jueves, 5 de diciembre de 2013

Pre-Navidad 2013

Llevo una semanita un poco alterada por diversas cuestiones, y no tenía nada que publicar. El contador de visitas se resiente, pero si publico por obligación, ¿qué sentido tiene? Vuelvo a casa la semana próxima, a pasar la Navidad y, básicamente, a hacerme unos ajustes: me van a sacar una muela, me van a hacer unas plantillas para los pies, etc. Una maravilla. Así podré volver a la acción con ímpetu: el gimnasio, la esgrima medieval y otro proyecto que tenemos entre manos van viento en popa, y el máster y los cursos gratuitos también. Ya hablaré del máster en el Antro del Traductor cuando haya terminado esta primera asignatura, que ha sido muy útil e interesante.

La perspectiva de volver a casa después de este par de meses es interesante. El primer encontronazo será el de siempre: de la libertad de vivir solo, al núcleo familiar. Es lo que digo siempre: tú has cambiado, pero en tu casa no lo saben (¿cómo van a saberlo?) y te tratarán igual, y de ahí vendrán los roces. Al final, El héroe de las mil caras tiene raíces en todos los aspectos de la vida. Tengo ganas de verlos a todos, claro está, de pasar tiempo con la familia, pero te das cuenta de que, por suerte o por desgracia, con la "edad" (tuya o suya), te van necesitando a ti más que tú a ellos (en el plano emocional; el económico sigue como siempre).

Cada vez veo más clara la tragedia de ser padre, la veo en los míos y en las historias que me cuentan amigos y conocidos sobre los suyos: si te trazan un camino y te obligan a seguirlo, si te castigan, te llaman a todas horas, es porque se preocupan. Qué más quisieran ellos que no preocuparse, pero al tener un hijo se les instala una especie de parásito en el estómago que les clava un aguijón cada vez que no saben dónde está su hijo, si está bien de salud, si come verdura, si aprende con lo que está estudiando, si es feliz. Sienten que es su responsabilidad, y que cualquier mal que nos ocurra, en el fondo es culpa suya por habernos soltado en el mundo. De modo que cuando me intentan marcar el camino, yo sé que no lo hacen para que me sienta una marioneta, para que sienta que mi libertad es ficticia, sino que lo hacen por mi bien, y seguramente sea un buen camino, bien trazado y con una meta interesante, pero lo que no comprenden es que no sería el camino que hubiera descubierto yo. Ellos pasaron por cosas mucho peores, tuvieron que luchar para abrirse paso y conseguir lo que tienen ahora, y quieren que yo no tenga que pasar por ello. ¿No son capaces de ver que lo importante no es la meta, sino el camino que te lleva hasta ella? Eso es lo que determina quién eres y lo que es tu vida. La meta, en última instancia, es la misma para todos. Tanta poesía dedicada a este tema, ¿y no pueden verlo reflejado en su propia vida?


No hay comentarios: