sábado, 18 de mayo de 2013

Autoridad


No sé si sabíais que Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, denunció que el día 5 de abril se produjo un escrache (una manifestación frente a la vivienda particular de una persona) en su casa, que le provocó inmensas molestias, que se sintió intimidada, etc. El magistrado ya ha decidido archivar la denuncia, y me ha sorprendido mucho leer los términos de la misma.

Soraya Sáenz dijo que su suegra “no pudo sacar a su hijo de paseo después de darle la merienda”, y que “el niño rompió a llorar”. Señora, en España hay cada vez más gente que no tiene merienda alguna que llevarse a la boca, y usted pretende que porque su hijo se asustara por unos cuantos gritos, todos salgamos en su defensa y nos compadezcamos. Pretendía que las fuerzas del sistema, con las que usted tiene un jugoso contrato que las pone de su parte, impidieran que los zarrapastrosos que se manifiestan se acercasen a usted. Pues mire, esta vez el juez ha hecho algo verdaderamente justo: reírse de su ridícula denuncia, dejar claro que de ningún modo se considera “restricción a la libertad” el hecho de no poder sacar a pasear a un niño durante los escasos 20 minutos que duró la manifestación. Y que los ciudadanos tienen derecho a la libertad de expresión y a ejercer su derecho de manifestación. Y, sobre todo, que “la posición dominante de las instituciones que ocupan obliga a las autoridades a demostrar contención en el uso de la vía penal”. Es decir, ya que las autoridades tienen (valga la redundancia) autoridad sobre los ciudadanos y pueden decidir sobre sus vidas, su libertad, etc., qué menos que ser comedidos al usar la vía penal, y no dedicarse a condenar indiscriminadamente.

Y esto me lleva, inevitablemente, al segundo punto del día. Cada vez leo más y más testimonios de manifestantes detenidos o golpeados por la policía, que se quejan del mal trato que recibieron, de la irracionalidad de la policía, las constantes vejaciones y faltas de respeto, la cerrazón de mente de la que hacían gala, el miedo que les provoca un encontronazo con un policía. Y yo digo, ¿acaso se selecciona como antidisturbios a aquellos que demuestran ser gente razonable, prudente, con gusto por el pensamiento y la tolerancia? ¿Es esa la característica principal de un policía? No. Los policías son las FUERZAS del orden. Su cualidad es la fuerza, la capacidad de dar hostias, de obligar al díscolo a volver a la fila. Los únicos requisitos para ser policía es pasar un examen de chiste y hacer dominadas y flexiones. No esperéis que respeten vuestra forma de pensar o vuestra libertad. A veces (y seguro que más de uno conocéis casos) se trata incluso de gente que, no pudiendo aspirar a nada mejor en la vida, por falta de capacidad de esfuerzo o de materia prima, consigue un trabajo (que es más de lo que pueden decir muchos), en el que se le da autoridad sobre TODOS los ciudadanos, además de una pistola y una porra. Es el sueño de cualquier matón de instituto: licencia para importunar y agredir, y encima avalado por el Estado. Un tipo que de otra forma sería el último mono, de repente se vuelve tremendamente poderoso, y entonces pasa lo que pasa: detenciones durante más de 7 horas a ciudadanos que no saben cuál es su delito, tratos que podrían considerarse tortura… incluso cosas menos obvias, como parar en un control de alcoholemia a una chica guapa que va sola en el coche y ponerse a intentar ligar con ella, sabiendo que el halo de autoridad que da la placa va a impedir que los mande a la mierda directamente, que se va a estar calladita. Hay gente que realmente se mete a policía por vocación de servicio público, de ayudar y proteger al ciudadano, pero hay que reconocer que es también un coladero de matones. ¿Solución? Hacer limpieza, aumentar los requisitos para entrar y replantearse qué más cosas son convenientes en un agente de la autoridad aparte de los bíceps.

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