martes, 22 de octubre de 2013

Back to Porto

Pues sí, amiguitos, aquí estoy de nuevo, con la sensación de volver a un lugar familiar y agradable. De vuelta a una relativa independencia. De vuelta a las clases de esgrima medieval, a las francesinhas y las bifanas. Vuelvo a estudiar, vuelvo al gimnasio, vuelvo a trastear con la guitarra. Mi tiempo, señorías, generalmente lo empleo en el máster (del que hablaré próximamente en el Antro del Traductor), el gimnasio y después otros menesteres como la esgrima, la lectura de los distintos libros que he ido acumulando, las series y películas, los videojuegos, la guitarra o la actualización de este nuestro blog. Mi dieta general es espartana y sin excepciones: pasta, arroz o legumbres para comer, y verdura, carne o pescado para cenar. Nada de precocinados, nada de basura. No más chili con carne, ni más patatas de bolsa. Sólo los sábados y domingos me permito improvisar algo o comer fuera. Con las necesidades físicas cubiertas, mi cabeza puede centrarse en lo importante: el máster. Mi cuerpo trata de habituarse al trote que le doy en el gimnasio; mis manos no se quieren adaptar a la guitarra ni a la espada, y mi corazón se niega a intentar curarse, y yo en el fondo no quiero convencerlo de que lo haga. Todo va bien, y al mismo tiempo... hubiera querido otra cosa quizá. Supongo que no importa: esto es lo que tengo y lo que soy, y negarse a aceptarlo no trae más que disgustos.

Todo está a mi favor: manejo bien el idioma, la gente es simpática (en su mayor parte), tengo grandes amigos, un cuarto gigantesco en una residencia muy bien situada y tengo mis cosas. Porque eso es lo que nos hace sentir bien: tener nuestras cosas cerca. Sin ellas, nos sentimos vacíos. Desarrollamos nuestro ser comprándole ropitas, y si se las quitas, te das cuenta de que no eres más fuerte ni más sabio, que continúas sin saber nada de ti mismo. Todo está a mi favor, como digo, pero tengo que desprenderme de esta especie de nostalgia no sé muy bien hacia qué, que me llena de tristeza cuando subo a acostarme, apago las luces y se queda todo sumido en el silencio más absoluto. Es bastante significativo que haya comenzado esta entrada de forma positiva y animada, y que lenta pero inexorablemente haya ido dando este deprimente giro. Resulta fácil detectar en qué punto mi mente ha cambiado de espíritu: al mencionar el corazón. Ahí se fue todo al garete, frase tras frase. Y aquí estoy, tratando de buscar un punto de esperanza con el que cerrar la entrada. Sé que las cosas mejorarán, que el cielo se despejará y que el cambio de clima cambiará también mi estado de ánimo: qué volubles somos, que las condiciones meteorológicas nos... No, vale ya de depresiones. Tengo la seguridad de que todo se arreglará, pero ahora mismo...

2 comentarios:

Algunenano dijo...

Veo referencias a Rosendo y George Carlinga. ¿Debería preocuparme? Pásalo bien y aprovecha el viaje.

Loscercarlos dijo...

Muchas gracias, tío. ¡Veo que las pillas todas!