lunes, 15 de abril de 2013

Efecto


Muy, muy pocas veces las series o las películas me afectan a nivel interno, personal. La mayoría son simplemente historias entretenidas, de acción, de amor, de humor, pero ya está. Pueden ser obras de arte, pero como tales no son otra cosa que algo que se contempla y cuya belleza se admira, pero no son algo que sientas tuyo, ni que atraviese la barrera de tu cuerpo y llegue a tocar tu alma, tu vida sigue igual que antes cuando el director funde a negro.

Incluso aunque apelen a emociones o ideas con las que no podemos sentir identificados, suelen desarrollarse en otros lugares, en otras épocas, lo cual disminuye el impacto. Las moralejas suelen ser especialmente lamentables: la amistad es muy importante, el amor lo puede todo, el mundo no tiene sentido… cosas genéricas y estereotipadas. Incluso las películas épicas, que tanto adoro, al final (y no siempre) no dejan de ser un mero ejemplo de valores, un comportamiento ideal que seguir (el del héroe), pero poco aplicable a la vida cotidiana.

Pero hay veces en que veo una película o una serie y me quedo… ¿cómo explicarlo? Me quedo seriamente jodido. Mi vida se tuerce ligeramente, me dan qué pensar, hacen temblar los cimientos sobre los que me muevo o en base a los que decido lo que hago. Dejando a un lado los documentales, de actualidad o históricos, me ocurre bastante con las películas que evocan la vida en la naturaleza, al ser humano primario, que despojan a los personajes de nuestras tontas necesidades artificiales. Me pasó, en esa línea, con Into the Wild, 127 Hours, Jeremiah Johnson, The Deer Hunter o Dersu Uzala, entre otras.

Me ha pasado con Dexter. Veréis, no sé si vosotros también, pero yo tengo una parte un poco cabrona, un lado oscuro que no sale porque no le dejo (no voy a hablar de ello en detalle porque no sería capaz de explicarlo bien, cuando se entra en el terreno de lo que tiene uno dentro de la cabeza, empieza a ser imposible hacerse entender y acabas pareciendo un loco). Y en Dexter puedo ver a una persona a la que también le pasa eso (pero exageradamente, claro), se habla sin tapujos de nuestros anhelos ocultos, acallados por necesidades del guión y porque en el fondo es lo mejor. Dexter me sorprendió muchísimo por eso, porque se trata el tema de los impulsos asesinos y cómo el protagonista los concentra sobre aquellos que, de todas formas, se lo merecen.

Y también me ha pasado, hace muy poco, con un capítulo de Los Soprano. Veréis, yo odio a una persona. Sólo a una, pero la odio con todas mis fuerzas. He escrito cosas verdaderamente espantables sobre ella. Creo que, si nadie me lo impidiera, podría hacer algo irreversible, medio por impulso medio a sangre fría. Pero lo que ocurre es que esa persona no me ha hecho nada. Se lo ha hecho a otro. Y el otro día, se le planteó una situación parecida a Tony Soprano: tenía la oportunidad de matar a un hombre que le había hecho algo a otra persona. Y, al final de un largo periodo de dudas, decidió no hacerlo, porque si lo hacía, lo hacía por él mismo, para sentirse bien él mismo al acabar con la maldad de esa persona, para erradicarla del planeta a ella y al asco que le provoca, y no para ayudar ni aliviar a nadie más, en realidad. En el fondo, es puro egoísmo, aunque ese egoísmo provenga del amor que se tiene por alguien y el daño que se le ha causado a ese alguien. Y fue muy duro verlo y reflexionar sobre ello, y acabar concluyendo que probablemente tenga razón, que lo que fuera que yo estuviese pensando hacer, lo haría por mí, para mí. ¿Qué me queda, entonces? ¿Dejarlo correr? ¿No es algo que me incumba, aunque mi corazón tiemble y reclame justicia? ¿Cuántas más tendré que dejar pasar con resignación? ¿En cuál me podré detener, y no parar hasta echarla abajo?



3 comentarios:

Vladimir Arseniev dijo...

The way that you wonder
Is the way that you choose
The day that you tarry
Is a day that you loose

Sunshine or thunder
A Man should always wonder where
The fair wind blows

¡Mao!

Lewis dijo...

Y aún no has visto Deliverance.

Macarronazo dijo...

Ese cuadro de Bekinski es brutal. Cada vez que lo veo me entra la misma sensación.

Muchas de las pelis que nos llegan sólo lo hacen porque en ese momento de nuestra vida nos identificamos con los personajes. Un tiempo después no son para tanto :)