martes, 26 de febrero de 2013

Animal Farm - George Orwell



"The farm had had a fairly successful year, but was still short of money. [...] Rations, reduced in December, were reduced again in February, and lanterns in the stalls were forbidden to save oil. But the pigs seemed comfortable enough, and in fact were putting on weight if anything."


Si tuviera que caracterizar en pocas palabras las dos novelas de George Orwell que he leído (Animal Farm y 1984), hablaría seguramente de la ausencia de esperanza, de la ausencia de un héroe salvador; conseguimos descubrir el misterio, el engaño del sistema, y se nos desvelan todos sus entresijos, todos sus crímenes y su motivación, pero no surge nadie que se enfrente a los malvados, no se llega a hacer justicia. Y eso es muy descorazonador. El momento de terminar un libro de Orwell siempre me resulta devastador, un peso sobre los hombros, un nudo en el estómago y una lágrima a punto de caer. Y es notable que un libro como este, que no llega a las 100 páginas, y cuyos protagonistas son animales, me provoque semejante reacción. Dice mucho de George Orwell. Empezamos nuestra crítica:

No me diréis que mi edición no mola un pegote...

El dueño de la granja Manor, el señor Jones, es un borracho incompetente. Los animales, hartos de no ser alimentados, de ser castigados y obligados a trabajar muchas horas, hartos de producir y no recibir, deciden rebelarse. Es el viejo Major, el cerdo más anciano de la granja, quien les infunde estos ideales y un himno, Beasts of England. Los animales se rebelan tras la muerte de Major, liderados por los cerdos Snowball y Napoleon. Vacas, ovejas, gallinas y gansos, perros y caballos, expulsan al señor Jones y a su familia a base de mordiscos y coces, y celebran su gloriosa victoria. Snowball, el cerdo más inteligente, comienza a hacer planes. Se establecen unos mandamientos para la nueva “Granja Animal”. Todos ellos se basan en su oposición a los seres humanos: está prohibido matar, beber alcohol, dormir en camas y vestir ropa. Todos los animales son iguales. Snowball tiene grandes planes para la granja: construirán un molino que proporcionará electricidad a la granja; todos los animales tendrán acceso a calefacción, luz y agua caliente; la semana tendrá sólo tres días laborables, etc. Pero pronto (dolorosamente pronto) el poder que tienen los cerdos en sus manos (al ser los animales más inteligentes de la granja: la memoria del resto es prácticamente nula) envilece los ideales de la revolución, y se comienzan a hacer concesiones. Los cerdos empiezan a pelear entre sí por el poder, al mismo tiempo que se conceden privilegios como vivir en la casa, beber leche y comer manzanas. Los ideales se modifican; la historia se cambia según sea conveniente. La participación del pueblo en la toma de decisiones (que inicialmente consistía en reuniones con votación) pasa a manos de un pequeño consejo de cerdos. Aparecen las fuerzas de orden, que intimidan a los animales y reafirman el poder de la clase dominante. Las horas de trabajo aumentan, las raciones de comida disminuyen: todo ello para pagar la costosa manutención de los cerdos y sus guardaespaldas. Aumentan también los festejos, las canciones y los desfiles: todos los animales están contentos de ser por fin libres. El resto no lo desvelo.

"For the time being the young pigs were given their instruction by Napoleon himself in the farmhouse kitchen. They took their exercise in the garden, and were discouraged from playing with the other young animals. About this time, too, it was laid down as a rule that when a pig and any other animal met on the path, the other animal must stand aside."

George Orwell escribió Animal Farm como una sátira sobre la revolución rusa, principalmente (aunque el libro va mucho más allá). El teórico idealista de la revolución, el cerdo Major, sería Karl Marx, o incluso Lenin. Los dos cerdos enfrentados por el poder, Snowball y Napoleon, serían Trotsky y Stalin, respectivamente. El cuervo, que promete a los animales un paraíso de azúcar y pasto después de la muerte, sería, obviamente, la religión, que nos anima a aguantar las penurias e injusticias que caen sobre nosotros (o que nos lanzan), mientras se alía convenientemente con el poder establecido. Todo esto no es simplemente especulación, hay muchísimos indicios a lo largo de todo el libro (la exposición pública del cráneo de Major, al igual que el cadáver de Lenin, la idea de “revolución constante” de Snowball, etc.). El pueblo, maleable y estúpido, no podría haberse representado mejor que con una oveja.


Como podéis ver, muchos elementos de Animal Farm podrían aplicarse hoy en día. No sólo nos sirven para entender los peligros de una revolución mal llevada (cambiar simplemente de amos), sino que es un reflejo de muchas de las preocupaciones actuales de la sociedad: nos muestra que esas cosas que no nos terminan de gustar en nuestra democracia, pero que aceptamos, son efectivamente injusticias intolerables: la manipulación e intimidación del pueblo con amenazas y peligros externos; la utilización de eufemismos en el discurso político (“reajuste” por “reducción”, etc.); la necesidad de mantener los privilegios y ostentaciones de la clase política para “causar buena impresión”; el cambio de valores, dogmas y programas políticos, adaptándolos a cada situación; la utilización desmedida de la fuerza para acallar las protestas del pueblo…

"Somehow it seemed as though the farm had grown richer without making the animals themselves any richer -except, of course, for the pigs and the dogs. Perhaps this was partly because there were so many pigs and so many dogs. Its was not that these creatures did not work, after their fashion. Theres was, as Squealer was never tired of explaining, endless work in the supervision and organisation of the farm. Much of this work was of a kind that the other animals were too ignorant to understand. For example, Squealer told them that the pigs had to spend enormous labours every day upon mysterious things called "files", "reports", "minutes" and "memoranda". These were large sheets of paper which had to be closely covered with writing and, as soon as they were so covered, they were burnt in the furnace. This was of the highest importance for the welfare of the farm, Squealer said. But still, neither pigs nor dogs produced any food by their own labour; and there were very many of them, and their appetites were always good."

Ya hemos dicho que no hay un protagonista claro, un personaje que nos muestre sus pensamientos, o que al menos sea su perspectiva la que conozcamos, como el Winston Smith de 1984. Aquí tenemos una serie de personajes relevantes (dejando a un lado a los cerdos, clarísimos antagonistas), como el caballo Boxer, la yegua Clover, la cabra Muriel o el asno Benjamin. No obstante, la estupidez y falta de dinamismo y espíritu combativo de todos ellos son exasperantes. Aunque los cerdos les comuniquen una resolución completamente injusta, lo más que vemos es a Boxer pensando, y creyendo recordar que eso no era lo que decían los mandamientos. Acto seguido, alguno de los cerdos más astutos, como Squealer (una especie de ministro de propaganda) los tranquilizan con alguna excusa barata. Y todo vuelve a la normalidad, los ánimos se calman y la vida sigue, aunque un poco más incómoda para el pueblo y un poco más cómoda para los cerdos. Y lo triste es que cuando lo lees te extraña, te resulta raro que nadie haga nada al respecto, que nadie se rebele, pero si echas una ojeada a tu alrededor, si te apartas de tu lectura por un momento, te darás cuenta de que estamos haciendo exactamente lo mismo, de que probablemente Animal Farm sea la forma que tuvo George Orwell de restregarnos en la cara nuestra cobardía: "¿Os gustaría que alguien hiciera algo para detener a esos cerdos, verdad? ¿Que el forzudo Boxer se liara a coces con los perros hasta hacerlos huir? Así os sentiríais mejor, sabríais que por lo menos en este libro sí que se sacuden el yugo, os reiríais en secreto y entre dientes por el final feliz de la historia."

Pues no, esta historia no tiene final. Y la nuestra tampoco. Todavía no.

Os dejo con una película de animación de Animal Farm, por si no os apetece leer (y en castellano, para que luego digáis que no os cuido), además del audiolibro en inglés:




1 comentario:

Stalin dijo...

¡Censura!