jueves, 1 de noviembre de 2012

Épica de fin de semana - 3ª parte


Publicamos por fin la última parte de este inusual relato (las otras dos partes, aquí y aquí).


― ¿En serio, tío? ¡Menuda aventura de mierda!

―La cosa mejora, por suerte. Cuando me desperté, te he dicho que estaba solo, pero también había una tía que me vio tirado en la calle y vino a ayudarme. Le conté lo que había pasado, se rió bastante y nos pusimos a hablar. Era muy maja y además no estaba nada mal. Me quedé un buen rato hablando con ella, pero al final me acordé de que seguramente tendría a Penélope esperando en casa, preocupada, y me sentí fatal. Me despedí de ella (Calipso, me dijo que se llamaba) y me marché de allí, intentando volver a mi casa.

Después de deambular un buen rato, sin saber a dónde ir, me encontré con otra chica que me quiso ayudar. Aunque yo tenía una pinta asquerosa por tanto trasnochar, por el golpe y por haberme rebozado en el suelo, a ella no le importó, aunque las amigas con las que iba le dijeron que no se acercara a mí. Ella me dijo que se llamaba Nausicaa y que no vivía lejos, que en su casa me podría lavar y que su padre me llevaría a donde le dijera, así que me dejé llevar. Las chicas me llevaron a casa de Nausicaa y por fin me pude duchar y ponerme ropa limpia que me dejó su hermano, que estaba jugando a la play en el salón. En el reloj vi que ya eran las seis de la mañana. El hermano de Nausicaa me dijo que jugara con él a la play hasta que llegara su padre, y le di una buena paliza al FIFA. Al final llegó su padre, que se llamaba Alcínoo, y me dijo que no me preocupara, que él me llevaba a casa. Así que me despedí de Nausicaa, le di las gracias y Alcínoo me llevó en coche hasta mi casa.

―Y te fuiste a dormir, claro.

―Qué va. Cuando llegué, vi luz en el piso, y música. Entré, y tenían montada una fiesta brutal. Busqué a Penélope pero no la encontraba, así que hablé con un par de amigos que estaban allí, Eumeo y Filetio, que me dijeron que la fiesta se les había ido de las manos, y que había un montón de tíos detrás de Penélope. Al final la encontré, borracha en el sofá y con un montón de tíos alrededor. Me cabreé bastante, y entre Eumeo, Filetio y yo los echamos a patadas a todos. Cuando por fin nos quedamos solos Penélope y yo, ella estaba tan pedo que ni me conocía. Al final la convencí de que era yo, y nos fuimos a dormir hasta la hora de comer. Y aquí me tienes.

―¡Qué historia! ¡Buenísima!

―Ya te digo.

―No, en serio, me parece una de las mejores historias que he oído. Me has dado una idea.

― Me alegro, ¿la vas a rescribir? Con lo bien que escribes tú, seguro que queda mucho mejor que como te la he contado yo.

―Ya veremos, un par de adornos por aquí y por allá… de momento me voy a casa a apuntarlo todo. ¡Hasta luego, Ulises!

―¡Ya me contarás! ¡Te veo luego, Homero!

No hay comentarios: