viernes, 26 de abril de 2013

Los tigres de Mompracem - Emilio Salgari


"¿Y si la olvidase? ¡Ah! ¿Sangras, mi pobre corazón? ¿No quieres, entonces?"
Sandokán



Sandokán. El tigre de Malasia. Piratas, abordajes, matanzas, cañonazos, humo, sangre, metralla, astillas, botín. Eso es lo que viene a mi cabeza cuando oigo su nombre. No había leído nunca más que un par de fragmentos de las novelas, una de las películas (cuando era un crío) y la serie de dibujos. Así que cuando llegó hasta mis manos, por el irrisorio precio de 2 euros, la segunda novela de Sandokán, Los tigres de Mompracem, no pude resistirme a comprarla. Lo que sí que pude hacer fue resistirme a leerlo hasta haber terminado un par de cosas que tenía pendientes. Pero ya está, y aquí os traigo mis impresiones.

No, no tengo esta edición, más me gustaría

Nuestra historia comienza a finales del siglo XIX, en la isla pirata de Mompracem, en la que el pirata Sandokán y su fiel amigo Yáñez de Gomera han creado una poderosa banda, el terror de los ingleses. Pronto nos enteramos de la historia de Sandokán: se trata nada menos que de un príncipe malayo, destronado por ingleses y holandeses. Con toda su familia asesinada y su poder desaparecido, se hace a la mar con los pocos que aún le son fieles, escapando a Mompracem y aumentando su banda de “cachorros”, feroces piratas que le siguen a él, el Tigre de Malasia. Esta historia en particular es una animada aventura con multitud de combates navales, a espada, huidas arriesgadas, planes imposibles, odio y amor a partes iguales. Tiene todo lo que puede necesitar una novela de aventuras juvenil: acción a raudales.


El principal problema que le encuentro a Sandokán (y me daba cuenta a medida que avanzaba en la lectura) es que no me acababa de creer que tantos hombres pudieran seguir tan ciegamente a semejante jefe. Sandokán es aguerrido, es muy valiente, no teme a las balas ni a las cimitarras, es el Tigre de Malasia, está claro, pero un líder militar tiene que cuidar de los suyos si quiere que le sigan. Y yo lo primero que me encuentro es que Sandokán parte con una pequeña banda hasta la isla mejor defendida de los ingleses, Labuán, sólo para poder satisfacer su curiosidad y ver a la hermosa mujer conocida como la Perla de Labuán. Sólo podía pasar una cosa: de camino, se encuentran con un poderoso crucero inglés. Los dos praos de Sandokán, rápidos pero escasamente armados, están en clara desventaja, pero Sandokán insiste en liarse a cañonazos y no piensa en la retirada. Sus hombres van muriendo, de 50 pasan a 30, a 20, a 10… Y al final los cuatro que quedan se lanzan al abordaje y mueren ridículamente fusilados. Sandokán, viéndose perdido, escapa hacia la isla de Labuán. Ha sacrificado estúpidamente dos barcos y medio centenar de hombres. Por desgracia, este no es el único ejemplo de la ineptitud estratégica de Sandokán, porque en varias ocasiones su excesiva impaciencia y sed de sangre provocan la muerte de muchos de sus hombres, que sin embargo siguen fieles al poderoso Tigre. Llega incluso a levantar la mano contra los suyos cuando le incomodan, o a ordenarles que se dejen matar como castigo por un acto de cobardía. Un comportamiento tiránico e irresponsable para tratarse de un jefe pirata tan querido por los suyos. Es Yáñez, el portugués, quien se comporta siempre de forma prudente y astuta. Incluso los piratas secundarios, como Giro-Batol o Juioko, demuestran tener más cabeza que el formidable Tigre de Malasia.

Y claro, para mí es un problema grave que el protagonista de una novela de aventuras te parezca un imbécil. Nada que ver con John Carter, que te cae bien desde la página 1, aunque no sepas nada sobre él. Muy mal, Sandokán, muy mal, espero que en el resto de novelas seas un poco menos egoísta y cuides más de aquellos que se juegan el cuello para que te puedas quedar con el premio de la Perla de Labuán y su rubio chochete. Un poco de deferencia.

En resumen, se trata de una buena novela de aventuras, de todo un mito de la literatura de piratas. A mí, personalmente, me estropea mucho la experiencia la antipatía que me suscita el protagonista, pero imagino que eso depende de los gustos de cada uno. Saludos.





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