domingo, 7 de abril de 2013

The Saboteur


Desde que oí noticias sobre este juego de 2009, le seguí la pista, y finalmente lo compré hace no mucho por menos de 15 euros. Un juego de estilo sandbox, ambientado en la ciudad de París invadida por los nazis, en el que manejamos a un luchador de la resistencia francesa que se dedica a volar por los aires las instalaciones nazis, a fumar, a conducir y a seducir mujeres, ¡eso había que probarlo! Probablemente lo que más llamaba la atención era el estilo del juego: en las zonas de París dominadas por los nazis, los colores son blanco y negro, exceptuando el rojo de los símbolos nazis y la sangre, el amarillo de las luces, el azul de la resistencia y los ojos de los personajes (muy similar a la película de Sin City); las zonas liberadas muestran colores vivos y música parisina de acordeón. Una puesta en escena muy original.

Por desgracia, The Saboteur no tuvo prácticamente impacto en nuestro país, debido a que está íntegramente en inglés (voces y textos). También tuvieron que ver, imagino, los distintos fallos que presenta el juego, y de los que hablaré a continuación, pero poca duda cabe de que el nulo reconocimiento de este juego en España se debe a la ausencia de doblaje y traducción. Pues a mí, qué queréis que os diga, me está gustando mucho (aún no lo he terminado). Vamos al ajo:


The Saboteur comienza con Sean Devlin, un irlandés pendenciero, hábil conductor, borrachuzo y mujeriego que enseguida se adueña de nuestros corazones. Se encuentra en París después de ciertos incidentes con un dirigente de los nazis llamado Kurt Dierker, que mató a su mejor amigo, Jules, al confundirlos con espías a sueldo de los británicos. Después de escapar y jurar venganza, Sean es reclutado por Luc, líder de la resistencia, que le pide ayuda para enfrentarse al invasor. La ciudad está plagada de soldados alemanes, que han instalado una densa red de torres de vigilancia, focos y cañones antiaéreos, vehículos blindados, etc. Además de las misiones que nos irán encomendando ciertos personajes (soldados veteranos, un cura rebelde...), podemos explorar la ciudad por nuestra cuenta y desbaratar las instalaciones y la impedimenta de los nazis, mediante el viejo método de la dinamita y la cerilla. Tendremos la posibilidad de infiltrarnos en los cuarteles de los nazis disfrazados con un uniforme, y sembrar el caos sin que nadie sepa qué está pasando. Recorreremos las calles de París y de la campiña cercana al volante de todo tipo de vehículos, algunos lentorros y humeantes, otros auténticos bólidos, otros militares y armados hasta los dientes. Podremos trepar cualquier edificio y escabullirnos por los tejados de la ciudad, burlando a nuestros perseguidores. Recibiremos la ayuda de la resistencia francesa, que se fortalecerá a medida que realicemos nuestra tarea de sabotaje. Si atraemos la atención de los nazis y hacemos saltar la alarma, nos caerán encima, al principio con calma (patrullas, motos…), pero si persistimos en resistir y continuar el ataque, en lugar de buscar refugio, terminaremos soportando todo el peso del Tercer Reich (tanques, agentes de la Gestapo, zepelines, aviones…).  El arsenal de armas es muy variado: pistolas alemanas o inglesas, rifles de cerrojo, ametralladoras, dinamita, lanzacohetes, lanzallamas Stielhandgranate… También hay un sistema de “desafíos” (coleccionar coches, matar a ciertos enemigos de una forma determinada…) que nos proporcionarán ventajas y mejoras.

Sí, ¡la torre Eiffel se puede escalar completamente!

Yo entiendo The Saboteur como un juego de mecánica sencilla (disparos, conducción, escalada), muy similar en concepto a Assassin’s Creed (combate, escalada…). Esta mecánica está quizá poco pulida y tosca, pero llena hasta los topes de “chorraditas” que convierten la experiencia en algo muy auténtico y divertido. Confesémoslo: el sistema de sigilo es muy simplón, la escalada es extremadamente tosca y fea de ver, los personajes son bastante estereotípicos y exagerados, las texturas dejan bastante que desear a menudo, la inteligencia artificial de los nazis es un cagarro (muy pocos utilizan la cobertura, la mayoría se queda clavada en el sitio y te dispara) y hay un buen número de bugs (objetos que se quedan flotando, defectos a la hora de agarrarse a una cornisa, que desembocan en una horrible muerte por fractura de todos los huesos, saltos inexplicables de diez metros al romper una caja de una patada…). El sistema de sigilo se me antoja innecesario: sólo lo utilizo cuando quiero hacer el reto un poco más interesante, no por obligación. Si quisiera, podría comprar una escopeta de doble cañón cargada hasta los topes de munición, un lanzacohetes, y meterme en una base enemiga a sangre y fuego: Sean aguanta docenas de disparos a pecho descubierto, y su salud se recupera después de dos o tres segundos. Realmente es más rápido y efectivo hacer caso omiso del sigilo, pero para mí tiene más encanto entrar en la base disfrazado de general, llenarlo todo de bombas sin que nadie se dé cuenta, y salir por la puerta al mismo tiempo que hago detonar todas las bombas en una cadena de explosiones que deje a los nazis temblando. Lo único que no me gusta del sistema de sigilo es que no hay diferencias entre disfrazarte de soldado raso, de general o de agente de la Gestapo: las reacciones del enemigo son las mismas. Habría estado bien que, por ejemplo, un general levantara menos sospechas (ya que es un disfraz más complicado de conseguir, que tuviera alguna recompensa especial). A la hora de disparar, el sistema de puntería es muy preciso: si somos pacientes, podremos abatir a un vigía lejano de un solo disparo de fusil sin mirilla, y si tenemos cuidado, podemos acabar con una patrulla de tres o cuatro soldados utilizando una pistola con silenciador, sin darles tiempo a hacer sonar la alarma. Un combate muy satisfactorio.

Hagámoslo interesante

Cuando hablo de las “chorraditas” del juego, me refiero a las pequeñas cosas que experimentas si no lo juegas en plan extremo, atropellándolo todo a tu paso y montando escandalera con armas de gran calibre: detenerte en un control de los nazis para que Sean les enseñe el pasaporte y le dejen pasar, encender un cigarrillo, pistola en mano, mientras esperas a que aparezca tu objetivo, disparar con la pistola con silenciador a tres nazis que iban a fusilar a unos civiles en plena calle y salir pitando antes de que llegue una patrulla, esconderte de los nazis que te persiguen besando apasionadamente a una sorprendida parisina, o entrando en un burdel… hay algunas cosas muy caricaturescas, es un juego que está en el límite entre la seriedad y la parodia. Súbete a un cañón antiaéreo y desata un infierno entre los zepelines que surcan el cielo, resistiendo contra los refuerzos que envíen contra ti, utiliza un coche bomba para destruir un objetivo sin levantar sospechas, lanza una granada desde un tejado para atraer la atención de las patrullas y luego acaba con ellos con un rifle de cerrojo, sube a una torre de francotirador y lanza al sorprendido nazi al vacío. Me gusta mucho, porque te permite interactuar mucho con el entorno (incluso Assassin’s Creed tiene carencias en ese aspecto): hay juegos en los que la gente que pasa por la calle está de adorno, aquí te ayudan, o necesitan tu ayuda. No sé, me parece mucho menos repetitivo que otros juegos más ambiciosos y con más presupuesto, yo no me canso de ver una explosión, y otra, y otra, y los nazis corriendo de un lado para otro sin saber a quién detener, y yo que me escondo tras una esquina y me echo un cigarro mientras el humo de la explosión se disipa.

¡¡Kaboom!!

 La recreación de París y sus monumentos es muy buena, si bien se resiente un poco debido a la calidad variable de los gráficos. Pero, ¿qué decir de la banda sonora que se escucha al conducir? ¡Temazos de la época!


En resumen, me parece que The Saboteur es un juego que se merece muchísimo más de lo que ha obtenido, con muchos elementos novedosos e interesantes, y una jugabilidad muy adictiva pese a sus evidentes fallos. ¡Dadle una oportunidad! Saludos.


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