martes, 4 de febrero de 2014

La caballerosidad mal entendida

Hace unos años, en un examen de interpretación en la universidad, estábamos mis amigos y yo sentados en las escaleras de bajada al módulo en cuestión (un subconjunto de aulas), esperando nuestro turno para la crucifixión. Llegó entonces una compañera junto con su madre. Traían un carrito de bebé. La chica cogió al bebé en brazos y bajó las escaleras para que nuestras compañeras se derritieran de envidia y sólo se oyera un “Oyoyoyoyoyoy” homogéneo en los pasillos. La mujer cogió el carrito y lo bajó por las escaleras. Nosotros seguimos charlando. Poco después de llegar al piso inferior, la mujer se acercó hasta nosotros y nos preguntó por qué no la habíamos ayudado. Dijo que suponía que éramos hombres modernos y que estábamos rodeados de chicas jóvenes, y que tal vez por eso nos había dado vergüenza cumplir con las normas de la caballerosidad. Nosotros no supimos muy bien qué decir, alegamos no habernos dado cuenta de que estaba allí o algo así (aunque nos había pasado por los mismos bigotes). Ahí quedó el incidente. Pero desde entonces le he estado dando vueltas al porqué de nuestra reacción. Estamos todos bastante chapados a la antigua en materia de caballerosidad: abrir la puerta, dejar pasar, llevar una maleta muy pesada, esas cosas. No preguntéis por qué, nos han criado así: no considero que las mujeres sean incapaces de valerse por sí mismas, que sean más débiles ni esas chorradas. Lo hago por educación y punto. Cosas peores se me ocurren.

El caso es que llegué a la siguiente conclusión: cuando ayudamos a una mujer con un niño a subir o bajar unas escaleras, no es por la mujer, sino por el niño, para que no se haga daño ni se despierte con los rebotes del carrito sobre las escaleras. Si retiras al niño de la escena, no hay ningún motivo para ayudarla a llevar el carrito, ya que no es tan pesado como una maleta y puede arrastrarlo rebotando de escalón en escalón sin miedo, pues está provisto de ruedas. Creo que fue por eso por lo que aquella mujer llevando un carrito escaleras abajo no hizo saltar ninguna alarma de caballerosidad, y por lo que no supimos explicar muy bien los motivos de nuestra inacción. Pero ella pensaba, y quizá no sea la única, que el elemento más importante en el tándem “mujer con niño” es la mujer, y que es a ella a la que queremos auxiliar. No, señora. ¿Y los niños? ¿Es que nadie piensa en los niños?

Termino esta pequeña reflexión manifestando mi desazón por la falta de tiempo para publicar, que repercute negativamente en las visitas del blog. Pero como no hago dinero con esto, pues en el fondo no es tan grave. Sigo leyendo, sigo jugando y sigo viendo, todo llegará. Saludos.

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