viernes, 11 de octubre de 2013

Breaking Bad


"I have spent my whole life scared, frightened of things that could happen, might happen, might not happen, 50-years I spent like that. Finding myself awake at three in the morning. But you know what? Ever since my diagnosis, I sleep just fine. What I came to realize is that fear, that’s the worst of it. That’s the real enemy. So, get up, get out in the real world and you kick that bastard as hard you can right in the teeth." – Walter White ”



Y se acabó. Una serie que pasará a la historia. Breaking Bad empezó, para mí, como una serie con una premisa sencilla: Walter Hartwell White, un profesor de química de cincuenta años, un hombre brillante y bueno con el que el mundo no ha sido justo, decide introducirse en el mundo de la fabricación y venta de drogas. Esperaba ver lo típico: a Walt ocultándole a su familia lo que hace, venciendo a los diferentes camellos y señores de la droga a base de inteligencia y trucos de química, unas cuantas bromas a cargo del payaso de la serie, el joven ayudante de Walt… y poco más. De hecho, el actor protagonista es Bryan Cranston, el padre de Malcolm en Malcolm in the Middle, una comedia que todos hemos visto. No esperaba ver a Hal (el nombre del personaje) haciendo un papel muy distinto. Pero me tuve que comer mis pensamientos con patatas y un buen muslito de Pollos Hermanos, y regarlo todo con una pinta de Schraderbräu (ved el siguiente vídeo, que no es el de siempre):


Es complicado hablar sobre Breaking Bad y haceros ver la progresión de la serie sin hacer al mismo tiempo spoilers gordísimos. En el episodio piloto, podemos ver que Walt es un don nadie, un triste profesor aburrido. Sus alumnos se ríen de él, trabaja a media jornada en un lavadero de coches con un jefe abusivo, su cuñado Hank lo considera un cobarde y un empollón pusilánime, y su mujer Skyler lo tiene dominado y apagado (la escena sexual es verdaderamente bochornosa: Skyler masturbando a Walt mientras charlan sobre lo que han hecho durante el día). Te hace sentir verdadera lástima por Walt, un tipo al que la vida se ha ido comiendo poco a poco, un hombre con unas capacidades mentales tremendas que se ha quedado en nada. Y lo sabe. Es un Ned Flanders, pero lo han obligado a ello, vemos que en realidad él no es así, arde de rabia con cada humillación pero no puede hacer nada. De modo que cuando le diagnostican un cáncer de pulmón, dos años de vida como máximo, sabemos que algo va a cambiar. Tal y como dice Walt en la clase de química: “La química es el estudio del cambio”. Breaking Bad también es el estudio del cambio, de lo que ocurre cuando a un hombre le quitas el miedo al futuro. Walt no tiene futuro. Sus antiguos compañeros de trabajo han triunfado con la empresa que crearon entre todos, y son millonarios. Él no tiene nada. Va a morir en la cama después de una vida de miedo y frustración. Y se niega. Su cuñado Hank, agente del departamento antidroga de la policía, le da la idea involuntariamente. Se pone en contacto con Jesse Pinkman, antiguo alumno suyo y ahora “cocinero” de metanfetamina, cristal. Lo convence de que le deje a él hacer el trabajo de cocinero, y gracias a su método estrictamente científico y a su pulcritud, crea la metanfetamina más pura de la historia. En medio del desierto de Albuquerque, en una caravana destartalada (una de las imágenes más icónicas de la serie), Walt comienza su camino delictivo, y esa misma noche, después de haber tenido un encuentro con unos camellos, y después de haber salido victorioso, engancha a Skyler por banda y la sorprende con un violento embate amoroso. El cambio ha comenzado.

Breaking Bad: sesión infantil

Pero este cambio, que en principio es para mejor (perder el miedo, vivir con intensidad, ganar dinero para mantener a su familia cuando él ya no esté), poco a poco va trayendo consecuencias negativas: mentiras constantes a su mujer y a su hijo, violencia y mala leche que poco a poco van calando dentro de él, las consecuencias de la droga en la población, la ligera sospecha de que ese dinero que está ganando es para alimentar su ego frustrado por aquella oportunidad perdida cuando era joven (siempre presente en sus pensamientos). Es por eso por lo que, cuando surgen esperanzas de curación, Walter se enfurece: ya no tiene una excusa para seguir traficando, la mentira que se daba así mismo pierde validez, y vemos que si continúa, es por sí mismo, y que en realidad ha sido así todo el tiempo. Poco a poco, Walter White se confunde con su otro yo, el traficante de drogas Heisenberg (el alias que adopta en un momento de improvisación). Pero para mí al menos, es imposible olvidarme de Walter White, del hombre ridículo del principio de la serie. Y aunque Walter se convierta en un manipulador, un asesino, aunque sea capaz de las peores monstruosidades, siempre recuerdo que ahora es un hombre sin miedo, que vive más intensamente que ninguno de nosotros. En muchos sentidos, Walter White y Tony Soprano no son tan diferentes: ambos tratan de llevar a la vez la vida familiar y la vida criminal; pero a Tony lo conocemos ya así, para nosotros siempre ha sido un gángster desalmado (excepto por los escasos flashback de su infancia), mientras que en el caso de Walt hemos visto “la otra alternativa” de vida, y nos produce tantísimo rechazo que estamos contentos por él. Las mejores series son las que te obligan a mirarte a ti mismo y pensar sobre tu vida; las que no tienen calidad, sólo sirven como evasión, para no pensar en uno mismo y preocuparse por las tonterías que hacen los personajes (resolver crímenes, desactivar bombas, liarse con este o con aquel...). Y no tiene que ver con que sea una serie realista o de ciencia ficción, que los protagonistas sean gente corriente o reclusos de una cárcel: pocas series me han hecho reflexionar tanto como Oz (cuando la termine, le daremos un repaso por aquí también). Y todo ello, sin dejar de lado el humor y momentos verdaderamente desternillantes. ¡Magistral!

A continuación hablaré del tramo final de la serie. Aviso para quienes no lo hayan visto todavía.


Breaking Bad es una serie magnífica, entre otras cosas, porque no ha intentado mantener a la gallina de los huevos de oro hasta el hastío y la náusea, como en Dexter. Sabe dónde tiene que acabar, y cómo tiene que acabar. Hank, que durante toda la serie busca a Heisenberg, tiene que descubrir que el escurridizo traficante no es otro que su cuñado, y tienen que enfrentarse, y alguien tiene que morir. En Dexter ocurría algo similar: la policía debía terminar pillando a Dexter, y permitir que los espectadores vieran lo que ocurría cuando se enfrentaban Dexter y Debra. Pero no se atrevieron y el final no estuvo a la altura. Buen capítulo, mal final de temporada y pésimo final de serie. En Breaking Bad eso no ocurre:

Yo comparo Breaking Bad con un coche que arranca despacio y va acelerando de forma constante, sin disminuir la velocidad en ningún momento, hasta que choca contra una pared. Debido a la velocidad que ha ido adquiriendo, el choque es formidable y terrible. Si hubiera ido dando pequeños acelerones y frenazos, al llegar a la pared apenas la rozaría, si es que llega a tocarla. De igual forma, la serie aumenta en intensidad sin parar: cada vez más peligroso, más extremo, más dinero, más importante, hasta que todo explota.


Walter White, Heisenberg y Lambert

Walter White ha ido cambiando a lo largo de la serie, pero también Hank, su cuñado. El bravucón agente de policía, tipo duro que se ríe en secreto de su cuñado Walt, desarrolla un miedo crónico después de varias situaciones de peligro, con ataques de pánico y pérdida de las ganas de vivir de las que rebosaba al principio. El cambio de los dos personajes es igual, pero a la inversa. Ya en la quinta temporada, cuando Walt decide retirarse definitivamente del negocio de la droga y disfrutar de la fortuna que están “lavando” su mujer y él, Hank descubre por accidente una pista definitiva y deduce que Walt es Heisenberg. La investigación secreta (Hank no puede permitir que se sepa que el traficante ha estado siempre en sus narices, o que se sospeche que lo estuvo encubriendo o algo peor) remueve cielo y tierra, pone a Jesse (que está harto de ser manipulado y engañado por Walt, y se siente atormentado por todo lo que ha hecho) de parte de la ley. En un momento de genialidad, Jesse decide atacar el punto débil de Walt: el dinero. Sabemos que su frustración vital proviene de aquella vida de lujo que no pudo conseguir, y de la que disfrutan sus antiguos compañeros. Que el dinero que ha ganado es su manera de consolarse por ello. Creyendo que han encontrado su botín, Walt sale disparado en su coche en dirección al lugar donde lo escondió, el mismo lugar donde cocinaron por primera vez, y le confiesa todo a Jesse por teléfono. Cuando llega y se da cuenta de que no hay nadie, comprende que lo han engañado, y llama a sus subalternos, una peligrosa banda de neonazis que han tomado el relevo de Heisenberg. Llegan Jesse, Hank y su compañero Gómez, y Walt, que no esperaba la llegada de su cuñado, intenta por todos los medios que los neonazis no maten a Hank, pero los trucos de siempre ya no funcionan, ha desatado una tormenta y ahora no tiene poder para detenerla. La ciudad está podrida por la droga, su familia está deshecha por culpa de la vanidad de Walt. Hank muere y Walt es despojado de su fortuna y abandonado en el desierto con un pequeño regalo (11 millones de dólares). Regresa a casa y se encuentra con Skyler y Walter Jr., que le preguntan por Hank: saben que lo había detenido. Walt ve desmoronarse lo poco que le quedaba de su vida al confesar que Hank está muerto. Repudiado por su familia (y tras una violenta pelea con Skyler), Walt escapa y, en un último acto de maldad, secuestra a su hija pequeña, sólo para devolverla poco después. La última escena de este capítulo es Walt subiéndose a un coche en dirección a una nueva vida y una nueva identidad.

Para mí, ese es el final auténtico de la serie: la vida de Walt, arruinada y acabada, con todos los que tenía a su alrededor muertos o traumatizados. Un final suficientemente apocalíptico como para hacer justicia a toda la serie. Los dos últimos capítulos constituyen, para mí, una especie de epílogo: Walt ya no es el mismo. Ha vuelto, pero no es más que un fantasma; de hecho, entra y sale de las casas como si fuese invisible. Es un hombre moribundo que ha venido a despedirse y a intentar realizar un último acto de redención, ahora que la tragedia ha detenido su loca carrera hacia delante.

Algunos de los personajes principales de la serie

Hay quien dice que ese último Walt no encaja con el Heisenberg inhumano y monstruoso que veíamos antes. Yo lo siento, seré un poco psicópata, pero continúo viendo a Walter White debajo de Heisenberg. Nunca he dejado de verlo. Lo veo cuando intenta salvar a Hank a toda costa, lo veo en esa llamada a Skyler (que muchos tomaron por una llamada de odio) para que la policía crea que ella no ha tenido nada que ver con el negocio de las drogas. Y por eso no me choca que vuelva a por Jesse, que entienda que el destino al que lo ha condenado (esclavo “cocinero” de los neonazis) no es el que se merece. Walt regresa, se asegura de que su familia reciba el resto de su dinero, habla por última vez con su mujer (esa confesión final, la aceptación de que lo que hizo lo hizo por él mismo, para sentirse vivo, me puso los pelos de punta) y va al encuentro de los neonazis, más para vengar a Hank (creo yo) que para salvar a Jesse. Después de una escena muy intensa, terminamos con los nazis muertos, Walt moribundo y Jesse huyendo en coche tras haberse negado a rematar a Walt (dos escenas increíbles para despedirnos del actor Aaron Paul). Walt camina hasta el laboratorio de droga, acaricia con nostalgia los tubos de ensayo y las máscaras de gas, recordando tal vez los buenos momentos, lo que sacó de positivo de esa pesadilla que ha acabado con su familia y con su vida, y muere mientras llega la policía. Se cierra el telón.

Dicen que Walter White merecía un final más trágico, merecía sobrevivir y que toda su familia pereciera, recibir un castigo acorde a sus pecados, y no aparecer al final como un tío que (citando al Doctor Repronto en un contexto completamente distinto) “en el fondo es majo, pero que tiene sus cosillas”.


También podemos ver Breaking Bad como una serie con tres finales, que son los tres últimos capítulos; cada uno de ellos puede funcionar como final. El primero nos muestra a Walter huyendo, con su familia destruida y deshecha. En el segundo, la policía entrando a un bar a buscar a Walt, que acaba de llamarlos para que vengan a por él después de que su hijo le haya dicho por teléfono que se muera de una vez, mientras suena de fondo la canción completa de la serie (por primera vez). Después de ver, también, a sus antiguos socios (los que se hicieron ricos) negando cualquier participación de Walt en la empresa. Cuando la policía llega, sólo hay un vaso vacío en la barra. En el tercero, Walt muere después de haber hecho un último intento por redimirse (o vengarse, según se mire). Que cada uno elija el que quiera, y que no se sienta culpable por no escoger el último. Ya sabemos que cualquier historia, si se cuenta durante el tiempo suficiente, acaba teniendo un final trágico.






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