lunes, 23 de junio de 2014

AGON: The Lost Sword of Toledo


AGON es un juego muy querido para mí, que descubrí de chiripa total, y que me dio una sorpresa muy agradable. Se trataba de un juego pausado y bien diseñado, en el que teníamos que leer mucho y devanarnos los sesos para resolver unos puzles más complejos de lo habitual. La historia que nos contaban aquellos tres primeros episodios nos hablaba de la búsqueda del profesor Samuel Hunt, que viaja de país en país para encontrar el misterio del AGON, un juego de mesa cuyas piezas tendrá que ir recopilando, jugando a su vez a otros juegos de mesa con los guardianes de esas piezas, todo ello envuelto en el tumultuoso inicio del siglo XX, que ya sabemos todos lo bien que empezó. En la entrega anterior, conseguimos dominar dos juegos de mesa: el Tablut de Finlandia y el Fanorona de Madagascar. En esta nueva entrega de AGON, Samuel viaja hasta Toledo para encontrar al último descendiente de la familia Candelas y que este le entregue la próxima pieza del AGON.


Por desgracia, nada más llegar, nos enteramos de todas las dificultades que se nos plantean. El joven Francisco Candelas, herrero y forjador de espadas, está en prisión por haber intentado robar una espada, reliquia familiar perteneciente ahora a un rico hacendado, Alonso García de la Rica. La novia de Francisco, Carmen Díez Palencia, está deshecha por el encarcelamiento de su novio, y también porque, según el testamento de su padre, Salvador Díez Palencia, ella deberá casarse con un hombre de riqueza considerable antes de los 21 años, o si no, casarse con el detestable hijo de García de la Rica, Eugenio. Algo no huele bien: ¿por qué Salvador le dio semejante trato a su amada hija? ¿Por qué Carlos Candelas, el padre de Francisco, le dio a Alonso García de la Rica una reliquia forjada por su padre, el famoso Juan Candelas? ¿Dónde está la espada desaparecida? ¿Es inocente Francisco? Todo eso tendremos que investigar y resolver, para poder jugar contra francisco al alquerque, un antepasado del juego de las damas, y conseguir así una nueva pieza del AGON.

El argumento del juego está muy bien construido, y tiene diferentes líneas que, como no, acaban por entrecruzarse. Tenemos el misterio que une a las tres familias (Díez Palencia, Candelas y García de la Rica) como eje central, pero también hay subtramas como la del anticuario Pablo Arriaga, la extraña herencia de Carmen, el mayordomo Hugo o el policía Reoyos. Todo esto pone de manifiesto un gran cambio respecto a la anterior entrega de AGON: antes, se trataba de un juego completamente vacío de personajes, donde apenas encontrabas a dos o tres personas por episodio, y con mucha suerte. Aquí tenemos un total de nueve personajes con los que interactuar, y nunca nos faltarán cosas que hacer. Los puzles más memorables son preparar y utilizar una cámara fotográfica de la época y revelar la foto después, un caleidoscopio que no es lo que parece, y también encontrar los códigos para abrir una caja fuerte con múltiples compartimentos.

Una vez más, tenemos aquí muchos textos para leer que encontraremos en la biblioteca de Díez Palencia y en la Iglesia de San Pedro. La mayoría de ellos no tienen ninguna relevancia para la historia, y muchos no tienen subtítulos (por suerte, están escritos originalmente en español), pero varios de ellos son esenciales para avanzar en el juego. Y qué agradable es simplemente hojear una versión antigua del Quijote o una biografía, olvidarte por un momento de la espada robada y de la llorosa Carmen, para volver después a nuestra tarea con fuerzas renovadas.

En cuanto a la jugabilidad, nos encontramos ante un juego en primera persona, que funciona a base de nodos (puntos fijos a los que podemos movernos, sin libertad de desplazamiento pero con vista de 360 grados). Podemos recoger objetos, utilizarlos, entregarlos y poco más. Y es que no hace falta mucho más para hacer una aventura gráfica de calidad. El inventario, eso sí, es un poco engorroso, una fila corredera de objetos que no nos permite verlos todos de un único vistazo, pero que en algunos casos tiene una vista de zoom que nos permitirá observar con mayor detenimiento el objeto en cuestión. También disponemos de un diario, tremendamente mal aprovechado, me entristece decir. No contiene ninguna reflexión de Samuel sobre los acontecimientos, ninguna pista sobre qué hacer a continuación. Sólo sirve para recoger las conversaciones mantenidas hasta el momento. Ni siquiera, y esto es lo más grave, permite guardar los datos y los textos ya obtenidos o consultados. Esto nos obligará a perder el tiempo viajando de un lugar a otro para consultar una vez más el libro aquel que estaba perdido en el último rincón de la iglesia. Entiendo la función de esto: el espíritu del juego es la paciencia y el progreso gradual, pero en este caso resulta bastante frustrante. Aun así, tiene una consecuencia positiva: nos obliga a escribir notas en papel con todo tipo de datos locos e incomprensibles sobre puzles, que es algo que me encanta. Aquí podéis ver una de mis hojas de notas correspondientes a AGON: The Lost Sword of Toledo (hay más).

Gráficamente es un juego agradable y bien hecho, sin ser en ningún momento ambicioso. Los modelos de los personajes están bastante bien (me sorprendieron gratamente las canciones de guitarra interpretadas por Domingo, que encajaban bastante bien con el movimiento de su manos), y también los objetos, los textos y el menú. Las cinemáticas se resuelven mediante cómics muy bien dibujados (no se complican la vida intentando hacer animaciones). Más que aceptable.

Por último, el sonido del juego tiene muchísima calidad, ya que varios de los puzles tienen que ver con ello. Por un lado, los efectos de sonido son correctos: pasar páginas, caminar, pulsar botones, etc. No falta nada, y nada chirría ni queda mal. Por otro lado, la banda sonora tiene tranquilas melodías de guitarra española. De hecho, uno de los personajes del juego es un guitarrista ambulante que interpretará para nosotros una serie de canciones a las que tendremos que estar muy atentos. Por último, las voces. Todos los personajes, salvo Samuel Hunt, deberían ser españoles nativos, pero no es el caso. Domingo, el padre Pérez o el sargento Reoyos sí pronuncian como debe ser (los actores de doblaje se llaman Arturo Fresoleno, Daniel Santo y Genaro Vasquez, así que supongo que al menos son hispanohablantes), pero el resto se esfuerzan mucho por poner acentos extraños, y a veces no lo consiguen (es gracioso oír a Carmen Díez Palencia decir “Alonso Garsíadalarrica” o a Francisco pronunciar su apellido como “Cándelas”). Pero son momentos puntuales, que no llegan a desmerecer el conjunto de un juego memorable, si bien no demasiado largo.

En resumen, se trata de una buena aventura gráfica, y un gran paso en la saga AGON en cuanto a gráficos, jugabilidad, audio y “vida” del juego. Ese es el camino, señores desarrolladores. Estoy deseando jugar a la siguiente entrega, que tendrá lugar en Pekín. Saludos.

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