jueves, 20 de junio de 2013

Mercado medieval de Barcelos - 2013

Como os dije, el viernes pasado nos dirigimos a Barcelos para tomar parte en el mercado medieval de la ciudad. Instalamos nuestro campamento en la calle: varias tiendas de campaña de estilo medieval para exponer el equipo y dormir nosotros mismos, y un puesto para mostrar la fabricación de cota de malla. Lo primero que hice fue ponerme mi equipo medieval, que resultó ser sorprendentemente cómodo y calentito, sin llegar a agobiar en ningún momento. Teníamos allí expuestas toda una colección de armas mortíferas: espadas, hachas, mayales, lanzas, dagas y escudos, además de lorigas de cota de malla, cofias, gambesones y mil cosas más. Hay que decir que éramos los únicos “recreadores” del evento, que en su mayoría se componía de artesanos y vendedores (un herrero, vendedores de alimentos, un artesano que hacía escudos de familia…). El resto de animadores representaban distintos personajes (borracho, leproso, ladrón, noble, escudero…) Había también un gaitero llamado Malcolm enfundado en un kilt, y una bailarina de danza del vientre. Todo ello, en una sola calle de la ciudad. Todos se conocían y bromeaban entre ellos, con lo que el ambiente era muy agradable.

Nosotros nos dedicamos a hacer cota de malla, dar una clase de esgrima en público y combatir más en serio de cuando en cuando. Comimos y cenamos de balde, y lo pasamos muy muy bien. Por la noche nos juntábamos para cenar y montar jaleo antes de ir a dormir a las tiendas de campaña. Lo cierto es que al final la locura y el cachondeo se apoderaron del evento. Pongo un par de ejemplos: una comitiva que recorre la calle al son de una gaita llevando con todo respeto un chorizo en la mano. Llegan hasta la zona de tiro con arco, colocan el chorizo frente a la diana y declaran inaugurado el torneo de tiro al chorizo. Otro ejemplo: Malcolm el gaitero con un micrófono hecho de cota de malla, entrevistando a los artesanos y preguntándoles todo tipo de paridas; el mismo gaitero con un yelmo y un escudo, representando la escena de “los caballeros que dicen Ni” de los Monty Python, o cantando “Every sperm is sacred” a coro con nosotros. Creo que así os hacéis un poco a la idea de la clase de ambiente que había.

El sábado, al caer la noche, nos dijeron que íbamos a combatir en público. Nos equipamos como correspondía: encima de la ropa y de la cofia, me colocaron una loriga y una cofia de cota de malla, y tomé un escudo y una lanza; la espada me la llevaba un compañero que no iba a combatir. Desfilamos todos por la calle, atrayendo a una marabunta de personas que se colocaron en semicírculo en una plaza. Después de un par de números cómicos de los animadores, entramos a pelear. Yo dejé la lanza y saqué la espada, listo para enfrentarme a mi profesor Ricardo, que llevaba escudo y lanza. Sin ningún tipo de coreografía preparada, nos lanzamos a ello. Atacando mayoritariamente a los escudos, bloqueando y empujando, estuvimos así un buen rato. En ese momento, salió mi profesor y entró una compañera, armada de los pies a la cabeza. La sensación apenas se puede describir: el silencio a tu alrededor, sólo interrumpido por tu propia respiración acelerada; el frío de la cota de malla en la cara, y su peso sobre los hombros; el escudo agarrado con fuerza; el cuero de los guantes contra la empuñadura de la espada; la adrenalina que fluye. El primer porrazo contra el escudo, que hace que tu brazo tiemble. Decenas de caras observándote, mires hacia donde mires. Lo olvidas todo, olvidas que tienes delante a una compañera, y por un momento sólo piensas en buscar su punto débil y en conseguir sobreponerte a ella. En ese momento, un golpe dirigido al cuello que no consigo desviar completamente. Noto una hostia en la cara, y la piel caliente. Mi profesor nos separa, me aparta a un lado y entra él. Espero pacientemente y vuelvo a combatir contra Ricardo. Esta vez, él lleva un hacha de mano y un escudo. En una de esas, chocamos escudo contra escudo y me llevo un golpe no demasiado fuerte en la cara. Me estoy empezando a calentar, así que decidimos dejar los escudos y luchar sólo con espada, pero un poco más despacio. Al final, me pongo en posta di falcone para atacar. Ricardo se sitúa en posta di coda longa roversa, así que sé lo que quiere que hagamos: uno de los ejercicios que llevamos varias semanas practicando en clase. Ataco verticalmente y él aparta mi golpe a un lado y da una estocada por alto, con un grito. Yo me tiro al suelo aparatosamente. Dos escuderos me agarran por los brazos y me arrastran fuera del combate, como si estuviera muerto. Ya fuera de la vista del público, veo que a mi compañera la están atendiendo. Se ha llevado un buen golpe en la cabeza al caer de espaldas, tiene los ojos llorosos y respira muy deprisa. Un compañero me mira y me dice algo sobre mi cara. Me palpo la zona donde me he llevado el golpe en el segundo combate. Noto un surco, un arañazo, pero no hay sangre. Me queda una bonita marca durante unos días.

Guess what! I'm the man in red.


Al día siguiente, entrenamos y combatimos en medio de la calle (asegurando un pequeño espacio), equipados con armas de madera, escudos y yelmos. A la gente le encanta, nos rodea una auténtica multitud que no para de comentar, señalar y hacer fotos.


En fin, qué puedo decir, ha sido una experiencia increíble, y muy adictiva. No veo el momento de volver a combatir, de volver a hacer cota de malla delante de la gente, de responder a sus preguntas, de conseguir un par de piezas más para mi equipo, de tunear las botas para darles un aspecto más auténtico. A finales de agosto nos veremos las caras de nuevo en Cornatel, amigos. Saludos.

No hay comentarios: