miércoles, 4 de septiembre de 2013

Black Mirror 3: The Final Fear

I’m afraid that you’d change again if you stayed any longer. You’ll hallucinate and maybe one day do things you don’t want to.




Se cierra el ciclo. El destino de la familia Gordon y la maldición que les persigue desde hace siglos, está en nuestras manos. Acompañadme mientras os muestro lo que esconde Black Mirror 3: Final Fear.



Recordaréis la trágica aventura de Samuel Gordon, el protagonista del primer Black Mirror, empeñado en descubrir la verdad sobre la muerte de su abuelo William. Recordaréis quizá que descubrió la maldición que Mordred Gordon lanzó sobre los descendientes de su hermano Marcus, para que cada cierto número de generaciones, se volvieran locos. Ya más cerca de nuestros días, el joven americano Darren Michaels se embarcó en un viaje para ayudar a una damisela en apuros, Angelina, un viaje que le llevó hasta la mansión de Black Mirror. Allí descubrió que, en realidad, Angelina y él eran hermanos, e hijos de Samuel Gordon. La aventura terminaba en una cámara ritual, con Darren (ahora Adrian Gordon) poseído por una extraña entidad, y el castillo de Black Mirror pasto de las llamas.

Y aquí es precisamente donde empieza esta nueva aventura. Sin ningún tipo de introducción o recordatorio de los eventos pasados. Es un juego destinado descaradamente a quienes hayan jugado la parte anterior. En cuanto a la historia, Adrian está detenido por la policía, que le acusa de las muertes ocurridas recientemente en el pueblo de Willow Creek, y de ser el pirómano que incendió el castillo. Pronto nos enteramos de cómo están las cosas: en el castillo, casi completamente destruido, sólo queda lady Victoria, la anciana mujer de William, abuela de Samuel y bisabuela de Adrian. Estamos en libertad bajo fianza, y tenemos que asistir diariamente a sesiones de terapia con la psiquiatra del pueblo. En seguida empezamos con las tareas: convencer a la policía y a lady Victoria de nuestra inocencia es la principal, pero se verá entorpecida por mil y una naderías: hacerse una foto frente al castillo, arreglar todo tipo de aparatos, fabricar objetos improvisados… Lo de siempre. Poco a poco, se irá haciendo evidente que la entidad que nos poseyó no es otra que el mismo Mordred, la fuente de la maldición. Descubrir qué quiere y cómo podemos librarnos de él será otra de nuestras tareas principales. A pesar de la hostilidad de todo el pueblo de Willow Creek, recibiremos ayuda inesperada, e incluso tendremos la posibilidad de manejar dos personajes al final del juego, para completar puzles cooperativos. El juego nos mostrará todo lo que nos faltaba por ver: bosques, pantanos, ciertas áreas de Willow Creek y, sobre todo, las vastas catacumbas que se extienden bajo el castillo y el pueblo, con el Espejo Negro como punto central. Visitaremos sitios ya conocidos en juegos anteriores, pero desde perspectivas diferentes. Resolveremos el misterio, triunfará el bien tal vez y todo el mundo dejará de odiarnos. El final del juego es un poco brusco, me habría gustado saber qué ocurre más a largo plazo, quizá con un anciano Adrian convertido en señor del castillo perfectamente renovado, casado y con hijos, y ayudado por su fiel Edward, el nuevo Bates (ah, el mayordomo Bates, qué gran tipo). La escena final del juego es una chusta, muy rápida y escasa. Pero en general el argumento me satisface: muy deprimente (como corresponde), hay buenos giros de guión, como en los juegos anteriores, y momentos muy dramáticos y emocionantes.

La iglesia de Warmhill a lo largo de los años ha sufrido curiosas modificaciones 


Si hablamos de gráficos, Black Mirror 3 no supone una mejora evidente frente al juego anterior, pues se parece demasiado, pero sí destaca el genial trabajo que se ha hecho con las sombras y reflejos de los personajes, así como los efectos de dinamismo de los escenarios (humo, nubes, partículas de polvo…). Por lo demás, es lo de siempre: gráficos prerrenderizados muy atractivos, personajes algo torpes y feúchos, etc. Todos los escenarios, sin excepción, dan mal rollo, y hay algunos realmente sobrecogedores e inquietantes. Muy buen trabajo de ambientación, ¡impecable!


La cámara ritual en el primer Black Mirror

Al hablar de jugabilidad, caemos un poco en picado. Para empezar, el problema del inventario se ha resuelto a medias. Antes, si un objeto estaba situado en la parte inferior de la pantalla, resultaba imposible hacer clic sobre él sin que nos saltara la barra del inventario. La solución era bien sencilla: colocar una barra de inventario fija fuera de la pantalla, pero no se hizo. En su lugar, ahora sólo saltará la barra cuando coloquemos el puntero exactamente en el borde inferior de la pantalla, con lo que ambas tareas dejan de interferir. Lo que no se ha solucionado es el problema a la hora de moverse por el inventario. Cuando colocamos el puntero sobre la flecha del inventario, solamente permanece allí dos segundos, y luego el inventario desaparece. No es posible moverse con comodidad por el inventario, que en algunos momentos del juego es bastante extenso. Lamentable y muy frustrante.


La cámara ritual en Black Mirror 3


Nuestro diario y los comentarios de Adrian nos ayudarán a saber lo que tenemos que hacer en forma de pistas: “tal vez si…” será una frase muy escuchada en el juego. No obstante, muchos de los ingenios que tenemos que construir o aplicar no son nada lógicos ni intuitivos (y mucho menos con el nefasto inventario), y sólo después de un rato comprenderemos por dónde van los tiros, lo cual puede llegar a desesperar bastante. En los puzles propiamente dichos contaremos con un botón de escape, para resolver el puzle automáticamente. De todas formas, no son excesivamente difíciles. Cada escenario está plagado de “puntos de interés”: en algunos casos, son objetos que podemos recoger y utilizar, o puntos importantes del escenario; sin embargo, la inmensa mayoría no son nada, son excusas para que Adrian haga algún comentario sarcástico. Distraen y te hacen perder tiempo. Si en el juego anterior el diario estaba dividido en una sección de tareas y otra de reflexiones de Adrian sobre la historia, aquí se ha fundido todo en uno, lo cual puede resultar algo confuso en ocasiones. Al igual que en los otros juegos, nuestro personaje puede morir, de muchas y variadas formas, y por suerte el juego guarda automáticamente antes de que escojamos la decisión que nos lleva a la tumba, para poder volver a intentarlo directamente desde ese punto. Contaremos con el teléfono de una pitonisa, Madame Fortuna, a la que podremos llamar cuando queramos, y nos advertirá sobre la próxima muerte que se avecina (para que podamos estar sobre aviso). Los diálogos continúan siendo una simple elección de temas, para luego dejar que los personajes hablen todo lo que quieran. Tedioso, tal vez, pero lleva siendo así desde el principio de la saga.

Una vista del castillo en Black Mirror 1, en sus mejores tiempos

El apartado sonoro es bastante bueno. La música es inquietante, amenazadora y dramática según se necesite, los efectos de sonido y de los objetos están bien escogidos, pero a veces el estallido de tensión de la música no se coordina con la acción o la frase que debería desencadenarlo: unos segundos antes de que un personaje diga una frase devastadora, o a veces unos segundos después, la música se vuelve atronadora y malrrollista. Un fallo bastante gordo. Y si hablamos de fallos, hablemos de las voces en inglés (el juego es checo). Black Mirror nunca ha destacado por sus voces (las del 1 eran bastante infames), pero aquí hay varios casos que claman al cielo. Destacaré al inspector Conrad Spooner, supuestamente irlandés, que ha sido doblado por un tipo que obviamente no es irlandés ni sabe mucho del acento irlandés. Muchas de las voces carecen de alma o de intensidad, son francamente malas.

El castillo durante el incendio


En conclusión, la saga Black Mirror no ha sufrido grandes cambios a lo largo de sus tres entregas: se ha mantenido como una aventura de la vieja escuela, dirigida a jugadores pacientes y a los que les guste desenrollar poco a poco el ovillo de una buena historia, con toques de terror muy bien situados, con puzles y desafíos exigentes. Es para mí una saga muy querida (me obsesioné mucho con el primer Black Mirror en su momento), pero creo que, como final, Black Mirror 3 podía haberlo hecho algo mejor. Pero es lo que hay: es un buen juego, que mantiene la línea de los anteriores, con sus glorias y sus miserias. Larga vida a la familia Gordon. Saludos.

No hay comentarios: