lunes, 19 de noviembre de 2012

Concierto de Sonata Arctica - 16 noviembre 2012


Marko el bajista sigue igual de soso (segundo por la derecha)

Sólo he ido a un concierto de Sonata Arctica (o, mejor, sólo había ido a un concierto de Sonata Arctica) y fue bastante fiasco. Dos bandas de teloneros interminables, una espera larguísima hasta que por fin salieron Tony Kakko y sus chicos, para retirarse media hora después porque el cantante no se encontraba nada bien. Fue bastante decepcionante. Además, el disco que presentaban en el concierto, The Days of Grays, me parece bastante malo, nada que ver con el último, Stones Grow Her Name, del que ya hablaremos más adelante y que me parece que rezuma calidad. 

Una vez más, el concierto tuvo lugar en La Riviera, la sala de las palmeras que no te dejan ver nada. Por suerte, pude entrar bastante pronto y situarme en las primeras filas (más o menos). Tuvimos ciertos percances intentando que mi sister entrara conmigo, alegando que iba acompañada de un adulto (de cuerpo, no de mente) que además era su hermano, pero no tuvieron piedad. Otro año será. Cuando entré, los teloneros ya estaban dando caña: Battle Beast, otra banda finlandesa bastante apañada. La canción más notable que tocaron fue Enter the Metal World, que quizá no sea muy power metal, pero es pegadiza como ninguna:


La cantante no es la que aparece en el vídeo, sino una rubia estupenda y curvilínea y con una voz muy potente. Battle Beast tocaron durante sus buenos tres cuartos de hora, antes de que los roadies (y los propios miembros de la banda) empezaran a desmontar el chiringuito. Algo notable fue que el batería lanzó sus baquetas al público, y que, por una vez en mi vida, rocé una con el dedo meñique antes de que terminara en manos de un metalero de aspecto atroz.

Otra media hora hasta que montaron la batería de Tommy e hicieron las pruebas de sonido (esta vez, por supuesto, sin la participación de los miembros de la banda: aún hay clases). Ya eran las nueve y media cuando se apagaron las luces y empezó a sonar música. Salió el batería desde un lateral, saludó y se sentó. En seguida empezó a sonar el enérgico riff de Only the Broken Hearts (Make you Beautiful), uno de los temazos del nuevo disco, mientras salían todos los demás. Aquelllo pintaba bien.


Se sucedieron canciones antiguas y canciones nuevas, sin un momento de respiro (Black Sheep, Alone in HeavenThe Gun, Losing my Insanity, las siempre obligatorias Replica y Full Moon, una cover de Dead or Alive de Bon Jovi, The Day (una de mis favoritas), I Have a Right (otra de mis favoritas: ¡es que el disco es cojonudo!),  Broken, Paid in Full del disco Unia, y cuál no sería mi sorpresa cuando de pronto sacan todos guitarras acústicas y un cajón flamenco, se sientan en el borde del escenario y empiezan a tocar en acústico "Tallulah". La gente se derritió.


También hubo momento para la risa (aunque, si soy sincero, las risas eran continuas con las payasadas que hacían Tony y Henkka) cuando Tony y el guitarrista Elias empezaron a intentar hablar en español ("Hola", "qué pasa", "tequila para las mujeres", "cerveza para los hombres" y poco más) entre las risas de todo el público. No obstante, es triste tener que decir que cuando Tony decía algo en inglés (para presentar una canción o para decir lo bien que se lo pasaron saliendo por Madrid) la gente manifestaba claramente que no entendía ni patata de inglés. Una lástima.

Hubo un pequeño descanso en el que Henkka se quedó para regalarnos un pequeño solo de piano, antes de que la melodía se transformara en Full Moon, entre los vítores de todos los presentes. Sonata se despidió con una canción del disco nuevo, Cinderblox, que incluye el uso de un banjo que por desgracia estaba pregrabado, y con uno de sus clásicos, Don't Say a Word.


Y, por supuesto, antes de irse, no podía faltar que todos cantáramos el "Vodka, we need some vodka" a voz en grito y entre palmas. Un concierto rápido y contundente, pero que dejó sitio para el humor y para las baladas. Chapeau.

Es innegable que Sonata Arctica ha cambiado con el paso de los años: empezó asombrando por la rapidez y la pegada de su power metal puro, y poco a poco ha ido buscando su propio camino y su propia identidad. Como decía Mark Everett de Eels, el que prefiera la música que hacían antes, que escuche los discos antiguos, pero que no les digan lo que tienen que hacer o cuál debe ser su camino. Saludos.




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