martes, 26 de noviembre de 2013

Alien vs. Predator


Hace ya algún tiempo, fui con unos amigos a ver Alien vs. Predator 2 (o, según el título oficial: Alien vs. Predator: Requiem). Creo que jamás he visto una película de alto presupuesto más penosa. La historia estaba reducida a la mínima expresión, los personajes eran todos irrelevantes, estereotipados y desagradables, la violencia era exagerada y sin sentido, los diálogos eran ridículos… En un intento por humanizar una historia de guerra entre razas alienígenas, nos meten un pequeño conflicto de un muchacho que se enamora de una chica con novio. Una excusa para esta fabulosa escena sin sentido en la que la cámara se regodea en las esqueléticas proporciones de la muchacha.


Cada vez que un personaje moría de forma patética, me alegraba. Pero no internamente y en silencio: lo manifestaba con grandes voces. Personajes supuestamente relevantes que aparecían en una o dos escenas, pronunciaban tres frases y luego eran aniquilados. ¿Se supone que tenía que lamentar sus muertes? ¿Que la película había construido un puente entre el personaje y yo, mostrándome sus sueños y sus inquietudes?

En fin. Alien vs. Predator: Requiem fue una auténtica peste de película. Pero no me di por vencido: había oído que la primera parte estaba bastante bien. Así que ayer la vi (tiré de la cadena y la perdí), y puedo decir que se nota un poco más de esfuerzo y alguna que otra idea original, pero que los personajes siguen siendo planos y prescindibles. La violencia, por el contrario, es casi inexistente: todo sucede fuera de cámara.



La historia no comienza del todo mal: un millonario prepara una expedición a la Antártida para encontrar una antigua pirámide enterrada. Junta a lo mejor de lo mejor: una guía, un equipo de excavación, unos especialistas en jeroglíficos, un equipo de mercenarios… Para allá que van, sin saber que al mismo tiempo, una nave de Predators también se dirige a la pirámide. Pequeñas conversaciones entre los personajes nos explican el papel de cada uno: éste es el guapo, ésta es la guapa, éste es el friki, éste es el cascarrabias. Cuando llegan, se encuentran con un enorme agujero que lleva directamente a la pirámide. Todos se adentran en el pasadizo, mientras el equipo de excavación (que no ha tenido que hacer nada) es masacrado por los tres Predators que bajan de la nave y siguen al grupo de exploradores.

Una vez en la pirámide, no tardamos mucho en descubrir que debajo de ella hay una reina Alien, que acaba de despertar por culpa de los recién llegados, y que está poniendo huevos. Los Aliens empiezan a utilizar a los humanos como huéspedes, y los Predators disparan sin miramientos a todos los que se cruzan en su camino. El caos. En medio de semejante barullo, mueren prácticamente todos los personajes (de algunos, como el mercenario interpretado por Tommy Flanagan, que es Chibs Telford en Sons of Anarchy, no llegamos ni a saber el nombre). El guapo y la guapa continúan intentando huir de la pirámide, y descubren finalmente la función de semejante edificio: es un rito de iniciación para los Predators, que usaban a los humanos para criar Aliens y después matarlos. Después de una inesperada alianza entre Predators y humanos, la amenaza Alien es derrotada, pero no. Y bla, bla, bla.

El problema principal de argumento es, en mi opinión, la idea de que los Predators enseñaran a los humanos a construir edificios, o que contemplen la posibilidad de tratar con ellos de alguna forma que no sea dispararles o despedazarlos con cuchillas. Los Predators desprecian a los humanos y se dedican a cazarlos por deporte, y esta película se pasa eso por el forro. Desde luego, los diálogos y los personajes deberían tener mucha más profundidad, si pretenden que sus muertes signifiquen algo para el espectador. Si no era esa la intención, podían haberse inventado un grupo anónimo de humanos que sólo sirvieran como “detonante” del brote Alien, y haber dejado que la batalla entre Aliens y Predators (que es, en realidad, lo que hemos venido a ver) sea la protagonista. Pero es que ni siquiera la violencia de las peleas es satisfactoria. Cuando va a morir un humano, la cámara sale huyendo y sólo oímos gritos y vislumbramos algún pataleo. Cuando muere un Predator, también lo solemos ver de espaldas. Sólo los Aliens son un espectáculo de sangre verde y cachitos.


En resumidas cuentas: la película está bien para pasar el rato, sin más. Decepcionará a los fans de Predator y de Alien, seguramente, y también a los fans del gore. Una peli insulsa más.








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