jueves, 1 de agosto de 2013

Eels - Hombre Lobo

I feel bored, I wanna get in trouble

Llegamos por fin a la nueva etapa de Eels: tras varios años de descanso durante los que se dedica a escribir su libro, Things the Grandchildren Should Know, E nos presenta el primer disco de esta nueva “trilogía”, basada en tres fases por la que todos pasamos muchas veces durante nuestra vida: deseo, ruptura y regeneración. En Hombre Lobo, el deseo no se refiere exclusivamente al deseo sexual, sino a todo tipo de anhelos e ilusiones de la vida. Aun así, sin duda este es el disco más sexy de Eels, con auténticas bombas como Tremendous Dynamite o Fresh Blood. Atrás queda la anterior etapa, después de sacar un Best of y un disco de caras B. En el horizonte todo es posibilidad e ilusión.

En contraposición al disco doble anterior, filosófico y profundo (Blinking Lights and other Revelations), este disco es mucho más directo y fácil: doce canciones de rock, con dos o tres baladas y alguna canción más tranquilita, guitarras muy sucias, voces distorsionadas, etc. En muchos sentidos, este disco es el heredero de Souljacker: no sólo porque musicalmente sea una continuación, sino también porque conceptualmente, el protagonista es el personaje de Dog Faced Boy, que ya ha crecido y se ha convertido en Hombre Lobo. La imagen de nuestro barbas favorito se adapta convenientemente: barba cuadrada y larguísima, gafas de sol. Su egregio perfil aparece en la portada del álbum, caracterizado como una caja de puros Cohiba.



Empezamos ya con aullidos en el primer corte: Prizefighter. Un riff sencillo con un par de acordes, una batería marcando eternamente el ritmo y la voz distorsionada de E. Un tema breve, de menos de tres minutos, que nos pone en situación y nos da a probar el sabor del nuevo disco.

                Caemos por un momento en una balada de lo más melancólica: That Look You Give That Guy. La idea general de la canción es una curiosa solución para obtener el afecto de nuestra amada: ser ese otro tipo que le gusta, en vez de nosotros mismos. ¿Quién no ha sentido eso alguna vez, querer ser ese tipo tan guapo y tan interesante al que admira y desea nuestra chica? Muy buena canción, pero excesivamente melancólica. Aunque, bien mirado, ¿qué podíamos esperar de Eels?


                Subimos de pronto con Lilac Breeze, quizá la predecesora de la cañera Peach Blossom del último álbum, Wonderful, Glorious. Muy rápida, con gran presencia del teclado. La canción no para, gira y gira sobre el estribillo hasta apagarse.
               
De nuevo una pequeña pausa en el ritmo: llega In my dreams, una canción tranquila con guitarra acústica y batería, una de las más tiernas y bonitas del disco, y de Eels en general. Un clásico en los conciertos. Además, nos relaja para que nos pille por sorpresa Tremendous Dynamite.


Comienza el guitarreo y la batería del mejor tema del disco. Empieza despacito y va cobrando fuerza. Cuando la canción es buena, no hace falta acelerar las cosas. El riff es muy bueno y a la vez sencillo. De pronto, la guitarra se calla y la batería muere. Sobre el silencio sepulcral, la voz de E: She’s tremendous dynamite. Y BUM, vuelve la música con más fuerza que al principio. Sin duda, de mis favoritas en lo que a rock se refiere.


Nos hundimos de nuevo con The Longing, que nos habla de las ganas de ver a una persona que no está, la forma en que idealizamos sus virtudes y defectos, la imposibilidad de pensar en nada más, nuestros esfuerzos por intentarlo que sólo sirven para agravar aún más la situación. Sólo guitarra y teclado, y la voz de E lamentándose con un eco que resalta la idea de soledad.

Llega Fresh Blood, que no es la mejor canción del disco, pero sin duda la más sexy. Esa guitarra, esa melodía, la atmósfera que crea, los aullidos de E. Cojonuda, de verdad, y también imprescindible en los conciertos. Cuando las luces de la sala se vuelven rojas y la batería empieza a retumbar, sabes lo que se acerca. Por cierto, por fin una canción que se termina de verdad, no sigue hasta el infinito mientras baja el volumen.


Y el disco no para: What’s a Fella Gotta Do (to spend a little time with you), muy animada y divertida: E cuenta todo lo que haría si esa chica le diera una oportunidad. Con My Timing is Off, volvemos a frenar, preparándonos para el tramo final del disco. Canción tranquila, parecida a In my dreams. El tema de la canción es la sensación de darse cuenta de la asimetría de sentimientos, no poder estar con alguien porque siente menos que nosotros. Melancólica, como cabía esperar.

Llega All the Beautiful Things, una canción completamente propia de Daisies of the Galaxy. Encantadora. Everyday I wake up and wonder why I’m alone when I know I’m a lovely guy.

Nos acercamos al final con Beginner’s Luck, la suerte del principiante (de los que acaban de empezar una relación: hay que aprovechar mientras se tenga esa suerte). Muy buena, y muy positiva. Este tramo final del disco parece dejar de lado las canciones más cañeras y descaradas y nos da una buena dosis del Eels más clásico, sin olvidar el guitarreo y el nuevo sonido distorsionado.

Terminamos con Ordinary Man, una lenta y autorreflexiva, como suele pasar. No es demasiado memorable, en mi opinión. Me habría gustado una canción con más contenido en las letras y con una música que nos recuerde el nuevo estilo que se está forjando. Y con eso termina el disco.


Hay quien critica este disco por ser demasiado fácil, quizá demasiado optimista y superficial, pero a mí eso no me preocupa. E escribe la música que siente en cada momento, y cada álbum, o más aún, cada canción, se ajusta a un estado de ánimo distinto. Yo acepto todo lo que hace, y lo escucho cuando siento que debo escucharlo. Si estoy contento, me pongo Hombre Lobo o Daisies of the Galaxy; si me deprimo, me regodeo en mi depresión con Electro-shock Blues o End Times. Embrace it wholly, motherfuckers!

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