viernes, 2 de noviembre de 2012

The Name of the Wind



El libro en cuestión
En contra de lo que pueda parecer, nunca he sido un gran lector de fantasía heroica. Mi experiencia con ese género se limita a las novelas de Gotrek y Félix, El señor de los Anillos y El Hobbit, El color de la magia de Terry Pratchett, Fuego Mágico (que fue un regalo), La historia interminable y algunos pocos libros más. Pero, ¿quién puede culparme? Hay cada cosa repetitiva, nada original, larguísima y mal traducida… Desconfío de la literatura fantástica casi tanto como desconfío de los best-sellers (y los que me conocéis más, lo sabéis). La razón de que desconfíe de los best-sellers obedece al mismo argumento que he utilizado para explicar los temas de conversación: para que un libro guste a tantísima gente, gente de toda clase, con todo tipo de gustos y mentalidades, tiene que ser muy general, tiene que adentrarse y profundizar muy poco en los temas que trate. Y yo en general prefiero encontrar un libro con el que conecte, aunque sólo conecte yo, aunque me cueste mucho encontrarlo. No nos engañemos, también he encontrado best-sellers que me han gustado mucho, como El último Catón o El ocho, pero me suele tirar para atrás un libro que le gusta a todo el mundo. Prejuicios, prejuicios…

Pero hablemos de fantasía. Mi colega Algunenano es completamente opuesto a mí en cuanto al gusto por la fantasía heroica, y me prestó una de sus adquisiciones: El nombre del viento, de un tal Patrick Rothfuss al cual podéis admirar aquí a la izquierda. Y tengo que decir que el libro me ha gustado… sobremanera.

El mundo que nos presentan en el libro es una especie de Gran Bretaña antigua, con nombres de sonoridad céltica como Ceald, Modeg… En principio, está poblado sólo por humanos, pero el toque de fantasía se lo da la magia, que aquí se llama “sympathy”, y que se explica como la creación de enlaces entre objetos, transmitiendo energía, por ejemplo, para calentar agua a distancia usando el calor corporal (o un fuego que haya a mano). La magia obedece una de las leyes de la ciencia: la energía ni se crea ni se destruye. También aparecen algunas criaturas que llamaríamos fantásticas (como los dragones), pero siempre se les da una explicación científica. Aquí, nada de orcos, ni de elfos. Se explora mucho más el lado social: ciudades con barrios ricos y pobres, corrupción, diferencias entre pueblos y ciudades, superstición, drogas, abusos… algo mucho más arriesgado que embotar la mente del lector con mil y una criaturas imposibles, civilizaciones perdidas y magia inexplicable.

Las adolescentes humedecidas han imaginado así al bueno de Kvothe
El protagonista es un hombre llamado Kvothe (pronunciado como Quothe en inglés) que regenta una taberna. Llega una noche un escritor que sabe que Kvothe no es en realidad un simple posadero, y le pide que le cuente su historia. Kvothe empieza como hay que empezar: desde el principio. Enseguida nos damos cuenta de que Kvothe se ajusta perfectamente a un arquetipo de personaje de fantasía: el pícaro, el ladrón, el tipo avispado y escurridizo. Sus padres pertenecen a una especie de raza de músicos y feriantes llamados Edema Ruh, una clara referencia a los gitanos. El joven Kvothe es un chaval muy despierto, que sabe actuar y tocar el laúd como un maestro. A su “troupe” llega un alquimista llamado Abenthy que ve algo en el muchacho y le empieza a instruir en las artes arcanas. Kvothe aprende en cuestión de días conocimientos que requieren años de estudio: medicina, lógica, argumentación, alquimia… nada tiene secretos para él. Ocurre una tragedia y Kvothe tiene que apañárselas solo desde la tierna edad de 12 años. Terminará en una ciudad enorme, convertido en un niño mendigo, y aprenderá a robar y a escabullirse como el mejor de los ladrones. Finalmente, conseguirá uno de sus objetivos: entrar en la universidad para continuar con su formación. Allí, por supuesto, destacará por su corta edad y sus vastos conocimientos. Esta parte del libro recuerda quizá demasiado a Harry Potter: una escuela de “magia”, rivalidades y amistad… pero consigue mantener su espíritu propio. Kvothe se enamorará de una muchacha de espíritu libre llamada Denna y se enfrentará a múltiples peligros. El libro termina abruptamente, dejándote con ganas de leer el siguiente volumen.

Yo veo un problema principal en El nombre del viento: el protagonista sabe hacerlo todo. Es el mejor músico, el mejor poeta, el mejor ladrón y el mejor mago, es el más listo, el más guapo, el más encantador y el más ingenioso del mundo. Aprender cosas o caerle bien a la gente adecuada le cuesta demasiado poco. Cierto es que tiene problemas y se debe enfrentar a muchas dificultades, pero todo ello parece poco para él. Me resulta, a veces, fanfarrón y sabelotodo.

No obstante, el libro me ha gustado mucho: está muy bien escrito, sabe reflejar muy bien los distintos acentos de los personajes y es un libro poco convencional tanto en sus temas como en el tratamiento de los mismos. No es la típica fantasía barata, es un buen libro y no veo el momento de seguir leyendo las aventuras de Kvothe (Kvothe, Kvothe, maricón el que no bote).

¡Saludos!


No hay comentarios: