lunes, 3 de junio de 2013

Optimus Primavera Sound 2013 - Guadalupe Plata y Dead Can Dance

El pasado jueves, después de mucho dudar, fui al Primavera Sound. Sí, señores, al festival de los hipsters y los modernos. Pero no os preocupéis, no fui a ver a ninguna banda de lloricas. Fui a ver a Guadalupe Plata y a Dead Can Dance. Lo cierto es que no sé muy bien qué pintaban esas dos bandas en el Primavera Sound, pero yo no me iba a quejar.

Perico de Dios es mi nuevo ídolo

Lo primero que debo decir es que se nota que ahí hay pasta. No sólo por los múltiples regalos que nos daban (una bolsa que se convertía en sábana para sentarnos en el suelo, cordones con el programa colgado), sino también por el despliegue de medios (cuatro escenarios, múltiples cámaras, retransmisión por radio, patrocinio de las mejores marcas…). También había puestos con comida y otros con camisetas, pósters, vinilos y otras zarandajas. Entre el público abundaban los españoles y otros extranjeros. Fui con un colega al que enganché rápidamente a ambas bandas. Llegamos justo a tiempo para ver a Guadalupe Plata, tan potentes y sucios como en el álbum, y colarme en la primera fila. Una actuación cortísima (no llegó a tres cuartos de hora) pero que me dejó completamente alucinado. La guitarra que parece llegar a todas partes y hacer el trabajo de tres personas, con unos solos de locura; la batería potente y sin piedad y el contrabajo que consiste en un barreño y un palo con una cuerda. Tres músicos que consiguen llenar el escenario sin esfuerzo, sólo con la fuerza de su talento. Tanto fue así que decidí dejarme de camisetas y de leches a precios desorbitados y comprarme el nuevo álbum de los Plata. Los otros dos pueden descargarse de forma legal, aquí os dejo el enlace a lapágina. Del álbum ya hablaremos en otra ocasión.


Y al caer la noche, llegó el momento de ver a Dead Can Dance. Nos situamos en las primeras filas, más o menos en el centro, y nos dispusimos a esperar la llegada de Brendan Perry, Lisa Gerrard y los suyos. Las cosas empezaron a torcerse cuando se pusieron delante cuatro niñas cantando canciones de discoteca. “Esta no es la clase de público a la que le gusta Dead Can Dance”, dije yo haciendo gala de mis prejuicios. De repente, se coloca frente a mí, saliendo de la nada, un chavalín con una gorra enorme y muy fea que me tapaba el escenario. Empieza a moverse para todos los lados, con su estúpida cabeza bamboleándose e impidiéndome ver nada. Él y un amigo suyo levantan los brazos y hacen movimientos serpentinos. Por tres veces me acerco a él para arrebatarle la gorra y lanzarla a lo más profundo de la multitud, y por tres veces me detengo. A mi derecha observo un grupo de tres espectadores que observan en silencio y con los brazos cruzados los vaivenes de los músicos. Me desplazo subrepticiamente a la derecha, dejando que los dos imbéciles de las gorras se pudran en su inconmensurable estupidez. Los olvido para siempre y me sumerjo en la música de Dead Can Dance.



Más allá de la iluminación, de las canciones y de los instrumentos, están las voces. Primero, Brendan Perry. Un tipo de más de cincuenta años que no paraba de tocar instrumentos: cuerda, percusión… Su voz tremendamente grave y profunda, poderosa y resonante, que de pronto cambia al agudo más intenso. Lisa Gerrard, la maestra de tantos estilos de canto, dejó a todo el mundo con la mandíbula inferior colgando. Aplausos, gritos y promesas de amor eterno era lo que se escuchaba cada vez que Lisa abría la boca.

"Añadir leyenda", me pide Blogger. No hace falta, la leyenda es la propia Lisa.

En resumen, una experiencia increíble. Ni ganas tenía de escuchar al resto de bandas, para mí no existían. Ni Wild Nothing, ni The Breeders, ni Nick Cave. A la mierda todos.



Saludos, y perdonad por la pequeña ausencia. Pronto volveré a la carga con música, libros, videojuegos, películas y alguna cosa extra.


2 comentarios:

Guillermo García Albacete dijo...

Gracias por describir tan bien las sensaciones que allí vivimos.

Muito Obrigado.

Loscercarlos dijo...

Primer comentario! Que no sea el último, que andamos un poco escasos de Testimoniaaas