miércoles, 20 de febrero de 2013

Dracula - Bram Stoker



Esta edición mola un puñao


Pues ya está, he terminado de leer Drácula. En su momento ya me lo quise leer, para un trabajo del instituto, pero había poco tiempo y me pareció un libro demasiado largo. En su lugar, me leí El Hobbit. Pero por fin me he desquitado, y ahora conozco de primera mano el origen de uno de los mayores mitos de nuestra cultura. Desde disfraces, películas edulcoradas para adolescentes o helados, el vampiro parece capaz de colarse en todas partes, tal y como el conde se infiltra como un lagarto o un insecto en las casas de sus víctimas.



Es una historia muy conocida en su superficie: Jonathan Harker, un abogado inglés, viaja a Transilvania para formalizar la compra de una casa en Londres por parte de un noble llamado Drácula. En el polvoriento y desierto castillo, Harker descubrirá que su anfitrión es realmente un vampiro. Tras viajar hasta Inglaterra, Drácula hará caer víctimas de su sed a Lucy Westenra, amiga de la mujer de Harker, y a ésta misma, Mina Murray, frente a los denodados esfuerzos de sus amigos por evitarlo. Se formará así un grupo de cazavampiros, liderado por el profesor Abraham Van Helsing, y compuesto por Harker y los tres pretendientes de Lucy: el americano Quincey Morris, el doctor John Seward y el noble Arthur Holmwood. Estos valientes tratarán de salvar a las dos mujeres del perverso influjo del vampiro.

Hemos visto las mismas escenas muchas veces en el cine y en la  televisión: Drácula franqueándole a Harker la entrada al castillo; el conde descendiendo cabeza abajo por la pared del castillo (quizá la imagen más poderosa del libro); Lucy y el murciélago que intenta entrar en su habitación; Renfield en el manicomio comiendo moscas… Era imposible que yo, al leerlas, experimentara lo mismo que debió experimentar un lector de la época: una novela de terror, en la que se mezclaban las escenas más terribles y sobrecogedoras, girando todas ellas en torno a un formidable antagonista, Drácula, mucho más fascinante y complejo que el resto de personajes. Hoy día Drácula y los vampiros están tan manidos y estereotipados que nos cuesta imaginar una época en la que el oscuro chupasangre pudiera inspirar verdadero miedo: hoy es un payaso vestido de negro y rojo, con el pelo engominado, dientes de pega que no le dejan pronunciar bien al hablar y sangre falsa pintada alrededor de la boca; en el libro es un ser poderoso, fuerte e inteligente, que durante la noche puede hacer cuanto se le antoje, que controla a los animales de la noche, que puede cambiar de forma a voluntad, que tiene una mentalidad infantilmente egoísta y sólo busca su beneficio y su supervivencia. Los cazavampiros no tienen nada que hacer contra él, y es solamente con la ayuda de una mujer excepcional, Mina (que es mucho más perspicaz que cualquiera de sus compañeros, y además comparte un vínculo con Drácula), que consiguen enfrentarse a él y vencerle.

Precioso


El libro se estructura como una recopilación de diarios y otros documentos relacionados con la historia: el diario de Jonathan Harker, el de Mina Murray, el del doctor Seward, el de Lucy… parece que, convenientemente, todos los implicados tuvieron el buen juicio de registrar en papel una crónica muy detallada (con diálogos completos) de los hechos. Es una idea atractiva, que nos permite cambiar de narrador cada cierto tiempo, y así obtener una visión distinta de las cosas. Sin embargo, hay algo incongruente en todo ello: por ejemplo, Jonathan Harker escribe un diario, pero sólo podemos leer el diario de, pongamos, el doctor Seward, cuando los acontecimientos que se narran también fueron presenciados (o protagonizados) por Harker. ¿Quién se supone que ha hecho la criba, quién ha decidido qué diario era más ilustrativo para cada sección del relato? En cualquier caso, es sólo una curiosidad.



No tengo sino alabanzas para la edición de la colección Gótica de la editorial Valdemar, cuya traducción, prólogo y notas están a cargo de Óscar Palmer Yáñez. No sólo la traducción es impecable, sino que además el traductor demuestra un conocimiento absoluto del autor y de la obra, a través de un completísimo prólogo que nos cuenta vida y milagros de Stoker, las influencias que tuvo a la hora de escribir el libro, la documentación e investigación que llevó a cabo, las múltiples interpretaciones de la obra (marxista, machista, feminista, freudiana…). Incluso se toma la molestia de señalarnos las incongruencias (a menudo temporales) de la historia, con unas notas a pie de página muy ilustrativas sobre la época, los lugares, los inventos, y a menudo proponiendo teorías propias o formulando preguntas. Salpican las páginas varias imágenes relevantes: mapas, notas originales de Stoker, fotografías de Stoker, de las primeras ediciones del libro, etc. Cierran el libro un total de nueve apéndices: un prefacio alternativo del autor, el relato El invitado de Drácula que podría haberse llegado a incluir en Drácula, un final alternativo, una colección de críticas de la época relativas al libro, una entrevista con Bram Stoker, una lista de libros consultados por Stoker o un artículo periodístico sobre vampiros, entre otros.

En resumen, ha sido un gustazo poder leer, por fin, Drácula, y además, ya que ha sido en español, haberlo hecho con esta magnífica edición. Saludos.

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