viernes, 30 de agosto de 2013

Guadalupe Plata



Hoy vamos a hablar de un grupo español de blues que a mí me parece cojonudísimo. Se trata de Guadalupe Plata, una banda andaluza formada por Perico de Dios (guitarra y voz), Paco Luis Marto (bajo) y Carlos Jimena (batería).


 Conocí a Guadalupe Plata (como a tantos otros grupos geniales) gracias a Carne Cruda, que publicó un enlace a este vídeo colosal y maravilloso. Dejando a un lado lo obvio (y creedme que cuesta dejarlo a un lado), la música ya me parecía muy interesante. Blues sucio, desértico, sexy y sudoroso. Sólo tres músicos se las apañan para llenar el escenario y que se les quede pequeñísimo. Hace no mucho, estando yo en Portugal, volví a ver el vídeo, y me dio por buscar algo más sobre la banda. Llegué a una página en la que te permitían descargar legalmente su maqueta y su primer álbum, y ponían a la venta el segundo. Me los bajé, por curiosidad. Los metí en el MP3 y me dediqué a escucharlos por las calles de Oporto. Y me enganché muchísimo.


No sólo la música es cojonuda, muy contundente, muy rítmica y es imposible mantener el cuerpo quieto mientras suena, es que además las letras (cuando las hay) son sencillas, a menudo se reducen a tres o cuatro frases, no hace falta más, no intentan hablar desgarradoramente de la vida o del amor. Las letras van siempre en consonancia con el espíritu de su música: desierto, sexo, muerte: “En este cementerio hace tanta calor que hasta los muertos sacan los huesos al sol; nena nena nena nena nena nena, sácame a bailar, que tengo los huesos tiesos, ya no lo puedo aguantar”, “Jesús está llorando porque has sido mala”, “Maldita rata malnacida, no te comprendo, vengo a escupir sobre tu tumba, zapatearé sobre tus huesos”. Cosas así. Y me parece que está perfectamente bien, que no cae en el ridículo en el que caen muchas bandas que intentan ser profundas con sus letras. Esto es blues, joder, es para mover el esqueleto, son canciones que pueden durar dos minutos o media hora, podrías bailar hasta el infinito o hasta que los músicos o tú cayerais muertos al suelo.


Antes he dicho que la banda es andaluza, y tengo que decir que, de alguna forma, se nota. Desde la referencia a Los santos inocentes de la canción Milana, canciones como Pollo Podrío, a las portadas de los discos o algunos videoclips. Esa mezcla de música americana de western y el tema andaluz encajan sorprendentemente bien. El cantante tiene una voz muy característica, y las virguerías que hace con la guitarra son notables. Experimenta mucho con los efectos de sonido, como agitar la guitarra frente al amplificador, o tocar las cuerdas en zonas inusuales para producir sonidos metálicos. El batería usa maracas junto con las baquetas y hace ritmos distintos, el cabrón. En cuanto al bajo, basta con decir que a veces usa como instrumento un barreño con un palo y una cuerda. Tres figuras de categoría.


Los discos no llevan título alguno, sólo se identifican por el año de publicación: 2009, 2011 y 2013. Como dije antes, me descargué los dos primeros, y haciendo un pequeño seguimiento, me entero de que van a tocar nada menos que en Oporto, en el Primavera Sound. ¡Y el mismo día que Dead Can Dance! Gracias a mi colega Guille, conseguimos dos entradas y para allá que nos fuimos. Pero bueno, esa es otra historia que conté aquí.


Así que vamos a aprovechar para hablar de ese disco fantástico que es Guadalupe Plata (2013). Se nota una evolución en el sonido, que ahora es más pesado y contundente, mucho más lleno. Después de una introducción que nos pone en situación con la guitarra, unos cuantos lamentos (el nombre de la canción) y unas campanillas, llega sin tardanza Rezando, con una línea de bajo y batería machaconas mientras la guitarra empieza a sonar tímidamente. Poco a poco toma fuerza y arranca la voz distorsionada. Y ya no para. Los solos y las frases aulladas se suceden en poco más de media hora, que es lo que dura el disco. Llega Rata, una brevísima pero intensa canción. Llegan Oh my bey y Demasiado, una de mis favoritas (“Demasiado, demasiado, hablas demasiado, tu boca es grande, hablas demasiado”). Un pequeño parón con Funeral de John Fahey, un tema instrumental más tranquilo. Y después llega la grandísima Esclavo (“Soy tu esclavo, nena, me aprietan tus cadenas, no puedo escaparme, no puedo liberarme”), uno de mis temas favoritos. El Blues es mi amigo y Voy caminando son temas que no me gustan tanto, pero creo que en realidad es sólo porque están en medio de Esclavo y Milana, otra canción cojonuda. El final del disco no podría ser mejor: una versión lenta y mejorada de Jesús está llorando, luego la última explosión de blues con No me ama y terminamos con la agónica Santo Entierro, en la que este cuerpo moribundo da los últimos estertores de guitarreo.



Qué puedo decir de Guadalupe Plata… es imposible describirlo con un mínimo de racionalidad, y menos si mientras escribo escucho su música. Son como un hechizo, como si te hipnotizaran, como si te manejaran con hilos y te obligaran a mover la cabeza y los pies. Son muy buenos músicos y lo demuestran también en sus directos, que no tienen nada que envidiar a la calidad y el nivel de locura de los discos. Espero volver a verlos, y si fuera con mi colega Guille, ya sería la hostia.

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