lunes, 7 de octubre de 2013

Brütal Legend

"-No soy sino un visitante en este mundo al que algunos llamarían infernal, pero que admito que está de puta madre." Eddie Riggs.



A veces hay juegos que te roban el corazón completamente. Pasas por alto sus defectos, sus incongruencias y cualquier cosa negativa, porque el resultado general es tan cojonudo que no te deja ver nada más. Y creo que eso es muy positivo: conseguir crear un juego tan bueno y satisfactorio que te haga pasar por alto sus problemas. Es el caso de Brütal Legend.


Brütal Legend es, desde un punto de vista objetivo, un juego de acción y estrategia. Pero esa descripción se queda corta: Brütal Legend es la hostia. Se trata de un homenaje sincero y amoroso al heavy metal de toda la vida, que convierte el mundo de guitarras, amplis, motos, autobuses de gira y la imaginería propia de cualquier disco de Manowar en una experiencia jugable. Todo está perfectamente hilado, cada elemento es una referencia obvia que te saca una sonrisa. Y por si fuera poco, es muy divertido y bueno de jugar. Con decir que el genio creador del juego es Tim Schafer, el maestro responsable de juegos ya míticos como la saga de Monkey Island, Grim Fandango o Full Throttle, que el juego cuenta con la voz y los movimientos de Jack Black en el papel protagonista, de Lemmy Kilmister, Ozzy Osbourne, Robb Halford y Lita Ford… que el diseño del juego se basa en el arte de Frank Frazetta…

Un ejemplo de Stage Battle

Tim Schafer siempre ha demostrado que sabe crear mundos, ya sean piratas, de muertos vivientes… y cómo incluir mil y una referencias siempre bien integradas en el juego. Aquí, el mundo que nos traen es como el que nos sugerían las portadas de los álbumes de heavy metal. Pero no adelantemos acontecimientos.

Eddie Riggs (Jack Black) es un roadie, un “pipa”, uno de esos tipos que acompañan a las bandas en sus giras y se encargan de montarlo todo y de que todo salga bien, sólo para que otros se lleven la gloria. Durante un concierto, Eddie sufre un accidente, y de la nada aparece Ormagöden, una gigantesca bestia de metal que escupe fuego, una mezcla del perro de Motörhead y el toro de Monster Magnet. Sin saber cómo, Eddie despierta tumbado sobre un altar, en un templo de piedra. Unos druidas vestidos de rojo se acercan al intruso y lo amenazan con espadas. Eddie echa mano de un hacha que se encuentra allí. También está a su lado su guitarra eléctrica, Clementine. Cuando prueba un par de acordes, se da cuenta de que el instrumento produce rayos capaces de freír a los druidas. Al salir del templo, vemos por primera vez la magnitud del mundo que se extiende ante nosotros: montañas de huesos, un cielo rojo y tormentoso, criaturas ciclópeas surcando los cielos o la tierra…


Poco después, Eddie conocerá a las distintas facciones que pueblan esta extraña tierra: Ophelia, Lars y Lita Halford, tres rebeldes que tratan de iniciar una revuelta contra el opresor, el general Lionwhyte, que a su vez no es más que un peón en manos del diabólico emperador Doviculus. Vamos viendo entonces los elementos del heavy metal que se funden con el juego: los aliados de Eddie son representantes del heavy metal más clásico, mientras que el ejército de Lionwhyte es claramente glam metal: pelo cardado, colores brillantes, lentejuelas, estampados de leopardo y cebra… Doviculus y sus Tainted Coil representan más bien un estilo similar al de Marilyn Manson y unos sonidos más industriales: elementos sadomasoquistas y diabólicos. Por último, los Drowning Doom, una facción humana, son claramente góticos y emos: largos flequillos, ropa oscura, aura fúnebre…

El ejército de los Drowning Doom


Pero la caracterización no se limita a los personajes: la tierra rebosa heavy metal. Hay árboles que son grandes tubos de escape o cables de guitarra, monolitos que rezuman cerveza, espadas y guitarras de piedra que brotan del suelo, brazos enfundados en pinchos haciendo la señal de los dos cuernos, arañas tejiendo telas hechas de cuerdas de bajo, hay una inmensa muralla hecha completamente de amplis… Todo esto tiene su explicación, tal y como iremos viendo a través de las leyendas que encontraremos repartidas por el mundo: aprenderemos cómo se creó el mundo y por qué es como es ahora (contiene importantes spoilers al final):


Eddie tendrá que impulsar la revolución de los Halford, creando y aumentando el ejército de Ironheade para enfrentarse a Lionwhyte y Doviculus. Aquí es donde llega lo bueno: las unidades del ejército, que iremos reclutando en las sucesivas misiones, están basadas también en el heavy metal. Los headbangers tienen los músculos del cuello hiperdesarrollados y atacan dando cabezazos; los roadies llevan enormes amplis con los que pueden derribar edificios; los bajistas (comandados por Lemmy) curan a los aliados con la música de bajo; las bestias metal y sus jinetes exhiben pinturas de guerra iguales al maquillaje de los KISS… A bordo del autobús de gira, Eddie llevará a sus tropas hasta el campo de batalla.

Eddie dirige a un grupo de headbangers

Gran parte de las misiones consisten en batallas de escenario (Stage Battles). Eddie instala un megaescenario, desde el cual van apareciendo las tropas de nuestro ejército. Para crearlas, necesitamos… ¡fans! Los fans provienen de unos géiseres verdes del suelo, en los que tendremos que construir una... ¡tienda de merchandising!, para ganarlos para nuestra causa. El objetivo es destruir el escenario enemigo. Eddie dirige a las tropas por el campo de batalla, y puede unirse a cada una de ellas para desatar un ataque conjunto devastador. También puede defender el escenario usando los altavoces o los focos como si fueran torretas. Los escenarios emiten música propia de la facción que los lleva (heavy metal, glam, industrial, gótico…) y cada unidad de cada ejército es distinta y puede hacer ataques conjuntos distintos (los headbangers hacen un moshpit alrededor de Eddie, los roadies le dejan subirse sobre los amplis, en los que usa la guitarra para crear acople y una gran onda expansiva…). Nunca hay dos cosas iguales en Brütal Legend, todo está cuidado y mimado al detalle.

Las Zaulia y sus pinturas de guerra

Entre batalla y batalla, las misiones también nos llevarán por otros caminos (escolta, defensa con torretas, caza de animales, carreras de coches, escaramuzas…) y hay un sinfín de coleccionables (leyendas, canciones ocultas, solos de guitarra, saltos especiales para el coche, serpientes aladas…) y encuentros aleatorios de ejércitos que empiezan una escaramuza improvisada. El coche cuenta con una radio (¡la Boca del Metal!) en la que podemos seleccionar las canciones que queramos de una banda sonora espectacular, pero de eso ya hablaremos.

El argumento fluye como la seda, cada vez más emocionante y divertido, hasta llegar a un apoteosis final con giro argumental incluido. La historia principal es muy corta, apenas un puñado de misiones que se pueden acabar en seis o siete horas, pero eso se ve compensado en cierta medida por las misiones secundarias y los coleccionables, o simplemente explorar todos los rincones del continente. Habría sido de agradecer una campaña más extensa y profunda, pero quién sabe: quizá así el concepto habría terminado por resultar repetitivo. Tal vez sea mejor una campaña corta pero cojonuda.


Gráficamente, el juego es una pasada. No en cuanto a la calidad del motor o de las texturas, que no son nada del otro mundo, sino al arte y el diseño. Sabe conjugar perfectamente la fantasía heroica con el mundo de la música heavy metal. Ir a lomos de un jabalí razorfire (que tiene ruedas en lugar de patas, y va echando humo por el tubo de escape) recorriendo una montaña, mientras del cielo rojo caen rayos; cruzar un abismo insondable montados en el Quitadruidas (nuestro buga) y aterrizar al pie del monte Rockmore (cuyas cabezas podremos personalizar)… son mil y un detalles y escenas que se quedan grabadas en la mente: las imparables Jaulas de odio de los Tainted Coil recorriendo el campo de batalla aplastando a tus tropas a su paso, una huida frenética de un edificio que se derrumba, mientras suena (cómo no) Through the Fire and the Flames, el infierno lleno de titanes en el que vive Ozzy Osbourne, el Guardián del Metal, una manada de jabalíes razorfire recorriendo una llanura... Genial, absolutamente genial. Tiene el punto justo de ironía y parodia, sin dejar nunca de ser la hostia. El diseño de las unidades y de los personajes es perfecto y muy original (las unidades góticas de los Drowning Doom son de lo más variopinto: carritos de bebé, novias cadáver, coches fúnebres, sillas eléctricas motorizadas…), así como los detallados y magníficos dibujos que nos muestran la historia del mundo narrada por una voz digna del Warrior’s Prayer de Manowar. Gráficamente sobresaliente, en resumen.

El general Lionwhyte dirige un brillante ejército repleto de cardados

Hablemos ahora de la jugabilidad: tiene tres elementos diferenciables: el combate, la conducción y la estrategia.

De la conducción sólo puedo decir que está bien diseñada: el Quitadruidas (Deuce) es un vehículo todoterreno, que responde muy bien a los controles (freno de mano, turbo, armas…) y que rara vez se nos quedará atascado o perderemos el control. En un mundo tan vasto, resulta indispensable echar mano de él para ir a cualquier parte, de modo que un control deficiente habría hecho de la experiencia algo inaguantable. Pero es todo lo contrario, resulta un gustazo arrancar el Deuce a toda pastilla mientras arranca un temazo cañero, atropellar a un par de enemigos, coger una curva pronunciada, derrapar y bajar de un salto justo al lado del punto de inicio de nuestra misión. El coche también ofrece mejoras que podemos comprar: distintas armas y mejoras de rendimiento (turbo, resistencia, velocidad máxima) y estilos de pintura.


En cuanto al combate, disponemos de dos armas: el hacha y la guitarra, las cuales se pueden combinar para hacer combos más efectivos (un par de hachazos seguidos de un torrente de pirotecnia con la guitarra, o hacer volar a un enemigo con un rayo para rematarlo con el hacha cuando cae). Los movimientos más espectaculares tendremos que comprarlos, así como interesantes mejoras para las armas (más potencia, daño de fuego, daño creciente según la longitud del combo, curación con cada ataque…). No tenemos un botón para saltar, pero sí que podemos esquivar en cualquier dirección. El combate es fácil de entender, pero complicado de dominar, ya que Eddie no es invencible y siempre le vendrá bien ir acompañado por algunos aliados: si nos encontramos con un ejército enemigo, más nos vale tener el coche a mano y bien cargado de armas, porque a pie no duraremos mucho. La sangre y los desmembramientos son bastante paródicos y exagerados, y extremadamente satisfactorios (y acompañados de una cámara lenta y panorámica cuando derrotamos al último enemigo de un grupo). Todo un show, con la complejidad justa para que los combates nunca dejen de ser un reto.

El Guardián del Metal, amigos

La estrategia es tal vez la sección más desarrollada. Durante las Stage Battles, Eddie sobrevolará (sí, sobrevolará) el campo de batalla, para poder desplazarse rápidamente y dar las órdenes adecuadas. Utilizando un sistema de balizas y órdenes sencillas (atacar, ir, seguir, defender) nos las tendremos que ingeniar para controlar y dirigir a nuestro ejército. También podremos tomar parte personalmente, ayudando a los nuestros a golpe de hacha y acorde de guitarra. Los solos suponen una parte importante de las batallas: disponemos de un solo para animar a nuestras tropas, otro para reunirlas, varios solos para atacar al enemigo, uno para invocar nuestro coche, y otro para crear una tienda de merchandising sobre un géiser de fans (para empezar a “cosechar recursos”). Cada uno de esos solos es un breve minijuego al estilo Guitar Hero, en el que tendremos que pulsar una serie de botones (más o menos complicada según la potencia del solo) en el momento justo. El general enemigo también dispondrá de todo esto: ataques conjuntos con las tropas, solos (distintos a los nuestros), etc. Este es el único aspecto en el que el juego flojea un poco. Pese a que el planteamiento de las batallas siempre es sencillo (una serie de géiseres de fans por los que tenemos que luchar, antes de atacar directamente el escenario enemigo), el control es un pelín impreciso: las tropas a menudo ignoran a los enemigos cuando las enviamos a un punto concreto, o atacan un edificio sin importarles que el enemigo está atacándolas a ellas. La IA es, sin embargo, bastante competente: cuando dejamos a nuestras tropas a su aire, se comportan de forma efectiva; cuando intentamos dirigirlas nosotros, comprobamos que las herramientas que nos ofrecen tienen carencias. Pero hay que tener en cuenta que, en consola, el control de la estrategia siempre está más simplificado, con menús sencillos y rápidos, sin tanta complejidad como podrían tener en PC (por el uso del ratón).

El modo multijugador de Brütal Legend se compone de batallas de escenario: elegimos a nuestra facción y el campo de batalla, y nos enfrentamos a otro general. Los mismos puntos positivos y negativos se aplican: no soy muy amigo del multijugador, porque además las batallas pueden durar media hora contra un adversario real, pero sigue siendo un modo de juego satisfactorio y divertido.


Vamos ahora a hablar de uno de los apartados más sobresalientes: el sonido. Para empezar, la banda sonora se compone de 107 canciones de rock y heavy metal. Se nota que los creadores del juego son amantes del metal desde hace mucho tiempo, porque aquí encontraréis grupos antiguos y desconocidos (de hecho, para conseguir las licencias de grupos ya separados las pasaron putas), junto con grupos ya míticos como Motörhead, Judas Priest, Anthrax o Megadeth. Aquí no vais encontrar mariconadas como Welcome to the Jungle o Smells like a Teen Spirit, aquí tenéis a Brocas Helm, Coroner o Slough Feg. Algo de Scorpions, algo de Ozzy, Black Sabbath, Iced Earth, Rob Zombie, Marylin Manson, Anvil (¡Anvil!), Enslaved, Mötley Crue, Saxon, Accept, Manowar, Testament, Slayer, Mastodon, Dark Tranquility, Children of Bodom, 3 Inches of Blood, KMFDM, Racer-X y, cómo no, Tenacious D (la banda de Jack Black, el actor que interpreta al protagonista). Me parece muy representativo del espíritu de la banda sonora que no esté Ace of Spades, pero sí The Rock Crew (ambas de Motörhead, pero una hiperfamosa y la otra no tanto). Yo no conocía a muchas de estos grupos, y a otros las conocía por el nombre pero nunca me había puesto a escuchar nada suyo. Gracias a Brütal Legend, me he enganchado a varios grupos nuevos. Algunas canciones las desbloqueamos en las misiones, y otras tendremos que conseguirlas y “desenterrarlas” a golpe de guitarra. Disponemos de un elaborado menú de canciones en el  que podremos seleccionar las que queremos o no queremos oír, además de organizarlas por nombre, artista o género (con una división muy quisquillosa: Classic Heavy Metal, Pirate Metal, Symphonic Black Metal, Melodic Death Metal, Blackened Deathly Thrash Metal, Viking Metal, Epic Fantasy Metal, Industrial Gothic Metal, Hard Rock, Pop Metal, etc.). Es evidente el cuidado que se ha puesto en el elemento más importante de un juego que es homenaje al heavy metal: la banda sonora.

Eddie y Ophelia suben por primera vez al Deuce

En cuanto a las voces, lo he jugado tanto en inglés como en español. Las voces en inglés son una pasada: Jack Black le pone un entusiasmo muy contagioso a Eddie, completamente flipado con ese mundo al que llega; Tim Curry hace buen papel como el emperador Doviculus, y las voces de los distintos tipos de unidades también son buenas (los metaleros tienen el típico entusiasmo guerrero, los góticos tienen un cierto eco melancólico, los demonios rebosan lujuria…). Las bromas y juegos de palabras de Eddie son continuas, así como las expresiones y los momentos cómicos del personaje. En español, el doblador de Eddie es Santiago Segura, que hace un papel muy digno. Me ha dejado bastante impresionado, la verdad. El doblaje es muy creíble y divertido, las bromas están bien traducidas, y los tacos fluyen con naturalidad. Sólo una vez, creo, oí una expresión mal traducida: Lemmy dice “azul” en vez de “blue” (que en este caso hacía referencia a “triste” o “deprimente”). Por lo demás, un doblaje muy digno, del que os dejo una muestra


En cuanto a los efectos de sonido, también están muy logrados: las armas, los animales, el fuego, la lluvia, los motores… todos con sus sonidos únicos. Los amplis al acoplarse, el sonido de las guitarras y los solos… ¡todo de 10!

El bus de gira; tour's over...


En definitiva (para ir acabando ya, que llevo una review un pelín larga) se trata de un juego muy trabajado, ambicioso en su justa medida, que conoce sus límites, y que ha sabido el mejor de los homenajes al heavy metal. Este juego ha pasado directamente a mi corazoncito, ha sido una experiencia inmejorable, y al módico precio de 10 cochinos euros. Larga vida al metal, amigos. For the honor of Bladehenge, for the freedom of its people, and for the glory of its METAL!!



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