sábado, 8 de febrero de 2014

DOOM

Llevo una temporada jugando a DOOM, un juego del año 93 (parece que fue hace tres días y han pasado veinte años) que popularizó e impulsó el género del shooter en primera persona. Pese a que llegó más tarde que el Wolfenstein, DOOM fue uno de los juegos más celebrados de su tiempo. Y gracias a un simpático emulador, pude echarle mano y pasarme el juego.

En DOOM, tomamos el control de un marine en una base militar de la UAC en Fobos, una de las lunas de marte. Ocurre algo rarísimo, y nos vemos obligados a abrirnos paso a tiro limpio entre hordas de demonios, zombis y toda suerte de bichos horrendos, a través de tres mundos: Fobos, Deimos y el Infierno (así, tal cual). El argumento es delirante y casi inexistente: pasamos de un nivel a otro sin más miramientos. Los niveles están muy bien diseñados y contienen muchísimos secretos, armas ocultas, atajos, botones que abren zonas en otras partes del mapa, etc. En general, el objetivo será localizar llaves especiales para abrir puertas que nos conducirán a la salida del nivel. El arsenal de armas es muy variado: desde los puños hasta la motosierra, pasando por la pistola, la escopeta, la ametralladora, el lanzacohetes, el rifle de plasma… encontraremos diversos power-ups que nos darán armadura, salud, mejoras de daño, visión nocturna, invisibilidad… Disponemos de un mapa del nivel, muy esquemático, que nos ayudará a orientarnos.

El juego no para ni un momento, es muy dinámico y violento, hay auténticas hordas de enemigos, y estaremos soltando balas la mayor parte del tiempo. Se notan los años que tiene el juego, no sólo en los gráficos (muy básicos, pero cuidados), sino también en la mecánica de apuntado (no podremos apuntar arriba y abajo, sólo hacia los lados, de manera que si tenemos un enemigo en un nivel superior, la única forma de matarlo será disparar a la nada, y mágicamente las balas matarán al enemigo).



Personalmente, he jugado con unos controles un poco ineficaces, que no me permitían moverme lateralmente, de forma que era un blanco fácil para los enemigos, pero he podido ver que el combate también necesita cierta estrategia, no se trata de disparar sin más: podemos intentar que los enemigos se ataquen entre sí, conducirlos hacia trampas, usar barriles explosivos, etc. Cuando digo que se trata de un juego violento no lo digo a la ligera: los enemigos explotan si les disparamos muy de cerca, en auténticas bolas de sangre y huesos, y sus asquerosos restos se quedan desparramados por el nivel.

La interfaz del juego es muy sencilla, y consiste en una barra inferior con la lista de armas, la munición restante de la que tenemos equipada, nuestro porcentaje de salud y de armadura y un simpático dibujo animado del rostro de nuestro personaje, que va sufriendo daños a medida que nos disparan, de manera que empieza a sangrarle la nariz y la boca, se le enrojecen los ojos, y al final termina realmente fastidiado. La banda sonora y los efectos de sonido son humildes pero efectivos: aullidos, multitud de disparos diferentes, explosiones... y una banda sonora memorable.

En resumen, jugar a DOOM es jugar un pedazo importante de la historia de los videojuegos, y creo que todo amante de los shooters puros debería probarlo, porque es un auténtico ejemplo de cómo combinar un juego de acción increíble con un diseño de niveles muy inteligente y cuidado, verdaderamente profundo. Ahora, para cambiar un poco de onda, probaré Outcry, una aventura gráfica de esas que tengo por docenas. Saludos.

No hay comentarios: