jueves, 7 de noviembre de 2013

Portugaña


Como sabéis, llevo ya un tiempo en Portugal, y eso me ha dado unas ciertas ideas sobre el carácter de sus habitantes. Sin duda, me baso sólo en experiencias personales, e inevitablemente tengo que generalizar, pero creedme si os digo que todo lo que aquí escriba lo pienso de verdad. Si no estáis de acuerdo o no es así la experiencia que habéis tenido con los portugueses, me parece muy bien, es lo que tiene conocer a personas distintas. Eso le da riqueza al mundo, pero aquí os presento lo que he sentido YO aquí en Portugal. Este es mi blog y rara vez me he contenido a la hora de decir lo que pienso. Y la verdad es que tenía ganas de decir un par de cosas, sólo para quedarme tranquilo.

Antes de nada, debéis saber que para mí, el tema de los nacionalismos me resulta tremendamente absurdo. “Estar orgulloso de ser español” para mí no tiene sentido, aunque sólo sea porque “ser español” no es la recompensa de un esfuerzo, algo de lo que sentir orgullo. He nacido en este país, como podía haber nacido en cualquier otro. Podría haber nacido en Mozambique, en Francia o en Liechtenstein, y ese hecho, a mí, me impide cualquier sentimiento de patriotismo. La patria es un cuento chino, desde mi punto de vista. Me gusta España, me gusta su gente, su comida y sus costumbres, su música y su historia. Sin duda, haber crecido aquí hace que me sienta más identificado que con ningún otro lugar. Sobre todo cuando te encuentras fuera del país, te sientes más español que nunca. Pero es un efecto óptico, nada más. Después de dejar esto claro, pasemos al siguiente punto.

Los portugueses no son como nosotros en este sentido. Ellos han crecido aprendiendo a amar su país y, sobre todo, a amar la grandeza que una vez tuvo. Portugal fue un gran imperio colonial, grandes héroes y descubridores, etc. Ellos han estudiado intensivamente la historia de su país, y existe un sentimiento muy fuerte de “el glorioso pasado perdido”. En cierto modo, son muy estadounidenses: el orgullo nacional es un rasgo muy característico, pero no es orgullo en general, sino orgullo principalmente por lo que Portugal fue. Ahora estamos, Portugal y España, hechos mierda, devorados por las chinches de la crisis. Esa es la cruda realidad, pero muchos viven todavía en tiempos de Afonso Enriques, y tanto soñar les impide actuar. Hay que soñar, es una parte muy importante sin la cual la vida se hace insoportable, pero también hay que actuar. Poco a poco llegamos a lo que nos interesa.

La relación entre España y Portugal es, en una palabra, asimétrica. Muchos se sienten invadidos por España, se ponen a la defensiva con los españoles y bromean a nuestra costa. Hace no mucho, un ciclista portugués derrotó a uno español, y los comentarios en Facebook eran para echarse a llorar (“siempre es bueno ver a un portugués ganando a un español”, “un portugués le cierra la boca a España”…) Nosotros no. La gran mayoría de los españoles no sabe NADA de Portugal. No se trata de desprecio por el país de pequeño tamaño (que es lo que muchos portugueses creen), sino indiferencia y desconocimiento. Y me temo que eso los hace enfadar aún más. La batalla de Aljubarrota, en la que los portugueses derrotaron a las tropas castellanas muy superiores en número, para nosotros no significa nada; mucha gente ni la conoce (si eso es debido a una conspiración judeomasónica para ocultar las derrotas españolas, ahí ya no me meto). A mí me han venido ya varias veces con el cuento de “Aljubarrota, Aljubarrota”, para que yo me sienta ofendido. Por una batalla de 1385. Ahí tienen que ir a buscar para darme argumentos, argumentos en un debate sin sentido que YO NO BUSCO.

Por los mismos motivos, cuando alguien habla mal de España o de sus habitantes, creen que yo me tengo que ofender, porque ellos se ofenderían si yo hablara mal de Portugal en conjunto. No conciben que yo no reaccione como un crío pequeño, entrando en el “y tú más, y tú más”. “Se están metiendo con tu tierra”, me dicen. No. Mi tierra es mi casa y unos pocos metros cuadrados a la redonda. No soy tan egocéntrico como para creer que todo el país es “mi tierra”.

Los portugueses están muy orgullosos de su don de lenguas (algo totalmente cierto: la familiaridad de los jóvenes portugueses con el inglés es algo increíble) y saben de nuestra torpeza y falta de oído para aprender idiomas (que también es cierta). Entramos en la misma dinámica. ¿Han hecho ellos algo, personalmente, para que en su país se vea la televisión en versión original, para obtener esa facilidad para los idiomas? ¿Es mérito suyo? ¿Es culpa mía que en España se doble todo al castellano y tengamos el oído cerrado a acentos extranjeros? ¿Es culpa mía que en la televisión pronuncien “Michelín”, y que todos tengamos que hacer lo mismo para no parecer idiotas o pedantes? No es algo de lo que sentirse orgulloso (o avergonzado) individualmente, porque tú, como individuo, no has hecho nada. Te ha venido así. Luchar contra ello (esforzarse por aprender idiomas en el caso de un español, por ejemplo) sí que es digno de orgullo.


Me encanta este país. Creo que tiene un encanto especial, un ritmo propio. La comida me tiene enamorado, la gente es soñadora y hospitalaria. He hecho grandes amigos, y los que me faltan por hacer. Muchos de los portugueses que conozco no se ajustan para nada a la descripción que he hecho, o sólo en ciertos rasgos aislados. Yo lo único que pido es que nadie crea que me conoce sólo por saber dónde he nacido.

1 comentario:

Algunenano dijo...

Ah, Portugal. ¡País hermano! 12 puntos