jueves, 6 de diciembre de 2012

Rancioleyendas españolas


El otro día, durante un agradabilísimo paseo por Alcalá de Henares, me topé con una librería de segunda mano. Rebuscando entre pilas de libros ajados, encontré un feo libro titulado Leyendas españolas, del año 1973 (aunque se trataba de la segunda edición). 

Sí, estoy viendo un vídeo de Skyrim mientras en la portada San Jorge, que es como se llamaba antiguamente a un Dovahkiin, se ventila a un dragoncillo. ¡¡Fus Ro Dah!!

Lo compré, claro, y estoy sinceramente horrorizado. La inmensa mayoría de estas 30 leyendas son o bien de temática religiosa o bien de moros y cristianos. Se podrían llamar más bien “Historias de la Reconquista”. Lo que me ha horrorizado de este libro son básicamente tres cosas, todas ellas achacables a la época en la que se publicó el libro:

PRIMERO: la insistencia ad nauseam en la moralina cristiana. Los personajes buenos y nobles son temerosos de Dios y beatos, mientras que los malos a menudo lo son simplemente por su escasa tendencia al rezo. Veamos unos ejemplos:

En Los dos hermanos, Bernardo y Antonio son como el día y la noche: Bernardo, el mayor, tiene una personalidad “egoísta y salvaje”, mientras que Antonio es “dulce, delicado, ojos claros y sonrisa triste. Expresaba bondad y abnegación”. Durante una caminata, Bernardo quiere refugiarse del mal tiempo en una cueva cercana, mientras que Antonio preferiría caminar más para llegar a una ermita de la Virgen.

-¿No sería mejor, Bernardo, que me tocaras el nardo apresurar el paso y llegar hasta la ermita? Allí estaríamos más seguros que en esta cueva…
-¡Vaya con la dichosa ermita! No piensas en nada más…
-No te enfades, Bernardo! Ya sé que no te gustan esas cosas… No eres amigo de la Virgen, ¿verdad?

El beato Antonio, al ver que la cueva va a inundarse, empieza a rezar a grito pelado, mientras que el más sensato Bernardo intenta escapar a nado. La Virgen y el ninio Jezú castigan al hermano mayor sujetándolo a una roca hasta que se ahogue. Cito textualmente:

“Antonio quiso acudir en su ayuda, pero la Virgen y el Niño Jesús le hicieron ver que era un castigo por su dureza de corazón y que aún podría lograr el perdón de Dios si se arrepentía sinceramente de sus pecados. […] Pero el desgraciado seguía obstinado en su egoísmo e irreligiosidad. Sólo pensaba en salvarse, pero no se acordaba de Dios para nada. Y allí seguía aferrado el infeliz sin que Antonio pudiera hacer nada por él. Se condenó irremisiblemente habiendo tenido la salvación en sus manos. Esto es lo que sucede a todos los que se burlan de las cosas santas y llegan al fin de sus días sin haber implorado el perdón del Señor. Antonio, por su parte, por haber sido bueno, recibió su recompensa. Salvó su vida y regresó a su casa donde su madre le acogió con lágrimas en los ojos y más al enterarse del triste fin de su otro hijo.”

Maravilloso. Reza y no hagas nada por salvarte, que ya lo hará la Virgen. Y si no lo hace, tienes tu lugar en el Cielo calentito y cómodo.

En la leyenda de “El puente del diablo”, se nos presenta a Zacarías, un comerciante al que una tempestad obliga a pasar la noche en una fonda junto con otros compañeros de profesión, y resignarse a no llegar a tiempo a una feria. “Este hombre, que se quejaba con tanta insistencia mientras los demás compañeros suyos se conformaban con su suerte, se llamaba Zacarías y era una mala persona. Ni siquiera se acordó de Dios en sus pensamientos y claro está acudió el diablo a complacerle”

Bravo por la sumisión católica, y bravo también por la curiosa puntuación de las frases.

SEGUNDO: la superioridad sistemática de los cristianos frente a los moros, tanto en nobleza como en fuerza, astucia y voluntad. Los jefes moros reconocen constantemente que “las horas de la dominación mora están contadas”. Los cristianos no suelen discutir entre ellos, al contrario que los moros, y todo lo hacen por “la gran nación de España”, que por aquel entonces no era más que un conjunto de reinos independientes.

TERCERO: la manía del autor del libro por citar las frases concretas de los personajes, como si alguien supiera la frase exacta que pronunció Hércules al enfrentarse a Gerión, las imprecaciones de El Cid al saber que su herida era mortal, o un diálogo entre los Reyes Católicos. No sé, no me agrada.

También tengo que hacer mención a la selección de obras de la “Colección Auriga”, en concreto a dos categorías: “Novelas de aventuras para muchachos” y “Novelas sentimentales para jovencitas”. Saque cada cual sus conclusiones, pero… ¡cuánto, cuánto se puede aprender con un libro sobre la época en la que se publicó!




1 comentario:

Niño de Cristo dijo...

Pues si volviera Franco no habría crisis, me lo ha dicho Dios