lunes, 18 de febrero de 2013

Black Mirror 2





Por fin he tenido la oportunidad de jugar a la secuela de la aventura gráfica Black Mirror, que en su momento tanto me enganchó gracias a su argumento (absorbente), su ambientación (tétrica e inquietante) y su jugabilidad (con puzles muy interesantes). Y tengo que decir que Black Mirror 2 es mejor en casi todo: en gráficos, en jugabilidad, en sonido… supera con creces al primer juego. Aun así, siguen quedando algunos puntos oscuros. De todo ello hablaremos a continuación:


Recordaréis, quizá, la historia de la familia Gordon, aristócratas británicos cuyo linaje se remonta a los hermanos Marcus y Mordred, portadores de una maldición hereditaria que salta entre generaciones, volviendo locos a los Gordon. En el castillo de Black Mirror, junto al pueblo de Willow Creek, estaba oculto el Espejo Negro, un portal a otra dimensión que sólo podía abrirse utilizando una serie de llaves repartidas entre las distintas ramas de la familia Gordon. No hablaremos aquí de los terribles sucesos que acontecieron tras el regreso del joven Samuel Gordon a la mansión familiar, que había abandonado tras la muerte de Cathrin, su esposa, en un terrible incendio que consumió un ala del castillo. No hablaremos aquí del viaje de Samuel, ni de la terrible verdad que descubrió. No. Porque nuestra historia arranca muy lejos, en un pueblecito de Maine, Estados Unidos, llamado Biddeford. Allí reside una mujer llamada Rebecca Michaels, cuyo joven hijo, Darren Michaels, estudiante de fotografía en Boston, está haciendo unas prácticas en la tienda de Fuller, el fotógrafo del pueblo. Darren, joven urbanita y algo hipster, está un poco a disgusto en ese minúsculo pueblo, pero su actitud cambia cuando se encuentra con Angelina Morgan, una bellísima británica que viene a hacerse unas fotos. El momento es muy tierno, pues ambos se quedan prendados el uno del otro, pero Fuller, que tiene fama de sobón, manda a paseo a su ayudante y se queda a solas con Angelina. Darren se encuentra también con un hombre de inquietante aspecto que parece estar siguiendo a Angelina. Durante su investigación, Darren no deja de oír un nombre: Willow Creek. Tanto el misterioso perseguidor de Angelina, como la propia Angelina, e incluso la madre de Darren tienen alguna relación con ese pueblo perdido de Inglaterra. Los acontecimientos se precipitan, y Darren acude al rescate de su amada. En Willow Creek descubriremos que el tiempo no ha pasado en balde, pero que el caso “Samuel Gordon” todavía da que hablar. Una extraña orden ocultista, más asesinatos, muchos misterios y puzles son los que nos esperan. Y la aventura continuará (y supuestamente terminará) en Black Mirror 3.

Darren espía al misterioso perseguidor


El desarrollo del argumento es lento y misterioso, con ciertos sustos bien repartidos y tensión constante por la posibilidad de la muerte de nuestro personaje (por suerte, solucionando otro error del pasado, el juego guarda automáticamente antes de una situación de peligro mortal). Tenemos también muchos guiños al primer juego (como por ejemplo, la posibilidad de utilizar el puntero del primer juego para nuestro ratón) y a la cultura popular en general: al tratarse de un protagonista joven y “moe’no”, Darren hará referencias a música, películas… e incluso hay una broma muy graciosa relativa a las aventuras gráficas; al intentar abrir una puerta vigilada varias veces, y ante las repetidas advertencias del guardia, que pierde la paciencia, Darren dirá “no sé por qué lo hago; es como si algo me obligara a intentarlo una y otra vez”. Y es que, ahora que hablamos de Darren, nuestro protagonista es una fuente constante de humor: se trata de un personaje un poco socarrón, incluso grosero, que no durará en decir lo que piensa sobre sus interlocutores: eres una cotilla, eres un viejo chiflado, etc. Incluso los objetos que pueblan el escenario son una fuente de comentarios: muchos de ellos no se pueden utilizar, y son sólo una excusa para que Darren haga algún comentario jocoso, o evoque un recuerdo infantil. El romance de Darren y Angelica me ha resultado no sé por qué, especialmente tierno, y me hizo esbozar más de una sonrisa.


Black Mirror 2 es una aventura mucho más desarrollada en el plano gráfico que su predecesora: no sólo los personajes están mucho mejor modelados, sino que también poseen un gran número de animaciones (siempre está en mis pesadillas el nefasto Hunt for the Puppeteer) y no resultan nada estáticos. Desaparece, por tanto, uno de los problemas más flagrantes del primer Black Mirror, que era la lentitud y tosquedad en las animaciones: intentar hablar con ciertos personajes era una tarea titánica que podía llevarnos diez o quince segundos de dolorosos giros de cintura de los personajes en un intento por encontrarse, algo ridículo y que me ponía extremadamente nervioso. En Black Mirror 2, por el contrario, las animaciones son fluidas y variadas, y no se recurre a la cinemática más que en los vídeos que separan los capítulos del juego: todo lo demás es completamente in-game. En ciertos escenarios con profundidad, podremos ver a Darren en primer plano, y así veremos la calidad de las texturas y el modelo del protagonista, que realmente ha aumentado desde el primer juego, con un Samuel Gordon algo tosco y simplón. Os dejo aquí un vídeo del primer Black Mirror, para que veáis la diferencia:


Los escenarios del juego son increíbles, no sólo por su calidad, y sus variaciones (paseantes, nubes, agua, lluvia…) sino también porque en muchas ocasiones veremos escenarios del juego anterior, convenientemente modificados para representar el paso del tiempo. Especialmente notable es el “Museo negro” de Willow Creek, que contiene representaciones con maniquíes de los asesinatos que componían el “núcleo” del primer Black Mirror.

Respecto a la jugabilidad, ha mejorado en algunos aspectos, pero ha empeorado en otros. Por ejemplo, la aparición de un diario nos ayuda mucho a la hora de saber cuáles son nuestras tareas, e incluso nos da pistas e indicios para resolverlas (con pequeños dibujos que Darren hace en los márgenes del cuaderno, por ejemplo). El diario también incluye las reflexiones de Darren sobre lo que va ocurriendo, y se actualiza periódicamente. De este modo, si no hemos entendido algo, o no lo recordamos, siempre podemos consultarlo de nuevo. Una herramienta muy práctica y que utilizaremos más de una vez, y que sin duda se echaba en falta en el primer juego. Los puzles son bastante similares: tenemos por un lado la utilización de objetos para resolver problemas (cómo abrir una tapa pesada, cómo abrir un sobre sin romperlo, una cerradura…) y también los puzles propiamente dichos (descubrir claves, resolver enigmas, etc.). Todos ellos son entretenidos y de una dificultad moderada (sólo he acudido a Internet en una o dos ocasiones: es un juego en el que descansar y volver a intentarlo más tarde realmente funciona; a menudo no es falta de pericia, sino que necesitamos un objeto que no hemos visto o una pista adicional. Otra elemento interesante (que, no obstante, ya aparecía en el primer Black Mirror) es el viaje rápido: tanto en Biddeford como en Willow Creek tendremos acceso a un mapa que nos permitirá desplazarnos inmediatamente a un escenario u otro, evitándonos perder tiempo innecesariamente.


En el siniestro sótano de Fuller comenzará nuestra aventura

Respecto a los puntos flacos de la jugabilidad, sólo encuentro dos: el primero es una leve tendencia a quitarle al jugador el control, con largas escenas en las que ocurren cosas sobre las que no tenemos control, pero que, por otro lado, no nos incomodarían si en lugar de escenas in-game fueran cinemáticas; el segundo, mucho más importante, es la nefasta implementación de la barra de inventario y los botones de menú. Me explico: el escenario ocupa toda la pantalla del ordenador, y sólo podremos ver los botones y la barra de diálogo cuando desplazamos el cursor a la parte superior o inferior, respectivamente. El problema es que la parte superior e inferior de la pantalla contiene a menudo objetos con los que podemos interactuar, y al aparecer la barra de inventario, esos objetos desaparecen de la vista, de forma que conseguir que Darren observe un objeto o -¡Dios no lo quiera!- utilice otro objeto sobre él se convierte en toda una odisea. Incluso cuando intentamos desplazarnos por el inventario mediante una pequeña flecha, los objetos se mueven un solo lugar y después la barra de inventario se cierra inexplicablemente, lo cual nos obliga a estar abriendo y cerrando la barra cinco o seis veces para llegar al extremo derecho o izquierdo. En definitiva, un inventario muy torpe, que se podría haber solucionado mucho mejor con una barra inferior fija o, si no queremos empequeñecer el escenario comiéndonos la parte inferior, una ventana aparte con todos nuestros objetos.

Respecto a la música, los sonidos y las voces, todo son homenajes: la música es variada y se adapta a la situación: un descubrimiento, una decisión importante o una situación tensa vienen subrayados por una música acorde, mientras que un momento tierno entre Darren y Angelina tiene su correspondiente música sensiblera. 


No obstante, para mí no hay nada igual a la banda sonora de Black Mirror 1; creo que tenía mucha más personalidad y emoción. El sonido ambiental y de los objetos también es bueno: gaviotas en el puerto de Biddeford, gentío en la feria de Willow Creek, tablas que crujen en casas viejas… En cuanto a las voces, son infinitamente mejores a las del primer Black Mirror (la voz de Samuel daba verdadera vergüenza, y las de la mayoría de los secundarios no se quedaban atrás), mucho más creíbles y capaces de transmitir emociones.


Por último, resulta interesante la presencia de elementos desbloqueables: si realizamos fotografías de ciertos elementos clave de los escenarios, desbloquearemos vídeos, imágenes y minijuegos que podremos consultar en la sección de Extras. Eso sí, los objetos que tenemos que fotografiar son a menudo absurdos y poco lógicos, aunque otras veces tengan sentido (veo más lógico fotografiar un cadáver que un vaso de cerveza).

Black Mirror 2 es, en definitiva, un buen ejemplo de cómo hacer una secuela de un buen juego: conservar el espíritu, pulir los defectos, mejorar los gráficos y ofrecer ayudas opcionales para los recién llegados. No obstante, espero que en Black Mirror 3 hayan resuelto el flagrante problema del inventario. ¡Saludos!

No hay comentarios: