miércoles, 25 de septiembre de 2013

Dexter

Do I see sheets of plastic in your future?

Hoy hablamos de Dexter, una serie recién acabada. He dividido la entrada en dos partes: con y sin spoilers. Avisaré debidamente cuando se acerque la segunda sección.


Hay pocas cosas que odie más que una idea fantástica que no se sabe terminar. Por eso adoro Breaking Bad o Los Soprano, porque son exactamente lo contrario: empiezan mediocres y suben sin parar, aumentan la velocidad hasta un gran choque final, glorioso e inolvidable. Por fin ha terminado Dexter. Mis sentimientos al respecto son muy contradictorios. Por un lado, la trayectoria de la serie ha ido cuesta abajo y sin frenos, hasta llegar a un final ridículo; por otro, guardo un recuerdo muy agradable de los comienzos, de lo que nos planteaba la serie y de las posibilidades que permitía: conocer desde dentro el punto de vista, no de un psicópata, de alguien que necesita matar gente de cuando en cuando, sino de un asocial, alguien que no se identifica con la gente que lo rodea, que tiene que fingir y aparentar ser normal para no ser descubierto. El público se identificaba con Dexter no por sus ganas de matar (que también), sino porque todos nos hemos sentido más o menos alienados en nuestra vida, y ver al sonriente pelirrojo, el chico de los donuts de la comisaría, saludando a sus compañeros de trabajo mientras su inquietante voz en off nos cuenta lo que realmente está pensando, lo extraña que le parece esa gente, su incapacidad para sentir verdadera amistad o amor, es con lo que nos identificábamos. Y, por la noche, Dexter se enfundaba su camiseta térmica y salía de casa, calmante en mano, para buscar a un asesino y saciar su sed de sangre. Esa era su rutina. Fingir de día, liberarse de noche. Entrenado por su padre, Dexter funcionaba como un reloj. Un monstruo muy pulcro, como nos dice él mismo.




Y en esa rutina se desarrollaban todos los capítulos: Dexter ocultando su verdadera naturaleza, trabajando con la policía, saliendo con su novia Rita, y matando de noche, para después guardar un trofeo en su caja. Y ahí entraba un elemento de distorsión: un asesino en serie a la altura de Dexter, al que la policía intenta atrapar. Dexter tenía que ayudar a la policía, al mismo tiempo que trataba de llegar él primero hasta el asesino para birlárselo a la autoridad y darse el gustazo de matar a semejante pieza. Los asesinos eran geniales y casi tan fascinantes como Dexter; poco a poco ibas encajando todas las piezas y entendías de dónde proviene el asesino y cómo funciona su cabeza. Dexter lo mataba y el ciclo se cerraba, hasta la siguiente temporada. Mientras, el mundo se movía: la hermanastra de Dexter, Debra, ascendía en la policía; la relación entre Rita y Dexter iba adquiriendo seriedad; el sargento Doakes sospechaba cada vez más de que algo iba mal con el inocente analista de sangre.


SPOILERS (no demasiado salvajes, entre las temporadas 2 y 7)

Llegó la temporada dos con un giro interesante: el asesino al que busca la policía es el propio Dexter. Fue una sorpresa, que ya me dio una idea de por dónde me gustaría que fuese el final de la serie: Dexter es finalmente descubierto y su gran mentira se viene abajo como un castillo de naipes. Pero la segunda temporada era demasiado pronto para que eso ocurriera: Dexter se la pasaba intentando no ser pillado, y lo conseguía; también había una subtrama relacionada con la “desintoxicación” de Dexter, que personalmente no me acababa de convencer. Aquí también empezó una fea costumbre: subtramas estúpidas. La temporada tres, en mi opinión, pasa sin pena ni gloria. Más de lo mismo: Debra sigue liándose con quien no debe, Dexter se convierte en marido, y el asesino (el Despellejador) no tiene personalidad. Y entonces, cuando todo parece perdido, llega la cuarta temporada, con un asesino arrollador: Trinity Killer. Personalmente, el acierto o el fallo no debemos buscarlo en el asesino, sino en la forma de construir la historia: mientras que el Despellejador se mantiene ajeno a Dexter y a los personajes durante toda la temporada, conocemos a Trinity desde dentro, vemos los mil y un elementos que componen su modus operandi, y los entendemos, y demuestra ser un asesino inteligente, que tiene una interacción muy interesante con los protagonistas. El final de esa temporada, glorioso. Ahí debió haber terminado la serie, porque después, todo fue en picado.

Trinity vs. Dexter

Los secundarios iban y venían sin ton ni son, los antagonistas no suponían ninguna amenaza, eran previsibles y débiles. La quinta y sexta temporadas aún tenían algo de personalidad y de interés, pero ya nada era igual. Tenían que atraernos con finales inesperados, como si de capítulos de Lost se tratara, para obligarnos a empezar la siguiente temporada. Pero una vez lo hacíamos, volvíamos a ver que no había nada. Los guionistas habían perdido su toque, no sabían qué hacer con Dexter ni con el mundo que lo rodea. La séptima temporada ya era un chiste.

SPOILERS (final, sin revelar demasiado)

Y llegamos a la octava y última temporada. Nos dijeron que se avecinaba una locura, una lluvia de sangre, un final apocalíptico. Y en seguida se hizo evidente que no era así. Una serie como Dexter, que te ha revuelto las tripas durante mucho tiempo, que te ha mostrado la violencia, la locura, el lado oscuro de las personas, que no ha tenido problemas en enseñar todo tipo de salvajadas y de poner al protagonista a matar gente con un taladro, no puede acabar así. Desde hace varias temporadas nos vienen preparando para el momento en que Dexter sea capturado, o al menos descubierto. Y al final eso nunca sucede. Una temporada aburrida y sosa, escrita sin ganas: las subtramas se olvidan a medio camino y demuestran lo innecesarias que eran; los secundarios van de un lado para otro como pollos sin cabeza; el asesino, que parece que se prepara para infligir un golpe maestro, es derrotado sin que sea necesaria la intervención de Dexter. Nadie descubre lo que Dexter es en realidad, la “gran sorpresa” no se produce, no podemos ver las caras de Matthews o Batista (o Masuka, que no aparece en todo el capítulo final) al enterarse. Ni siquiera tienen la decencia de matar al protagonista, cuando es evidente (era evidente desde el primer capítulo) que este hombre no tiene cabida en nuestro mundo, que su “reinserción” es imposible, que nunca logrará ser como los demás. No se atreven en ningún momento a dar el paso definitivo: hacer público el secreto de Dexter y mostrarnos lo que ocurre después. De hecho, el peso de la última temporada lo llevan personajes nuevos, por los que es imposible sentir nada: ¿qué me importa a mí Hannah, que apareció en la temporada anterior, o Elway, o Clayton, o incluso Jamie, o la hija de Masuka? Lo que me importa es ver lo que hacen los personajes de toda la vida, que se involucren en el final. Su papel es ridículo en esta última temporada: Batista se dedica a recordar a Dexter y Debra que siempre habrá lugar para ellos en la policía, Quinn se debate entre dos relaciones amorosas, Masuka está completamente olvidado, Matthews igual...

Y encima, nos daban a entender lo contrario

La temporada final tenía que haber sido un Dexter vs. Debra (o, si me apuras, contra Quinn, un personaje que prometía mucho como nuevo Doakes, pero que termina como un lastimoso policía putero y corrupto), hubo varios momentos en los que parecía que iba a enderezarse (Debra odiando a muerte a Dexter, Zach Hamilton como aprendiz...), pero la cobardía de los guionistas no conoce límites, y todo vuelve a estar como antes en cuestión de minutos. Cada buena idea que podría salvar la serie es abandonada, parece que lo hicieran a propósito. Tenía que haber terminado a lo Sweeney Todd: sangre por todas partes, tragedia, muerte de todos los seres queridos de Dexter por su culpa. Un final bañado en sangre y dolor, una tragedia griega adaptada a tiempos modernos, no esta mierda edulcorada. De hecho, la trama de Sweeney Todd no es muy distinta a lo que nos presenta Dexter: Sweeney tiene necesidad de matar, sed de sangre y venganza por la injusticia que se le ha hecho, y la señora Lovett saca provecho de ello y lo convierte en un macabro negocio rentable; Dexter Morgan es entrenado por su padre Harry para que su "impulso" le sea de provecho a la justicia. Las diferencias no son tantas, ¿no? La principal es que Sweeney Todd termina por todo lo alto, con sorpresa final, sangre y horror, mientras que es imposible reconocer al Dexter inicial en el pelele de la octava temporada. Estoy muy molesto (es evidente) con la forma en que han cerrado esta serie. Han conseguido que incluso los momentos más emotivos del final (que los hay) me den exactamente igual. El centro del final es una buena idea, de verdad, pero todo lo que lo rodea es tan malo y estúpido que consiguen estropearlo todo.

Así que bueno, para celebrar este final vergonzoso, os pongo una canción de Monster Magnet que se aplica un poco a los últimos episodios de Dexter. Dentro de poco, Breaking Bad, una serie que sí sabe cómo y cuándo terminar. Saludos.

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