sábado, 7 de diciembre de 2013

Dante Alighieri - Infierno

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate


Este humilde blog comenzó a despegar (también humildemente) a partir de la entrada que escribí sobre el videojuego Dante’s Inferno. Pese a que en términos de jugabilidad era un refrito de God of War, la estética y la ambientación del juego me robaron el corazón. Y hoy, años después de aquella entrada, vamos a hablar sobre the real thing: Infierno de Dante Alighieri. En El Antro del Traductor haremos un espacioso hueco a Ángel Crespo en nuestro expositor de “Traductores envidiables”, y aquí nos limitaremos a hablar de la obra en sí.

Edición bilingüe y comentada, like a sir. Majestuosa portada
con las letras doradas y una versión esquemática de los círculos del Infierno

Infierno no es un simple catálogo de tormentos de ultratumba. No es una obra destinada a asustar a la gente con lo que le puede pasar si se portan mal. Es un libro que bajo un argumento aparentemente pasivo y contemplativo (Dante y Virgilio se pasean por todos los recovecos del Infierno), esconde reflexión filosófica de la mejor calidad. Y todo ello, en verso. Cada frase, cada descripción, cada diálogo, cada página y cada canto son sencillamente magistrales, y está claro que el sobrenombre “Divina” de la Commedia (que fue añadido mucho después de la muerte de Dante) no sólo describe la ubicación de la obra, sino también su calidad y multiplicidad de niveles de significado e interpretación.

Al principio del poema, Dante se describe a sí mismo como “perdido en una selva oscura”, y acosado por un leopardo, un león y una loba, que representan la lujuria, la soberbia y la codicia (según la mayor parte de las interpretaciones). Se encuentra con Virgilio, el gran poeta romano, autor de la Eneida (que no es santa de mi devoción, como ya expliqué), que se presenta como enviado por Beatrice, la “mujer ideal” de Dante, el amor de su vida. Dante y Virgilio comienzan el descenso por el Infierno, con la intención de proseguir, más tarde, por el Purgatorio y el Paraíso. El orden de los círculos del Infierno es relativo a la gravedad del pecado cometido. Para Dante, un pecado del cuerpo como la lujuria o la gula es más leve y fácil de cometer que un pecado del alma, como la traición. El castigo recibido es también más terrible a medida que se desciende.

Dante ve a su amor imposible

En el vestíbulo, tras la gran puerta que advierte a quienes la cruzan de que pierdan toda esperanza, están los indiferentes, aquellos que no tomaron partido por el bien ni por el mal. Aquí empezamos a ver la opinión moral de Dante: para él, quienes no toman partido (y aquí se incluye a los ángeles que no defendieron a Dios ni tampoco a Lucifer) son completamente despreciables, y tan malvados como los mismos malvados. Su castigo es, por lo tanto, no menos real:

De las almas que han vivido
de modo que ni el bien ni el mal hicieron
brota este triste y mísero alarido.
con la compaña, aquí, se confundieron
de ángeles ni rebeldes ni leales
a Dios: que de sí mismos sólo fueron.
Ciérranseles las puertas celestiales
y el infierno, pues gloria habrían dado,
aunque poca, a las almas criminales.
[…]
Al punto comprendí que aquellas gentes
componían la secta de malvados
a Dios y a sus contrarios repelentes.
Estos nunca vivientes desgraciados
iban desnudos, y los azuzaban
avispas y moscones obstinados.
El rostro con su sangre les surcaban
y caía a sus pies, mezclada al llanto,
do molestos gusanos la chupaban.

Dante y Virgilio cruzan en la barca de Caronte en dirección al primer círculo del Infierno: el Limbo, los no bautizados. Aquellos que, pese a ser virtuosos, no fueron cristianos. Por ello, tienen vedado el Paraíso, pero tienen a su disposición un triste sucedáneo de paraíso lejos de Dios, con campos verdes y un castillo con siete puertas para las siete virtudes. Todos los grandes hombres y mujeres del pasado, anteriores a Cristo, están allí: Homero, Ovidio, Horacio y Lucano forman, junto con Virgilio, el grupo de mayor honor del Limbo. También están Pentesilea, Euclides, Cicerón, Hipócrates, Sócrates, Platón, Aristóteles, Averroes, Julio César, Héctor (jódete, Aquiles), Electra, Latino, Orfeo y Saladino. En este círculo, el rey Minos, en forma de serpiente, juzga a los recién llegados y los envía a uno de los ocho círculos restantes.

El mapa del pozo infernal

En el segundo círculo, Lujuria, están condenados aquellos que dejaron que sus apetitos les nublaran la razón. Como castigo, un fortísmo viento los arrastra constantemente en una monumental tormenta, simbolizando así lo veletas y volubles que son los que carecen de fuerza de voluntad para poner riendas a sus apetencias. En este viento flotan Semíramis, Dido, Cleopatra, Helena de Troya, Aquiles (sufre, mamón), Paris y muchos otros. También se inicia aquí algo habitual en la Comedia: Dante se encuentra con personas contemporáneas, tanto amigas como enemigas suyas, sufriendo por los pecados cometidos. Me gusta verlo como uno de esos relatos en los que tú y tus amigos sois los protagonistas: debieron echarse más de una risa al leer que a Fulano o a Mengano Dante lo había metido entre los sodomitas, o entre los usureros. En Lujuria, Francesca da Rimini le explica a Dante cómo cometió adulterio con su cuñado Paolo Malatesta, inducidos por la lectura de la historia de Lanzarote y Ginebra.

Los glotones

En el tercer círculo, Gula, los condenados están eternamente castigados por una lluvia helada y cubiertos de escarcha. Cerbero, el gran gusano, guarda este círculo.


En el cuarto círculo sufren aquellos que no trataron los bienes materiales con la suficiente rectitud: aquí están tanto los avaros como los pródigos, vigilados por Pluto, dios de la riqueza. Los ejércitos de avaros y de pródigos luchan entre sí, empujando enormes pesos.


En el quinto círculo, la Ira, luchan los iracundos unos con otros, hundidos y embarrados en el pantanoso río Estigia. Dante y Virgilio cruzan el río con la ayuda del reticente Flegias, rey de los lapitas. En el camino, se encuentran con Filippo Argenti, enemigo personal de Dante, y tiene lugar una discusión. Aquí se muestra el carácter también pecaminoso del poeta, incapaz de perdonar a su enemigo incluso viéndolo humillado y condenado para siempre. En una escena terrible, el resto de almas se abalanzan sobre Filippo Argenti y lo arrancan de su frágil asidero en la barca de Flegias, hundiéndolo en el barro mientras lo abruman a golpes y le parten los dientes: toda esperanza, tal y como rezaba la puerta del Infierno, está perdida.



Llegamos a las zonas inferiores del Infierno, en la ciudad de Dis. Los ángeles caídos, Medusa y las Furias protegen la entrada, y sólo con la ayuda de un ángel celestial consiguen nuestros protagonistas cruzar el umbral. El sexto círculo se extiende ante nosotros:

En Herejía, todos las sectas y desviaciones del cristianismo están aquí reunidas, especialmente los epicúreos. El castigo de estas almas es estar encerradas dentro de tumbas en llamas. Allí Dante se encuentra con Farinata degli Uberti y Cavalcante de Cavalcanti (conocidos suyos) y otros personajes como el mismo Epicuro, el emperador Federico II y el papa Anastasio II (Dante no se corta un pelo a la hora de decir quién merece la condenación eterna).

El séptimo círculo, Violencia, es uno de los más terribles. Está dividido en tres zonas: la primera es la violencia contra el prójimo, y allí los pecadores están sumergidos en un río de sangre hirviente, rodeados por centauros (liderados por Quirón y Folo) que los asaetean cada vez que intentan salir: Dionisio de Siracusa, Guy de Monfort, Atila y muchos otros. La segunda zona la pueblan los violentos contra sí mismos, es decir, los suicidas. Están transformados en árboles y arbustos que forman un frondoso bosque. Aquellos que dilapidaron su riqueza y arruinaron así sus vidas también están aquí, perseguidos por perros, y en su frenética huida rompen las ramas de los suicidas, que sangran y gritan. La tercera zona es la de los violentos contra Dios (blasfemos) y los violentos contra natura (sodomitas y usureros). Todos ellos viven en un desierto de arena ardiente sobre el que llueven llamas. Los blasfemos están tumbados, los usureros sentados y los sodomitas vagan en grupos. Muchos personajes contemporáneos de Dante están aquí, incluido su propio mentor, Brunetto Latini, condenado por sodomita.

El bosque de los suicidas, con los lapidadores perseguidos por perros


Llegamos al octavo círculo, el Fraude, también conocido como Malasbolsas: diez recintos que recogen a diez tipos distintos de fraudulentos. Los protagonistas llegan allí a lomos del monstruo alado Gerión. Estos pecados son los que Dante considera más serios: causar el mal de forma deliberada, vender sexo, amistad, fe y esperanza a cambio de dinero, traicionar y pervertir todo lo que debiera ser bueno y puro. Es por eso por lo que la mayor parte de la obra está dedicada a toda esta gente tan maja.

En la primera bolsa, rufianes (proxenetas) y seductores son fustigados por los demonios: del mismo modo que ellos emplean a su antojo las pasiones del prójimo para conseguir sus propios fines, ahora son conducidos ellos mismos por fuerzas ajenas. El más notorio de estos es Jasón, que sedujo a Medea para conseguir el vellocino de oro y luego abandonarla.

La segunda bolsa es el castigo de los aduladores, que usan el lenguaje para dominar a los demás. Están sumergidos hasta el cuello en excrementos.

La tercera bolsa acoge a los simoníacos, aquellos que ponen precio, compran y venden cosas espirituales (como las bulas papales). Muchos papas están en este horrendo recinto, encajados cabeza abajo en estrechos agujeros excavados en la roca, con los pies ardiendo. Simón el Mago (a quien le debemos el nombre de este simpático pecado) también está aquí.

En la cuarta bolsa viven los adivinos, brujos, falsos profetas y astrólogos, y en general todos aquellos que decían predecir el futuro. Como castigo, sus cabezas están retorcidas hacia atrás, y se ven obligados a caminar de espaldas. Anfiarao, Tiresias y varios contemporáneos de Dante están aquí.

En la quinta bolsa viven los barateros y políticos corruptos, sumergidos en un lago de pez hirviente. Para Dante, los barateros son el equivalente político de los simoníacos, y por ello son especialmente odiosos. Están atormentados por los Malasgarras, una banda de diablos muy sórdidos que los hieren con tridentes. Estos demonios guían a Dante y Virgilio hacia la siguiente bolsa.

Los malasgarras "saludan" a los recién llegados

En la sexta bolsa están los hipócritas, que caminan eternamente con pesadas túnicas cubiertas de plomo. Aquí está Caifás, Sumo Sacerdote hebreo que aconsejó el suplicio de Cristo. Está crucificado en el suelo.

La séptima bolsa es el hogar de los ladrones, vigilados por el centauro Caco. Son perseguidos y heridos por serpientes y lagartos, cuyas mordeduras provocan grotescas metamorfosis en los pecadores.

En la octava bolsa, los malos consejeros (que provocaron que otros cometieran fraude) arden eternamente. Ulises y Diomedes (que dieron con el despreciable engaño del caballo de Troya) arden aquí. Triste fin para los dos héroes.

En la novena bolsa están los discordiadores y cismáticos, aquellos que provocaron separaciones y rivalidad. Mahoma y Alí están aquí, con las cabezas y los cuerpos divididos en dos por la espada de un demonio. Quien dividió, ahora se ve a sí mismo dividido.

La última bolsa es el suplicio de los falseadores (alquimistas, contrabandistas, perjuros, impostores…) y se ven aquí atacados por diversas enfermedades: el griego Sinón (que consiguió introducir el caballo de madera en Troya), la mujer de Putifar (que quiso seducir a José, no lo logró y fingió haber sido violada por él) y Mirra, que se disfrazó para poder acostarse con su padre.

Las bolsas representan la destrucción y perversión de toda interacción social: esos son los pecados más graves, y los más severamente castigados.

Dante y Virgilio asisten a una patética escena

El noveno círculo, por fin, es Traición, un páramo congelado (irónicamente) en el que los condenados están atrapados en el hielo del lago Cocito. Los traidores son los peores pecadores, pues cometen fraude contra gente que sentía amor y respeto por ellos. Los gigantes son los guardianes de este círculo (Nimrod, Briareo, Efialtes, Tifón…). El círculo final se divide en cuatro zonas:

Caína es el hogar de quienes cometieron traición contra su familia: Caín y Mordred son los residentes más notorios, hundidos en el hielo hasta la barbilla.

Antenora acoge a los traidores contra la patria u otras entidades políticas (ciudad, partido…). El nombre proviene de Antenor, príncipe troyano que entregó el Paladio a los griegos y contribuyó así a la caída de su ciudad. Uno de los pecadores que aquí habitan es el conde Ugolino, que se encuentra mordisqueando la cabeza de su rival Ruggieri degli Ubaldini, y Ganelón, que traicionó a Carlomagno y provocó la muerte de Roldán.

En Tolomea sufren quienes traicionaron a sus huéspedes y amigos. Aquí los condenados están tumbados e inmersos en el hielo, que sólo les deja libre el rostro. Su castigo es más grave, puesto que su relación con los traicionados es voluntaria (al contrario que la familia o la patria, que nos vienen impuestas).

Los círculos del Infierno

Finalmente, el último recinto del noveno círculo es Judea, donde sufren quienes traicionaron a sus señores y benefactores. Estos pecadores están completamente inmersos en el hielo, y colocados en las más grotescas posturas. Dante y Virgilio avanzan y se encuentran con Dite, el Demonio, en una de las escenas más sobrecogedoras de todo el libro:

El centro del Infierno

Una figura ciclópea, hundida en el hielo hasta la cintura, con tres rostros y seis alas que provocan un viento helado que mantiene a los condenados en su lugar. Los tres rostros tienen atrapados en sus tres bocas a los tres mayores pecadores de la historia: las bocas laterales mordisquean los pies de Bruto y Casio, que traicionaron a Julio César. La boca central tiene entre los dientes la cabeza de Judas Iscariote, que traicionó a Cristo. Una grotesca perversión de la Trinidad.

Y entonces, todos sabemos lo que pasa (no lo veáis si tenés intención de jugar):


Infierno es una obra monumental, al mismo tiempo hermosa y terrible. Es una genialidad, y he disfrutado cada segundo que he pasado leyéndola. A lo largo de los años, ha inspirado libros, cuadros, películas, música y videojuegos, de los que os he dejado una pequeña muestra en la entrada. No sé, la verdad, qué puedo añadir yo a todo lo que se ha dicho sobre tamaña obra literaria, aparte de unos cuantos comentarios sobre la intensidad de tal o cual escena. Os la recomiendo sin ninguna duda, especialmente si la leéis en versión bilingüe y comentada, para no perderos ni una sola referencia. Próxima parada (algún día, cuando encuentre la edición de Ángel Crespo): Purgatorio y ParaísoPara un breve comentario sobre la traducción al castellano de Ángel Crespo, manteneos atentos al Antro del Traductor.


Saludos infernales.


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