sábado, 29 de diciembre de 2012

Horror en el museo y otras colaboraciones - H. P. Lovecraft


No hace mucho os hablé de las Rancioleyendas españolas, un infame libro que encontré en una librería de segunda mano de Alcalá de Henares. Lo que no os conté es que en esa librería también encontré un viejo libro, ajado y amarillento, de colaboraciones entre H. P. Lovecraft y algunos amigos y conocidos. ¿Cómo iba a resistirme a un libro así sobre Lovecraft, en cuyas historias siempre aparecen viejos libros con contenidos prohibidos y misteriosos, que llevan al incauto investigador a la perdición, la locura y la muerte? Lo compré, claro.

¡Y qué portada!


Entre sus finas páginas de papel de mala calidad encontré doce relatos, colaboraciones de Lovecraft con otros autores aficionados, con su mujer Sonia Green y con otras personas de su círculo. La mayoría se podrían catalogar como relatos de terror convencionales, dentro del estilo de Lovecraft: dioses primigenios, libros de magia negra y otros horrores que un joven ávido de conocimiento pero igualmente incauto investiga hasta llegar a una conclusión que resulta ser fatal para él o para otros. No obstante, al menos dos de ellos se podrían incluir en su “Ciclo del sueño”: relatos de carácter surrealista y extraño, con protagonistas que sufren visiones o que están inmersos en realidades distintas a la nuestra. Uno más, Till all the seas, es una predicción de Lovecraft (allá por 1935) sobre el fin de la civilización, el calentamiento global, las guerras y la extinción de la humanidad. El libro me ha gustado mucho, pero es que yo tengo debilidad por Lovecraft y por cómo consigue atraparte y hacerte cómplice de su juego de dioses con nombre imposibles, horrores de toda clase, crímenes, magia negra y, en medio de todo, un protagonista investigador, que con cada descubrimiento se acerca cada vez más, y cada vez más deprisa, hacia el hallazgo final, para el que generalmente no está preparado y que lo marca de por vida, si es que tiene la suerte de sobrevivir: que no somos nada, que hay cosas que no podemos ver pero que están ahí, cosas insoportables para nuestros ojos e incomprensibles para nuestro entendimiento, que nuestro universo está regido por gigantescas y poderosas entidades, tentaculadas algunas, meros conjuntos de esferas o nubes de gas otras.

Además, la traducción del libro corre a cargo del señor Antonio Prometeo Moya, escritor que con una valiente y crítica introducción a Lovecraft y la adoración que muchos le profesan, se ha ganado un lugar entre mis Traductores envidiables. Su estilo de traducción es impecable, si obviamos uno o dos errores de gramática (si queréis verlos, acudid a El Antro del Traductor). Hablemos un poco, para terminar, de los relatos en cuestión:

Esta edición tampoco habría estado mal...


Horror en el museo nos introduce en un oscuro museo de cera, que contiene una habitación “sólo para adultos”, llena de figuras de los asesinos más sanguinarios, y de otras creaciones surrealistas y de pesadilla. El joven Stephen Jones conoce allí al señor George Rogers, el artista y dueño del museo, y al jefe de sus trabajadores, el exótico Orabona. Rogers, algo excéntrico, habla a menudo con Jones sobre extrañas civilizaciones perdidas, expediciones y reliquias. Pronto Jones conocerá la verdad sobre esas figuras de cera.

La pradera verde es la increíble transcripción de un cuaderno irrompible y de materiales extraterrestres. Una locura.

Amor a la muerte nos presenta a un protagonista que descubre a edad temprana la fascinación y el secreto placer que siente al contemplar un cadáver. Esto le llevará, finalmente, a extremos criminales, sólo con el fin de estar a solas y hacer Dios sabe qué con los cadáveres. Sibaritismo necrófilo, como dicen en la contraportada.

El caos reptante es otra locura o ensoñación, esta vez disfrazada de alucinación inducida por el consumo de opio. Es inútil (para mí) intentar describir el argumento.

El horror del cementerio es una historia a la vez terrible y divertida: en un pueblo de gente rancia y francamente despreciable, una joven tiranizada por su hermano Tom acude a su novio, el embalsamador del pueblo, Henry, para que la libere. Henry ha inventado un fluido que, inyectado, induce una especie de coma. Pero no todo saldrá según los planes de la pareja.

Hasta la última gota del océano: el calentamiento progresivo de la Tierra obliga a la humanidad a la emigración hacia los polos, y finalmente queda condenada a la extinción. Ull, el último hombre vivo, es el protagonista de una breve aventura.

El zampaespectros: un hombre que trata de vivir una aventura en la naturaleza se topa, de noche, con una cabaña habitada. Pide asilo a su único habitante, y pasa allí la noche. Pero será una noche movidita, especialmente por la aparición de fantasmas (valga la redundancia) y hombres lobo.

Cuatro en punto: otro relato surrealista sobre el que no encuentro nada que decir.

Sordo, mudo y ciego: Richard Blake, sordo, mudo y ciego, adquiere la propiedad de una casa en la que pasan cosas muy raras (como diría Sandro Rey). Vive allí en compañía de su sirviente. El doctor Morehouse acude a la casa una noche, tras un gran revuelo, y encuentra muerto a Richard Blake, sentado frente a unas páginas escritas por su máquina de escribir, el estremecedor testimonio de Blake justo antes de morir.

El monstruo invisible: quizá uno de mis favoritos. Unos marineros dan caza y matan a una titánica criatura desconocida que resulta ser sólo una cría. Poco tiempo después, acudiendo a una llamada de socorro desde la playa, los mismos marineros sufrirán la venganza de la madre de la criatura.

Fuera del tiempo: un largo relato sobre un museo al que llega una antigua momia que despierta el interés de extrañas cábalas y grupos ocultistas. Los responsables del museo empiezan a investigar los rumores sobre la identidad de la momia. También es de mis favoritos.

El diario de Alonso Typer: un incansable viajero y ocultista, llega a una antigua casa de ascendencia holandesa, donde vivía una familia relacionada con la brujería. Sus hallazgos se ven amargados por la imposibilidad de abandonar la casa. Muy buen ejemplo de cómo Lovecraft estructuraba sus relatos mediante diarios y documentos, saltando de un punto a otro, omitiendo unas informaciones, sugiriendo otras…

Y eso es todo. Como veis, estoy encantado de la vida con este libro, lo cual es de agradecer después del fiasco de las Rancioleyendas. Saludos, ¡y que no os pille Cthulhu!

2 comentarios:

Kahuna Nui dijo...

Demasiado espoiléricos, algunos resúmenes llevan nudo y desenlace.

Loscercarlos dijo...

Va, edito for the sake of la preservación del misterio. Gracias por el apunte :)