lunes, 14 de octubre de 2013

Codos y rombos

El otro día entre en Springfield y me encontré con un espectáculo sobrecogedor: todas las camisas, jerseys y abrigos tenían coderas, algo que hace unos años era signo de la mayor cutrez, impensable en nadie que fuera a la moda (o que tuviera menos de 40 años). Seguí avanzando por la tienda, y me di de bruces con una estantería llena de packs de calcetines. Todos, sin excepción, eran de rombos. Y en ese momento, el cielo cayó sobre nuestras cabezas.


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