martes, 10 de septiembre de 2013

Feria medieval de Ávila 2013

Mientras intento recobrarme de la demencia que me provoca la matriculación en el máster, voy a hablaros de mis últimas aventuras medievales. Después de más de dos meses esperando poder ir al castillo de Cornatel, en Ponferrada, donde se iba a liar la de Dios e iba a poder ver a gran parte de mis mejores amigos y compañeros de armas portugueses, empezaron a surgir problemas: el pie me seguía dando la lata, no tenía coche ni quién me llevase, el transporte público era caro e insuficiente… Decidí abandonar con gran tristeza de mi corazón, y sufrir en silencio al ver fotos y más fotos del precioso castillo y las hordas de recreadores.

Sin embargo, pronto surgió otra oportunidad: una feria en Ávila a la que iban a acudir al menos dos personas del grupo de esgrima. Conseguí convencer a mi padre para que me llevara, al menos un día completo, y allí nos presentamos a las once de la mañana. La ciudad estaba hasta los topes de coches, y ya se veían grupos de personas vestidas de época, con gran variedad de rigor histórico. Encontramos un aparcamiento justo al lado del campamento, y me reuní con mi grupo. Fue un emotivo reencuentro, y más aún cuando volví a enfundarme el traje medieval, estrenando mis nuevas adquisiciones: las botas, los guantes y la daga con vaina personalizada. En otra ocasión, os mostraré todo el equipo, dando las gracias a todos aquellos que me han ayudado de una forma u otra.

El caso es que, nuevamente, tuve la oportunidad de mostrar al público la técnica de fabricación de cota de malla, ayudando a mis compañeros portugueses con las explicaciones, además de hacer un par de combates con espada y escudo (estrené mi flamante escudo, que ahora ya está un poco más tocado) que me trajeron muy buenos recuerdos. En cuanto a la feria, calles y calles de puestos de antigüedades, artesanía, comida (un kebab y un choripán/pao-con-chouriço/bollu-preñau muy ricos), etc. Muy buen rollo y muchísima gente disfrazada ambientando (una especie de demonios gigantes con zancos, una especie de Tom Bombadil en bicicleta...) Los recreadores propiamente dichos no éramos muchos, y nos situamos en el llamado “campamento medieval”, algo apartados del mercado propiamente dicho. Exhibiciones de tiro con arco, cetrería y esgrima, niños y mayores disfrutando de toda la parafernalia. Me lo pasé muy bien y lamenté no poder quedarme también el día siguiente. Pero no tardaré en volver a las andadas. Saludos.

Cuán gallardas figuras

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