domingo, 14 de octubre de 2012

Modular

A los políticos les encantan los eufemismos. A veces, la realidad de lo que hacen es demasiado cruda, y es mucho mejor utilizar otras palabras, que se refieran a lo mismo pero de otra manera. Se esconden detrás del lenguaje, confiando en la candidez de los ciudadanos. Los recortes son ahora ajustes, la crisis era una desaceleración y ahora, la limitación del derecho de manifestación es una "modulación". 

Vamos a ver si me explico: últimamente en España se organizan muchas, muchas manifestaciones, y los políticos se dedican a desacreditar a los manifestantes e incluso a poner en tela de juicio el derecho a manifestarse. Rajoy expresa su "reconocimiento a la mayoría de españoles que no se manifiesta" (que se está calladita, vamos); Ana Botella quiere sacar las manifestaciones del centro de Madrid; Cristina Cifuentes dice que hay que "modular el derecho de manifestación" y, para terminar, Mayor Oreja dijo que "es un disparate que se televisen los problemas de orden público porque incitan a manifestarse".

Todas estas declaraciones de intenciones en realidad son la misma: las manifestaciones molestan. Y eso, queridos todos, es señal de que se están haciendo bien. El derecho de manifestarse, así como el de hacer huelga, es un derecho cuya fuerza está en el hecho de que MOLESTA. Si no molesta, pierde su razón de ser. Si media España se manifestase en medio del campo, y nadie se enterara, ni se interrumpiera el paso, ni hubiera que movilizar a la policía, ni tuviesen que cerrar las tiendas, ni viniera la prensa internacional para informar del asunto, ¿de qué serviría? No se puede regular el derecho de manifestación para que no moleste sin quitarle su sentido.

Hoy sólo he tratado este tema, pero hay tantos... los presupuestos de 2013 (casi un 25% menos para Sanidad, un 20% en Cultura y sólo un 4% para la casa real y un 6% en Defensa, mira tú quién nos va a querer conquistar, si no tenemos un duro), reducciones del 30 y el 40% en política exterior y ayudas sociales básicas, respectivamente, las concesiones políticas que tienen planeado hacer a Eurovegas, el mutismo de la Iglesia al respecto de un casino gigante, antro de juego y pecado, drogas y prostitución... Dios, qué fácil es hacer que la opinión pública mire hacia otro lado... somos como un bebé al que entretienen con un sonajero mientras nos ponen una inyección.

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