domingo, 2 de marzo de 2014

Oz


In Emerald City we got rules, got a lot more rules than anywhere else in Oz. Your cell is your home, keep it clean, spotless. You are to exercise regularly, attend clases, go to drug and alcohol counseling. You are to work in one of the prison factories. You are to follow the routine. We tell you when to sleep, when to eat, when to piss. There is no yelling, no fighting, no fucking. Follow the rules, learn self-discipline, because if your had any self-discipline, any control over yourselves at all, you wouldn’t be sitting here now. Questions?

O'Reilly, Schillinger, Álvarez, Beecher, Saïd y Hill

En las últimas semanas, no he parado de darle la brasa a todo el que quería escucharme: Oz es una serie alucinante. Por muchísimos motivos: tiene multitud de personajes, y la gran mayoría experimentan procesos de evolución y no son para nada planos; es una serie muy valiente, que ya en los años 90 mostraba violencia, desnudos, droga y homosexualidad sin ningún tipo de pudor; las diferentes historias que se entrecruzan y el argumento general son muy adictivos y contienen mucho suspense; las diferentes reflexiones del narrador acerca de cualquier tema (no sólo el problema de las cárceles, sino también el amor, la música, los desastres naturales, las adicciones y mil temas más); muchísimos actores de series reputadas aparecen aquí; porque supone un retrato y una crítica al sistema penitenciario, y porque, licencias narrativas y dramáticas aparte, es muy realista; porque sabe ser terrible y deprimente, hacer que te preocupes por sus personajes, hacer que te rías y que llores. No tiene la sutilidad de Los Soprano, ni tantas lecturas. Es mucho más directa, pero eso a mí no me supone ningún problema.


Oz nos presenta una cárcel llamada Oswald Maximum Security Penitentiary (apodada Oz por los presos), y se centra en Emerald City, un proyecto creado por Tim McManus (director de una de las secciones de la cárcel). En Emerald City, los presos tienen una serie de derechos: viven en celdas insonorizadas y sin barrotes, pueden vestir ropa de calle, tienen acceso a una sala de ordenadores, etc. A cambio, tienen que asistir a diferentes clases, sesiones y trabajos. En Emerald City, como en todos los sectores de la prisión, hay diferentes grupos: los negros, los latinos, los arios, los italianos, los musulmanes, los gays, los cristianos, los moteros… Oz es una lucha constante por el poder, por ver qué grupo se hace con el control del contrabando o el tráfico de drogas. Cada individuo debe probarse y hacerse un hueco dentro de la prisión, para no acabar muerto o ser el prag de alguien (PRison fAG, “marica de cárcel”). Durante las seis temporadas de la serie, veremos entrar nuevos jugadores, y también veremos marcharse a muchos, generalmente con los pies por delante. Algo que me parece fabuloso y una idea genial de esta serie es que la violencia nunca es atractiva, como puede serlo en 300 o Spartacus. Aquí las muertes te revuelven el estómago, son siempre terribles, yo me he visto a mí mismo levantándome de la silla, increpando a la pantalla e incluso apartando la mirada más de una, más de dos y más de tres veces. Cuando además se trata de personajes con los que llevas “viviendo” ya un buen tiempo (hará más o menos un año que empecé con la serie)… es muy chungo. Ver una ejecución… buff. Tampoco es que sea repulsivo y brutal en el sentido en que puede serlo Saw. Se ve, pero se sufre. De hecho, uno de los actores comentaba su preocupación por que la violencia de la serie pudiera resultarle atractiva y guay a los jóvenes en el mal sentido, pero salió de dudas cuando uno le dijo que aquella serie le tenía acojonado y que no quería acabar en la cárcel ni de broma. Sólo cinco o seis personajes sobreviven desde la temporada 1 hasta la 6 (es una estadística algo tramposa, porque algunos aparecen en la segunda temporada y también sobreviven, pero sirve para hacerse una idea). La serie es tremendamente cruda y realista, pero también puede llegar a ser muy poética y metafórica. Atención, por ejemplo, al aspecto que le da la luz al rostro de Augustus en la última escena de la serie.


Y es que los personajes son una joya: desde Tobias Beecher, el abogado que acaba en la cárcel por atropellar a una niña, y sufre todo el proceso de adaptación de una persona que no tiene “habilidades callejeras”, hasta Ryan O’Reilly, un irlandés manipulador y traidor que se alía con quien le interesa y durante el tiempo que le interesa, y provoca a unos y a otros para que le hagan el trabajo sucio, pasando por Miguel Álvarez (el actor Kirk Acevedo, Joe Toye de Hermanos de Sangre, Charlie Francis en Fringe), seguramente mi favorito, un latino que, a pesar de tener buen corazón y voluntad de corregir sus errores y salir libre de Oz, su entorno, la falta de libertad y la obsesión que le provocan las cuatro paredes de Oz hará que sea visto como un monstruo a ojos de todos. Simon Adebisi (el señor Eko de Perdidos), un negro gigantesco, señor de la droga, asesino y violador, y completamente chalado. Vernon Schillinger (más os vale pronunciar su apellido con la g de singer, y no con la g de danger, u os estaréis buscando problemas), líder de la hermandad aria de Oz, un tipo completamente frío y brutal, que inspira verdadero miedo. Augustus Hill (Michael de Perdidos), narrador de la serie y preso reformado y en silla de ruedas, un pedazo de pan. Kareem Saïd, una especie de gurú espiritual y defensor de los derechos de los presos. La hermana Peter Marie, una monja y psicóloga que trata a los presos; el alcaide Glynn, el gobernador Devlin, el mismo Tim McManus (un idealista profundo que sufre una decepción tras otra con los presos), la doctora Nathan (nada menos que la explosiva María Laguerta de Dexter), la funcionaria de prisiones Diane Whittlesey (Carmela Soprano, nada menos), y su compañera Claire Howell (una ninfómana con autoridad sobre un montón de hombres que en muchos casos no han conocido mujer en meses) y un montón más. 


Otro de los elementos geniales de Oz es la comparación el crimen que cometieron los presos (que aparece en forma de flashback) y lo que están haciendo en la actualidad (muy del estilo de Perdidos, que nos mostraba el contraste entre el pasado y el presente de los supervivientes). La serie nos habla de la rutina de la cárcel (The routine? Man, the routine will kill you!, nos dice Augustus en el primer episodio de la serie), y es precisamente una rutina lo que nos trae la serie: el almuerzo en la cafetería, el apagado de luces, los registros sorpresa, las duchas, el gimnasio, la sección de aislamiento y el Agujero (el castigo máximo de Emerald City: te meten desnudo en una celda sin ventanas y con sólo una bombilla, te dan un cubo para tus necesidades y te llevan la comida, a menos que al funcionario de prisiones le caigas mal…) La serie nos mete completamente en Oz, nos acostumbra a esos lugares y a los rifirrafes y chanchullos entre los diferentes grupos (y las luchas internas también), te convierte en uno más y aprendes las reglas, las costumbres y la jerga: shank (cuchillo), prag, pod (celda), tits (droga)… Es por eso por lo que este vídeo que os pongo a continuación (especialmente el minuto 2:25) me dice mucho más de lo que me hubiera dicho antes de ver Oz (todo ese turbio asunto de la “protección” de un yogurín de 19 años que acaba de llegar a la cárcel).


Así que, amigos míos, os recomiendo a todos, con el corazón en la mano, que veáis Oz, una de las mejores series que he podido ver en mi vida: 6 temporadas de unos 7 u 8 episodios de una hora, mucha acción, mucha evolución y mucha reflexión. Y ahora que yo he terminado de verla, siento una tremenda sensación de vacío, como si me hubieran echado de Oz a empujones, y me sintiera fuera de lugar, como Morgan Freeman en Cadena perpetua. Tanto es así, que lo primero que hice al terminar el último episodio fue…. volver a ver la primera temporada casi del tirón. Es absurdo, porque lo único que tienen en común todos los presos de Oz son las ganas de salir por fin de allí. Aunque sea en una bolsa negra.

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