alfabeto) escritas con la prosa de quien ha leído y escrito mucho, del que domina el lenguaje y lo sabe todo sobre su origen y sus conexiones. Alguien que ha reflexionado profundamente sobre lo que implica leer un libro y tenerlo entre sus manos, y las diferencias sustanciales que aparecen cuando leemos en una pantalla. Desde diferentes ángulos (histórico, filosófico, lingüístico…), Barnés habla no sólo de la guerra entre el papel y la pantalla, sino sobre el conocimiento, sobre el todo frente al fragmento, la inmediatez frente al cultivo, la relación del significado y el significante, el conocimiento profundo frente a la opinión y el mero almacenamiento, la oralidad y la escritura, la voz, la palabra y la abstracción, las bases del surgimiento de la universidad, el esfuerzo de leer más allá de la descodificación. Fascinante, ameno y profundo, y tremendamente interesante para todos los que tenemos un interés especial ya no por los idiomas, sino por el mismo concepto del lenguaje. 

Os invito sinceramente, a todos aquellos que seáis lectores, que sintáis que os falta algo cuando leéis en una pantalla, que mostráis especial orgullo por vuestra biblioteca personal a leer este libro. Es como, y aquí cito a Alan Bennett, “como si del libro surgiera una mano y cogiera la tuya” para reconfortarte, para darte argumentos y mostrarte que no estás solo en tu forma de pensar o de sentir.

Os dejo una serie de citas del libro que me llamaron especialmente la atención. Saludos.

“Pedro Salinas lo escribe en El defensor: hay cosas que solo se pueden expresar epistolarmente. En la escritura, el hombre puede encontrarse más sereno, consigo mismo, sin la interferencia emocional del otro, de los otros. De ahí que la forma epistolar sea capaz de ir más allá del artificio. En realidad, toda escritura va dirigida a un destinatario, incluso siendo uno mismo ese al que se escribe.”

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“Es más fácil dominar los ojos que la mente. El hombre visual y auditivo vota al más atractivo. El hombre intelectual, lector, puede votar un proyecto: está más preparado para criticar las ideas, es menos impresionable ante la escenografía del mitin político, donde se lanzan frases, no argumentos. […] Encerrar a los ciudadanos en las imágenes, aherrojarlos en la caverna de las apariencias, es la estrategia de toda tiranía.”

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“En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazarlas todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia, y deseo de ser tenido por sabio universal. […] A ellos va dirigido este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios, en desprecio y atraso de las ciencias, atribuyendo a la esencia de una facultad las ridículas ideas, que dan de ella los que pretenden poseerla, cuando apenas han saludado sus principios.” José Cadalso, Los eruditos a la violeta

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“La red ofrece una inmensa llanura. Pero el saber, la historia y la cultura son vastas cordilleras donde ninguna colina es igual a otra. En esas subidas y bajadas se va adquiriendo saber, que precisa tiempo y tempus: espacio para la asimilación, el acopio, el crecimiento, los frutos… No en vano cultura significa cultivo.”

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“Leer supone una asimilación, pero así como en la nutrición el alimento original desaparece en el organismo o se funde con él, tras el acto de lectura el libro no muere. En el libro –mensaje de su autor- hay temas sobre los que el autor ha adoptado una posición. La lectura supone una interpretación; y si es inteligente conlleva también un posicionamiento. No anulemos ninguno de estos elementos. No matemos al autor, ni al texto.”


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“La palabra humana puede expresar también […] sentimientos por el tono, pero llega mucho más lejos: es capaz de enunciar conceptos sumamente abstractos. Podemos decir: “dame ese vaso”, o “ser o no ser, he ahí la cuestión”. Son cadenas fónicas aparejadas a ideas. Es sorprendente que un ruido pueda transmitir semejante abstracción; y que, al oír tal murmullo –incluso sin escuchar, es decir, sin prestar atención a los vocablos- percibamos, sobre todo, la abstracción. Esta reflexión sobre el ruido: los sonidos, los fonemas, su articulación, etcétera, si se produce, suele ser en un momento muy posterior al aprendizaje y uso de la lengua. Pero la escucha de un idioma desconocido nos devuelve a la realidad de que el discurso lingüístico es, materialmente, una cadena de sonidos y, por tanto, susceptible de convertirse en un desagradable rumor.”


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1 comentario:

Antonio Barnés dijo...

Muy amable por el comentario. Un cordial saludo.